lunes, 16 de enero de 2012

SUEÑOS EN MI ALAMEDA




Imagen: Bella de noche. Alirio Rueda (Venezuela).


Otro domingo, un nuevo lunes, nombres para el tiempo que no lo es ni será... 
Pareciera que el sueño está ahí... es interminable y que la brisa besara tu boca
Que los ojos se cerraran y al hacerlo ya no estuvieras, pero al despertar...
La alegría de un brillo retorna... las cascadas de un corazón que palpita, advierte
Que en un instante ya no serás y que al retornar los sueños flotaras como un globo Que la locura de la vida inicia y los suspiros de las ramas te alentaran a continuar.

La primavera ha mostrado su rostro... una tibia alameda llena de sueños... cánticos, nidos, mieles, el ardor y el bullicio por continuar algo que es todo y no es nada...

El invierno arrecia y aquí las fuertes brisas frías nos recuerdan que es importante el abrigo... el sostén de una mano amiga y una cándida mirada... es hermoso vivir...
pero lo es aún más... seguir creyendo que todo no es sueño... que mañana nos encontraremos todos en un sitio de luz... la magia continúa y el mago levanta un brazo fuerte y bueno y me regala una caricia... la siento perfumada y esa gran sonrisa de cristal como una suave cascada por entre llanas rocas que apaciguan una extraña soledad.

Allí... en un pequeño rescoldo floreció una bella de noche... el perfume es tan mágico que he cerrado de nuevo los ojos... mientras un verde colibrí matizado de plumas tornasoladas, vuela veloz en busca de su amada flor.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 15/12

MI MARINERO

Mi marinero retornó del bosque
El Oasis lo asustó y quiso poseerme
Una dama hermosa como yo... 
Sabía todas las mañas de la seducción.

Le saqué la lengua de lado... me lamí los dedos...
Me saqué el ojo de vidrio... arranqué mi pata de palo
Para no lastimarlo me quité el garfio de mi mano derecha
y en un susurro le dije: ¡¡Te amoooo!!

Mi marinero cojeaba un poco... una hormiga roja lo había picado
Traía hinchadas sus pelotas... y caminaba espernancado...
Su único ojo de mirada humana también lo guardó
Se quitó el trapo rojo de la cabeza... se rascó el lunar de la nariz
Creo que se la hurgó tan fuerte buscando sus tesoros
Que por poco se saca su único ojo bueno.

Me miró directo a los ojos... al ojo digo...
Yo también observé su ojo... tenía un brillo extraño...
Se quitó el puente y lo enjuagó sobre las olas del mar
La luna coqueteaba con los luceros y se hacía el amor con ellos
Yo me quité la falda... él su sucio y raído pantalón...

Me recosté sobre la arena... mirando las estrellas fugaces
Él me dijo: Has un pedido mi amada marinera... y yo haré otro por ti...
Yo sonreí... él sonrió... su sonrisa mueca me recordó un beso...
De lado trató de mordisquear mis labios... yo con disimulo voltee el rostro...

¡Qué te pasa amor mío! -me dijo- ¿Ya no me amas?
Yo gemí... lancé un suspiro... después grité... ¡¡Ayyyyyy!!
Qué te pasa dulce amor... por ti surqué los mares y le pedí a la estrella del marinero que estuvieras aquí conmigo hoy... ¿Me puedes decir amada mía... cuál fue tu pedido por mí?...

Con un nuevo grito, mientras mi marinero me observaba y se colocaba sobre mi vientre le dije amorosamente: ¡¡Bájate desgraciado!! ¡¡ No ves que estoy recostada sobre el cascarón de una langosta!!

Los luceros se encendieron y la luna a lo lejos, observaba celosa, qué gran amor el de los marineros... ¡¡Cómo cambiaban con cada estación!!... me levanté... dejé de lado el cascarón que me estorbaba y como una tromba... nos confundimos con el mar que con sus olas se quejaban a la par de nuestra pasión.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 15/12