lunes, 4 de diciembre de 2017

ALLÁ

ALLÁ
Amiga mía, en ese lugar
Allá, cerca del águila,
Conversando con el pasajero
Que abre sus alas
Y con besos de brisa estaciona sus ojos
En la vida que corre en el llano…

Arriba de todo, 
Conversando nubes con ibis sagrados
Charlando gotas de nieve con hojas secas
Que caen y caen de los árboles 
Que no se han tocado,

Allá, en ese lugar donde se fabrica un perfume
Y se inventan las flores blancas y negras,

En ese lugar, en que se pintan ovejas 
Y se cuentan por miles al inicio de la primavera,

Ahí nace una aurora de ojos verdes cada mañana,
Se enreda en el árbol de cada uno de mis caminos,
Y sus brazos parecen dedos de madre,
Con eternas cicatrices de violetas tonos…

Allá vive mi amor, 
Se ha quedado dormida
Y en sus brazos lleva un niño
Y con ellos lo cobija…

¡Arrúuuu!... ¡arrúuuuu!… ¿escuchas?
No son palomas las que versean en los gajos de mi roble, 
Siempre tristes parece que lloran,

Es ella quien bajó del cielo 
Y me dice que me ama,
Con voz de pájaro, 
con trino de mochuelo; 
Y luego, en un parpadeo 
Se aleja…

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, diciembre 4/15

SE FUERON

SE FUERON

Se fueron los valientes viejos…
De traje, le colocaron el nuevo; ¡y pensándolo mucho!
Guardaron sus dientes, ¿para qué los necesita?
En cambio con el oro se puede comprar pan y leche.

Todos corren por el vestido negro, ¿para qué llorar?
La una tenía 97 y el viejo un año más.
Se ganaron el infierno por vivir más de la cuenta,
eso dice el pensamiento loco, en tanto cuento los días
y me aferro al café de la mañana.

No iré a velorios, pero sí lo siento por el viejo, /el hijo viejo,
el amante olvidado que tiene marcada la silla
con el olor de las mañanas y el frío acumulado de sus tardes.

¡Pobre viejo Migue!, ahí le veo siempre,
las nietas ni lo respetan, le sacuden los recibos en la cara:
¡Ah pue!, ¡usted no ayuda a nada!, ¡no paga nada!
¡Ah pue!, / y vuelve a sacudir en su rostro otro vale,
en tanto la cámara dispara un flash y al menos la pena acude,
y en disfraces que se crecen, la juventud se destiñe
con los valores que se van por la alcantarilla.

¡Los costeños duran más que las tortugas! /era una frase de mi viejo,
y entre risas y lágrimas, nos contaba de antaño,
que a los velorios iban a tomar aguardiente
y a contar chistes verdes, ¿qué más da?

Toca festejar el instante, sacudir los remiendos
y bailar por el día que se nos abone a la cuenta,
sin olvidar que el cristal fue arena blanca
que pasó por el fuego.

¡Paz en sus tumbas!

Raquel Rueda Bohórquez
04 12 17




RUIDOS

RUIDOS
Para el resto de tarde, 
y mitigar un tanto los ruidos 
que no dejan vivir en paz.


Para estar un tanto 
más contigo que conmigo 
y aprender a volar sin alas,
llenando mi espacio
con tu grata presencia 
y tu divino recuerdo.


¿A qué lugar voy ahora?... 

Siempre quiero correr, 
más recuerdo que no estás,
y te veo sonreír 
sobre la mesita cerca de mí,
y al pensarte te atrapo 
y te mezclo en una taza de café.

Ahora huele a ti... 
¿Qué más deseo?
Frena la inquietud
y el alma se aquieta.


Raquel Rueda Bohórquez 
4 12 16

EL PAISAJE/A Mary Soco Rueda

EL PAISAJE/A Mary Soco Rueda

Será viendo el paisaje
en que la vida me pague
todo lo que me debe.

¿Me debe algo la vida?
Ilusa y valiente coquetería, 
soy quien le debo más sonrisas
para depurar en tu boca mis tristezas.

Será en una tarde cualquiera
en que el manantial me retrate
y en ese espejo te vea y nos juntemos
con el alarde de la sed vieja
y el ardor que nos aqueja.

Moverá el viento tu amor hacia mí
y en esa estación de pensamientos,
buscaremos trasladar los versos
al silencio de un paisaje que nos llama
en medio del color verde madre
y el azul intenso de un abrazo.

Raquel Rueda Bohórquez 
4 12 16

viernes, 1 de diciembre de 2017

NAVIDAD 2017

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Alberta

NAVIDAD 2017

Queridos amigos, quiero agradecer a todos por sus lecturas, pues ellas han sido la motivación para continuar, aunque la fiebre de poesía me asiste, este año poco escribí, porque he pasado corrigiendo, organizando registros y derechos de autor para ver qué sucede el próximo año, si Dios nos permite continuar por aquí. 

Somos las hojas secas que el viento mueve a su antojo, somos el aroma raro que une o aparta, pero con seguridad, debemos aprovechar los segundos para vivir felices, algo que a veces pareciera no existir en medio del caos que vive la humanidad, un mundo lleno de ambiciones de poder, de cosas y más cosas cuando el resto de humanidad vive en la miseria. 

Qué este año recordemos que la caridad empieza por casa, que el prójimo es el mismo próximo que se acerca en 4 patitas a nuestra puerta, hambriento y desesperado, y que tanto animales como seres humanos estamos viviendo una época de crisis, mientras otros derrochan en vanidades el dinero que le hace falta a muchos seres que deambulan por las calles y nos ven como su salvación.

Es un tiempo para pensar en la naturaleza, que llegue la siembra y la abundancia de ideas positivas porque la madre tierra está herida, pero la risa burlona es más inmensa que el vendaval que viene.

Les dejo un abrazo, sin importar la distancia, y mis buenos deseos para que todo en sus vidas prospere, pero que sea el amor la palabra que llene nuestro espíritu y nos permita arrodillarnos para besar a Dios que es la naturaleza que nos reclama, y quien nos recibirá con los brazos abiertos un día cualquiera.

No olvidemos nuestra fragilidad, que no pasemos por encima del otro para conseguir nuestras metas, que no odiemos a los animales, que no derribemos los árboles, porque tanto ellos como nosotros estamos aquí de paso. 

Feliz navidad, que Dios les bendiga y tengan muchos éxitos y felicidad en la vida. 

Raquel Rueda Bohórquez 
01 02 17


jueves, 30 de noviembre de 2017

GLORIOSA

GLORIOSA

Gloriosa salió cartón en mano,
y el júbilo fue la estación
donde la primavera mejor
en los ojos de la madre se quedaron.

¡Aplausos!, ¡aplausos a los laureles!
¡Aplausos al saber y al conocimiento!
Y el cartón pasó siendo un jumento,
postrado pidiendo un beso al universo.

¿Qué sucedió con la vida?,
¡Se fue ligera con los ojos chinos
entre afanes y amanecidas!
Se fueron despacio las ilusiones,
parecen cometas sueltas a la desventura
y el salón lleno de cartones.

Gloriosa prepara la comida para sus hijos,
se ha quitado el eslabón del cuello
y los honores los guarda en el cajón de los recuerdos.

¿Para qué mierdas tanto estudio?, ¡ni un trabajo digno conseguí!
Perdí el tiempo en medio de grandes idiotas
y el honor se lo llevaron los burros lamezuelas
que pisotearon la honra para escalar,
sin nada que aprender de la vida.

Gloriosa ya no llora, aceptó la realidad,
aparta las rocas de su garganta,
busca hilos de colores y borda con templanza
al amor, lo único que le ha quedado,
y  lo cuelga al viento entre el pasto mojado
y el airear que lo hace bailar
en medio de la mascarada.

Adivino en su andar una vaga sonrisa,
se han crecido los laureles y se aferran de sus manos,
sale de la iglesia y lleva un rosario igual que mi madre;
es porque aprendió  la lección del silencio
entre cruces que borda con espinas y pensamientos.

Raquel Rueda Bohórquez
30 11 17



LA CASA BLANCA (SUEÑO)

LA CASA BLANCA (SUEÑO)


Contando con otros años y nuevas esquinas, voy y vengo a un balcón sin rosas, donde las personas parecen mudas y ausentes, en un mundo raro, es una gran casa, en este lugar jamás me estrello con nadie, pero veo a muchos ancianos a mi alrededor, todos parecen vagar sin destino, los hijos se fueron, los amores no están, los balcones no tienen nidos de palomas, ni verdes esperanzas en sus rincones.

A veces me confundo de hogar, y debo repasar desde una esquina a mi refugio, que parece un gran castillo en medio de otros majestuosos y enormes lugares, y en esto terminé en un sitio lleno de mujeres desnudas, todas muy hermosas que se colocaban cintas rosadas en sus caderas para entrar y salir apresuradas, luego entraban hombres sucios, me dice mi hermana Lucía que después de ir al mar, los hombres se van a putear porque viven hambrientos de sexo, y así era el rostro del hombre que no me vio, ¿era una sombra acaso?, me enojé un poco pero acepté mi nueva realidad, y ahí en medio de ese ruido de mujeres descalzas y desnudas como las hojas de mi árbol, vi a mis hijas que iban apresuradas y me vieron en este lugar, llegaron por mí y me llevaron al castillo, con regaños  porque ese lugar no era apropiado para mí. Estas personas no me veían, ni las desnudas ni las de la calle, es como si mi alma vagara por un espacio conocido en otro lugar,  y regresamos a mi casa grande y blanca, todo ahí era nieve, pero nadie hablaba con el otro y me sentía muy sola. Una vez mis hijas se fueron, empecé a bajar otra vez los escalones que parecían interminables y regresé al lugar negado, quería sentirme acompañada por las voces y los ruidos de las zapatillas, y me di cuenta que no me volvería a perder, porque el lugar de las chicas desnudas quedaba al lado de mi casa blanca.

 No recuerdo cocinas, ni alimentos, tal vez no necesitaba comer nada, pero alguien me llamaba desde una tienda llena de panes, ¡ey vuestra merced!, ¡venid, acercaos!, y me acerqué a ellos, pero ellos no hablaban conmigo, se dirigían a otra persona. 

Me recosté en el lugar de los invisibles y desperté a vagar por ahí, hasta que mi hijo toca a la puerta y lo miro con rostro enojado: ¡Qué verraquera!, amanecimos a llegar, con mujer y todo, ya tiene la vida arreglada! y me senté a escribir mi sueño, un raro sueño para otro despertar con el corazón raro, con una tristeza que vaga y vaga por mi lugar sin saber el motivo, y me doy cuenta que mi nido está quedando vacío, mis aves volaron y ni cuenta me dí, no supe en qué momento los años pasaron y no los sentí, es como si a mi cuento le faltara la mitad de mi vida.

Raquel Rueda Bohórquez
30 11 17