lunes, 11 de febrero de 2013

NUESTRO ÁNGEL [57]

NUESTRO ÁNGEL [57]



Mi travieso ángel está en el mar,
tiene zapatitos de seda, dulce mirar
alas de gaviota blanco telar
y por donde pasa deja un cantar.

Mi niñito de ojos de miel se fue a navegar
tiene un barco pequeño de espumas de mar
su boca linda es un rubí,
danza cual mariposa de azul turquí.

¿Qué haces mi niño en tan bello hogar?
¿No te hieres los pies al caminar?
¿Hablas con las caracolas que viajan solas?
¿Pueden tus ojos ver danzar las olas?

Quédate desnudo sobre una roca
para verte cuando cierre los ojos,
y un trino de tu linda boca
me hará llorar y poner de hinojos.

¡Corre mi niño tras de las olas!,
llevan un cantar con las almas solas
pero te elevas, a donde encuentres,
un jardín de rosas y de amapolas.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 11/13



BARCA DE PAPEL [58]

BARCA DE PAPEL [58]

En éste paisaje de mi vida
en lo  que presenta el destino,
detallo un hermoso árbol de frondosas ramas.

Engalanada la tarde con brillos mágicos
se robaba los paisajes un lago cristalino,
los ocultaba en su vientre en un espejo
donde cabían todas las dulzuras de la vida.

Las grandes montañas con sin igual belleza,
sus picos  enredados en cabellos plata,
traían recuerdos a vino añejo;
a verdes esmeraldas entre las palmas.

Ahí copiada en el lago,
las manos querían un sueño,
hablé con las aguas un deseo pidiendo,
ya que las estrellas aprisa se alejaron
sin escuchar mis quejas y mis  lamentos.

Un par de amantes emplumados,
se deslizaban sin temor al viento
sus huellas eran pequeños círculos,
se perdían en la nada
con ese navegar silencioso y sumiso
de sus alas cerradas,
de sus voces sin emitir,
de sus besos entregados.

El paisaje pleno de colgantes primaveras
me hacía soñar con las acacias del camino;
en selvas vírgenes abandonaría mi vida
bajo un alar de verdes ramas.

Me desboqué en admirar tan pálido rostro, 
con encendido corazón en sus aguas claras. 

Tantas las bellezas que saltaban al otro extremo
bellas mariposas de colores adornadas,
dejando en las ramas sus versos de amores,
y tejiendo pequeños nidos abrigados.

Un pajarillo de azules intensos
me hizo voltear el rostro al cielo,
quise navegar en aguas brillantes
pero el cantor abrió sus alas,
y se perdió en la nada.

Enredaderas de colores,
donde el rosa se hizo dueño de los robles,
las azules campanolas abrazadas de un tronco;
las doradas hojas cayendo sin prisas,
me tomaron con los ojos húmedos,
/no estaba llorando,
es que una lluvia tempranera bajó del cielo
para jugar con mis párpados.

Cerré los ojos /¡qué mala costumbre querer ser  gaviota!,
pero mis alas fueron inmensas y blancas,
el cuerpo se convirtió en un copo de algodón
ligero, suave…

Confundida con los azules,
busqué el susurro de su voz,
admirada en la belleza y suavidad del vuelo,
planeaba, sin emitir sonido,
pero callada observaba de un lado a otro
un viaje sin destino.

Apresuré la marcha,
una helada brisa
era el anuncio de una tormenta de besos
que bajaba por entre las ramas,
y el sol hacia nido en ellas
con esa brillantez que tiene
de ser tan amante y ardiente;
y continué mi vuelo,
olvidando la pequeña barca
que enredé con un lazo,
a la vera de cualquier camino.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, febrero 11/13

PASADO [59]

PASADO [59]

Ayer hice un alto en el camino,
Fui una niña con vestido nuevo,  
bebí un buen trago argentino
enredada con el humo de la noche
me abracé del viento,
para soñar contigo.

La fiesta hace olvidar penas
y en el embrujo de la visión borrosa,
un cuerpo de rojo cabello,
sus labios húmedos con gotas de rocío
azules ojos y piel de seda,
trajeron al recuerdo  viejo rostro
otra voz, en una vieja primavera.

Ayer hubo risas y cantos,
abrazos y besos sin desperdicio;
disfrutaba el tiempo con los ojos cerrados
pues al abrirlos, ¡dulce  suplicio!
al verles tan enamorados.

Después, enredados los cuerpos
una melodía sonaba,
mis zapatos se parecían a los suyos,
mis risas, mis carcajadas.

¡Qué hermosa es la vida!
Todos se embebían en caricias,
apetecían sus tantos besos,
pero tímida y cansada,
enmudecida observaba.

Un amanecer al escuchar un cantor
me hizo levantar aprisa;
de sus amores un sueño
el sol  me regalaba.

Amor mío, ¡qué tibio es ver sonreír a los amantes!,
disfrutan la vida y sus placeres mundanos.
¡Qué rico se siente sorber de sus copas!,
soñar en sus besos y sus manos.

Aquí el amor se entrega sin desperdicio;
pero qué pálido es,
despertar solitaria en mi cama.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, febrero 11/13

domingo, 10 de febrero de 2013

MAR Y BRISA [60]

MAR Y BRISA [60]

En ésta roca de blanco color,
advierto la  pantalla que aguarda por mis manos;
escucho la brisa sin retorno pasar,
dejando besos que las hace cantar
entre las verdes  ramas.


¡No pasa nada!, nada sucede…
Me siento en la  soledad de un nuevo día;
mis palabras parecen hojas al viento
y me oculto hasta de mi sombra,
dejando la pared de aposento.

Un encendido velero  viene de lejos,
las gaviotas parecen llorar en vez de cantar,
pues el ponto vomita  peces,
que traen dolor dentro de su vientre
y bogan con furia sobre la mar.

Retornan a mi corazón las tristes violetas,
sus divinos rostros desechos están,
quedarán sonrisas que no podré ver
con esas muecas que nos disfraza la vida
y esos cantares que nos regala la muerte al pasar.

¡Canta brisa!... pero como si lloraras.
Del mundo silencioso su olor has de traer;
regálame un trozo de voz
que se pierde en la demencia,
tibieza de manos arrugadas sobre mi rostro
donde solía mi llanto con el suyo enjugar.

Grita noche oscura, tus amores sobre mi vientre,
los luceros han volado y me han dejado muda;
no pude, no alcancé a escribir mi pedido al viento
y con un destello de colores, se perdió de mi vista
para quedar solitaria en mi aposento.

¡Aparece cortesana de la noche!...
Desnúdate conmigo en éste silencio.
De roca oscura estoy engalanada,
un dragón de fuego anuncia la muerte,
y  quiero danzar con un pasodoble, un tango,
cantar que estoy feliz,
aunque esté cerca con su cara sonriente.

Trae al sol despierto y ardiente;
dile que las rosas de invierno tienen frío,
y  un madrigal brota del pecho
con sabor a leche de madre.
Un pájaro sin alas, yerto y aterido,
ha perdido el calor de un nido
y tiembla al recordarte.

De nuevo, si perdido el velero;
y el mar, índigo soberbio me llama,
gran ola me vestirá de preciosos tules
adornados de diamantes y perlas pálidas.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, febrero 10/13

ME ASUSTA [61]

ME ASUSTA [61]

Un miedo extraño me acorrala
más que la mentira, la complicidad,
más que el dolor, quien lo provoca,
más que el terror,
la oscuridad que no permite ver
y las injusticias de cada segundo.

Tengo miedo a ese mañana, ¿llegará?
Pueden ser mis amigos de ayer, otras gentes,
los que caminen mis pasos,
y sientan lo que siento.

Me aterra la mano que no veo,
pero que sabe de balanzas;
la palabra que no escucho,
que es verdad, en medio de la mentira,
la espina clavada entre las rosas
para herir a falta de conocimiento.

A falta de razón se han perdido vidas
a falta de amor,
todo se vuelve ortiga picante y dolorosa.

Observo en detalle sus rostros,
hoscas miradas, llenas de rabias internas.
Serán sus culpas quienes los delaten,
cuando la balanza que no falla,
nos juzgue en el tiempo.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, febrero 10/13

DE PAPEL [62]

DE PAPEL 2 [62]

¡Qué día tan hermoso!
¡Gente sube, baja, canta, danza!.

Máscaras de un carnaval que se mueve por dinero
la gente está madurando, se han dado cuenta,
y cada quien a su modo,
hace su propia fiesta de payasos,
con lo que se puede.

No debo voltear atrás, pero debo hacerlo,
comprendí que la vida es dura a ratos,
las personas variables parecen las olas del mar.
No siempre lo que creemos hacer bien
todos lo admiten, y el bien, por envidia,
se convierte en mal.

Tengo más gente que me odia,
y  otras verdades quedarán ocultas bajo el sol.
Las  heridas sanarán de a poco, y en mi pequeño lago
los frescos lotos empiezan a reverdecer,
brotan de su interior mágicas dulzuras de colores
a donde veloces colibríes se antojan de su dulzor,
engalanando de suerte la vida,
y de sueños nuevos el corazón.

Tomo la pequeña hoja de mi existencia y la doblo,
dobleces que de a poco formarán un  nido
una frágil barca de papel,
para navegar sobre un lecho de rocas.
A pesar de que la mar parece tranquila,
en su interior una bomba espera,
y explotará en cualquier momento,
ante la mirada de los incrédulos.

¡No llevo prisas!
Voy por donde el cantor me indique,
detrás de las nubes suelo viajar,
seguí los pasos  del alcatraz que a buen puerto me dirige
y al llegar, una gran roca oculta en no sé dónde
casi me hace zozobrar.

Pude nadar hasta la orilla, en donde encalló mi vida.
No sabía si soñaba o estaba viva,
pero me levanté a pesar de los tropiezos
y descubrí que la roca ya no estaba;
una hoja blanca secando al sol desdoblé
para armar nuevamente mi alma en ella.

Empecé a navegar con un timón ágil
eran  alas de un cóndor,
y allá,  cerca del sol vi su rostro.

Una sonrisa engalanaba la tarde
y el cielo era tan azul,
que cerré los ojos para no cegarme.

Parecía blanca nube que destilaba luz.
En medio de las perlas de  sus ojos
advertí que eran las cometas que había perdido;
sus brazos, la enredadera 
que tanto había buscado.

Dulces palabras llenaron el océano,
a donde al fin mi barquita se hundió
para convertirse en el sueño anhelado,
que alguien tomaba entre sus brazos
ante los destellos del sol.  

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, febrero 10/13

sábado, 9 de febrero de 2013

MUÑECOS DE CENIZA [63]

MUÑECOS DE CENIZA [63]

Historias tan tristes

que a ratos parecen imposibles,
más los alcances del hombre son insospechados,
su maldad no tiene límites,
tan insaciable es su ambición
que terminará devorando su propia piel.

A ratos temo marchar
pero me doy cuenta de la realidad,
detallo los ojos de mis hijos
y acuso de Dios su voluntad.

Un rato más hemos de esperar.

¡Pobres de los chicos que vienen!
¿Qué hemos dejado?,
Tienen el planeta en sus manos,
¿cuenta se habrán dado?


Tendrán que recoger las cenizas
y armar tristes muñecos yertos
como los que a diario vemos,
para llevar en su recuerdo las imágenes
de todos los inocentes

convertidos en pálidos huertos.

¡Cenizas al viento!
Armarán otros juguetes, lo presiento;
el mundo estará limpio de maldad
para que reverdezca la llanura

y lleguen mejores tiempos. 


Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 5/13