
Se encontraban dos pequeños gorriones enamorados de la
vida, sólo pasaban piquitos y arrumacos y besos y besos y más besos, una flor,
otra flor, sin preocuparse de nidos, de huevos, de pollos de nada…
El pavo siempre pasaba con su araraca buscando pavitas para
montar. ¡Yo soy el macho! –decía- aquí todas son mis princesas y se arrodillarán
ante mis candores, cuando yo adivine que sus pechos hermosos se esponjan una
vez me ven, y que se cuiden las gallinas, porque si me dan papaya pues también para ellas hay.
En cambio nosotros dicen los jilgueros, aprovechamos la llegada de la primavera y fabricamos un
pequeño nido entre los dos, mientras mi
amor le da forma, yo canto para que todos se den cuenta que éste es mi sitio y así
me respetarán. Encontré un bello abeto y desde aquí diviso todo, ¡soy tan
feliz! –dijo el jilguero- y empezó a trinar cerca de su pequeño nido.
Un pequeño carpintero no tenía tiempo para responder y
estaba atareado sobre un tronco seco fabricando su nido dentro de él y
buscando pequeños gusanos de comején que le encantaban; todos sabíamos que ahí escondía
sus huevos y que tenía un chillido muy peculiar cuando alguien se acercaba, no
le gustaba que lo vieran fabricando su nido, si descubría a un chismoso
merodeando, mejor cambiaba de sitio y se marchaba.
Así estaban todos, cada uno hablaba sobre su vida, qué hacía,
los proyectos que tenían, el búho sólo prestaba atención y sin responder nada sólo
emitía un leve gemido como si llorara.
¿Por qué lloras amigo?... -le preguntó un sinsonte que
trinaba cerca de él.
-No lloro, es que parece llanto pero en realidad es mi
llamado de amor, espero a mi princesa que viajó a buscar comida y no ha
regresado…
-Pero entonces ¿esa es la razón por la que no participas de
la charla?
-Mi esposa no llega, ayer fueron mis muchachos y hoy es ella…
creo que llegaron al sitio equivocado y alguien escuchó sus llamados y parece que no regresarán nunca.
-Tenemos un enemigo terrible que no quiere nuestra
presencia, sus hogares están infestados de ratones y nosotros sólo escuchamos a
través del viento y volamos a limpiar sus casas; pero ellos, cuando escuchan
nuestros llamados, nos atacan y
apedrean, pues dicen que somos aves de mal agüero, me dan lástima,
son seres que pueden ser muy buenos si lo desean, pero en el momento están
acabando con todos nosotros, no les gusta el color negro porque en su interior
temen a la muerte, eso es…
Mis amigas mariposas de la noche también sufren una
desgracia diaria, pues no las quieren, si por error entran a sus casas las
eliminan como si fueran peste.
Creo que debemos orar, dijo el gorrión, vamos a pedir a
nuestro padre creador de todos para que el hombre se libere de la maldad y
aprenda a valorar todo lo que él le ha dado, esa inteligencia tan mal utilizada
que tiene al planeta en medio de un desastre…
Ellos no doblarán las rodillas hasta que vean que los cerros
no aguantarán más la debilidad, y que los pequeños árboles no tendrán fuerza
para resistir…
Las aves se reunieron en torno al búho para consolarlo y
empezaron a trinar; una lluvia de cristales bajó del cielo y ellos agradecidos
extendieron sus pequeñas alas, en tanto un arco iris de colores anunció la
venida del Señor.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 11/12
