miércoles, 6 de septiembre de 2017

AL BOSQUE (3)

AL BOSQUE (3)


Al caballero que se esconde entre verdes ramas,
le pedí un deseo:
Cayeron hojas doradas en otoño
y brotaron lirios en invierno...

Le supliqué que la lluvia cesara,
pero mis ojos se inundan cada mañana con su recuerdo.

A mi bosque amado le pedí una estrella:
Se encariñó tanto conmigo,
que me dejó dos rosas en el cielo
y cada atardecer las veo, semejan gorriones
y en cada noche las descubro,
 entre luces de colores.

Le pedí tanto, y tanto me ha dado,
que cada perla se convierte en un rosario
donde los besos, madrigales fueron,
y los amores, talles sobre troncos viejos.

Fue la brisa y el cantar del toche sobre los platanales,
y el nido tejido con gracia y hermosura,
un nicho abrigado
en donde caben todas las bellezas del alma.

El sudor de la madre tierra
es un olor confundido en todos los aromas
mezclados con la pena agridulce del labriego,
el canto de los grillos y el jilguero,
las pequeñas ranas, que entre las bromelias,
parecían pequeñas flores saltarinas.

El bosque de infinita gracia,
pleno de colores y tristezas, lloraba las vilezas
del púrpura que sobresale en la maleza,
de la paloma herida sin motivo,
esa lanza con doble filo,
esos gritos que se ocultaron entre los ojos de un búho,
que prefirió guardarse en su madriguera
y llorar un poco ante todo el desatino
que está llevando a la madre tierra al filo de la muerte,
pero río, porque el bosque, amado mío,
 reverdece de nuevo
y carga entre las rocas, las elegías del hombre.

Tomó el llanto de las orquídeas,
conoció del paso del caminante descalzo,
del musgo con su olor inconfundible,
de la humedad, el nacimiento de un riachuelo,
del gran caballero de muchos años,
vencido y agotado bajar por los cerros
para ser convertido en vástagos para lanzar al fuego...

Al bosque le debo lo que soy, lo que amo, lo que anhelo...
Tambores repican a lo lejos,
parecen almas solas que buscan consuelo.
Gritando vago cada día,
deseando un alma sola para que tropiece conmigo
pero ya estás aquí,
si la espuma de la cascada recorre los senderos
y los rayos tibios del astro rey bajan, sin confundirse,
y vuelve dorados mis sueños.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 10/13



SE FUE (4)

SE FUE (4)


Es verdad,
de nada sirve correr
si tenemos que frenar.

Salta el caballo,
se desboca ante el olor a hembra
y en su galanteo
olvida que es el dueño del cuartel
cuando sus ganas se empeñan.

Una a una
las potrancas invitan,
y él sigue siendo el rey
con una canción que la vida repite
y otro son que no bailaré.

Una lágrima, ¿para qué?
El amor no se obliga,
ha de ser mansa quebrada
y potente río.

Pero se fue sin voltear atrás.
Una maleta, un cojín;
ropa como para un mes,
un trabajo planeado
donde la Sierra será testigo
de que esto no inventé.

Salió sin decir adiós…
¡Ni siquiera un hasta luego!

Un candado se condena
a tener la boca cerrada,
y una dama se adorna
y  pintarrajea la cara.

Si puedes mirar a los ojos
y mentir con alegría:

¡Qué te vaya bien vidita mía!
¡Que llueva dinero y sonrisas,
que yo brindaré otro día!

Raquel Rueda Bohórquez
06-09-14




AL DESPERTAR (5)

AL DESPERTAR (5)

 ¡Qué tedio!, más no de poesía,
parece que se cansó el amor,
se agotó del no dar ni recibir,
del no regar ni abonar,
y se fue a buscar un techo
bajo el sol.

Los veo ahí planeando con mi piel.
¿Ya te sirvieron café, amor?
¡Ay mi cielito lindo, no la mereces!
¡Ven, que conmigo tendrás mujer!

Pero se cansó la piel de recibir migajas…
Sólo la montaña es sincera con las aves,
los árboles regalan trinos y hojas
gajos bondadosos en flores, frutos y semillas.

Y ahora, ¡para de correr!...
¿Pero hacia dónde voy?
Si tampoco tengo tu querer,
pero sí mucho quehacer,
la mente sigue trabajando.

Voy corriendo para que no escapen
las niñas letras, escondidas en ríos de sangre
que se vuelven flores congeladas
en la montaña blanca de tu indiferencia.

Raquel Rueda Bohórquez
06-09-14



lunes, 4 de septiembre de 2017

EN EL RÍO (6)

Atardecer en El Malecón. Cerca de mí, el cielo es un incendio.

EN EL RÍO (6)


Por aquí pasan todos los sueños
y se concretan en el ocaso radiante
de colores atizados,
cual incendio programado
que no hiere ni lastima.

Cesaron los humos en la tarde,
los árboles viejos se fueron
para que los jóvenes ocuparan su lugar,
y las palmeras radiantes
con sus grandes hojas
bailaran al son del río,
una cumbia, o un merecumbé.

Es aquí en el río, cerca de mí,
tanto como tu alma,
en donde mi vida floreció,
y el jardín estampó sus flores amarillas
que agradecidas al sol,
elevan el rostro al amanecer
en donde puedo recordar tus manos,
y ese aferrarse tembloroso de las mías.

¡Oh, si estuvieras aquí!...
Pero en ese milagro de la vida y la muerte,
sé que vas y vienes,
y en mis ausencias me abrazas,
te quedas en el rincón de las oraciones blancas,
para llenar mi vida de poemas.

¡Qué hermoso susurra al pasar!...
Ahí cerca, en la misma curva del camino,
lo espera el mar y lo recibe sin agravios,
lo abraza y lo adoba un tanto,
entre peces gigantes y barcos que van y vienen,
tornando a los ojos toda esperanza.

Sé que irás conmigo muchas veces…
Te sentiré en la gaviota blanca,
en el alcatraz y en los patos negros
que caen en picada, y entre su pico llevan
rosarios de penas y música de cigarras.

Raquel Rueda Bohórquez
04 09 17

sábado, 2 de septiembre de 2017

BÚSQUEDA (7) A

BÚSQUEDA (7) A

Buscando el amor,
Hallé tu imagen de colores
Abriendo sus alas
Al canto de la brisa.

Buscando el amor
Me sentí perdida;
Más fue en el instante
En que estaba dormida.

Buscando el amor
Seguí escuchando
El lloro de una paloma.

Más el amor se doblaba
Entre perlas blancas
Y flores morenas.

Raquel Rueda Bohórquez
11 02 17





viernes, 1 de septiembre de 2017

SEPTIEMBRE 012017 (8)



Septiembre asoma entre la lluvia
y te veo, moreno y cálido,
con tu cabellera blanca
arropando tu montaña.

Beso a través de la pantalla tu boca,
cierro los ojos y estoy a tu lado.
Se ha mojado mi pequeño mundo
y el corazón parece de venado,
que halla en la espesura el amor
y lo embiste con fervor.

Cae la lluvia y te amo,
nada ha cambiado desde ayer.
Recuerdo la voz del manantial
y a su dulce melancolía me acojo
cual gorrión que anuncia la mañana
entre campos blancos de algodón,
que a la distancia semejan mariposas pálidas
buscando la miel ausente,
en medio de tanta abundancia.

¿Ves que la lluvia aclara todo?
Me veo, y el chirrió canta en este momento;
todo es viento cálido y frío,
y entre las hojas de un árbol
el aire pasa con su oración, y bailan.

Continúan las ilusiones moviendo el mundo,
trae la voz del músico y el silencio me atrapa,
me entretengo en pequeñas liviandades,
en tanto espero tu amor cual mágico tocado
de flores blancas cerca del mar
entre grises rocas, todas mojadas,
entregando el aroma al sol que las acaricia,
y en medio de ese raro sonar de mariposas,
me cuelo para tocarte…

Raquel Rueda Bohórquez
01 09 17


miércoles, 30 de agosto de 2017

AGOSTO 302017 (1)

AGOSTO 302017 (1)

¡Qué difícil es enamorarse de quien siempre está mirando mariposas!, y en esto se acabó la tarde, me enamoro de quien no debo, de quien no corresponde, no besa, no abraza; igual las ganas se fueron hace rato. Espero que en la próxima vida, encuentre a esa persona que ame lo que amo, que le gusten los paseos al aire libre, las caminatas, ir al campo y tomarse un momento para dar un buen beso y entregar una caricia sin pensar tanto en los demás.

¡Qué difícil ha sido todo este tiempo!, pero aguanto, llegará el momento en que la potranca frene o se desbarranque, pero lo cierto es que la vaina ha sido jodida, y que no se lo cuenten a la vieja Hipocrasia si no riega el cuento por todo el orbe.

Ahora es hoy, ¡qué vaina complicada!, escucho a John Lennon, quien soñaba lo mismo que la mayoría, un mundo blanco para reescribir nuestra historia de amor, y en esto una amiga me escribe algo hermoso, y para no creerme mucho, no es la única; alguien me compara con grandes escritores, tal vez por decir algo, o porque realmente les nace del corazón; lo cierto, es que estoy contenta, aunque ni un solo editor se ha fijado en mi obra, y no es alarde decir que uno que otro me ha escrito, pero la idea es que ellos publican no como antes, tenemos además de la obra, invertir mucho dinero y para esto tengo chuecas las pantorrillas, porque escasamente me puedo sostener con lo que va quedando.

Comparada con Gabo, con Juana Ibarborou, y otros que no recuerdo, me hacen sentir un tanto triste, porque si en verdad hay talento, ¿por qué razón nadie se ha fijado seriamente en mi trabajo?, me da miedo enviar mi obra a otros lugares por los vicios que conocemos, pero aquí va quedando mientras tanto, no sé mañana qué pueda ocurrir, pues el optimismo sería lo último que perdería. Aquí lo que hay son ganas, estos días no escribo en forma porque estoy dedicada a registrar y organizar mi obra que se lleva mucho tiempo y trabajo, y en esto ya llevo 3 años, espero en 2 años más haber terminado de organizar todo, aunque al final enredé un tanto las cosas, ya la mente no está tan fresca, tenemos olvidos, enojos, melancolías propias de la edad, pero hasta que Dios me de aliento en las manos, estaré aquí, escribiendo directamente, pues no quiero gastar más hojas que luego arrumarán y lanzarán a la basura.

La mañana transcurre, pienso en mi sobrino Anderson, en su preciosa figura, en su rostro bello, y luego en lo que ha quedado de su escultura bella; siento una espina muy dentro del alma, algo que no puedo explicar, porque en cada hueso vi una herida que otros no vieron, y los sueños se apagaron, la vida en un soplo se fue y el dolor no termina, aunque todos dicten frases para superar esto, es difícil, y pienso en los padres, mi cuñada y mi querido hermano, y en las historias que han tocado a cada familia, para pensar que la vida nos enseña a los tortazos a ser humildes, a ser agradecidos y a saber mantener siempre el rostro en alto, como él lo hacía, sin jamás desfallecer en sus ideales, aunque ese depredador estuviera ahí en su esquina, para cambiar su ruta.

Diluvina saca el diablo y el vendedor de frutas adorna el espacio con su alegría, ¡ojalá que su camino continúe así!, ¡ojalá que no aparezcan las nubes grises, pero si aparecen, que se disuelvan en el aguacero que viene!...


Raquel Rueda Bohórquez
30 08 17