lunes, 16 de marzo de 2015

SOMBRAS [76]

SOMBRAS [76]

Para tanta sombra, mi roble es una bendición.
Hay pollos que se creen de galpón muy fino
más fina soy yo, que me conozco el llano.

La hipocresía es el vino  más servido
parecemos burgueses con arandelas de fique
y a todo bobo le contamos que son de oro
con incrustaciones de rubí.

Damas encopetadas y vanidosas
diciendo comer caviar,
cuando tragamos  lombrices
y con sal las solemos adobar

Sombras van y vienen,
¿amigos?, pongo en duda tal palabra.
Amigo el vencejo azul
que llega a la montaña más alta
fabrica su nidal allí
para que nadie lo robe.

Y a pesar de todo, ¿lo sabían?
hasta sopa de nido cagado hacen,
trepan como cabras a las oquedades
y arrancan con pasión sus almas.

Luego, en vajillas de oro y cristal las sirven
¡idiotas!, vendiendo cara la mierda
en vez de vivir con más ganas
dejando que las golondrinas sean
esos cantares que alegran las mañanas.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 24/15
©10-498-459






COMO UN NIÑO [75]

COMO UN NIÑO [75]

A veces nos sentimos así, como un niño, desprotegidos en medio de violentas y grises aguas, pero la providencia es como un beso de madre cuando nos sentimos perdidos.

Hallé olvidado mi juguete caro, lo encontré en un bosquecillo blanco de letras, hablaban las hojas secas de cada día, y repetían versitos alegres los pájaros en las ramas.

¡Mi payasito amado!, ¿en dónde estabas acaso?, ¿quién te había tomado?, ¡cómo han dañado tus brazos!, tus ojos ahora tienen una sombría huella, te han herido con espinas de cardos venenosos, pero estás todavía, y me importas por lo que eres, mi amor hermoso, regalado en una navidad por un oso hormiguero que abrigaba  mi existencia.

No pudieron partir tu corazón, ahí estaba completo, y pensé entonces que los sueños nunca terminan, que cada día hay uno a la puerta, pero no sabemos el momento de realizar alguno, pregunté: ¿cuándo terminarán las ilusiones para poder realizar aunque sea una de ellas?, y ahora mi pequeño sueño de encontrarlo estaba ahí, en ese bosque de nieve con tus ojos y tu boca, con tu corazón tan rojo, como los primeros brotes de la primavera.

Escuché un sonido mágico, la dama dormía entre flores, las notas dibujaban la candidez de un sueño entre luces, como espumas que soplaba un ángel por un pitillo de lágrimas, y ella ahí, escuchando esos sonidos y pensando en él, mi payasito perdido;  ahora estás aquí, navegas conmigo en la misma barquita de cristal, pero la providencia nos empuja cada día más y más, hasta que se junten los sueños de nuevo, en un verso de amor.


Y pensé en Él cuando escuché las ocarinas, al tocar de las manos una guitarra, la música española rebotó en medio del silencio de un nuevo día, y me di cuenta que antes que el amor, Dios creó la música, y cuando quiso fabricar el amor, se dio cuenta que estaba flotando en un pentagrama en color negro y blanco como el principio y fin de todo, y luego el sol resucitó todas las melodías que iban y venían con los dedos que impulsaban el teclado, o soplaban en la ocarina besos y fantasías.

Aquí palidecí un tanto, para seguir pensando en ti, para que mi piel recobrara el perdido color de las rosas blancas, y fuera para ti una encendida mujer, cual orquídea abierta para el cantor que bate sus alas, como un ventilador sobre su rostro.


Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 24/15
©10-498-459


COMO UN PARPADEO [74]

COMO UN PARPADEO [74]

Y se fue, no hubo tiempo para más llanto, se enjugaron sus lágrimas, la madre estuvo ahí en su despedida, y al llegar a casa hubo fiesta de aves en el bosque y su nueva vida inició en medio de cantares felices...

¿El dolor?, ¿qué es eso?, le preguntó a las aves del camino, en tanto corría como gacela veloz sin estrellarse ni tropezar con nada.

Doña sombra ha llegado a casa, acabo de llegar del cementerio y al rato mi bebé, un poco de algodón, seda fabricada con dulce ternura, espera a morir entre mis brazos y su mirada/puro amor en derroche... se quedó prendida de la mía y ajustándose al frío de la tarde.

Así fue, como un parpadeo, el relámpago de la vida tornó en llanto la primavera, el rayo fustigó la pradera y quemó el árbol más joven y al más frondoso lo arrasó la lluvia fuerte que hizo camping en la montaña y se abrazó de todos los heridos que en su camino halló.

¡Abrázame!, lo gritó con la mirada, dame de tu mano a beber una gota al menos, tengo sed de vida, me desprendo de la inmundicia de la carne para ir luego a la sombra de un encino, habitante de gajos de colores al pasar el iris y besar sus hojas pálidas.

Luego, así sucedió tal como lo cuento, ovejas grises y negras empujaban a las blancas  hacia un barranco algodonoso hacia donde se fueron todas juntas,  no había montañas, ni rocas, ni espinas, no se hirieron con nada ni nadie las hirió, sus algodones se disolvieron con la brisa, así como ahora me disuelvo  de sus vidas, en un leve parpadeo de amores y sonrisas.

Me odias, ¡lo sé!, siento que todo era mentira, no hay amistad, es la franca hipocresía del momento, tan cambiante como las olas del mar, viviendo de tormentas pasajeras y dejando de lado lo que vale.

No quiero sino tu parpadeo en mis labios, sal rica en aromas, perfume de bosque perdido entre blancas nieves, esmeraldas guardadas bajo las rocas, amor, mi dulce amor de rojo color que se agita con mis venas, brumas del mar penetrando en la caracola perdida en mi alma, silbido de serpiente ante su presa temblorosa y asustada, tú mi boca, yo la tuya, tú mi cuerpo en el tuyo al fin, agitándonos más que las olas, perdidos en el silencio de otro poema más nuevo y rejuvenecido que las hojas del árbol en mi puerta, mi playa a donde descanso del bullicio para ser arena contigo.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, febrero 24/15 
©10-498-459

MI DANILO [73]

Mi bebé viéndome en el pc


MI DANILO [73]

1.45 Pm, feb 24/15, después de llegar del cementerio fallece Danilo, estábamos en el velorio de una lady hermosa, una dama a quien el infortunio trajo aquélla maldita enfermedad llamada cáncer, y la invadió ante la impotencia de todos, su vida maravillosa y su obra de amor el Señor la conocía, y por tal razón diría: ¡Basta de trabajar!, te regresas a casa de donde jamás debiste salir amor mío, y Esperanza acató con una sonrisa la voluntad divina.

24 febrero 2015. Q.E.P.D.,  Danilo  el amor más sincero y dulce que rondó por mi casa por 7 años, dicen que los miniatura morimos pronto, ¿será verdad?, lo creo, sus ojos divisando los luceros de los míos, así como ésta fotografía quedó en mis brazos. Sólo para dementes como yo.

Llegando del cementerio pálida y triste, pero anoche tuve un sueño, decía Dorita, yo también lo tuve, dejé en manos de Dios a mi angelito, a pesar de ser una mujer perversa y muy mala, le preparé sábila con miel, pensé: Si  para los humanos sirve ¿por qué no para ellos?, dejé la imagen de una santa bajo su manta, Santa María Bernarda Bütler fundadora de la congregación de las hermanas franciscanas, y con fe pedí lo mejor para mi angelito.

Hace un momento una nota de una amiga con su pregunta, de cómo estaba el bebé, le dije que bien, comió al fin, lo bajé y  hacer del cuerpo, estaba muy feliz por él, se salvó, y con enorme alegría lo subí de nuevo a la cuna, no sin antes vernos a los ojos, la verdad era un amor incondicional, mucho más que con los seres humanos, somos castigadores. Un chillido agudo al voltear,  lo trajo a mis brazos, y ahí se quedó, con los ojos abiertos viendo al sol más divino de todos.

Descansa en paz cielito mío, Danilo, allá en ese sitio se acaba todo dolor y pena. Lo amé y mucho, su presencia en mi hogar fue solo de alegrías, pero también enferman y mueren como nosotros, sin que podamos hacer nada, ni por todo el esfuerzo puesto en su recuperación.

Allá se encontrará con Sarita, la madre,  lo creo, ahora le hablo a la sombra que siempre me seguía, y siento su presencia de ángel rondar por aquí.

Es todo...

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 24/15 
©10-498-459

AMO TUS MANOS [72]

AMO TUS MANOS [72]

Amo tus manos porque bendicen mi vida,
acarician mi lomo y puedo pastar libre en la llanura...
Más temo un mañana, siento temor del tiempo y sus espadas,
es un algo que no puedes ver,
pero que otros sentirán en la mirada.

Amo tus manos porque acarician mi cruz
señalan un punto fijo en el universo,
a donde estaré contigo a la par
corriendo como  luz sobre las palmeras
o masticando praderas otra vez.

Amo tus manos porque no me lastiman
más hay un algo que me duele y te hiere.
Por un puñado me venderás, ¿qué haré?
ni correr puedo, ni gritar… /¿adivinas mis ojos?
Si buscas ahí, sabrás que te guardo
como a la niña perdida en el llano
por quien te imploré.

Amo tus manos porque no serán mi verdugo
a pesar de todo me dejaste pastar;
dulces mieles tomé de las praderas,
te di lametazos diciendo te quiero
para entregar con dulce calma mi vida
por ese loco anhelar más.

Algún día, cuando el hombre me vea como él
se parecerán a mí al retornar al llano
¡de donde no me iré nunca jamás!

Nuevamente te reconoceré entre todos
y amare  lo mejor de ti:
¡tus manos!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 27/15
©10-498-459






EN TU MIRAR [71]

EN TU MIRAR [71]

Ahí se coló mi alma
en ese mirar tan tuyo,
profundo y claro como un lago.

Cierta vez quise ser como tú,
alardeando de ser un ave
volé hasta el árbol más alto.

Luego, quise ser águila y levanté vuelo
para estrellarme con un ave de metal
que como un rayo me lanzó al suelo.

Aquí soy una perdiz de barriada,
toco tierra y labro esperanzas,
contigo tan solo a la distancia.

En tu mirar oscuro busqué un poco de paz
la  hallé sobre la roca más alta,
¿alimentabas gaviotas aquélla vez?

Abrí el portal de mi corazón para ti
y aquí estás, y estoy yo
viéndome en ti.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 28/15
©10-498-459



ORAR [70]

ORAR [70]

¿Qué oración más hermosa puede existir, que levantar el rostro y adivinar el sol con su generosa entrega, saliendo con suavidad de entre las montañas, o imaginarlo flotar como si tocara el mar, y en su profundidad se tallara?

Orar como lo hacía mi madre viendo una flor, o doblando las rodillas en amor al sus hijos llegar a casa, estrellarnos sin heridas en su pecho dolido, con la única queja en sus labios: ¡Mis hijos!, ¡cuánto los extrañaba!

Me gustaría orar con esa humildad de las cañas secas cuando se doblan como patitas de garza, que esperan la mies en su vientre, danzando antes, invocando canciones en medio de blancas plumas y amarillos picos.

Orar es la entrega del pensamiento a Dios, ¿pero en dónde está Dios?, a Él nadie lo regala ni lo presta, porque en tu mismo corazón habita, eres parte del mundo, de su Creación, y nadie más que el paisaje y lo que tus ojos divisen, puede ser Dios, alto como las estrellas que pueden tocar tierra con su mirada y darnos vuelta, sin que tropecemos, cambiar el día por noche y el sol por luna en un parpadeo de péndulos, en ese reloj mágico de la vida.

Oran las aves en sus cantares, de día y de noche, oran las hojas ante la luz del sol, las flores saben del amor de Dios al ser tocadas, parecieran sentir el manoseo y hablan con aromas, bendicen con pétalos, y siguen orando, con semillas que se esparcen, para que los ojos del cielo las hagan germinar.

¿Esto es orar?... mi iglesia no es de roca, es de espuma y brisa que viene y va, acariciando tu frente afiebrada y tocando el frío corazón del invierno donde escribe con letras de paisaje, la más bella oración de amor para todos.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 28/15
©10-498-459