martes, 11 de julio de 2017

SE FUE EL CARPINTERO (13) R

SE FUE EL CARPINTERO (13) R


Recién se fue a volar mi carpintero,
y espero en el cielo talle para mí
un árbol de cristal.

Todo fue veloz y hasta lloró en mis manos,
y el trino del ayer tallando en la madera
nidos y plumas de colores,
hoy es solo el recuerdo que pasa y pasa
en otras aves y otras flores.

Se fue mi amor con los ojos bien abiertos,
parecían de ámbar con un cultivo de penas
que volaron a una distancia enorme,
y se hallaron en el pergamino del aire
junto a lo incierto que lo disparó a mis brazos
cualquier día de junio.

Mi madre estuvo ahí para recibirlo.
Bajo el árbol de mamoncillo
recito una oración por su alma,
y el repiqueteo de otros pájaros
continúan los versos que brotan,
cual si fueran gorjeos de manantial
deslizándose por la montaña.

Raquel Rueda Bohórquez
11 07 17


CIERTO DÍA (12) R

CIERTO DÍA (12) R

Estuve frente a ti desnuda como ahora,
dejando el pecho al viento
y la mirada al frente de tu ojos.

Cierto día sentí que mis alas quebraron
y me escondí en el rincón
donde alguna vez se mataron los sueños
entre sombras oscuras y desconfianzas viejas.

Se paseó la cobarde envidia por mi casa,
el óxido llenó las alacenas y el olvido la cama.

Cierto día me volví tu amiga, ¿cuándo fue?
Al menos me quedó la dicha
de un sueño servido sobre la mesa.

¿Qué sabor tiene?
Es un acíbar que marca el rostro
y hace contonear la cadera de las ilusiones
entre pálidas sedas que no fueron
y rosas rojas que jamás llegaron.

Más nada pasa porque sí,
me di cuenta que eras débil ante la carne
y que las mariposas se puteaban
con los gusanos que brotaban de los rosales.

¡Qué vainas raras!
¿Algún día confesé que los gusanos tendrían alas?

Fue hoy, me arrastré ante el amor,
me di cuenta que mis alas quebradas
la lluvia pálida las renovaba
en otro cierto día en que pensaba
que a pesar de todo,
la vida se vale
entre espinas o encrucijadas
donde reptamos para volar luego
por sobre las ramas secas de la existencia.

Raquel Rueda Bohórquez
11 07 17



ESTA TARDE (11) R

ESTA TARDE (11) R


El pendenciero Sol
asomado en el risco
es el amante divino
que se convierte en musa
entre las hojas.

Dulce viento les acaricia
y en este danzar sutil
veo tus ojos verdes
imitando la danza del colibrí
entre las ondas de un lago.

Carmesí a violeta,
color tierra a verde,
así coquetean las hojas
antes de morir.

Pero aún así
un beso las sacude,
no hay clemencia esta tarde
y el astro me arde la piel,
en tanto espero al amor
en la roca de la paciencia.

¡Oh viento del norte!
¡Aires soberanos del sur!
¿A qué sendero he de ir
sin que las hojas signen mi frente
en la estación de pálidos armiños
cuando todo sea frío e inmortal?

Pero escucho la cítara,
inició a llover después de tanto calor;
la tarde se presenta sublime:
¡Esto es amor!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, 11 07 17