viernes, 6 de enero de 2012

COMO UN ÁGUILA.

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Qué hermoso sentir que alguien viene presuroso, a darte un abrazo
Cómo pasa el tiempo ante nuestros ojos, y como mariposas al viento
tratamos de elevarnos suavemente...

Qué cansadas estamos las gaviotas del camino
qué azor viene tras nosotras a interrumpir nuestro vuelo...
qué anhelantes se tornan los días cuando las canas llegan
y cuando todas las arrugas nos someten...
como subyuga el sol a la pradera.

No me gusta cuando me engañan…
Cuando tengo que recibir las migajas,
 Aún a pesar de mi esfuerzo
Y tampoco me agrada ser como soy…
Como una callada piedra que sólo aguanta
Que espera la fuerte ola estrellarse conmigo…

Cómo quisiera retornar a mis tiempos viejos…
Pero éste no existe… sólo en el pensamiento he de viajar
Y sólo allí seré lo que desee, sin que nadie me robe los sueños
Y aún recostada con el agotamiento, y el peso de mi cuerpo
Siempre soñaré que puede haber un mañana…

Donde los corruptos no tengan cabida y el águila se remonte
Extendiendo  sus alas libremente sin miedo al cazador,
Y su mirada brillante… observe que desde el cielo
Puede ser mejor vivir y que esto era solamente un mal sueño
Que al abrir los ojos se acabó.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 6/11

EL VIEJO SOÑADOR


Qué perra vida la que me tocó…
Qué suciedad la que me asiste vivir
Qué asco de existencia…

Cuando vuelva a nacer quiero que ser un águila
Para remontarme al cielo, y desde allí observarlo todo
Ser dueño con la mirada y reírme a carcajadas
Con mis grandes alas surcando el índigo espacio.

Subir y bajar cuando me dé la gana
Cazar un gorrión o una paloma
Y si me apetece, también me comeré un cordero
O una serpiente que se ufana de su veneno.

Pero no… aquí estoy… ¡qué pesada carga!
Qué duro es vivir en medio de tanta inmundicia
Ya no quiero ésta vida, quiero la del león…
Recorrer con mi mirada fija en mi presa y devorarla
Hacerla gemir y nutrirme de su dolor…
Y después… beber… saborear su dulce sangre…

Pero aquí estoy… qué puta suerte la mía
Pude haber sido un tiburón….
Recorrer los mares azules y extasiarme en los corales
Y asustarlos a todos con mi presencia…
Mostrar mi poderío y mis grandes dientes, para que me respeten…

Más estando divagando el pobre viejo soñador…
Del cielo algo que botó un golero le cayó…
A mí alguien me contó que su excremento enceguecía
Y si… el viejo ya no miraba… pero aún seguía soñando:

¡Qué maldita suerte la mía!...
Si tuviera mis ojos… si pudiera mirar al cielo y descubrir un lucero…
Cuánto hubiese disfrutado de la vida…
Cuántos amores tendría para tocar, y saborear la dulzura de sus mieles…
Pero no… me tocó ser un puto ciego bajo una gran palmera.
Pero si vuelvo a nacer… pero si vuelvo a nacer… -pensaba el viejo-

Lo último que soñó no me lo contó…
El cuerpo del delito terminó en mi cocina…
Qué delicia de helados los que preparé
Creo que hasta los voy a vender… 

Mientras entierran al viejo.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 6/11