viernes, 14 de agosto de 2015

ENTONCES [62]

ENTONCES [62]

En su quietud, mi silencio encontró cobijo,
besos de hojas secas, tranquilas, pacientes...

Voceaban pájaros y destellos multiplicados
parecían penetrar el profundo lago,
doblados espejos, mis ojos, los tuyos.

Se hablaban de amor y volaban en bandadas,
mis azules pensamientos se agolpaban en mi mente
quería huir en medio de sus cantares,
con ese fluir de alas abiertas por el horizonte.

Se quedaron entonces a la deriva mis ideales,
alcé mi rostro, ¿qué eran los sueños?,
se dijeron ¡te quiero!, ¡te quiero!,
no voltearon el rostro, escaparon al fin
a una muerte más dulce en el cielo.

¿Quién responde?
Sueño dices, es pasar por la vida como noble,
¿cuándo somos pordioseros de ella?

Más luego, sin pensar en nada,
bogué como un tronco viejo
y descansé en la orilla de tu boca.

¿Qué estaba soñando?
¿Será que estoy loca?

Era que estaba en un mar y tú a mi lado,
adiviné tus ojos negros en mí
tus manos en las mías,
eran perlas negras en mí perdidas
era yo, el mismo océano,
y eras tú mi barca, mi sueño,
que en mi pecho ardía.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 5/15


TENGO [47]

TENGO [47]

Tengo sed de paisaje, de bosques y cascadas, de ríos y lagunas, de alegrías y tonadas.
Tengo hambre de amor y esperanza, de verdes montañas y pálidas quebradas, de tus manos en las mías, dulces y abrigadas.

Tengo angustia de árboles caídos, de aves que no cantan en mis sueños, de sinsontes robados en invierno, de lunas ausentes en mis noches.

Tengo desespero que pica y pica, como una comezón tardía, como una espina atravesada y un no sé qué en mi garganta, un pálpito, una sensación desconocida.

Tengo un ritmo de mar en mi orilla, un espejo para verme a escondidas, un amor intocable y un poco de mi vida en poesía.

Tengo los ojos para contemplarte, ayer partió una paloma pequeña, voló hacia mi ventana, y hoy, al escuchar mi voz, asomó inquieta, con hambre puede ser, con la pregunta del porqué de mi prisión, y deseando regresar a mí, corté sus alas.

Tengo el aroma de un te quiero en mi boca, esa inquietud de amarte, pero sé que no me perteneces, eres amante de la lluvia que besas con donaire.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 14/15



DIAMANTES DE KENIA [39]

DIAMANTES DE KENIA [39]

Fue escarlata la tierra,
se abonó de indolencia y locura
en medio de gritos de horror.

Sus voces se apagaron
quedando sus huellas  en las paredes
con sus historias desnudas.

¿Quién mata la vida? 148 joyas
¡Atrevidos!, se condenan por sí mismos
parecen duras rocas,
pero las rocas guardan sus almas
que luego anhelan poseer
y llevar en sus dedos vanidosos
que nacieron para el mal.

Se fueron en medio del horror
herida  la carne y un lago púrpura,
pero la marca de odio es misión del perverso.

Le han quitado la tarea a Dios
y lo hemos vuelto a matar
en cada ser que herimos.

Diamantes negros de Kenia,
nos han robado la sabiduría
los grandes del mañana,
brillos de pequeños soles
abriendo sus manos
para señalar que somos iguales,
y que la huella de otro matiz
permanecerá por siempre
en un rincón sagrado,
que fue pisoteado  por bestias humanas
que se pasean por el mundo
como entes del mal
que jamás debieron ser.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, 06-04-115

MI YO GAVIOTA [43]


MI YO GAVIOTA [43]

Aunque tenga mis alas mojadas, y el mar sacuda con fuerza sus olas; mi río corre veloz por espinosas laderas, pero hacia ese fondo azul, dirigirás mi vuelo.

Si tengo miedo cerraré los ojos, para no estrellar la carne contra las rocas, y providencia, como tú, brisa sonora, empujarás mi pequeña barca hasta tus brazos.

Ahora, un poco de sol les ha secado; he pensado en ti, ¿pero en verdad me quieres?, todo viene y va como las olas sobre la playa, y me quedo acompañada de mi vieja soledad.

Se mueve un espejo en tu profundidad; mis ojos avistan ese tesoro para mí, ¡oh!, amor de mis amores!, anoche tuve mucho miedo, pero un despertar de cielo entre rosas y espinas, me dice que eres tú el dueño de mis suspiros, que eres Rey en noble cuna porque secas mis alas en invierno, y las mojas en verano.

Cambió en un parpadeo el paisaje; mi corazón ya no tiembla, ese calor que ha quemado por dentro, ha encontrado un oasis para calmar su sed, y ahora, regocijo y cantares, arriba con todos los pájaros blancos, que entre azules, le hacen honores a éste nuevo día.

¿Viste mi amor cómo  el águila te puede ver?, ¡no eres tan pequeña!, ¿creías ser invisible para Dios?, cada queja tuya la toma en sus brazos y cada curva del camino la endereza para tu bien.

¡Estrellas y más!, mi Dios se vistió de azul hoy, pero en la noche, negro será su vestido, para que veamos pepitas centellear,  diamantes puros de su corazón siendo estela arriba de todo, y paisaje para contemplar.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, agosto 14/15