viernes, 31 de julio de 2015

CECIL, EL LEÓN [1]

Imagen: Internet, Cecil

CECIL EL LEÓN [1]

Cazar legalmente es una abominación
cuando se convierte en diversión.

Agónica fuente de la vida
se pasea con sus rugidos a cuestas
y es seguro, que por él hubo apuesta.

Ahora después de todo,
¿cuál fue su trofeo?
Colgar su cabeza en un salón
pues con despiadada saña,
una espada hirió su corazón.

Belleza y vida,
en silencio con sus trampas
lenta agonía de Nazareno,
¿esto produce placer?

¡Triste gloria!
Una foto de recuerdo
¡Qué pena me da
no ver más  a un Rey
con su majestuoso andar!

Pero más me aterra
que haya licencia para matar,
¿qué nos extraña?,
en esta historia todos somos culpables
por tanto odiar y callar,
que del arte hicimos ciencia
con balas y fusiles
para comprar con libertad.

Cruel indiferencia,
collar de perlas en sus ojos
caminando sin ver,
en este mundo de locos.

Matar nos vuelve grandes
y más, inventar una ciencia
para que antes de nacer,
la vida se asesine con placer.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 31/15





Cecil es sólo uno de entre miles de animales que asesinamos a diario, pero las ganas de matar se le ha robado a las bestias, pues el hombre mata por placer, ellas lo hacen porque es el vicio con el que nacieron, es natural alimentarse de los más débiles, es un equilibrio natural que nosotros rompemos con nuestra crueldad. ¿A quién llamamos bestia?