sábado, 18 de julio de 2015

SUEÑOS [36]

Desde mi ventana


SUEÑOS [36]

¡No quiero de eso!, dijo Misia Candela, en tanto volteaba a ver hacia la ventana que complacía uno a uno sus deseos.

¡Ahora quiero uno que huela a pino!, y se escribió en la brisa cada anhelo, el aroma inundó como río violento su corazón, ¡ahí estabas!, como mi pequeño gorrión anidando dentro, muy dentro, entre ramitos color trigo y verdes pálidos con satines de esmeraldas, cuando el sol del mediodía pegaba más fuerte...

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 18/15

BRUNO /Alirio Rueda [37]

Bruno, perrito de mi hermano Alirio

BRUNO/Alirio Rueda [37]

Mi vigilante,
ese amor que nos llega y se queda por siempre,
se ha perdido en medio de un barzal de sombras
a las que él perseguía con saña.

¿En dónde estás?
Una y otra vez mi corazón le llama,
imaginando el suyo como sonar de campana
con gentes del nada que ver
que en su camino ha topado.

Se fue quien alegraba mis mañanas,
el dueño de las más entrañables miradas de amor
y trocitos pequeños de cielo a mi alrededor.

Bruno llegó cierto día para quedarse;
nos atrapó su dulzura, su fuerza de titán,
aunque cabía en mi pecho su poquito de carne,
que se juntaba haciendo eco su gran corazón.

¿Hacia dónde vas?
Creí que tu destino era mi casa,
verte regresar cualquier día mi anhelo,
y saber que esas sombras oscuras se disuelven
cuando tus ladridos necios espanten
a quien mi casa visita a escondidas.

Te espero, es seguro…
En el mismo rincón de siempre,
juntas mis piernas para sonreír contigo,
y tú, mirarme tan solo;
contento por todo y  nada,
mi amigo fiel y querido.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 18/15

AL DOLOR [38]

AL DOLOR [38]

Dolor me causa tu partida
saber que no hay regreso,
para en honda herida
sembrar rosas blancas
y lirios rojos, de consuelo.

Sombra de un árbol en mi esquina
raíces que asoman sin esperanza,
caminos resecos sin ríos ni quebradas,
lontananza de poeta en sus remedos.

Dolor no ser visto un poeta;
¿quieres comprar mis versos a peso?,
pero me quedo con un alambre en el pescuezo
aguardando que el humo de la vida me disuelva.

¿Para qué honores mañana?
Pena y dolor es una junta de ahora,
corrupta se ha vuelto hasta la decencia
donde se pisotea al sembrador
y se arranca el fruto de sus manos.

¡Ay!, ¿escuchas éste grito ahora?
Es mi tumba que llama a otra aurora
pero que sea mañana mi muerte,
¡jamás, ahora!

Quiero sembrar orquídeas en mi ventana,
atrapar colibríes tornasolados
cuando asome el sol,
y calme  eterno dolor de querer vivir,
si de a poco muero;
con ésta angustia de morir
que ahonda en mis heridas,
como hiel y veneno.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, junio 23/15