miércoles, 26 de julio de 2017

EL ÁRBOL/Tio Ramiro (32) R

EL ÁRBOL/Tío Ramiro (32) R


Ha caído el árbol con todo su peso,
pero una colcha de hojas lo recibió.

Historias llegarán para dañar su memoria,
pero cada árbol tiene marcado su destino
en la nervadura de las hojas,
y en el tallo que engrosa en el camino.

El árbol relataba miles de cuentos,
reía con dolor y aprisionaba su talle,
veía correr a las semillas ajenas
y las juntaba en sus ramas como si fueran suyas.

Asomado al balcón lo vi cierto día,
no podía correr porque sus raíces
lo aferraban de la tierra.

Nadie  leyó del huracán ni del rayo,
del sol abrasador y de la sed que lo quemaba.

Pero el árbol cayó sin queja alguna
sobre sus propias hojas desnudas,
y dejó abiertos sus ojos azules
a la inmensidad del mar
que salaba sus lágrimas
con las brisas de julio.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 26/17





DESPUÉS/Tío Ramiro (31) R

DESPUÉS/Tío Ramiro (31) R


¿Qué será cuando todo se vuelve silencio?
Lo comprendí hoy, queda la carne fría;
parece que somos esa lápida de carne
que nos arropa un día sin misericordia.

Vi gentes de aquí para allá,
otros se afanaban por la vanidad
y el cementerio se llenaba y llenaba
de gentes y charlas, por lo que había que pagar,
y por la muerte que nos cerca y acaricia
como el amante que jamás llegó.

El doctor estaba triste,
era su paciente por años, se volvió su amigo.
Con las manos en los bolsillos,
en la memoria tal vez recordaba
las risas y los llantos que se apagaban,
y las agujas que a veces calmaban
el ardor de la carne.

Fue un largo rato en silencio...
Nadie más cercano al dolor que él,
y su paciente con la frente helada y los ojos cerrados
volaba a su lado sin que pudiera verlo,
y agradecía en el aire por tanto favor
que no pudo pagar con un último abrazo.

Después del silencio queda la gratitud,
ella no tiene voz ni palabras;
se vuelve nudo sobre nudo en la garganta,
y el vacío por lo que no se hizo
se instala en la mente
y azota fuertemente sin piedad.

Hay una vaguedad en el aire…
En casa hace falta el grito que despertaba:
¡Se las pone!, ¡a poner el pecho a la vida!
¡A condenarnos a vivir con ganas!

Y ahí, en la esquina que lindaba con la puerta,
los aromas a ti se quedan
rondando la suerte que no fue,
y el aire se enrarece...

la ausencia se vuelve ánima
y el pecho roca,
una roca caliza que besa el mar
que brota por los ojos…

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, 27 07 17




26 JULIO 2017 (24) R

26 JULIO 2017 (24) R


Despierto y la mañana me coquetea,
el corazón mueve su cascabel
y pienso en el ayer que se fue
y en el ahora que me despierta.

Otra vez el chirrío se empeña en el árbol,
las hojas me cuentan de un mañana
en donde no estarán en su gajo
y de las flores que no verán.

No rima el alma con el día,
acontece la respuesta del otro lado del gajo
y se juntan los dos, pico a pico,
tocando sus alas en el diáfano claro
que circunda y hace bailar la vida.

La respuesta tiene sonido a gato,
a ronroneo sobre las piernas;
a mirada que brilla cual luciérnaga
en la más oscura de las noches.

Ayer te vi y hoy no estás...
¿Qué es acaso la vida?

Comulgo brisa marina,
el alcatraz tiene sus alas extendidas
va y viene por entre las colinas imaginarias
que lo acercan al río violento que conoció su aura.

Todo afán no es, y toda sonrisa vendrá
cuando aceptemos que la muerte es la verdad,
y la vida es un regalo de segundos
que se esfuma con el viento al pasar.

Raquel Rueda Bohórquez
26 07 17