miércoles, 19 de julio de 2017

VERSOS DE SOL (22) R


VERSOS DE SOL (22) R

 

De un parpadeo a otro,
la vida nos puede cambiar;
por eso, es mejor creernos grandes de rodillas,
que elevados cual palmera en la montaña.

La vida es una flor de momentos,
que puede variar según el viento
y la posición de los astros.

Entrego al sol lo que soy
y vuelvo a la espina de mi rosal,
me tallo en la roca que besa el astro
y calla su dolor  al viento pasar.

Tengo el alarde del aroma
y la soberbia de la ola
que ante la majestad del mar
besa la playa y se transforma.

Y voy camino al desierto
en donde el silencio nos habla
y la musa nos besa,
entre cóndores y zarzas.

Soy el verso del sol tocando tu casa,
la carcajada del viento entre las hojas
y el canto agudo de la cigarra.

Raquel Rueda Bohórquez 19 07 17

AYER (21) R

AYER (21) R


No le contaré que escribo su dolor
mientras yace entre sábanas blancas
y no lo puede asimilar,
ni siquiera con todas las oraciones servidas con café.

Esto fue ayer, ¡tan solo ayer!
Se corrió la cortina
y la vida toda cambió en un fragor,
en un suspiro de colibrí.

¿Qué pasó ayer?
El mundo cambió en un instante,
creí tenerlo todo, estaba en la cima
el amor, dinero, trabajo, sueños cumplidos;
pero el dolor se quedó en mi vientre,
me cambiaron la sonrisa por espinas
y la carne quema, arde y duele.

¿Por qué ha de ser así?
Tal vez creí que nada pasaría,
que sería el fruto en el árbol que jamás maduraría,
pero ahora en un blanco lecho, no puedo creer en la muerte,
no ahora, cuando mis pechos derraman miel blanca
y un bebé tierno ansía mis abrazos y yo sus dedos pequeños
acariciando mis labios.

Mi madre sufre más que yo, ¡lo sé!
Se dobla en la esquina, me besa las manos cuando finjo dormir
y enciende un cirio que se apaga con sus lágrimas.

Ayer todo era luz y sonrisas, afanes y gloria,
llovía el dinero y lo gastaba a manos rotas,
no había demasiado tiempo para el amor,
tocaba correr, afanarse, buscar ilusiones y estaciones en el viento,
ahora no tengo el árbol, ni el gajo para aferrarme de él.

¡Mis días se cuentan y no puedo creerlo!
¡Señor!, ¿me puedes hacer el milagro de vivir un día más?
¡Cuánto cambiaría de ayer a hoy!

Pero el dolor es agudo y el mal corre
enciende mi carne entre las hojas secas,
soy el tronco que el comején ha herido
y tú eres mi esperanza, la gota de lluvia que ansío
para que se apague mi sed
y pueda entre versos y poemas
partir mi corazón en dos, para que mis hijos entren,
y se queden en mí por siempre.

De ayer a hoy mi vida ha cambiado,
ya no hay cerezo en flor
todo se va, hasta mis hojas,
todo, entre el dolor y las ganas de sobrevivir,
y entonces vuelvo a ti el rostro:

¿En dónde estás?
Y regresa ella, te veo en sus ojos
y me abrazas dulcemente
mientras mojas mis manos con tu manantial.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla 19 07 17





ME CELEBRO (20) R


ME CELEBRO (20) R


Hoy nací del fuego encendido,
de la brasa que ajustó el viento entre el pasto húmedo
y que luego se extendió hacia el pubis de la montaña
para idear mi rostro de niña y asustarme con el aroma
que entre las ramas secas, se entregan las cigarras.

Fui de ti y tú eres de mí,
nadando en el río profundo de tu carne
que roncaba y reía, que lloraba y gemía sueños
que jamás fueron alcanzados.

Pero he nacido en ti y de ti,
me siento parte del universo de las hormigas,
son mis vecinas y amigas, pero reciben odio
que se cosecha en el corazón del pobre y desdichado,
que aún a pesar de tanta riqueza, busca lo que brilla,
igual que las mariposas negras en la noche
lámparas que  hieren y maltratan sus alas.

¿Qué eres más que un soplo?
¿Qué más que el vaho en el espejo?
Pero aun así me siento nacida del amor,
de la fragancia infinita de la flor cubierta de vellos negros
en donde inició el juego que terminó con mis lágrimas.

Estoy cantando y llorando a la vez,
luego silbo en la palmera grande que vive cerca de mis ojos,
desde ahí nos vemos, nos escuchamos en el aura del viento
que ha penetrado la herida de una roca,
y sé, sin miedo a equivocarme, que eres la música
que ha llegado desde el pico de un mirlo
y se ha quedado en el gajo más fuerte de mi árbol.

¡Bendita soy!, como tú eres bendita entre todas,
bendito tú que me sembraste en tierra fértil,
y benditos todos los que fueron antes de mí
siendo semilla del mismo árbol y flor de tu primavera
la misma que llena de favor mi mesa
y de orquídeas, los troncos fuertes de los árboles
que en mis sueños tocan el cielo y se quedan con las estrellas.

¡Me celebro!, ¿por qué no?
Estoy feliz por el hecho de ser la hoja seca de tu árbol,
por la razón de haber sido la flor y la semilla
prosperando en un mundo ciego
que no adivina en dónde nace el color
pintado en el iris que da sentido a la vida.

Raquel Rueda Bohórquez
19 07 17