viernes, 24 de marzo de 2017

¿Y DE LAS FLORES? (145)

¿Y DE LAS FLORES? (145)

Están bailando las flores del amor, las veo en variados tonos, pero me gustan las amarillas, las rojas, las moradas, le dicen al colibrí que la mañana está hermosa, y habrá lluvia fresca al atardecer.

La melodía continúa y el pentagrama se cruza en el aire; las pepitas de agraz bordean la carretera y ahí estamos tú y yo.

Hay un verso en tus labios, un poema en tu lengua y una elegía en tus manos, luego nos tocamos y el incendio quema la carne, el sol ayuda y creamos pequeños versos que se doblan entre las hojas secas y recomenzamos de nuevo una y otra vez.

Se están enamorando los lirios, se cultivan esperanzas en la mirada, y corremos juntos hacia el lugar del árbol frondoso, para juntarnos a versos y pegarnos la cara con sal de la vida, que brota con dulzura desde el mar dulce de nuestro interior.

Una ardilla se juega su mejor cariño, mordisquea con afán y luego corre y corre sin frenar, hasta una casita pintada en el aire, que más que hojas secas, parece un altar.

Y de nuevo las flores, las gamas de colores, el valle, tu boca y la mía, tu lengua y Dios.

Raquel Rueda Bohórquez

24 03 17

GAVIOTAS (80)

GAVIOTAS (80)

Está la mañana serena, las gaviotas se intrigan por lo que se mueve dentro de las olas, mi corazón busca la marea alta del tuyo para juntarnos, así como el Magdalena y el mar, y nada perturba más que las aves negras que desean robar la presa y las invita a seguir buscando en medio del oleajeun tanto de vida para continuar volando...

Mi corazón te quiere, ¡así de simple!, sin más arandelas que la brisa fresca que va y viene y nos respira por dentro versos de amor.

¿Qué haces?, imagino que esperar que se calme la inquietud, que el azul intenso se llene de tus ojos y el afán termine al fin, en un abrazo de alas y plumas que se sueltan, de ojos que se ven sin mirarse y de almas acercándose al acantilado, sin estrellarse jamás...

Lo he visto todo, el intento, el afán, el miedo, la roca puesta, el ventarrón fuerte; lo he tocado todo, y se dañó la carne tierna, pero aun así, contigo me vuelvo lo que desees, nuestras alas se juntan, nuestros picos se enredan, y estamos cazándolos uno al otro, entre los mismos remolinos que agitan la corriente y enciende esa lámpara interior para que la pupila se crezca, y se abra el pecho en dos para que las olas nos toquen y consuelen.

Nada es imposible, somos tú y yo un dulce poema y así pasamos, riendo a medias, hablando a medias, pero cantando al son del viento la mejor canción.

Raquel Rueda Bohórquez

24 03 17