miércoles, 14 de junio de 2017

EL ABUELO DE LA CAMA 3 (64)

EL ABUELO DE LA CAMA 3 (64)

¿Qué te pasa abuelo?, pero el abuelo no pasaba ni la saliva, algo se tragaba sus letras y sus oraciones, y estallaba una y otra vez el mar profundo que se hacía roca en su corazón.

Si hay un mañana, no quiero estar ahí, -le respondió a la enfermera más dulce que había visto; -pero quiero que me des la mano y la aprietes contra ti, para sentir que una flor hermosa me vio y aromó ésta pálida estación de mi vida.

Hoy la melancolía tocó a mi puerta, pero voy a dormir, no quiero soñar con nada malo, es que las historias se llueven y debo recoger sus lágrimas y copiarlas en algún lugar, pero mi hija continúa...

Llora como un bebé el anciano de la cama 3, pero la madre pronto llegará, ¡lo sé!, las tetas alcanzarán a tocar su boca, ¡qué grande es el amor de Dios!, y cerró los ojos, se durmió, la boca quedó en un balbuceo, ha sido tocado y el frío cubrió la montaña; la gente viene y va, la muerte se volvió costumbre, pero su llanto de niño alguien recordará.

¿Cuántos ancianos están abandonados?, solo pasear por un hospital y los veremos con sus miserias pegadas de la piel y las escaras cantando aleluyas y gritando padrenuestros.

¡No es un cuento!, se volvió historia patria; que Dios nos ampare y proteja de una vejez en abandono, nada sería más triste, la vida misma sería el peor de los sufrimientos.

Hay ancianos sin familia, o si la tienen se hacen a un lado, muchas veces por motivos económicos los abandonan, pero si los ancianos son adinerados también sucede, y hasta desean la muerte de los viejitos. ¿Cuántos casos hemos visto?, muchos, y la cuenta sigue llenando hojas y hojas.

Admiro el trabajo de las enfermeras, porque ellas se untan de la miseria humana y transforman las agonías de un enfermo en una leve sonrisa.

Cada vez que me cuenta una historia, no puedo pasar sin dejar al recuerdo un poco de la memoria del ser que la motivó.

A ellas muchas bendiciones, por algo la providencia las colocó en ese camino, y hablo de las buenas, porque también las hay perversas, malgeniadas y arrogantes, esas equivocaron la profesión.

El abuelo lo sabe, se hace el muerto cuando perversina pasa, no quiere sus manos ahondando la pena y ella lo ve como a un trapo viejo y se aleja.

Ahora siente que una mano de seda acaricia su rostro: -¿Qué te pasa abuelo? Pero él no pasa ni el agua, trata de gritar y su grito se pierde junto al mar que brota por sus ojos.

¡No puedo comer!, alcanzó a escuchar…, y ella pasó un algodón húmedo sobre sus labios.

Esa caricia lo volvió niño y ella sintió que era madre, luego se alejaron con el silencio cómplice en sus ojos, pero en ellos estaba Dios conversando con los dos.


Raquel Rueda Bohórquez
14 06 17



LOS EMBERA (65)

Artesanías fabricadas por los embera.

LOS EMBERA (65)

Vieron nuestra tierra y tomaron sus tesoros, olvidando que ellos la poblaban, caminaban y adoraban lo que pisaban y veían.

Los embera y muchas tribus de Colombia, fueron diezmadas y sus territorios son vistos con ambición.

Es muy triste saber que nada podemos hacer, porque un puñado de delincuentes que se creen superiores a Dios los están dejando sin piso, pronto se mezclarán y su historia desaparecerá ante nuestra mirada indiferente.

Es complicado enredarnos en cuentos donde la historia siempre ha mentido, ¿los embera se llaman así porque huyeron a diferentes lugares y tomaron ese nombre?, lo cierto es que tenían su propia lengua, un Dios llamado Sol, luna, estrellas, tierra, hojas, ríos, animales..., ahora tienen un Dios en préstamo que no comprenden por qué acepta todo lo que les sucede, ya que el Dios ambición vino a reinar y aquí se queda, con sus pies de oro y su corazón de fiera.

Los embera adoran la tierra, es su verdadero Dios, y se dejan quemar del frío o besar del sol; sus rostros parecen amapolas y sus ojos tienen tanto brillo, que si los miras de frente, podrías enceguecer.

Desde el monte que conoce el palpitar de sus corazones, ellos enredan canutillos y hablan con las flores, después transforman todo en artesanías que venden para subsistir, en medio de un territorio que otros ven con ansias.

Los embera cuidan la tierra, adoran al águila, aman el sol y bendicen la ración que llega a sus manos, con una gran sonrisa.

Cierro el puño y no atrapo nada, lo abro y puedo acariciarte, ¿qué es la vida más que un sueño?, esto lo dijo un gran poeta, y los poetas jamás mienten.


Raquel Rueda Bohórquez

14 06 17

NORA (66)



NORA (66)
9 de junio a las 14:51 ·

Imagino un blanco lugar, es el sitio de los gritos hacia adentro, donde llamamos a Dios y tememos que no escuche nuestros lamentos, pero deseo con el alma que venga por ella, por Nora, la niña de 90 años, y por ahí pasa la cuenta; quiero que reciba sus lágrimas y las transforme en jardines, que torne su juventud cual mariposa que ha salido de su cárcel y baile todas las cumbias sobre las montañas que no visitó,  se moje entre los ríos y lagos que lagrimean los musgos gota a gota, joya a joya entre las hojas.

El dolor nos sacude, ahí comprendemos que todo este ruido y mascarada, es sólo nieve pasando por entre las cumbres dulces de los sueños.

Las películas se llueven y debemos escribirlas para que la historia no muera.

Ayer pasó por ahí la niña vestida de blanco, mi bella de ojos azules, pero llega con la pesadumbre del ver tanto dolor y poco alivio dar.

Encogida como un bebé en el vientre, espera nacer en otro palacio más justo para sus cansados huesos, en una alcoba menos fría donde la voz de un querubín no sea tan ligera; parece el beso de un colibrí a la flor más oculta del monte.

Tiene huecos adosados en la carne, por donde las moscas inventan viajes macabros, y dentro, muy dentro, el corazón se empeña como un demente a seguir latiendo.

¡Cuánto diera porque el día de hoy no existiera para Nora!, que el frío la acunara para siempre y desapareciera la silla de montar que colocaron para reemplazar la de hueso débil.

¡Oh Norita!, no sé la razón, ni conozco los motivos; pero la vida trae un empaque raro para cada ser, unos se van sin florecer, y otros, aunque la flor esté marchita, el aroma se empeña en su padecer, y las espinas de la rosa penetran la carne, como si dentro de ella estuviera completo el rosal.

Hoy vendrá el ángel por ti, lo ruego y lo contemplo, así como al sol pintando entre los gajos morenos del mamoncillo sus mejores líneas, y te irás con una gran sonrisa, alguien me contará que Él te escuchó, y que la nave del olvido atravesó la puerta y alguien en sus brazos te cargó.

Raquel Rueda Bohórquez
14 06 17