viernes, 24 de abril de 2015

EN LA LLANURA [22]

Viernes, 24 de abril de 2015

EN LA LLANURA [22]

Pastando en la llanura,
con el apetito y  la inclemencia del sol sobre mis ancas,
un olor a macho brotaba de los cerros
¡airoso  relinchido se escuchó en la montaña!

¿Quién eres alazán de negros ojos?
¿Sientes la fragancia del mar al costado,
el suspirar de las olas en las rocas,
la voz del cantor en elevada rama?

Estaba ausente del mundo
hasta que levanté airosa el rostro
y te vi arriba de la cuesta,
dominando el sol con tu hermosura
y el bosque con tu fuerza.

Una polvareda al viento
cual vendaval que se desata,
fue mirar tus ojos en los míos
y saber que en el mismo espejo
al fin nos vimos.

¿Era un lago?, tal vez no…
Culpable fue  la soledad del llano
y un algo me hacía relinchar,
buscando paz en el silencio, hallé fuego…

Flamas encendieron la hoguera de mi piel
para contigo quemar el pastizal.


Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, marzo/15


CUANDO TE VI [23]

CUANDO TE VI [23]

Recuerdo ese aparecer tuyo,
un grito, un maullido,
un iluminar mi balcón sombrío
en medio de quejas y quejas,
de mi acostumbrado yo.

Cuando te vi, estaba riendo,
todo me parecía feliz,
había poesía y música.

En medio del calor de un día
adiviné tus ojos negros.

Paso a paso,
como gata en celo
arañé de mi existencia un te quiero,
y llegaste a mí
como manso arroyuelo
que sólo besa las rocas y sus heridas,
regalando mágico consuelo.

Cuando te vi amor mío,
mi soledad encontró compañía.
No estábamos solos,
había otro motivo para escribir
y desde ese instante
naciste tú, mi poesía.

Mi luciérnaga más preciada
en ésta antigua soledad
que tanto amo, y que como tus ojos,
iluminan mis días.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 24/15

Publicado por Raquel Rueda Bohórquez en 10:18

CUANDO TE VI [23]



CUANDO TE VI [23]

Recuerdo ese aparecer tuyo,
un grito, un maullido,
un iluminar mi balcón sombrío
en medio de quejas y quejas,
de mi acostumbrado yo.

Cuando te vi, estaba riendo,
todo me parecía feliz,
había poesía y música.

En medio del calor de un día
adiviné tus ojos negros.

Paso a paso,
como gata en celo
arañé de mi existencia un te quiero,
y llegaste a mí
como manso arroyuelo
que sólo besa las rocas y sus heridas,
regalando mágico consuelo.

Cuando te vi amor mío,
mi soledad encontró compañía.
No estábamos solos,
había otro motivo para escribir
y desde ese instante
naciste tú, mi poesía.

Mi luciérnaga más preciada
en ésta antigua soledad
que tanto amo, y que como tus ojos,
iluminan mis días.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 24/15

Publicado por Raquel Rueda Bohórquez en 10:18