miércoles, 29 de julio de 2015

DUELO DE MONTAÑA [8]


DUELO DE MONTAÑA [8]

Dientes de acero cruzaban mi tronco,
beso de la muerte un comején en mí
padeciendo sin padecer, me viste,
siendo indiferencia tu rostro
pálido y hostil ni reparaste
que un vástago caía desde la cumbre.

Una viuda negra tejió mi trampa,
y caí en sus redes de amor
que multiplicaría una imagen
en otra hoja mecida por la brisa
con ese aleteo de viejo temblor.

¡Cánticos no más!, vida y muerte,
nube de paso que se torna gris
mañana, celeste limpio,
sábana de seda extendida
brotando lágrimas nuevas
sobre el umbrío bosque que aún queda.

Seca mis ojos que bordo un poema,
no caerá ni siquiera un aplauso cuando muera.
¿Acaso importan los honores luego?
¡Dame un beso con pasión siquiera!,

en tanto florece mi primavera
con bosques de verdores intensos
y tragicomedias de palmeras bailadoras,
si  la tormenta pasa veloz
arrastrando con su fervor
las nubes pasajeras.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 29/15

¿Y NUESTRO AMOR? [10]

¿Y NUESTRO AMOR? [10]

Y se fueron todos a navegar, entonces ¿en dónde buscaré tu amor?, un castillo cuelga de tu ventana y estaba en mi pupila, te pones arandelas que dicen: tengo un par que viaja conmigo desde hace siglos, ¡no puedo!, ¡ni lo sueñes!, hay un 3 que persigue mi vida, y con mis pasos de caminante, dejo huellas y  migajas para mis hormigas que me siguen, hasta ese nicho donde mi corazón aguarda por un poema tuyo nada más, no habrá más ilusiones, se ha derretido la cabellera de la montaña y ahora, un espejo de agua pinta con gracia y hermosura un paisaje nuevo, en dónde estarán mis gaviotas volando, y a la deriva con tus sueños, te quedas…

¿Creíste que era verdad que te amaba?, música a tu oído nada más, ¿acaso en tu ventana abierta dije alguna vez un verso de amor?, ¡tanto esperar!, pero ha quedado en mi garganta un suspiro, que era para ti, se quedó atrapado mi calor, y el fuego encendido se apaga, como la luz que avista el velero a la distancia.

¡Amor!, ¡bendito amor!, ¿sabes cuántos días soñé contigo?, ni certeza, ni siquiera imaginas cuántas noches te amé, y en mi soledad conversaba contigo, en el silencio de un melodrama, al ver pasar garzas perdidas en la oscuridad y sentir que muchas veces te dibujé en las estrellas y enviaba trocitos de perfume entre la brisa que pasaba por mi rostro.

Se fue, ¡no habrá más ilusiones!, navegué hasta tu ventana, desvelados fueron mis ojos hasta que ardieron  como si un vinagre hubiese sido lanzado sobre ellos, aprendí a saborear todos los amargos, y también a distinguir mensajes, ¡sabía que no podías amarme!, los dos nos sentíamos tan solitarios, que empezamos a construir sueños en medio de una manta pálida que sostiene nuestros pensamientos, y a la vez, como una lápida fría, los guarda, sin que nadie se entere de que nos amamos construyendo versos, ¡tan solo eso!

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 29/15

GRANDEZA [11]

Cresta de gallo

GRANDEZA [11]

Al colibrí no lo hace grande su tamaño sino su brillo,
¿Es más pequeña una hormiga que un elefante?,
su grandeza está en que son una en grupo
y todo lo construyen con inmenso amor
que las impulsa a ser bonanza y trigo.

Ésta comunión las convierte en fuerza
y esa fuerza es un gran poder
que las hace invencibles.

Sin importar su tamaño,
nada es invisible cuando se une,
nadie es poca cosa si aprende a ser como arena,
un grano de arena pegado de miles
para ser montaña inmensa
o playa que besa el sol,
cual lágrimas que forman un caudal
y luego, se convierten en mar
inmenso y azul.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 29/15