lunes, 4 de enero de 2016

¡QUÉ HERMOSO! (57)

¡QUÉ HERMOSO! (57)

Tan bello si sonríes
Y tomas mi talle airoso;
Tus caricias en reposo
Sobre mis pechos vacíos…

Y en este día que marcha
Bajo tu ardiente mirada;
Ya casi no queda nada
Sobre mi árbol sombrío.

Arrópame con tus brazos
Cual naciente enredadera,
Que a morir yo quisiera
De ellos cobijada,
Y de tu boca amparada.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, noviembre 17/13


EL PRESTAMISTA (58)

EL PRESTAMISTA (58)

Mi Señor me presta y nada cobra,
Ni por pintar sus paisajes
Que son obras donadas a mis ojos
Y a los tuyos.

En casa todo parece oscuro,
Pero al abrir la puerta
Su luz hace magia con mi tristeza
Y pone carita feliz a mi rostro.

Camino descalza y nada hiere
Pues una colcha de flores y hojas
Besa mis pies y los entretiene.

Y escucho "Silence," un Cortázar
Inspirado en Beethoven.
Ha donado a un músico su talento
Y él esparce al mundo su obra,
Como el árbol sus hojas a la tierra.

Mi día es amarillo,
Porque Él decidió que sería de oro,
Y en mi mundo pequeño me siento hormiga
Que corre presurosa
Hacia el nicho tibio de tus brazos.

¡Es verdad!
Mi señor es un Prestamista,
El mejor de todos;
Pues hasta la vida le pertenece
Y nos permite correr y cantar,
Reír y llorar, sin nada cobrar.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 4/16

EL TÚNEL DE MI COMPADRE/A Benjamín Araujo (59)

EL TÚNEL DE MI COMPADRE/A Benjamín Araujo (59)

Un anciano camina muy lento hacia esa luz, donde pareciera que un túnel continúa bajo tierra; pero ese resplandor invita a meditar.

Dan ganas de tocar, de asomar a esa orilla para saber si continúa o termina; luego caer en ese precipicio, en ese foso donde al menos una llamarada nos espera.

Imaginamos el infierno, nos contaron que eran flamas que ardían; la gente está prendida, pero no se vuelve cenizas, es como si el alma se ajustara a ese calor que no deja de tener su divinidad.

Todo viene de Dios, ¿entonces, para qué me afano?, hasta el infierno le pertenece, y creo que ahí purgamos algo. 

Él es un padre bueno y justo, nos reprende con severidad, pero jamás nos destruye.

Imagino que al fin de ese tiempo, saldremos de nuevo a la luz y volaremos por la tierra otra vez, hasta que nos veamos como un espejo iluminado, en el sueño tranquilo de un lago. /esto pensaba el anciano; estaba cansado y enfermo, y se dirigía hacia ese final de su vida…

Una voz colada entre las montañas gritó a su oído: ¡Te regresas ahora!, ¿qué te has creído abuelo?, ¿acaso porque te di larga vida crees tener ganado el cielo? Esa vida te la di, porque siempre pospuse para mañana tu castigo, esperando cambiaras. A ver, te haré unas preguntas antes de continuar:

/El anciano se recostó un tanto dentro de ese túnel, no había cansancio, pero la voz lo indujo a esperar y escuchar…

Inició por decir: Hasta los 7 años te portaste regular, pero ahí ya sabías cuál era el bien y el mal; entonces iniciaste por ser rebelde y no acatar a tus padres; todo está bien, cuestiones de la edad, y te dejé continuar; luego esperé a que tuvieras 15, ¡qué gran tarea la de tus padres para que fueras un hombre!, ¡desordenado desde pequeño!, y pensé: a este muchacho lo que le hace falta es tiempo, pero ya habías iniciado con esa tarea necia de masturbarte una y 100 veces, hasta que salías pálido, sin energías ni para leer un libro, y aquí también pensé: ¡bah, es un muchacho!, y esto también estaba incluido dentro del paquete de la vida y te dejé un tiempo más…

Vi como iniciaste a manejar las cosas a tu manera, ¡te creías un hombre!, arrebataste a más de una mujer su dignidad y con carcajadas lo pregonaste, con uno y otro; y te hacías macho cada vez que podías contar hasta de qué color tenían sus pezones; también aquí pensé: ¡cosas de hombres!, creo que dejaré un tiempo más a éste muchacho a ver si aprende a vivir; aquí en ésta etapa, ya tomabas sin control y fumabas sin medida.

Presté atención a tus padres; muchas veces los vi orando de rodillas, siempre era por tu culpa, ni siquiera prestaron atención a sus propios sueños, porque eras tú ese sueño ansiado; ¡habían volcado tantas cosas en ti!, todas sus ilusiones se verían reflejadas en tus estudios y progreso.

Cada lágrima de tu madre la fui juntando hasta formar un océano, y cada pesar de tu padre lo fui convirtiendo en una montaña; sin embargo, esperé que ellos tuvieran calma, anhelé que todo pasara, pues quería ver una sonrisa en sus rostros, y tú, ¡nada que cambiabas!...

Te perdoné una y otra vez, hasta que al fin casi de 20 años te graduaste, te regalaron el cartón, y jamás te enteraste que tu padre arregló todo, porque estaba cansado con éste cabrón de hijo que le tocó.

Después de 30 años y todavía dando guerra  en la casa, preñando mujeres aquí o allá, sin responder como padre por ninguno de tus hijos, pero también como Dios que soy, decidí darte tiempo. A quienes aprendieron pronto, regresaron a casa y aquí están conmigo, ¿piensas que te dejé porque eras mejor que otros?

No trabajabas con juicio, pero te di fortuna, quería ver cómo administrabas y a quién ayudabas, y seguías pensando que era tuya; me estaba enojando mucho, permití que guardaras y guardaras tu dinero, te volviste tacaño y avaro, querías acumular riquezas, pero no veías ni siquiera por sobre tu hombro; pero te dejé hacer y deshacer, hasta que murieron tus padres, y me di cuenta que tus sentimientos por ellos no eran los de un hijo.  Jamás enviaste una ayuda generosa; dabas pidiendo permiso, entregabas, pero seguías haciendo cuentas, ¿tan poco merecían tus viejos?, ¡tacaño!, debiste dejar una pequeña pensión para que vivieran bien, sin mendigar a nadie nada, pero el dinero te volvió engreído, lo gastabas en nada, pues seguías acumulando riquezas y riquezas.

¿Recuerdas el día que enfermaste?

-El anciano asintió con la cabeza sin responder.

Bien, ese día quería ponerte a prueba, porque sabía que algo bueno tenías en tu corazón, estuviste muy grave, y seguías pensando en comprar lotería, ¿no pensabas acaso que éste sería tu final? ¡Insensato!, y una ráfaga fuerte azotó su rostro. /el anciano seguía callado sin responder a esa voz profunda que lo estaba cuestionando.

Ahora estás aquí, ¡no hubo más lotería!, ese dinero se volverá viento, porque otros que no vivieron con tanta ansiedad como tú, serán quienes lo disfruten, viajando, conociendo, amando…

¡Ahora vete a la mierda cabrón!

Dios le dio tremenda patada de viento al viejo que ya se había levantado, y asustado cayó al precipicio…

Un sacudón fuerte y ahí estaba, con los ojos muy abiertos viendo que el tiempo había pasado y no había sido feliz, con tantas oportunidades que había tenido de dar y dar y dar, sin esperar nada, pues había recibido abundancias.

La enfermera le gritaba: ¡Don Anastasio!, ¡Don Anastasio!, ¡ha regresado a la vida!, ¡el marca pasos empezó a funcionar otra vez!

El viejo se rascó la cabeza y preguntó: ¿No he muerto?, ¡tenía una horrible pesadilla!, iba directo al infierno, ¿y ahora estoy aquí?

No sé qué sucedió, /dijo la enfermera/ creo que hiciste una promesa, porque te escuchamos gritar: ¡Todos mis bienes son para el hospital!, luego firmaste un documento en medio de tus delirios.

¡¡Ni puel hifueputas!! /Gritó el viejo muy alterado…
 Ahí quedó, con su mirada extendida, hacia ese mismo camino sin retorno.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 4/16



viernes, 1 de enero de 2016

UNA NOCHE (60)

UNA NOCHE (60)

Hermosa noche, ¡claro que te pensaré!, y cuando ya no vea una sola estrella en el cielo, es porque estoy a tu lado, y estará silencioso el mar esperando a que me digas también que me amas. 

Sé que he repetido las mismas letras y palabras, una y otra vez; que también has escrito muchas, que imagino son para mí; pero luego del primer sorbo, siento un poco de amargos, pues jamás, ni siquiera en mi estrella aparece mi nombre. Imagino que es tu clave, quiero descifrar que son para mí, ¿me podrías decir cómo hago?

Ahora que te adivino en un paisaje, esperando el invierno, y que todas las hojas han caído, pues el árbol está en reposo y no necesita gastar sus energías; ahora que saboreas un café  y hay un vaso desocupado a tu lado, pienso que es una invitación a llenar tu vida con algo de consuelo, y ahí entra a mi corazón un oleaje tibio cual canción de cuna: ¿seré yo?, ¡no creo!, o será ella, o será otra, y estoy como una tonta imaginando que lo has escrito para mí.

Luego pienso en todos los que imaginan por nosotros y me da risa, ¿será que envías tus diamantes, y jamás se quedarán sus brillos en el camino, para otro día?

Música de viento, poesía de George, de Neruda, del viejo que come paredes en la otra cuadra y le dice al mundo que de hambre no morirá; luego busco una imagen, otro ruido, para que me digas de una vez por todas, si es verdad que me amas, y no todo es un loco poema que nos inventamos, para llenar esos vacíos que siempre nos topan viendo hacia el horizonte, pegados de una reja, imaginándonos ser un par de aves que se aferran de un gajo y luego se bendicen con un beso.

Ahí vas, tienes esa misma camisa negra y tu boina, como mi padre; llevas zapatos ligeros, y entre los bolsillos muchos tesoros para esparcir a las aves que hallas en tu camino.

 ¿Pero qué hay en verdad para mí? Me conformaría con un ramillete de pensamientos, o ese chasquido de las hojas secas que gimen ante tus pasos, ¡pero que esté enterada que son para mí!, que lleven mi nombre en clave, una clave para dos, ¿sería posible?

Cuidado al caminar, no sea que te enredes en esas raíces que surgen, como testigo mudo de un amor, que en silencio le grita al mundo, que la música y la poesía son armas poderosas, y que con dos  palabras acabaríamos cualquier guerra: ¡te quiero!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 1/16




EL JAZMÍN O LA HORMIGA (61)

EL JAZMÍN O LA HORMIGA (61)

Matar hormigas no es buena idea. Siempre dejo por ahí una que otra miga; ellas abren senderos y el agua penetra; así pueden existir muchos árboles grandes y pequeños.  Ellas abonan el terreno, tienen cultivos de hongos en su interior y luego sacan sus desechos que dejan con ternura su alrededor.

¡Pido perdón si me equivoco!, que el mundo me castigue si mato a voluntad y con malicia a una hormiga. Es difícil este momento, y si todos nos volcamos a odiar a las hormigas, ahí sí que no tiene oportunidad la naturaleza, y menos nosotros, pues estaremos acabando con las plantas, de las que dependemos todos.

¡Si ellas comieran tu árbol en la puerta, como hicieron con mi jazmín, no pensarías igual, ¡mmmmm, eres una tonta!, /dijo una patrocinadora de la mortandad de hormigas, con algo parecido a un pedazo de torta puesta en un rinconcito, pero con veneno.

Un insecto raro que escuchaba tal conversación intervino:

El jazmín retoñará de nuevo, la hormiga no.

Una propietaria de esquina espetó: ¡Me hicieron túneles horribles!, ¡parecían dinosaurios!, ¡mi mansión casi se viene abajo, bueno es que den consejos, el ecosistema, esto y aquello pero tampoco tanta pavada!

El insecto raro respondió con un poco de enojo:
Es una opinión, y es tan respetable como tu pavada.

Otra dueña de mansión gritó, /parecía que las hormigas se le hubiesen metido en mala parte, pues estaba muy enojada:

¡Un túnel donde riego el árbol que ellas devoran!  ¡Ohhh me arruinan todo mi jardín! ¡Deben morir!...

Pero el insecto raro, quedó petrificado, estaba contento porque fueron muchas respuestas; bocas que imploraban por las hormigas y decían que está mal que envenenemos sus nidos, que los árboles son podados naturalmente, y luego brotan con más vigor, ellas dan una caricia a la naturaleza, y su respuesta son hojas frescas, su alimento se transformará en abono para los mismos árboles.

Esto es la vida, un círculo donde todos dependemos de todos para sobrevivir.

Esta vez ganó la indulgencia y el amor,
El césped brotará otra vez,
Y el jazmín regalará otra flor.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 1/15





DETRÁS DEL MAR (62)

DETRÁS DEL MAR (62)

Detrás del mar siempre habrá alguien esperándote; puede ser una gaviota herida, no sé, puede ser una hija, una esposa, una amiga; pero detrás del mar, siempre hallarás un sueño que se vuelve margarita que pinta pétalos y aromas...

Cierta vez navegué demasiadas letras en una barca de papel; fueron incontables las carcajadas, pero también hubo llanto, nos enamoramos todas del mismo, somos incapaces de dividir ese amor y queremos atraparlo primero.

No fui escogida por el amor, ¡es tan raro éste asunto!, pero llegaste a sanar esas heridas, esa ira contenida que me hacía reventar, pues sus carcajadas hirieron esa amistad rara que nos separa y aleja con pequeñas brisas, que ni siquiera llegan a ser vendaval.

¿Te quedarás?, ¿recuerdas que me alejé de esa barca?, nos alejamos de tanto ruido, nos cansamos de entregar y nada recibir, pero ahora me doy cuenta que hay que entregar sin esperar nada, debemos tener las manos y los brazos abiertos, no importa que se voltee el rostro, ¡estamos en ésta vereda por un corto rato!, se cierran las alas y se extiende la mirada en un segundo, sin pronunciar una sílaba.

 Así, en medio de mucha lluvia sobre rosas blancas, la vida es un suspirar; parece una ola besando a una roca, pero vienen otras, unas se encumbran para caer, otras prefieren ser mansas y pasan por la playa sin agitarse; se contentan con besar las arenas ardientes, son felices sin que nadie las vea, pues no alardean nada, simplemente se dejan llevar de la brisa y del mínimo espacio que las corteja, entre tanto beso de sol y demasiado titilar de estrellas.

No sé qué pueda suceder de ahora en adelante; dices que toca vivir el instante, y un mañana es un premio con sabor a miel, a donde llegan abejas a besar sin cortejo alguno a todas las flores de un limonar, y entre agridulces sabores, entregan sus vidas por su reina y todo el grupo del colmenar.

Quiero ser para ti lo que desees,
Pero dime que eres libre,
¡Pronúnciate ahora!,
Porque mañana, ¡no sé!…

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 1/16


jueves, 31 de diciembre de 2015

SANCOCHO DE VIDENCIAS (1)



SANCOCHO DE VIDENCIAS (1)

Ese día, la vidente me lo dijo, de esto hace más de 12 años, no me sorprendió pues ya lo sospechaba, 12 años después me lo repite, mi hermano difunto, luego mi otro hermano, después me lo contaron sus ojos, ahora tengo un diálogo directo con Dios y me dice que estoy en lo cierto, pero que con mis ojos veré la recompensa al impío, y esto me asusta un poco. Decido perdonar ahora y lo hago en serio, ha sido demasiado para éste cuerpo tan pequeño, pero mi alma se ha fortalecido, pocas personas en quien confiar, pues siempre señalan sin saber las espinas que tiene mi corazón. Poco a poco tengo que aprender a callar, tragar y a esperar con paciencia...

A veces la imaginación no es tan perversa si el tiempo termina dándonos la razón, ¿será que alguien se mete ahí y nos avisa?, nada hay oculto bajo la luz del sol.

¿En qué pensaría el músico, al componer ésta melodía? Toda iluminación viene del silencio, de la soledad, del cansancio o de la felicidad.

 ¿Hemos visto a un pájaro después de la lluvia?, sus composiciones son de contento, y alardean de rama en rama, de flor en flor, cantando y cantando, sin pensar, pues todo está en esa garganta mágica, todo en el sol que les ha de hacer brillar.

Otro día se vale para una sonrisa y otro abrazo, para creer que no todo es para siempre, que ahora ríen de ti, o de mí, y la historia se repite generación tras generación, sin aprender lecciones ni acatar consejos.

Pero sí me aconsejo, no seguir calando en la misma roca como una gotera, quiero que termine ésta loca historia, que mi hija arme su nidito de amores y que esté ahí sin ser metiche suegra, dejándolos vivir su historia, ¡eso sí!, que no me odien, porque con la ración que he recibido es suficiente, que me soporten un poco, no soy tan caníbal como pintan a las suegras, que después de que parieron a sus hijos, las nueras que son las más perversas, terminan haciendo que los hijos las desprecien, ¡que Dios me libre!

En esas videncias, imaginó mi retorcida y cobarde mente, que estaban planeando una comida con veneno, esas miradas extrañas tienen un poco de hielo, ahí se retratan los muertos si ven sus carcajadas, pero antes de que se disparen sus deseos, mi amor ha tocado mi corazón y ha empujado mi vida hacia sus brazos.

¡Navidad!!, ¡Navidad!, acércame a tu ventana y dime que Dios acaba de llegar, cierro los ojos y le hallo si a la luna fresca de ahora voy a contemplar, pegada de sus rayos luminosos.

Será como un buen árbol viviendo en sus semillas, esta es la incoherencia de cada letra, aquí o allá, en donde se me antoje empujar mi barquita de papel, y no es cuestión de videncia, es que la brisa es quien manda, ella es la dueña del universo, sin figura, sin ojos ni boca, sostiene nuestra vida con su aliento, mantiene a esa gran lámpara en el ponto siempre encendida, sin agotarse siquiera.  De niña, creía que era un hilo que sostenía Dios para que no cayera sobre la tierra, pensaba que era una cometa que me perseguía sobre las montañas, un gran balón de oro que jugaba a las escondidas con los niños.

No seamos reptilianos, ni grises, de tanto leer sobre extraterrestres ya los estoy viendo rondar por mi casa, es otra videncia que me angustia, ¿quieren mis cosas?, ¡trabajen!, así como me ha tocado en la vida, pero si pueden venir y hacerme tragar otra vez el veneno que guardan sus corazones, ¡sean bienvenidos!, ¡ésta vez viviré más pendiente de ese rechinar de dientes que los hace tan diabólicos.

La naturaleza jamás equivoca su misión, pero nosotros siempre vivimos equivocados, es por ser tan ambiciosos, por vivir poco, y mendigar mucho. ¿A quién mendigamos amor?, el amor es mi sol de la tarde que me regala sus flores rosa, todo da, nada recibe, su corazón es la bondad que suspira rayos de luz y nos hace doblar las rodillas.

¡Es tan divino!, a las 2 de la tarde de éste día, dicen que último del año, me ha regalado una flor, me señala que vive enamorado de la luna, quien lo espera con un vestidito de seda, tan claro y transparente, que puede adivinar que su alma es como el cristal que fabricó el color del agua.

Y me pregunto siempre: ¿por qué, si tenemos el alma tan igual, somos tan imperfectos?

El amor es invisible a los ojos, es decir te quiero con una caricia al descuido, decir te amo, si levantas el rostro, y te das cuenta que te acompaña el cielo y además te regala un ramo de flores.

 ¿Quién me dice que mi amor no me dijo que tomara mi cámara, que me daría una sorpresa?, es regalón y sabe comunicarse en medio de una gran soledad, que se convierte en la más acompañada de todas mis navidades si estoy en su presencia.

¡Y si pudiera detener el tiempo!, si en éste leve espacio en que no estás, regresaras esa brevedad, ¿qué te diría?, creo que bastaría con saber que fuiste madre un día, y suficiente con enterarme que mía, para fundirme en ti con el más sublime de los abrazos y quedarnos así, tomadas de la mano, viendo correr de nuevo las aguas del Magdalena...

Y la rosa escribió de lo que tenía su corazón, más sus espinas rozan, hieren y lastiman.

Una bruja levantó vuelo y me quedé con una gran sonrisa y ese extraño pensar, en que los amigos dejan de existir cuando asoman un par de huevos en el horizonte; me hace creer tal videncia, que conozco el sitio exacto donde anidan las águilas y fecundan las hienas.

Pero aquí lo que ha fecundado es la esperanza de un nuevo día. ¡Dios gracias!, porque estoy aquí otra vez y puedo verte dando colores al mar y diseñando margaritas rojas para mí, alrededor de tu rostro.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 31/15