domingo, 12 de julio de 2015

MENTIRA [63]

MENTIRA [63]

No solo fue mala, sino mentirosa, me usó para reír de mí, pero sus risas bendicen mi andar, ¿en quién he de confiar?... el palomo secó sus alas al sol y la gata esperaba que estuviera tibio, así es todo en la vida, nubarrones grises que vienen y se estacionan en tu camino, pero llega la noche, se alejaron, jamás existieron en mi vida...

Gata y palomo se han juntado y esperan la bendición de un día más, si acaso bajan el rostro y se ven a los ojos, contando una verdad que nadie sabe, espero no se devoren como me ha devorado a mí la congoja... o cuando la gata se haya persignado, el palomo será uno dentro de su carne.

Llega la noche y veré cuántas estrellas aparecen, cerraré los ojos para pensar en ti un día más, aunque sé que duermes ahora, me sentirás flotar, y luego, me juntaré contigo bajo sábanas de pensamientos, con el aroma bendito del amor acariciándonos.

Nada hay oculto bajo la luz del sol, disfrazamos verdades, nos volvemos payasos para reír de nosotros mismos, ¡pero que sea bendecido el amor cuando llegue!, que se unan las estrellas con el sol para que Él descubra del interior,  lo gris que hay en cada uno de nosotros, y que a pesar de todo, alguien sea feliz.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 12/15

LA VIEJA PACHA x

jajajajaja! esa vieja Pacha sí que jode, ya no quiero ese otro blog, estaba demasiado raro, me quedo con este y ahora no sé como eliminar, y cuento porque me gusta dejar todo por escrito, aquí y en facebook y luego en mi correo, y después en papel, también en Derecho de Autor de Colombia y por si las moscas, envío todo a mi hija, y en mi baúl, de pronto sirva de algo lo que escribo cuando ya los gusanos desnuden mi bonita sonrisa.

QEPD VIEJA MALPARIDA

LA VIEJA PACHA [64]

LA VIEJA PACHA [64]

Era una vieja muy mañosa y creída de la vida, unas  veces estaba feliz y otras  muy aturdida. Lo cierto es que a la cucha le gustaba hablar mucho, no deseaba que sus historias se quedaran perdidas por ahí sin que nadie conociera un poco de ella, y en éste y otro cuento, intentando una y otra vez, se emputaba con el pc hasta que lograba lo que deseaba.

¡Vamos a ver qué sale ahora!, -decía la vieja mientras sacaba su chapa que ya tenía varios dientes partidos- ¡pero lo que soy yo, no me dejo echar tierra de ningún mierda aparecido!, ¡jajajaja!, me dio mucha risa ver a ésta vieja intentando otro blog, no le bastaba con toda la cháchara que en el otro ya tenía.

¡Misía Pacha, venga a jartar café!, y la vieja miraba de reojo, y entre dientes decía: ¡café, café!, ¿es que ésta puta gente no sabe preparar chocolate?, y empezaba a lloriquear como una bebé, ¡quiero mi cacao!, ¡no quiero más café, eso se meten esas pepas negras entre los dientes y me hacen mucho toser!, y escuchaba a las nietas: ¡hijueputa vieja si jodeeeee!,/ya vooooyyyy! Gritaban al fin, y ella se hizo la sorda, no escuchó el insulto, -mmmm, ¡huevonas!,¡bastante que me jodí limpiándoles el culo para que ahora no me atiendan con gusto!, ¡jajajaja!, ahí vienen, debo disimular y no ver sus caras porque me contagian de rabia furiosa, ¡uich!, qué feas se ven, parecen sapos soplados.

Una vez se tomó el chocolate y con bigote nuevo de espuma, se acercó al computador con una sonrisa que no le cabía en el rostro, -ahora voy a decir a ese huevón que se hace gringo, que tengo 25 años y que mi esposo me dejó una gran herencia.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, 01-07-15


DIEGO EL MOLESTÓN [65]


DIEGO EL MOLESTÓN [65]

Había una vez una niña que mucho lloraba,
pues tenía un tío que la molestaba
para que ella soplara los cachetes
como ranita enojada.

Tenían dos amiguitas Salomé y Sofi,
quienes siempre estaban muy bonitas
parecían dos flores pequeñas,
¡no flores no!, mejor dos ardillitas juguetonas
¡síiiiiiii!, -decía Sofía
mientras Salomé tan solo reía
y lloraba la bebé Lili.

Es que tu tío cree que eres un payasito
¡jajajaja!, reían en coro las niñas bonitas
se abrazaban y daban cariños de hermanas,
que sonaban como gotitas de lluvia sobre la grama.

Tengo muchos primitos,
todos de cachetes gordos como los cerditos.
¿Eres tú carita de suricato?,
-¡le contaré a mi abue!, y abue le dice pasito:
dile que él tiene cara de gato gruñón
y tiene en los dedos mucho sabañón…

¡¡Abue!!, ¡le dije, y me sigue muequeando!!
¡No me digas así!
¡Tampoco me molestes a mí!

¿No me dirás de nuevo cara de suricato?

Bueno no,
¡pero tampoco me dirás, cara de gata!

¡No molestes más  bebéee!
¡Me voy a poné a lloráaaaaaaa!
¡Buaaaaaaaaaaa!/dice la niña llorona.

Mi tía luisa tiene bonita sonrisa
parece mariposa galante
bailando en la brisa.


¿Por qué lloras mi amor?

¡Es que el bebé de Sandra  mi pan se robó!

¿Vamos a jugar muñecas y dejas de llorar?
¡Sí hermanita!,
¡Con las de trapo que nos dio mamá!

¿Ves que la mía es más bonita?
Viste de amarillo como las mariposas
y se adorna el sombrero con flores,
pequeñas y graciosas…

Pero el mío es un varón,
¡y también tiene un bonito pantalón!
¡Buaaaaaaa!

¡Groseras!
Yo no tengo muñecas,
pero tengo un tío que se llama Diego,
me pinta muñecos de muchos colores
y con él soy feliz cuando juego.

Con él veo patitos que parecen de lana
y caminan gracioso,
¡se hacen chistes y ensucian la cama!

¡Cuac, cuac!, ¿si viste qué bonito hacen?
¡Pero caminan como capataces!

¡jajajajaja! ¡Qué bonitos son!
¿Caminamos como ellos
y repetimos su canción?

¡Cuac, cuac, cuac!...
¡Viene el tío German y los va a espantar!

¡Aquí mando yo!

Los patos al lago fueron a parar,
y todos los niños felices están

¡Hora del almuerzo!
¡Vamos!, ¡vamos!
¡Cuac, cuac, cuac!

¿Me harás otra vez llorar?

¡Eso lo olvidamos!
Con ésta hambre,
¿para qué lloramos?
/respondió  Diego el molestón,
en tanto caminaba, como pato cagón.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 3/15




INCOHERENCIAS DE DOÑA PACHA [66]

INCOHERENCIAS DE DOÑA PACHA [66]

Dormí un instante, ¿o estaba muerta?, de cansancio, ¡sí señores!,  me quejo un poquito ¡ay!, hasta el hígado está revuelto!, ese  tamoxifeno me volvió los huesos de harina y ahora cuando preparo la comida y tengo que picar cosas, se duermen los dedos, hasta los de los pies, y no tengo ganas entonces de preparar nada, aunque para la cocina sea una experta, en mi corta muerte estaba de nuevo en esa vieja casona, no sé de qué siglo es, pero es toda en roca, fundada sobre una planicie,  había muchas aves y árboles; recuerdo su traje de hoy, un azul pálido, estaba descalza y tenía esa misma sonrisa, que a través del tiempo, trasladó a mis genes y a los de todos los de sus hijos.
¿Seré mi propia madre?, ¡no soy tan buena para serlo!, pero me gustaría, porque confío plenamente en mí, jamás dañaría a otro, ni me burlaría de quien no conozco, además me gusta lo mismo que a ella, las aves, las cascadas, el silencio, la paz y bueno, también oler las flores y ver al cielo cada día y cada noche.

¡Doña Pachita!, ¿tiene huevos?, y ésta pregunta me hizo llevar mis manos a la nevera de mi era cuaternaria, dividida en dos, y sostenida por dos rocas: ¡huevos tiene su abuela!, ¡vaya y cómprele a ella!, y entonces salió mi madre y dijo: hija mía, tengo huevos de brontosaurio, dale uno para que alimente a esa jauría de chuecos hambrientos que tiene la comae, y así fue, cargamos el huevo en un carro solar y nos cagamos de la risa con mi comae...

¡Es que doña Pachita tiene vaina!, ¿ah?, ¿ahora también eso?, ¡vaina y más!, ¡quien se meta conmigo se jode porque para devolver azotes, tengo a su apá!

Entonces me dice mi comae Dora: en la casa de la esquina espantan, -¿en la de la mona?, -¡sí en esa!, -comae sí que es chismosa, si donde espantan es en la mía, ¿ahora también se quieren robar  mis propios espantos?

Y continuó la visita, me gusta que ella venga a mi casa, últimamente me he vuelto mala persona, pero cuando me gane una gran lotería que pienso ganarme un día de estos, imagino que vendrán hasta de Perendengue y reirán por todas mis huevonadas, ya no dirán entre dientes: la vieja Pacha sí habla cagá, ¿tenemos que aguantarla?, y así no más una buena patada en el trasero, me empujará hacia adelante, como dijo un gran pensador el viejo de las uñas llenas de hongos y las patas de atleta: “hay que patear el culo al burro pa que coja juicio”, y “la burra aunque cojee es buena pa la carga”, jajajaja! con éstos pensamientos me ganaré el venado de oro, y salió como una vaca de mi portal lanzando la puerta sin mirar atrás.

En esto y aquello pasó el día, hoy fabriqué varias materas con tarros plásticos porque no inundaré de basura el planeta, es una bonita idea, y ya tengo varias plantas ahí, se está poniendo bonito mi patio, mientras esté despierta, seguiré soñando, porque cuando esté dormida, mis sueños serán polvo de estrellas que no servirán a nadie de nada.

-¡Hasta luego comae!...

-Chao comadrita, ¡pórtese como una perra pa que la consientan!


Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 6/15

DIENTE [67]

DIENTE  [CUENTO] [67]

Hola amigos, no contaré mi historia, sino la de un amigo que me acompaña en este cielo de perritos, ¿sabían que también para nosotros hay un cielo?, en verdad que es muy hermoso, tenemos libertad para ir y venir sin peligro a nada, cuidamos ovejas y pastoreamos cabritas, ellas aprendieron a obedecer, desde antes que el hombre nos adoptó y nos llevó a sus rebaños, aquí entre nos, les contaré que fuimos nosotros quienes poco apoco nos acercamos, siempre los aceptamos, pero ellos a veces se portan mal con nosotros.

Mi amigo que acaba de llegar se llama Diente, me contó que así le llamaban unos humanos en una cuadra en Barrio Paraíso en una ciudad muy lejana, y que todavía los extraña, pero mucho más a su amo, quien al fin, después de mucho ir y venir, entrar y salir y dejarlo en la calle, lo recibió de nuevo, imaginaba que lo amaba demasiado, pero tenía un motivo: había comprado un vehículo  y necesitaba un vigilante que no cobrara prestaciones, ¿ y quién mejor que Diente?, era fuerte, muy valiente y ningún personaje extraño y con malas intenciones, dañaría a sus amigos de ese rincón del paraíso, en donde permaneció por muchos años, recibiendo malos tratos de unos, y buenos, de otros. Al fin y al cabo, a él nunca le preocupó los que no lo amaran, sino amar sin medida, pues ese había sido su motivo desde que vio a su dueño y admitió que podía amar a todo aquel que se acercara con buenas intenciones, porque tenía el privilegio de saber qué casa protegería cada día, pero ahora tenía más trabajo y menos sueño, pues su dueño le había dado la oportunidad de un rincón en medio de su olvido.

En casa de mi ama estuvo por muchos años, entre ella y sus vecinos cuidaban de Diente, un día agua aquí, al otro día una mirada que conmovía,  para que alguien dejara  un plato con sobras de huesos y lo que fuera, que llenara su gran panza de perro grandote y fuerte.

Me cuenta mi amigo, que muchos lo maltrataban porque ladraba a gente extraña y con cara de malos, recibió golpes, estuvo a punto de morir muchas veces,  y su dueño lo espantaba en esa época, de su puerta, ya no necesitaba de él, pero siempre regresaba a escondidas y se apostaba en su portal, donde el sol pegaba fuerte y la lluvia hería su carne llagada  y maltratada.

Hoy fue un día extraño después de todo, no sentía dolor, pero sí mucha sed, la vi pasar y emití un gruñido, estaba dentro de la reja de mi dueño, pero no habían dejado agua, siempre olvidaban ese detalle, no podía ensuciar su casa ni su patio, y debía guardar mi orín para cuando llegaran, y correr a dejar en cualquier rincón mi suciedad, con temor a que me espantaran con agua caliente, o una que otra pedrada, ya no aguantaba el dolor, estaba viejo y cansado.

Pero hoy, ella me miró a los ojos, por algo cuidé por años su portal, sintió pena por mí y me acarició, ¡pobre perrito!, ¿de nuevo te dejaron encerrado sin poder salir y sin agua ni alimento?, pediré a Dios por ti, no pudo abrir la reja y se fue, me di cuenta que llevaba lágrimas en sus ojos, los míos ya no tenían lágrimas, mi corazón estaba a punto de estallar, hacía un calor terrible, todo lo veía de color rojo, mi boca se había secado, pero luego, hubo un instante en que mi jadeo no se escuchó más,  y sentí que volaba muy lejos, daba vueltas y vueltas entre la brisa, todo estaba frío, pero no sentía nada, el dolor se había alejado de mi carne, no volví a ver a ese ser a quien tanto amé, pero que mucho me lastimó, no importa cuántas heridas haya recibido de su parte, es a mi dueño a quien siempre recuerdo, y ese olor a gente de la cuadra de paraíso, a esas personas que cuidaron de mí, les diré, que a veces me escapo del cielo y me quedo en sus portales muy tranquilo, los veo ir y venir, pero ellos no me pueden ver, soy un ángel, siempre lo fui, pero nunca se enteraron.

¡Ya amigo!, ahora estás aquí, ¿ves que todo es hermoso?, un día de estos te cuento mi historia, tenía una dueña y tal vez la conozcas, porque hay cosas que suceden para que aprendamos, el hombre tiene maldad,  y nosotros somos enviados a dar una lección de perdón y amor, ¿vamos a correr y a juntar ovejas?, ¡ya no más tristezas!, eso fue un ayer, hoy es nuestro día maravilloso, y éste día es una eternidad.

¡¡Guau, guau!!

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 6/15

EL MONO Y LA GATA [68]

EL MONO Y LA GATA [68]


Un monito y una gata abrazados,
tienen dulce mirada,
pero del mono, ¿sabemos sus andadas?


Inquieto el mono, abrazaba a una pequeña gata que encontró abandonada en el bosque, con su mirar inocente le decía: ¡no estés triste gata!, conmigo estarás a buen resguardo, ¿si ves que mi vestido de plata, cobija tu piel con donaire?

Tanto apretaba el mono a la gata, que ella se estaba fastidiando, ¡miauuuu!, ¡suéltame!, pero el mono seguía sobe que sobe, coge que coge, y al fin, la gata sacó sus uñas y las enredó en la panza del mono,¡miauuuuuuuuuu!, y el mono gritaba, y saltaba de rama en rama asustado por la reacción de la gata.

¿Qué te hice para que me hagas daño?, ¿acaso no quería protegerte?, ¡estabas tan solita!, ¡mis caricias eran para consolarte nada más!, -decía el mono con cara de mañoso asustado, pero la gata decidió correr y correr, pues escuchó un conocido llamado.

¿En dónde estabas?, ¿por qué razón te perdiste en el bosque, y no te quedaste con tus hermanitos?, -decía la madre gata muy enojada.

-¡Miauuuu!, -estaba jugando con una mariposa y empecé a perseguirla en el bosque, hasta que salió ese mono y me dijo que me fuera con él a jugar bien escondidos, donde nadie nos viera, entonces me fui con él, pero el mono me abrazaba y me tocaba, decía que era para cuidarme, fue cuando me asusté y lo arañé.

Esto pensaba la vieja Pacha en alto, tomaba un café tras otro, alimentaba a unas ratas que tenían bonita cola, y escuchaba a su hijo interpretar Intermezzo 4 de Luis A Calvo, y sentía que la vida le estaba devolviendo lo que le habían hurtado, es verdad eso era, un poco de alegría no era tan mala.

El día termina, ¿o inicia?, -preguntó la vieja, -ya no sé ni en donde comienza un segundo y termina el otro, ¿tiene alguna importancia?, para quien está en lecho de muerte puede ser que sí, para quien no desee sufrir más, imagino que cada segundo importa, y con un recuerdo me doy cuenta que son las 10:35 pm de un 6 de julio de 2015, me gustan las fechas y los números, porque finalmente eso seremos, un número en una fría lápida, si acaso, pero tampoco me importaría.

Hay un desmayo que parece muerte, imagino que es así, no tenemos aliento ni para recordar, y necesitamos la fuerza de una gota de rocío en la boca, siempre hay sed, una inquietud que alarma  como un pájaro herido en medio de calientes rocas, pero al abrir de los ojos, sus pequeños diamantes estáticos, no ven que arribaba en auxilio, una cascada en forma de rocío que de la montaña bajaba, parecía una novia con su larga cola, venía cantando por entre las rocas versitos alegres en medio de aromas, siempre aromas a café tostado, que brotaban de muy adentro de la montaña, ¡flores blancas!, sí, muchas flores blancas tienen su perfume, luego verdes y rojos, y en estampida se va la vida, en medio de la risa del viento y el sonar de las hojas.

Doña Pachita camina lentamente ahora, recuerda cada cirio encendido, manos temblorosas que se quedan en las suyas, dulce de brevas, colada de piña, besos ardientes arropados de manos y caricias, y los ve todavía sonreír, se alejan, abren la puerta de entrada, ¿no debería ser esa una sala de recibo?, pero recordó que estaba frente a ese altar donde cantaban las palomas, y en sus arrullos dormían cortas noches, para largos despertares, prisas y muchos afanes.

Es verdad, la cuesta dibujó pálidos hilos de plata en su cumbre, mis amados se fueron, y me quedé aquí, siendo otra vieja en un mundo lisiado de gente perversa y cínica, ¿no hay personas francas?,¡qué hipócritas son!, ¿quién puede regalarle al sol un poco de lluvia?, se desvanecerá con solo pensarlo, Él no necesita de una gota de rocío, somos nosotros su mar y su playa, y nosotros esperamos mejor destino, sin saber que no hay destino, hay caminos que vamos dejando y huellas que seguimos pisando…

¿Escuchas cómo canta el mirlo en elevada rama?, ¡es tan hermoso!, siempre creo que es ella y abro la puerta, ¡sigue cantando mi amor!, ¡qué tonadas!, parecen sonajero de madre que va y viene, y en su divino cantar me consuela.

¿Y el mono?, creo que se perdió de la gata, pero que siga haciendo morisquetas, en tanto la vida se encarga de arrugarle un poco la jeta, es que por mico quería comerse a la gata, y ella, muy ladina, pilló sus malas mañas, y se refugió entre la tibia piel de una madre.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 6/15