miércoles, 28 de diciembre de 2011

FLORES


AÚN  CALLADAS ENTREGAN
AÚN EN SILENCIO SUSPIRAN.

SIÉNTELAS
SUS PÉTALOS, LIRIOS DEL VALLE
AZUCENAS DEL CAMINO...

DETÁLLALAS... AZAHARES LIMPIOS
CON ESE OLOR DULZÓN QUE TE INSPIRA
Y ESA CALLADA VOZ DE LOS AMANTES.

OPRÍMELAS... ALLÍ EN TU CORAZÓN
QUE PARA TI LAS ENVÍO
SOBRE UNA PÁLIDA HOJA
QUE SE LLENÓ DE ESPINOS.

TÓMALAS... ELLAS TE ENTENDERÁN
Y SUSPIRARÁN CON LA BRISA DE MAÑANA
Y ENCENDERÁN TUS OJOS DE ALEGRÍA
CUANDO VEAS A UN COLIBRÍ RETOZAR
FELIZ ENTRE SUS RAMAS.

Raquel Rueda Bohórquez
Diciembre 28/11



GOTAS DE ROCÍO

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Mientras la lluvia cae
Los rayos iluminan un camino incierto...

Mientras las gotas de rocío
Bañan pieles muertas
Que mañana se levantarán al ver el sol...

Aquí estaré cariño mío...
En un jardín sembrado de rosas
Y las violetas que a escribir me inspiran.

Un brote nuevo cada mañana
Y los besos como diamantes en sus pétalos
Que mueren también el mismo día
Como fenezco de tristeza sin tu amor.

Déjame corazón...
Como una vida que se desangra...
No pretendas comprender lo que yo siento
Mientras ella fría y tierna se deshoja
Y el púrpura muere 
Con el llanto que sembraron en sus ojos.

Déjame aquí en mi jardín 
Ellas su aroma me regalan sin pedido
Aunque un tronco tallado con espinos
Sea quien sostenga su efímera existencia.

Creo que me vestiré de blanco de mañana...
Ya acabé con todos los trajes de colores
Te esperaré aquí con otros pétalos dorados
Pueda ser que también me vista de púrpura.

Esperaré seguro es...
Siempre anhelante de tus besos,
Los que desde el cielo bajan en gotas de rocío
Se deshojarán despacio con la brisa
Y mis perlas viajarán también conmigo.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 28/11

LA PALMERA

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Dulce y fuerte... Mecida por los huracanes
Aún resistes tempestades, aunque parecieras caer
Aunque recostada sobre ti te hiriera...
Y la frágil arena pareciera que no te aprisionara
Y resguardara tu vida para mis gemidos.

Ahí estás con tus alas al viento...
La brisa te besa y te sacude
Te hace el amor sin que rezongues
Y las gaviotas voladoras ni te reparan
Mientras vuelan... Se besan y se esconden.

Tu fuerza es tu liviandad...
Tu tesoro son tus brazos al viento
Tu amor es tu entrega al sol radiante
Tus miradas verdes me conmueven.

Te veo... Grande e inclinada...
Más aún tus primeras ramas altivas mirando tu lucero
El mismo nevado como un aura clara
Las mismas blancas olas que te besan
Tallando un estero de ojos azules.

La gran isla a lo lejos...
Donde se resguarda mi amor de ceniza y fuego
Y mis labios en un ardor de mentiras
Con una llama encendida 
Sobre la misma palmera de ayer.

El rojo sol... El atardecer que te fascina
Tus huellas y las mías...
La noche oscura que nos baña de azul
Tu luna consentida.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 28/11