domingo, 6 de agosto de 2017

EN LA PUERTA (43)


EN LA PUERTA (43)

Es un día Domingo, la tarea empieza y luego debo volver a empezar por lo mismo; ¿me estoy quejando?, esta costumbre es vieja, hasta que retorno al árbol y la música del chirrío se empeña. A este pajarillo lo zafé de las espadas de mi gata y ahora viene a cantar cada mañana, es un trino agudo y corto, sabe agradecer por la vida mejor que otros.

Este domingo está lleno de nostalgias, de saber que no tendré tus brazos sobre mí, que no advertiré tu mirada siempre húmeda, viéndome como si acabara de nacer, con el cabello blanco y las constantes quejas que sanabas con tus oraciones.

Cada tanto que es siempre, recuerdo tus manos arrugadas y el paso de mujer cansada; pero jamás recuerdo que renegaras por nada, ni siquiera con el peso de la vida sobre ti.

Esta mañana la dediqué a recordar tu imagen sagrada, las palabras que siempre me repetías: “paciencia, paciencia y luego verás las espigas y los panes sobre la mesa”.

Retorna el olor a café tostado, el aroma siempre dulce de tu voz, regresan tus caricias sobre mis cabellos, y alargas tus manos desde donde estás para aprisionar las mías.

Hoy es un domingo para agradecer a Dios por tu mágica presencia,  porque me escogió para ser tu hija y no quiero que su voluntad cambie, por los siglos de los siglos.

La imagen de tu ave siempre está en la puerta esperando tu regreso cualquier día, mantiene la misma jovial sonrisa, no se cambia y toca obligarlo; no se ajusta bien la correa, pero sabe del amor porque lo lleva dentro de sí, no interpreta qué es odio, porque no lo conoce, no tiene rencor ni envidia, pues al fin y al cabo, es el ángel que Dios te prestó.

Todo está bien hasta el momento, las aves están regresando a casa y nosotros estamos aquí esperando el toque de la campana mayor, para volar asustados a tu lado. Son las 12, la gente sonríe, otros se llenan de afanes y no piensan que todo volverá a la tierra, que los huesos quedarán al descubierto y seremos las cenizas que el viento esparcirá sobre los cultivos de ignominia.

¡Te extraño!, no pasa día ni segundo en que no te recuerde; mi soledad es para estar contigo, para conversar a solas ideando un verso, donde el mundo nos convierta en la flor y el ave, que serán una en el universo, una vez el tiempo pase volando y nos arrastre con Él.

Raquel Rueda Bohórquez
06 08 17