sábado, 18 de noviembre de 2017

PARA VARIAR

PARA VARIAR

Para variar, si estás frente a mí,
si la pupila no puede negar lo que guarda el corazón.
¡Para variar sí!, ¿qué guardas para mí,
 que no sea una espada o un beso fingido?

¿Qué me dices ahora que estamos solos?
Una pared en blanco es la tarde limpia y serena,
con un tanto de lluvia fresca
y el sol imaginando un poema.

¿Qué tienes para mí, ahora que estoy desnuda?
 No es mi carne desvestida, es mi alma, así, pura de alondra,
es mi alma de vencejo, de mirlo en su nido
esperando las alas dulces de la madre.

¿Qué tienes para mí?
Algo ha llegado desde una distancia enorme,
y sé que ahora estoy en otro cuerpo,
que ves otra imagen aunque siempre te presentes
con el mismo corazón que amo.

Para variar, ¿puedes decir lo que por mí sientes?
¡Todos dijeron que no me amabas!...
¡Pero sentía tu corazón saltar junto al mío,
y temblaba tu piel cuando nos tocábamos!

Ahora el tiempo pasó y no te borro de mí,
eres como una peca en mi piel, permaneces…
Eres el río profundo en donde navegas,
y en medio de él, soy un náufrago que espera
el amor que en ti soñé, pero que jamás fue mío!
Era de las mariposas en la rivera…

Raquel Rueda Bohórquez

18 11 17 

viernes, 17 de noviembre de 2017

ASUSTADA/A una liebre

ASUSTADA/A una liebre

Tengo miedo al sonido de pisadas,
al filo del machete en mi enramada;
a la voz del hombre que parece un sigilo
donde la muerte es un carnaval
y la sangre un vino.

Me asustan esos ruidos oscuros,
esos blancos movimientos,
esos verdes pensamientos
que a la distancia asoman,
y son demonios que acosan y persiguen
en medio del aire raro
que pájaros amontona.

Aquí estoy ante ti,
tiemblo cual hoja en el vendaval,
he perdido lo amado
y su leche de miel no he probado
desde ese día incierto,
en que la lluvia mojaba mi nido de paja
y unas flechas fueron disparadas.

Me asusta todo lo de afuera
y me entretengo en la vasija
que la madre tierra me guarda
en medio de cánticos y alabanzas
de poemas y elegías en donde apareces
como el sueño más sutil
en medio de tanta algarabía.

Raquel Rueda Bohórquez
17 11 17



miércoles, 15 de noviembre de 2017

SANTURBÁN

SANTURBÁN

¡Increíble, Dios mío!, no sé a dónde iremos a parar, tal vez hemos perdido la patria potestad, la nacionalidad, ¿de dónde soy ahora?...

Ya ni los árboles le pertenecen a las aves, ni el agua a las cascadas...

Soy la poesía que llora desde adentro ante esta mascarada. ¡Dios ayúdanos! no sabemos por quién votar, tenemos las esperanzas quebradas como un vaso de cristal.

Negocian la vida, vienen por las tripas de mi madre, le arrancan el alma sin piedad y destruyen la belleza de los páramos.

Vienen arropados hasta los pies, pero hay otros desnudos que no disimulan, dicen que para “ayudar al pueblo”, pero la ambición los corroe como el comején a la madera seca.

Santurbán es un sitio sagrado, el agua le pertenece al mundo, a los animales, a las plantas, ¿después, cuando vengan con sus dragones y sus leyes consentidas, quién nos protegerá de la demencia que abarca el poder y en él se queda?

¿Por quién hemos de votar si no creemos en nadie? La confianza ha sido burlada, y entretienen a la gente con tonterías, para que nadie ocupe el pensamiento en lo que vale y ellos poder trabajar a sus anchas, como si le arrancaran la miel a las amapolas y mataran a la juventud lentamente.

¿Quién desea jóvenes felices, quién añora juventudes inteligentes?, que seamos ovejas para que puedan esquilar hasta los pensamientos, así ellos pueden abarcar y abarcar, porque creen que serán eternos.

Alguna vez voté por ti, y otra vez lo hice de nuevo, ahora soy la nieve en la montaña, lo he visto todo, pero el cambio no se ve, sólo se crecen los ambiciosos que desean comer y comer y nada es suficiente, porque la ambición es la maldición que pasa de generación en generación, tomando hasta la vida de los inocentes y pisoteando los anhelos de los pobres.

¡Dios mío, ayúdanos!, ellos tienen armas y poder, y muchas veces quienes debieran protegernos nos acosan y siguen sus leyes perversas, nosotros somos los pájaros que tratan de volar, pero en el vuelo se cansan, pues los árboles caen y las tumbas se abren cada día más y más.

Esto será un legado a la muerte, a la vergüenza, si nadie detiene la demencia del ambicioso y pone un freno a esa serpiente con alas que abarca la tierra y nos devora con ella.

¿Después de Santurbán qué viene?

Raquel Rueda Bohórquez

15 11 17 

martes, 14 de noviembre de 2017

SUEÑO 131117

SUEÑO 131117


En esa esquina, con el ruido de las olas que iban y venían, abrazando con su fuerza el gran Castillo, las mujeres estaban festejando algo, con muchos invitados, entre los que me encontraba; unos reían, otros cantaban, así la fiesta se alargaba, las ollas hervían, y las damas en la cocina hacían milagros.

La esposa del alemán “Pinky”, repasaba a los comensales, y mi enamorado de siempre, su esposo,nos relataba que huyó a Colombia al finalizar la guerra y jamás quiso regresar a su país, sólo de visita. Mi vida está aquí, nos decía en medio de charlas y con un español perfecto, todo lo que tengo lo conseguí en esta ciudad, ¿para qué voy a recordar momentos de mi vida tan tristes?, y no preguntamos nada, él dejaba salir las palabras y nos enterábamos que esa guerra estúpida les dañó la vida, pero que debían continuar sobreviviendo en algún lugar, era muy niño, sólo recordaba bombas, carne podrida y gritos por doquier. Pasó erguido con su mirada más azul que el mar y lo recorría todo, imaginándome de su brazo, pero su brazo ya tenía dueña, y a mí me quedaba la ilusión de verlo de vez en cuando, y desde esa distancia, soñaba que algún día en otro lugar, la brisa nos juntaría.

La esposa de Pinky era muy bella, tenía rostro de indígena con una piel morena y dientes perfectos, su cuerpo muy esbelto despertaba las miradas tanto de hombres como de  mujeres y en esto la vi repartiendo la comida, los comensales reían y cantaban, la felicidad estaba rodeando el lugar en medio de rocas enormes y el castillo que se había plantado en medio de aquél lugar mágico.

¿Para qué servirán carne de res asada en un lugar marino?, esta inquietud me atormenta, ir al mar a comer lo de siempre y que la gente no apreciara los ricos bocados que él nos regala, no tenía sentido para mí, pero las manos se movían, las señoras continuaban llevando platos y trayendo platos, pero mi alimento no aparecía por ningún lado, hasta que todos devoraron sus platillos y a mí se me atragantaba la saliva en la boca en tanto recogían los platos.

Después de ahí los vi a todos riendo, ¡jajajajajaja no le trajeron nada!, esas risas hacían eco y sus burlas me tocaron profundo, pero trataba de disimular el enojo. Mi familia, eran ellos los que de mí reían, no sabían de los afanes en la mesa, de las angustias del día a día y hasta en este lugar reían de mí, ¿qué será lo que sucede?, pero después de todo, terminé comiendo lechuga, esa fue la última visión que tuve, y la enorme construcción en medio del mar. Sentí que hasta las olas me hacían burla, pero abrí los ojos y era otro día, este…

Raquel Rueda Bohórquez
14 11 17




sábado, 11 de noviembre de 2017

ESA MIRADA

ESA MIRADA

Esa mirada enciende toda frialdad, 
esos ojos negros poseen un "algo" inquietante, 
tal vez ha visto demasiado y lo comulga en su interior, 
pero esa mirada está llena de musgo fresco y gotas de rocío...

Ellas son testigo de un amor extraño, 
son la musa del poeta que interpreta en letras mínimas, 
un anhelo que jamás será.

Pero esos ojos negros 
hacen que mi corazón brinque 
como niño en el vientre, 
y al verlos tristes, la congoja me llena, 
pero cuando están felices 
su brillo elimina todo sinsabor 
y la sonrisa llena el rostro.

Esos ojos negros tuyos 
son la barca a donde quiero ir,
 navegar en sus aguas con mis niñas trepadas en tu boca 
cantando aleluyas al amor 
y resolviendo los sueños 
con el afán de la golondrina cruzando el cielo.

Porque esos ojos tuyos 
contienen el bosque que amo y la rivera que sueño, 
el árbol que deshoja sus flores para renovarlas en invierno, 
y caminar por ellos aunque sea un instante, 
hace fluir la cascada y volar en bandada 
a los gorriones que guardo en mi corazón, 
para que pueblen los pinos de tu campo 
y los sueños que se mueven en tu pensamiento.

¡Esa mirada tuya!, ¿por qué razón miras así?, 
¿para qué calentar el pasto seco?, ¡no lo hagas!
El tiempo acusa, 
la primavera abre sus primeras flores con el viento a tu favor 
y la inquietud del ave en tus párpados mojados, 
son el pequeño lago en donde retozo al verte, 
para volver otra vez al árbol que guarda mi historia 
y me impide volar a verlos.

Raquel Rueda Bohórquez

11 11 17

viernes, 10 de noviembre de 2017

CALLA

CALLA

Calla, que un ave está orando sobre un árbol 
y una garza se ha puesto de rodillas. 

Tan mágico es el amor 
que ni cuenta nos damos. 

Ayer estaba en tus brazos,
la vida se va ligera por entre las rocas
y a pesar de todo, floreció el cardo.

Siento la luz que toca al mar,
percibo la música de las olas
y al paso del viento el murmullo de la caracola.

¡Corren y corren las nubes!
El sol buscó la cuesta, no se cansa,
las estrellas llenan el firmamento
y te sigo pensando.

Que nada perturbe tu andar
porque mi amor es cierto,
jamás creí estar sin ti,
pero tu sonrisa fue más grande
que toda la miel guardada.

Florece en mi jardín el pensamiento
y en sus hojas secas escribo mi amor
letra a letra, con los dedos corvos
y la mirada cansina.

Me he vuelto oración después de todo,
me acerco a la bondad del infinito
donde se gesta el amor
y un loco me hace el favor
de alejarme de tu lado.

Está el cielo encendido,
así mi rostro al pensarte,
y un cucarachero contento
me hace sentir infeliz
porque no tengo su arpa en mi garganta.

Debemos callar nuestro ruido interior
y percibir el gran amor que se crece
entre los gajos del limonar.

Pero con esto y todo lo demás,
jamás he podido olvidarte
y tus negros ojos son la estrella
que guía mi velero de papel
sobre las olas del mar.

Raquel Rueda Bohórquez
10 11 17

ARAÑAS DEL DESIERTO/A las Wayúu

La imagen puede contener: 1 persona, sentado y de pie
Wayúu en clínica esperando a la madre enferma.


ARAÑAS DEL DESIERTO/A las Wayúu

Ellas conocen del espino 
que entre sus filos guarda 
una rica esencia para los chivos.

El despertar del sol quemando
y el arrebol de las nubes
que van pasando. 

Tejen y bordan sueños
entre los cardos del camino,
ese cardón inmenso 
que se vuelve flor y fruto
para favorecer al peregrino. 

Entre arenas y aguas que se alejan,
el hambre sacude las entrañas
y ellas bailan un son valiente
que derriba al hombre 
que después debe amarla.

Enredan hilos en manos y pies,
y piensan tal vez 
que alguien verá su obra 
y pagará lo justo. 

Todos vienen con afán, 
regatean por doquier
para entre negros carbones
volver más oscura su existencia. 

Y la sed se prende del alma
que sacude la prenda infinita
de un Dios que se eleva en el mar
y regresa a besar sus arenas.

¡Siempre me sorprendo!
Las arañas del desierto no repiten obra, 
y en esta genialidad heredada
doblo las rodillas cual flamenco
para orar por ellas. 

Raquel Rueda Bohórquez 
10 11 17