miércoles, 21 de septiembre de 2011

EL VIÑEDO



El  viñedo extendía sus ramas,
no era egoísta y cada vez era más extenso …
allí me encontraba viendo las bellezas de sus uvas
que se apretujaban una con otras mientras crecían…

Sus grandes hojas las arropaban…
protegían de la torrencial lluvia
fuertes brisas las sacudían pero aún eran firmes…

De a poco, de un verde suave se tornaron rosa…
hasta convertir sus pieles en negras y nutridas
cubiertas con una suave neblina,
que ponerlas en mi boca exprimía  sus jugos
con un almíbar que se tornaba un poco ácido
pero que era sólo placer al ligarlas con las tuyas…

Allí anidaron colibríes, pero hoy volaron…
sus agudos chillidos me mostraban su felicidad
mientras sus  pequeños padres… como esmeraldas
saltaban  espacios cortos, que los animaban a volar.

Una fuerte brisa sacudió sus ramas, que se extendián
y bajo un lecho de hojas secas te miraba…. me mirabas…
las uvas cayeron a nuestros pies formando una gran sábana
más sólo tomé la que se mantuvo firme sobre las ramas
aquélla que desde el principio me demostró su fuerza y su valor…

La posé sobre mis labios que junté con los tuyos…
el brindis se hizo y se rompió la copa regando mis vestidos…
mientras un lecho frío reventaba a mis espaldas
y como un potro salvaje bebías del cántaro añejo…

Comprendí  que viviría allí por siempre...
la enredadera seguía su camino…
nuevas flores, frutos tímidos aparecían,
el vino añejo penetró mi fuente y bebimos de la misma
levantando al fin nuestros ánimos caídos al unísono,
con  un brindis eterno, con sabor a uvas negras...



SHEILA
BQUILLA, SEPT. 20/11.

EL VIÑEDO



El  viñedo extendía sus ramas,
no era egoísta y cada vez era más extenso …
allí me encontraba viendo las bellezas de sus uvas
que se apretujaban una con otras mientras crecían…

Sus grandes hojas las arropaban…
protegían de la torrencial lluvia
fuertes brisas las sacudían pero aún eran firmes…

De a poco, de un verde suave se tornaron rosa…
hasta convertir sus pieles en negras y nutridas
cubiertas con una suave neblina,
que ponerlas en mi boca exprimía  sus jugos
con un almíbar que se tornaba un poco ácido
pero que era sólo placer al ligarlas con las tuyas…

Allí anidaron colibríes, pero hoy volaron…
sus agudos chillidos me mostraban su felicidad
mientras sus  pequeños padres… como esmeraldas
saltaban  espacios cortos, que los animaban a volar.

Una fuerte brisa sacudió sus ramas, que se extendián
y bajo un lecho de hojas secas te miraba…. me mirabas…
las uvas cayeron a nuestros pies formando una gran sábana
más sólo tomé la que se mantuvo firme sobre las ramas
aquélla que desde el principio me demostró su fuerza y su valor…

La posé sobre mis labios que junté con los tuyos…
el brindis se hizo y se rompió la copa regando mis vestidos…
mientras un lecho frío reventaba a mis espaldas
y como un potro salvaje bebías del cántaro añejo…

Comprendí  que viviría allí por siempre...
la enredadera seguía su camino…
nuevas flores, frutos tímidos aparecían,
el vino añejo penetró mi fuente y bebimos de la misma
levantando al fin nuestros ánimos caídos al unísono,
con  un brindis eterno, con sabor a uvas negras...



SHEILA
BQUILLA, SEPT. 20/11.

MI TRAJE AZUL


¿Retornarán las aves al nido?
ansiosa espero a los viajeros del ayer,
la barca se hundió en un descuido
pero alguien creo,  salvó su ser...

Gime la brisa con las olas
mi traje nuevo danza brillos de sol,
mientras suspiros de mi corazón anuncian
besos de lluvia con sabor a miel.

Mis ojos miran volar de nuevo las gaviotas
grandes luceros suspiran desde allí...
y en las alturas tinieblas de mis sueños, 
estrellas de colores y mi amor por ti.

¡Mira como danza mi traje azul!
¡ya no hay lágrimas de sal!...
el vertedero se llenó con mis suspiros
desperdicio de besos sobre el lodazal...

¡Tómame brisa!... ¡dime que eres él!...
la barca que brilla a lo lejos la vislumbro
más de nuevo cambió su ruta,
y aún sigo danzando con aires de mar;
mientras mis ojos miran hacia el horizonte
nubes grises que se esfuman en silencio,
haciendo el amor, con  un rojo  atardecer.

RAQUEL
BQUILLA, SEPT. 20/11

MI GOLERITO


Absorto estaba de nuevo...
la carroña estaba servida en abundancia
sus pútridos olores me observaban...
¡estaba hastiado, ya no me alimentaba!

No era el sabor natural de siempre...
ésta piel tiene un gusto a dolor
¡huele a plomo y a veneno!
tiene  olor a suspiros y gemidos...

Estoy observando que hay un error
éste no debió ser mi oficio
soy limpiador de lo pútrido ...
más no de lo corrupto,
mi trabajo era de simple aseador...

Alguien quiere perturbar mis labores
sembradores de sangre en el desierto
donde la vida no tiene valor,
los ojos tan apetecidos por mí
parecieran de fuego y de cristal.

Presiento que hay un error...
se han equivocado con mi existir
tal vez debiera ser un ruiseñor
trinando siempre a pesar de los dolores
mirando desde los robles mustios,
elevando siempre una oración.

Qué triste me siento hoy...
¡ya no quiero más despojos obligados!
la sangre mana como río revuelto
mientras en mis cerros tan amados;
la brisa gime mientras el sinsonte trova
y el buitre ha perdido su razón de ser.

RAQUEL
BQUILLA, SEPT. 20/11.