domingo, 30 de octubre de 2011

HORMIGAS CULONAS


Cuando las lluvias terminan,
y el  sol candente, sobre los altos cerros pareciera reventar
tus amores agitados invitan a una hermosa danza,
y allí, añorando tus manjares espero...

Pequeños espejos alientan sobre tu propia imagen
y sales con la ilusión de un gran vuelo de amor
mientras mis pequeñas manos te sorprenden
entregándote a una paila hirviente
que reposa sobre mi calentador.

Allí, los invitados esperan ante tus olores
se esparcen como el tinto caliente
y ese inigualable perfume invita
a crujir tu delicioso vientre
sobre bocas hambrientas que te anhelan.

¿Cuántas veces mi hormiga culona
el hambre de los pobres apaciguas?
todos hemos brindado por ti
tu magnífica existencia llena de prados verdes
que obreras silenciosas desgajan
aún mis pétalos rosa cargaron...

En interminable bondad, sin confiar en  pesticidas
hoy revientas de nuevo con tus pequeñas alas
¡déjame levantar vuelo!... -parecieras anunciar-
el zángano espera penetrar su semen por mi vientre
que rebosa de tibios manjares sin vivir,

entregando su existencia efímera por mi amor
para morir después, sobre  nutridas amapolas
brindando como tumba su perfumado aliento,
no sin antes perpetuar su esencia
como premio, sobre tu cándido jardín.

Raquel
Barranquilla, octubre 30/11

RECUERDOS DORADOS




RECUERDOS DORADOS L1R

¿En dónde mi dorado amor,
terminó tu miserere que era para mí?

De nuevo estoy aquí
recordando la gracia de tus cantares;
los besos que me dabas
cuando en estancias alocadas
te desperdiciabas en caricias,
convirtiéndome en lo que aún soy por ti,
¡en nada!

¿Aún tienes  fuego en tu mirada?
¿Las sonrisas que tus cánticos inspiraban,
sobre campos verdes con torrentes cristalinos
donde el olor a flor del campo,
retozaba sobre tu enramada?

Aquí estoy, igual que ayer,
el trinar se escucha lastimero,
la vejez no llega sola.

El tronco viejo pronto caerá,
mientras el comején de la existencia lo corroe
robándole la esencia de su alma.

Aún recuerdo tus promesas,
el cielo dorado sobre los sauces,
chillidos imaginados en tu robledal
con un nido suave tejido entre los dos.

Falsas promesas de amor
que como las olas van y vienen.
Así mi corazón en mustias soledades
viaja por los confines del pensamiento
abrazado a tus alas doradas
que ayer flamas encendidas fueron,
hoy, ¡cenizas que se pierden en la nada!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, octubre 30/11