jueves, 23 de junio de 2011

CAMINOS (14)

CAMINOS (14)

Trastearé con mis besos a otro lago
con mis ojos cansados,
los trapitos viejos
ollas destrozadas,
sueños muertos...

Miraré si el camino culebrero
mañana será llano...

Si las vasijas serán servidas,
si tus besos,
si tus manos...

Voltearé a mirar a mi vecino...
Vamos juntos a la loma
donde la garza nos mira
y todavía retoza el venado,
la brisa acaricia, el sol envía rayos
y las orquídeas nos perfuman...

Andaré caminos empolvados.
Te buscaré cariño mío,
tomaré tu mano, iré contigo,
mientras se endurece mi rostro
los pies callosos y heridos
desvían tan cruel destino
y me cobijo en  otros brazos
mientras me imagino contigo...

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, junio  4/11.

SOLEDAD (15)



SOLEDAD (15)

Soledad:
 cantora del silencio.

Nodriza triste
 en noches de invierno.

Escurridizo búho
 desde el atrio frío.

Lozas de la muerte
 al lado mío...

Cantadora
 que gimes en las noches
cuando la luz del sol
 me ha oscurecido.

Sin tus negros ojos
¿ Por quién vivo?

Sin las palabras que me alientan
ya no sigo...

Brillo de luces
 que como la brisa
sólo llegan,
  pasan...

Sólo besan raudas
te suspiran y se alejan,
como se esfuman
 las mareas de mi alma
cuando llega
 una mariposa mañanera,
te regala una caricia
y al momento calla..

Soledad:
ya me voy a dormir...

Mañana me encontrarán,
 no se afanen.

Nunca vieron la tristeza de mis ojos
ni la inquietud
 de mis eternas llagas.

No me digan
 que mi alma es altanera
cuando tus látigos
 de lengua mordaz
me atormentaban...

Ni una caricia,
 ni una flor robada...

Ni una canción
 en mi ventana...

¡Ya no vengas!
Nada me importa...

Veo sobre mi altar
las mismas violetas,
las que en las noches
 me alientan,

me besan,
me hacen llorar
y me hacen dormir,
entre los alientos perfumados
de mi humedecida almohada.


Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, junio  4/11

CARDOS (16)

CARDOS (16)

Fenecer hermosa entre espinas,
¿mi grácil adorno te conmueve?

En silencio me consumo,
nardo perfumado
flor de oriente
lirio del valle amoroso.

Se desangran mis pétalos sin verte,
aunque sé
que en otros brazos te yergues,
 tu silencio me habla.

Aromas vienen 
desde tu estancia:
Café caliente,
vino espumoso,
alegrías vanas,
sueños pasajeros...

Habla un sólo instante,
acaricia mis espinas,
alivia con el don de la palabra.

No  silencies
que la tristeza agobia,
la soledad me quiebra,
la oscuridad me consume.

¡Ven mi lirio lejano!
Tan solo un ruego,
una mirada.

Solo un beso de colibrí,
un mensaje q
ue me anuncie que estás ahí,
que no has volado...

Que me indique, 
Señor lejano
que tu prisión no te consume,
como me aprisionan mis púas
y mueren de sed
mis flores de verano.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, junio 5/11

COSECHAS (17)

COSECHAS (17)

Había llovido mucho.
¡Fueron tantos los aguaceros!
Estábamos tan acostumbrados
que ante el hambre que acosaba,
los árboles de mango rebosaban,
los niños los convirtieron en sus tetas
y de allí se amamantaban.

¡Tantos recuerdos!...
Muchos, todos felices.
En medio de necesidades que no faltaron,
la cosecha de mi vientre floreció.
¡Eran tan hermosos sus frutos!
¡Olorosos a duraznos tiernos!

Sólo miraba con el alma,
todo lo soportaba feliz
si estabas ahí...

Arduos desvelos
envejecieron a la vez conmigo...
Compañías de colores,
amigos sostenidos,
abrazados por las mismas manos...

Pronto obtendríamos el gran premio,
¡el mayor!
Después de tanto sudor,
de tantas lágrimas regadas
el hambre se ocultó...

El soplo del corazón
de mi niño grande
se esfumó...

Me quedó el sabor a mango
en mi enmudecida boca.
Se esfumaron  tus caricias,
¡me quedé con el dolor!

Habíamos conseguido finalmente
sembrar sobre llovido,
sobre tantas lágrimas juntos,
es más,
nos plantamos los dos,
 ¡éramos uno solo!

El maíz retoñó...
¡Qué alegría!
¡Por fin mi Dios!
Las hojas eran inmensas,
preciosas y verdes,
¡no me lo creía!

Ya las espigas reventaban
¿lo recuerdas?
Estuvimos ahí los dos,
abrazados,
como una gran espiga
plantados en nuestro propio maizal.

Cuando ya, en oro dorado
el destino convirtió,
¡el horror!
llegó un nuevo invierno arrasador,
cargó con mi cosecha,
se llevó la de mis críos,
arrastró con mi sudor...

Quedé allí,
sólo observaba en nube blanca,
un horizonte ajeno...

¡Ya no estabas!
Sólo las tres mazorcas doradas
habían quedado sembradas 
en abandono...

Lo demás,
 ¡todo se lo llevó el arrogante río!

Con sus marañas
acabó con mi plantío,
su maldad casi destruye
 con lo poco que me había quedado:
mi dignidad...

¿Sabes que tengo hoy de ti?
El sabor a mango...

Más analizando  bien,
no fueron tuyos,
son los mismos que hoy llenan otros gajos
de frutos maduros y amarillos,
Dios los plantó con su mano.

Si vieras,
 ¡todos para mí!

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, junio  7/11


Lucía:
 las encrucijadas de la vida,
¿ quién las conoce?...

 Hoy viendo la abundancia
 en nuestros jardines,
¿ no analizas?
mira que los árboles todos rebosan,
 es una realidad que está servida a la mesa,
 hay desperdicio,
 pero tú,
¡ mírate!...
tienes la cara amarilla,
 y un sabor dulzón
 en tu corazón.

ENTRE PLUMAS (18)

ENTRE PLUMAS (18)

Ven cariño mío,
aún hay fuerzas para tu amor,
el mismo que me sostuvo,
cuando casi desvanezco y huyo.

Más fue veloz,
llegó, me tocó con sus alas,
se marchó avergonzado;
quería tomar mi vida entre las suyas,
pero reconoció la fuerza de mi corazón.

Estoy de nuevo aquí,
en el mismo nido plantado en las alturas
donde tu amor, evocado en fantasías,
me dice que soy tuya,
y tú eres el aliento suave
de un tibio corazón que aún palpita
por el mío.

Dejaré que tu amor
aquél que en tu vuelo me imploraste,
pero con tu danza loca quebrantaste,
sea bañado de lluvia de colores ante mis ojos,
cual bello campanario palpitante, poseído;
destronado sobre mi lomo
en tu reino del amor,
donde no vacila el mío.

¡Ya no volarás!
Hay testigos silenciosos,
te vieron llorar y suplicar.

Comprendí que aún en la demencia
existe también el amor,
aquél que en un momento oscuro
sale de su lápida escondida
y suplica a Dios por la vida.

No me verás llorar
ni he de suplicar por tu cariño,
decidida estoy a ese vuelo de fantasía
que me lleve al encuentro del sol
y convierta mi vida en poesía.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, junio 10/11

LA LOCA (19)

LA LOCA (19)

La loca decidió que se vestiría de gris
un color que no la delatara,
pero allí en medio del verdor
y con el beso del azul del cielo
lo esperaría...

Entretanto
se preparó para su último canto,
el más melodioso que llegara a su oído,
que le mostrara que él era su sueño 
el encanto en el ocaso de sus días...

Abrió sus alas ...
Miró al horizonte y con su pensamiento,
aquél que la adormecía tristemente
y la dejaba perderse en sus quimeras
y en su eterna soledad,
inició su melodía...

Era tan bella y tan simple a la vez
que otras aves se acercaron,
quisieron danzar con ella,
pero la mirla  no quería otra compañía,
deseaba la soledad de su tiempo,
el que la mantenía asida fuertemente
con sus uñas al verdor de su olivo.

Descansó un momento,
limpió sus plumas nuevamente
quería verse hermosa para él,
más sus verdosos ojos nunca lo divisarían,
estaba perdido en su mundo de papel
y el amor del ave  en su lánguido canto
para nada le interesaba,
finalmente agotada de esperar,  
descansó  y durmió ...

Un avecilla de colores que pasaba
solo dijo:

-¡Pobre ave loca!
¿Cree que alguien escuchará
 sus cánticos de amor?
¡Tal vez la luna
 escondida en sus eclipses,
o tal vez el sol 
que con sus rayos la ilumina!

Mientras decía ésto,
alguien la levantó sutilmente,
estampó un beso en su pico
y voló... voló... y voló...

Raquel Rueda Bohórquez 
 Barranquilla, junio  11/11

EL LLAMADO (20)

EL LLAMADO [11] LR4 (20)

Decidí observar desde lejos el mundo
grandes edificios, cemento,
complicaciones, trabajo, vanidades
ambiciones que no van a ningún sitio.

Me preguntaba por el sentido de las cosas,
el estudio, el aprendizaje, los honores...

Diseñé esquemas para comprender
La razón de la existencia,
mis motivos...

Me cuestioné sobre la felicidad...
La simpleza y las razones  que nos la dan.
Quise armar el mundo a mi acomodo,
pero allí en las alturas en libertad
me sentí bien.

No envidiaba tanto descontrol  de vida...
El deseo de poseer siempre,
la vana gloria y la iniquidad del poder
el dolor que causa al mundo...

Descubrí que soy más grande
más poderoso y feliz...

¡No necesito nada!  
¡Lo poseo todo!
Mis grandes alas
y los aires besando la libertad...

Me elevé de nuevo, quise perderme…
Éste sitio era un veneno para mi alma.

Me aparté del hombre destructor;
enturbiaría mi corazón a su lado,
no tenía conciencia del dolor causado.

Pero al emitir mi canto agudo
al observar la luna dorada;
decidí que viajaría a su lado
era allí, donde pernoctaría...

Nunca más envidiaría su falso poder
su arrogancia para existir...
Eran la simpleza de volar
y el canto de mi amada
el único anhelo del corazón.

Me elevé tanto
que no volví el rostro atrás...

La carroña se perdió de mi vista,
el cielo me llamaba
con agudo canto  de águila enamorada
y saltos ardientes  de ruiseñor.


Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, Jun. 23-11