miércoles, 19 de agosto de 2015

INOCENCIA SE NOS VA 5 [38]

INOCENCIA SE NOS VA 5 [38]

5.1 DIJO, ¿FLORIPONDIO?

Conocía la planta por referencia de algunos amigos, y ahí estaba, esas grandes flores de campana serían su salvación, pero no, mejor que no la creyeran tan floripondia, esa vaina tenía su cuento para extraer, y su abuela le había contado, que el zumo de papa era buenísimo para hacer dormir a la gente, y eso era lo que tenía preparado, su noche estaba ahí frente a sus ojos, y no dejaría pasar ésta gran oportunidad.

Pero viéndolo bien, tenía ese frasquito de valeriana, y recordaba que con él mantenían a su hermano tranquilo, cuando se ponía muy necio con las manos, ¡sí señor!, y sobre el guarapo que llevaba, le echó una buena dosis.

-¡Inocencia, venga pa cá mija!, ¡ya deje ese oficio y venga a descansar, es que tengo que decirle algo aquí delante de mis compadres!

- ¿Qué tanto me tiene qué decir?, tómese éste traguito y ya vámonos a descansar.

- ¡No señora!, ¡yo digo cuando nos vamos a descansar!, ¡venga y no joda!, ¡obedezca que lo que tengo pa decir le conviene!

- ¡Le decía a mi compadre, que mejor hembra no me pude conseguir!, ¡eso sí se lo tengo que abonar a mis compadres!, y entonces he decidido casarme por la buena con usted, porque sé que otra así no me la vuelvo a conseguir, y ya me toy poniendo viejo, ¿después quién se hará de cargo de mí, cuando ya no pueda ni levantar las patas?, ¡pues mi mujer!, ¡entonces como la joda es en serio, le dije a mis compadres que ellos serán mis padrinos!

-Pero hablamos de esto mañana, ahora no, mire que ya están borrachos, esto son cosas para decirlas bueno y sano, no cuando ya no se pueden ni sostener, ¡tómese este trago y ya vámonos a dormir!, repetía Inocencia un poco angustiada.

-¡Qué no!, ¡venga y se ta quieta aquí ya!, /la sentó sobre las piernas y delante de los compadres empezó a tocarla, pero Inocencia sentía mucha pena por eso, ¡ya mijo!, /decía, ¡esto en público da pena!

-¡Qué pena ni qué domingo e ramos!, ¡usted es mi mujer y con mi mujer yo hago lo que quiero!, y después de que nos casemos, porque ahora sí me voy a poner serio, tendrá que complacerme mucho más, porque son mandatos de la madre iglesia, donde bien claro dice ustedes son una costilla que nosotros les prestamos, ¡por tanto mujer obediente y sumisa al macho, haciendo lo que nosotros ordenemos!, ¡y ante todo, siendo muy atentas y juiciosas pa que nos tengan contentos!, ¡así es como debe ser,  y así lo dice la biblia!, ¡bien escrito y pisao está!

Inocencia estaba muy preocupada, Jacinto se estaba haciendo el pendejo y no se tomaba el trago, era hable y hable sobre su verraquera y lo macho que era, ¡pa joder al cabrón  con un buen leñazo por el tuste!, pero entonces los compadres decidieron que se iban a dormir, y por más ruegos no se quisieron quedar más,  se fueron dando tumbes de la borrachera que llevaban.

-¡Hasta mañana compadres!

-¡Hasta mañana compadres!

-¡Ajústele las 40 a la comadre y sino llévela otra vez a la mata e fique!

- ¡jajaja! compadre calle la jeta que todavía está trompona la jecha!

-¡Desgraciados!, todavía se ríen de mí, éste par de cabrones, ¡ya veremos quién ríe mejor!, este viejo ya está que ronca /pensaba Inocencia.

-¡Preste p acá ese guarapo pa que no joda más!

Inocencia vio para su complacencia cómo Jacinto vació la totumada de guarapo de una, luego se levantó, echó una gran meada dentro de las  plantas y decidió que se irían a dormir.

¡Pan comido!, fue más fácil de lo que imaginé /pensó Inocencia, y con mucho cuidado arropó a Jacinto, se hizo que estaba durmiendo y luego, como una gata, se resbaló de la cama y salió al patio, ahí estaba la mula y el caballo, se llevaría lo necesario, y lo necesario era ella con el corazón palpitando como el de una jovencita, ¡pa qué son patas!,  subió a la mula, y  agarró al caballo, quien mansamente los siguió.

Salió por el camino donde estaba la mata de fique, y desapareció en una noche de luna llena, al igual que las otras mujeres, sin un hasta luego siquiera, la pesadilla había llegado a su fin, todo se había confabulado para que al fin se liberara de su mala decisión, no volvería a mirar atrás, era un pasado que dolía, pero más le dolería a ese macho, el haberla perdido.

Fue una larga noche, una travesía que no sabía hacia donde  conduciría, pero la mula parecía conocer todo el sitio y dejó que ella la guiara, y al fin se hallaba en una carretera destapada, humareda, y un camión de carga de paso, fue ahí cuando decidió golpear a las bestias para que corrieran, y para su fortuna, el camionero frenó y permitió llevarla en la parte de atrás, en donde había mucha verdura y frutas, ahí estaba bien escondida y nadie se daría cuenta de nada.

-¡Para dónde va la doña!

-¡Para Perendengue señor!

-¡Uy, eso queda por la costa, y estamos bien lejos mi doñita!, pero en el camino le indico qué bus la puede acercar a Fundación, y de ahí se encamina a su casa.

- ¡Señor, Dios se lo pague!, ¡ni siquiera imagina lo que ha hecho por mí, me ha salvado la vida!, ¡qué la virgencita de Chiquinquirá lo proteja!

-No me pague nada mi doña, ya mi diosito pagó todo por nosotros, que le vaya bien, tenga mucho cuidado sí, por ahí hay gente un poco malandra, busque no estar muy sola, ¡que Dios guíe su camino!

No había tiempo para pensar en nada, ¿quién carajos la mandó a ser tan huevona?, para nada importaban los chismes de los vecinos, ni las miradas y sonrisas de sus hermanos, ¿acaso ellos habían llevado siquiera un pedazo de pan a su mesa cuando faltaba?, ¡así no trabajara como burra para conseguir lo poco!, ¡ni mierda!, ¿quién no había cometido un error en su vida?, ¡todos con rabo de paja y bien largo!, nadie podría censurar su vida, ese camino que de por sí ya estaba signado, esa marca que todos llevamos, y que una vez caminado, no se puede desandar.

¡Ahí estaba!, ¡que sol!, ¡ese olor a pez, a mar!, había retornado a la libertad con una herida enorme en el corazón, pero como un águila, renovada por dentro y por fuera, ¡gracias a Dios ese hombre no la había matado!, y todo fue derechito, sin planes preconcebidos, todo se dio para que volara muy alto y acercara de nuevo su mirada a la de sus pichones, pero ahora debía afrontar la marcha de su hija y su familia lejos del país, sería otro duro golpe, pero con la expectativa de días mejores para todos,  una patada bien puesta les dieron, ¡esa es la ingratitud!, ¡eso es el hombre, un ser extraño que unas veces sonríe, y otras veces llora amargos, ¡qué bien pateamos a nuestros amigos!, pero bien decía Kico, “el camino es largo y culebrero”…

Ya en su casa, para su fortuna, no había chismosos a la vista, era de madrugada, un taxi, una mula cargada, y la puerta ahí esperando ser tocada,  un nido amable que por decisión propia había abandonado, pero como las golondrinas, otra primavera esperaba y ahí estaba su nido, no se había mudado para ningún sitio, el mismo árbol, ¡qué hermoso se veía!, la misma roca en su esquina, y otra vez a caminar, de nuevo a vivir instantes, ¡para atrás ni un paso!, ¡ahí está carretera!, ¡jajajaja!, ¡qué bonita mirada recordaba, y qué bien se sentía estar de nuevo en su hogar!, ¡aquí por más que sea, era ella quien llevaba la rienda!, para pobres todos nacemos, para ricos, ¿qué era en verdad riqueza?, no deseaba esa sinfonía, tenía mucha más riqueza en medio de su aparente pobreza, aquí estaba su familia que jamás abandonaría otra vez, era ella y sus hijas, ¿qué otra cosa buscaba?, el amor es un sueño, a veces ansiamos lo que ya tenemos, había pasado de los 50, sus hormonas ahora pedían abrazos y besos de sus hijas y nietos, su familia se había crecido con sus yernos, ¡ni por el putas volvería a ilusionarse con nadie!, su vida iniciaba a partir de ahora…

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, agosto 19/15

martes, 18 de agosto de 2015

INOCENCIA SE NOS VA 4 [39]

INOCENCIA SE NOS VA 4 [39]

4.1 COMO ALMA QUE LLEVA EL DIABLO

Nada bueno buscaba esa mujer, ¿a qué venía de visita, sabiendo que el tipo le había propinado cipote de tunda?, lo cierto, es que esas nalgas no se quedarían así hinchadas y coloradas por obra y gracia de éste desgraciado, ¡para nada!, sacaría a relucir sus uñas, pero lo que más rabia le daba, es que había gritado delante de todos: ¡me escogió!, ¡me escogió!, ¡qué vergüenza!, ¿ahora, cómo haría para salir de semejante ratonera en la que se metió?

¡Chupe!, ¡bien ganado se lo tiene por culi pronta!, decía Doña Filigrasia cuando le contaban que el viejo había amarrado a la nueva mujer en la misma mata de fique que conocía todas sus historias pasadas, con una sonrisa que no le cabía en el rostro, pues a ella también le había dado sus buenos cimbronazos por el sieso por ir a buscar lo que no se le había perdido, y desde esa época estaba juiciosa con sus hijas, y había aceptado de mala gana al viejo, ¡pero ahí estaba!, al menos aquí quien seguía llevando los pantalones a pesar de todo, era ella.

Ese día había pensado muy bien, de qué manera se vengaría de éste miserable, ¡pero qué boluda sos ché!, me parece escuchar a la argentina de la esquina, pero lo que esa mujer no sabe es que yo sí sé, que a ella también le pelaron el sieso y aparte de eso, la obligó a preparar su comida y llevársela bien calientita a la misma cama piscina de porquería, donde había comido con todas las mujeres que se le antojaba, ¡claro, el muy hijueputa no buscaba muchacha sino mujer, según él porque adquiría todos los derechos, y además de gratis!, ¡eso es mucha basura!, ¡pero así nomás no le iría, con una mujer de Santander no se mete cualquiera!, si quiere guerra, ¡guerra tendrá!

Doña Inocencia renovada, se hacía la pendeja,  y en esto ya llevaba varios días, se rascaba la cabeza, se sobaba las nalgas, se mordía los labios, entraba, salía…

¡Jacinto!, ¡Jacinto!, /casi gritaba su nombre/, ¡ya verá el cabrón éste que con ésta no me quedo!, hablaba sola, casi delirando, y cuando lo veía llegar se hacía la mosquita muerta que no partía un plato, con solo mirarlo sentía los cimbronazos en la nalga, pero se haría la tonta, así es como él quería que fueran todas, ¡pues bien tonta se haría!

Había reunión, ¡cosa rara!, estaba muy amable y hasta le agarró una teta cuando pasó cerca de él, y una carcajada soltó por todo el patio, a lo que su vecino y compinche con mirada socarrona le decía al oído, pero casi a grito entero: ¡jejejeje!, ¡se volvió mansita después de la cueriza! ¡Mi compadre sí que es un verdadero macho!

-¡Es que así es que toca!, ¡ya se lo he dicho, si quiere que la comadre se amanse, no es sino que le de unos buenos cimbronazos bien dados, y verá como le camina pianito!

-¡Pero es que yo le voy a pegar a mi muje!, y esa sí que me mata, ¡no compadre!, ¡prefiero ser macho vivo que arrecho muerto!

-Está sedita, ¡si viera compadre, obediente, hace todo lo que le ordeno y no me rechina ni una!, ¡y que me vuelva a revirar!, tenía pensado traer unos bultos de bore pa que le pique a los marranos, ¡oficio es que toca ponerles pa que no piensen que van a pasar por sobre nosotros los machos!, ¡ni más faltaba!, recuerdo cuando mi apá le pelaba el culo a mi mama, y ella enseguida cogía juicio, de ahí aprendí, y por eso no me dejo joder de ninguna mujer, ¡aquí mando yo, y aquí se hace lo que yo disponga!

Inocencia escuchaba y rechinaba los dientes, en la cocina cuchillo en mano, lo descargó con fiereza sobre la carne que tenía lista para asar, en tanto lagrimones de rabia escurrían por sus cachetes pepiados…

¿Cuántos meses llevo aquí?, soy una prisionera, ¡Santo Dios!, ¡qué gran error, por querer buscar un esposo fiel y querer darme otra oportunidad, ahora sí que estoy bien jodida!, lo peor de todo es que ya no confío en la comadre, pues son ellos quienes están de lleva y trae, ¡claro!, contándole todo lo que les contaba y él haciéndose el huevón, pero ahora sí, muy calladita veré otro amanecer, pero al lado de mis hijas, ¡con éste cerdo ni un día más!

El búho anunciaba una larga noche, ¡luna llena!, todo se veía amarillo, una promesa, pájaros nocturnos, luciérnagas colgadas del cielo, ¡qué paisaje tan divino!, ¡jamás había visto una noche tan hermosa!, ¡pero se sentía tan sola y frágil!

Como alma que lleva el diablo, siguió repartiendo guarapo, asando carne, atendiendo a sus “amigos”, lo mejor que podía, ella no se tomaba un solo trago, ya estaban colorados, un poco más tarde se despedirían y entonces… todo sería diferente, no volvería a inventar vainas raras, y recordó de nuevo las palabras de su viejo: ¿se quieren ir?, ¡ahí está carretera!... ¡qué palabras tan cortas y tan certeras!, ahora habían llegado de nuevo a su mente, y sabía que era él quien le hablaba al oído…


Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, agosto 18/15


INOCENCIA SE NOS VA 3 [40]

INOCENCIA SE NOS VA 3 [40]


3.1 EL CULO COMO BERENJENA

Pasaron varios lunes y soles, lo último que recuerda de su pesadilla fue que “detrás de la mata de fique”, no asomaba un alma, nadie escuchaba sus gritos y pedidos de auxilio.

Tenía memoria de que ese día se quedó viéndola muy bien vestida y perfumada, la agarró fuerte de un brazo, y lanzándola sobre la cama piscina se la cogió cuántas veces quiso, sin poder rechinar sino los dientes del ardor, y el mal de riñones que la tenía tome y tome cuanta hierba le decía su vecina, a escondidas, pero lo que no sabía, era que el muy ladino vigilaba cada uno de sus  pasos, y sospechaba que su yegua lo abandonaría, y esto sí que no lo soportaría, pues se estaba acostumbrando a ésta mujer y a la buena vida que tenía ahora, pues no tenía que pagar un centavo, y podía servirse a la carta, a la hora que se le antojara, la pecosa tenía lo suyo, ¡y ni por el putas nadie pasaría por sobre su funda!, de que era macho, bien remachado y se lo demostraría en la tarde después del almuerzo, para que dejara ese verraco antojo de querer abandonarlo, ¡eso sí que no compadre!, le había dicho a su vecino, ¡ni por la funda del viejo Anastasio a mí una mujer me abandona!, ¡primero pasan por sobre mi cadáver!, y desenfundando la macheta, la golpeó fuerte contra una roca y la hizo botar chispas.

Ahí estaba su pecosa en la mecedora, ya se había acostumbrado a verla ahí, no le fregaba tanto la vida, pues había visto que era muy ordenada y siempre mantenía su ropa y cosas en su puesto, lo que antes no había logrado con ninguna otra, además de que tenía buena sazón y bonitas piernas ¡pa qué!

Pero al escuchar la insinuación de su compadre, de que lo abandonaría, salió como una fiera, y sin pronunciar  palabra, miró hacia la pared de su alcoba,  agarró la fusta que tenía para estropear la mula, ajustó la macheta al cinto y le dijo: ¡alístese mija que vamos a un paseo!

¿Dónde estás corazón que no te siento?, sus piernas temblaban y un presentimiento atroz llegó a su mente: ¡me matará!, hará picadillo con mis huesos, ¡Dios mío sálvame!, se vino toda la historia de vida, la casa pequeña de sus padres, hermanas, novios, amigos, un recorrido silencioso mientras Jacinto sólo decía, ¡no se asuste mija!, es que voy a mostrarle lo bonito que se ve desde la mata de fique todo el terreno, su casa, sus cosas, que jamás debe pensar ni siquiera en abandonar!, ¡¿me escuchó so mensa?!...

-Sí, escuché, /balbuceaba Inocencia, recordando que en su vida nadie la había tratado de ésta manera, al contrario, era ella quien a veces se pasaba de piña y soltaba toda la rienda, para hacerse respetar, ¿pero de ésta manera?, ¡jamás!

Había perdonado muchas infidelidades, eso no significaba que no deseaba matar y comer del muerto, porque es que la ira de la burla, es como llama encendida en el vientre, y el corazón y la mente jamás se ponen de acuerdo para nada bueno, después de tanto abuso, pero ahora, estaba a merced de un tipo, que hasta el momento no la había golpeado, pero sí la trataba peor que una esposa engañada, era una esclava suya, y no sabía hacia donde correr, ni a quién pedir ayuda.

La  mata de fique era inmensa, pero no se veía ningún horizonte, sólo que tenía una espiga enorme y arriba todas sus semillas y flores, esperando un sacudón para que caigan todas encima de alguien.

Eran hojas grandísimas, nadie había tocado esa planta, las primeras hojas estaban secas, pero las nuevas siempre verdes, con sus espinas como uñas de gato esperando quién las arrancara, para entregar toda la bondad guardada dentro de ellas.

-¡Pero aquí no se ve nada, puro monte!, ¿para qué me trajo hasta aquí? /balbuceaba la pobre Inocencia…

-Sin pronunciar palabra, la agarró fuerte de sus manos y la amarró en la mata de fique, luego, congestionado de la rabia le dice: ¿¡para dónde es que se va a ir la condenada!? Y sacando la rula, le descargó el primer plan de machete en las nalgas…

-¡Qué no vuelva a escuchar que me abandona!, ¡qué esto le sirva de escarmiento!, /gritaba mientras le descargó el segundo, y la pobre Inocencia gritaba asustada, ¡¡ayúdenmeeeee!!, pero ni siquiera su eco se escuchaba.

Una vez golpeada, sacó la fusta, le bajó los calzones y le dejó las nalgas al rojo vivo… parecía berenjena madura cada nalga, no tenía ganas de llorar, una extraña fiereza se estaba gestando en su interior.

En silencio soltó a Inocencia y le espetó: ¡¿quedó clarooooo!?, ¡de mi casa se va sobre mi cadáver!, ¡malparida desagradecida!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, agosto 18/15


INOCENCIA SE NOS VA 2 [41]

INOCENCIA SE NOS VA 2 [41]


2.1 POR VIHUELERA Y UBACHONA

Un ajustarse el amargo en la boca, de esto ya tenía mucho conocimiento Inocencia, no quería pensar en nada, ni tiempo quedaba para eso, se había dado cuenta que había cambiado el cielo por el infierno, y en esto ya llevaba 3 meses viviendo con ese tipo extraño, que sólo deseaba un plato bien servido, y ahora, después de ver la casa tan bonita y bien arreglada, se había vuelto más exigente, ya quería era él disponer de las cosas y regañar, se había convertido simplemente en una criada sin derechos, eso era antes, pero al menos no tenía que soportar tanto, en un rincón, cuando el tipo se iba a su labranza y salía en la mula o el caballo negro para regresar pasada la tarde como un fresco, ¡eso sí!, traía buen fiambre para cocinar, hasta contento se le veía por la adquisición, y con el tipo de la finca de su amiga, lo había escuchado hablar bien escondida detrás de la reja.

-¡Y qué Jacinto!, ¡cómo le ha salido la muchacha!

- Oiga, pues hasta ha salido buena para el oficio, eso mantiene la casa muy bonita y ordenada, ¡mejor creo que ni mandándola a fabricar!, pero se queja mucho la verrionda, de que me duele esto y aquello, ¡y hasta se me está volviendo respondona!, ¡la toy dejando!, ¡no sabe ella la sorpresita que le tengo preparada si se me pone retrechera!, ¡eso siempre me ha funcionado!
-¡No vaya a ser marrano con la doña!, ¡mire que es de buena familia y hasta dejó a sus hijas por venirse a vivir con usted!, ¡en después no se vuelve a conseguir otra igual!

-Otra igual no, ¡pero mejor sí!, ¡por ahora me sirve ahí para el oficio y pa descargar ésta arrechera que me asiste!

Doña Clemencia se tapaba la boca, no podía soportar esto, ¡Dios mío!, ¿qué hacía?, no se había comunicado con sus hijas ni familia, y todos  pensaban que era la mujer más feliz del mundo, fue a la cocina a llorar y preparar el almuerzo, al menos era comida para dos, tenía mucho miedo que tuviera una cantidad de obreros, pero esos tenían un sitio aparte, y tenían prohibido pasearse por su casa, no podía atender ni servir a nadie, esto se lo agradecía, pero lo que no sabía era que era un hombre posesivo y celoso, y que bajo la manga, tenía algo más que ese  ánimo a macho acostumbrado a tener mujer, pero como esclava.

Ese día no aguantó más y subió hasta la finca vecina a pedir el favor a su amiga para llamar a sus hijas, no les contó nada, sólo que estaba muy bien, y que dentro de pocos días iría a visitarlas.

Una vez colgó el teléfono no pudo contener el llanto, en medio de la inquietud de sus vecinos.

-¿Qué le sucede comadre?, ¿ese tipo le ha puesto la mano encima?, ¡cuénteme comadrita!, se lo presenté porque sabía que estaba soltero, pero de él no sabía nada más, nunca podemos entrar a su parcela, de aquí para allá sólo comentarios que llegan de la gente, de que la que entra no sale nunca más, pero eso solo son comentarios, nada que alguien corrobore, es que mi vecino es muy posesivo con sus mujeres, por eso no se ha casado con ninguna, las tiene de friega no más, y luego cambia por otra, y así se la ha pasado toda la vida.

-¿Eso fue lo que me presentaron para mí?, ¡nunca creí esto de una amiga!, me siento muy triste, no sé qué voy a hacer ahora, hasta miedo siento de correr de ahí, tiene que ayudarme, porque me regreso de nuevo con mi familia, pero debo hacerlo cuando él no esté por ahí.

El ruido de una mula bajando por entre las rocas la previno, y corriendo, llegó a su casa que no estaba demasiado lejos de la de sus vecinos, y se acomodó en la mecedora, con el corazón latiendo aprisa, estaba un poco vieja para éstas carreras.

¿Qué haría?, daba pena otra vez llegar a casa, acostumbrada a que todo era crítica, imaginaba las sonrisas socarronas de sus hermanos que poco la apreciaban, y de una que otra persona que por delante era buena amiga, pero apenas volteaba la espalda, sacaban la lengua filosa: ¡bien hecho!, acostumbrada a desperdiciar, por eso cada quien debe buscar lo suyo, ¡ahora que lleve del bulto para que aprenda!, eso sí, ordenada es lo único que es, pero del resto, se merece la suerte que ha tenido, a ese pobre marido viejo lo tenía era como pendejo, eso decía él pues, no es que nos conste, pero el pobre se la pasaba trabajando para que otro Enrique, así decía mi madre, cuando en broma nombraba a Kico, ¿qué tan rico fue Kico?, ¡mucho más que todos!, porque al menos nos quería, y no permitía que nadie hablara mal de sus hermanas, si acaso una que otra palabrota, pero de corazón era noble, siempre perdonando desaires y aguantando burlas de uno y de otros, en cambio casi todos los otros guardaban un as bajo la manga, que demostraba que no eran tan buenos hermanos, como todo el mundo imaginaba, en cambio con ellas el asunto era a otro precio, buscaría la manera de comunicarse con sus hermanas, para ver de qué manera salía de tan verraco lío en el que solita y sin acatar consejo, se había metido.

El ruido de la mula la puso temblorosa, ahí estaba el hombre, un poco rústico, ¿un poco?, era un rústico de las patas a la cabeza, quien sin mirarla entró afanado por algo, y asimismo trepó en la bestia, y se perdió en la espesura del bosque.

¡Dios mío!, ¿qué hago?, ¡dame un poquito de luz para saber qué camino coger porque tengo mucho miedo!, sus vecinos la habían inquietado mucho con aquello de que la que entra a esa casa no sale, ¿sería para asustarla?, ya estaba desconfiando de todo el mundo.

Inició sus labores, ya no le agradaba el canto de los pájaros, ni siquiera el olor de las flores, una pequeña espina estaba ahora abriendo una gran brecha en su ya perturbado corazón.

Esperaría su regreso, pero estaba craneando la manera de escapar del lío en que sola y por bihuelera y ubachona como le diría la madre si estuviera viva.  Ahora mismo necesitaba a esa madre ahí, para correr y apretarse en su abultado pecho.

El mirlo gris se posó en el árbol cerca de su casa para iniciar su maravilloso canto.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, agosto 18/15

lunes, 17 de agosto de 2015

INOCENCIA SE NOS VA [42]

Lunes, 17 de agosto de 2015

INOCENCIA SE NOS VA [42]

Cansada de su arrejunte que no la llevaba a ningún Pereira, y aburrida de esos pies de atleta colgados en hamaca de rayitas en todo el centro de su sala de recibo, al fin, por obra y gracia de una amiga que la invitó a su finca a “conocer” de paso al tipo dueño de otra gran finca ganadera, un hombre muy prestante y además de porte de hombre arrecho y bien plantado, macho de pelo en pecho y pelo ensortijado, que ya pintaba canas en su mostaño, y sus patillas alargadas, pensó: ¡ni mierda!, ¡me daré otra oportunidad!, éste viejo mañoso no resultó sino brinca cercas, y de tanto montar cuanta mula encontró, dejó a Perendengue y Brinca y Pea llena de muchachitos con su marca de patetorguga regada por doquier, creo que ya me mamé de tanto cacho ventiao, a éste viejo le voy a demostrar que todavía levanto, y entre sí, sonreía con aquélla sonrisa maléfica que nos adorna el rostro a las despechadas…

Se emperifilló lo mejor que pudo, es decir se puso bonita,  parecía una princesa, fue a donde la señora que arregla las uñas de las patas, y le dejaron esas pezuñas que daba gusto, lo mismo sus manos, parecía mujer de la pura jay, pues acostumbrada a darse sus pequeños gustos, muy bien vestida, elegante y con zapatillas, enrumbó ensombrerada como si fuera para un crucero, a visitar a su amiga, y de paso, conocer a semejante “divo”  que la suerte había puesto en su camino, obra del Creador, pensaba Inocencia mientras su corazón latía a mil por segundo, y con un tic nervioso pasaba y pasaba saliva y se mordía los labios, simulando tragar una carcajada de felicidad.

Horas esperando, ¡hasta que al fin!

Los cascos de la mula sonaban por entre el camino empedrado, ya había visto de lejos la ganadería, y semejante casona llena de flores y pájaros, y eso le bailaban los ojos, ya se veía en una mecedora esperando a la servidumbre y ella dando órdenes: ¡les advierto!, ¡soy una mujer muy estricta con el orden y el aseo!, ¡recojan esto, arrumen aquello!, ¡¿quién carajos dejó ésta vaina aquí?!, y en éstas, el tipo estaba ahí frente a sus ojos…

-¡Buenas tardes la doña!

-¡Buenaasssss! –respondió con una sonrisa coqueta, y la jeta  colorada como recién llegada de matepiña…

- ¡Mi nombre es Jacinto Rascapulgas!, ¡no me diga el suyo que ya me lo sé!, su nombre Inocencia, ¿que tienen tus ojos negros?, ¿quién bajaría para mí ésta bonita estrella?

Mientras hablaba, sacó la fusta y la ajustó en las nalgas de la mula, -¡es que señorita, así toca andarles a éstas hifueputas pa que sirvan pa algo!, ¡sino hacen lo que les viene en gana y caminan por donde se antojen!

-¡jajajaja!, reía Inocencia sin poder disimular su nerviosismo, y con voz dulce y pequeñita le dice: ¡pero no la castigue!, ¡pobre animalito!

Salió la amiga y los muchachitos, ¡es él señora Inocencia!, el tipo que le dije que estaba soltero y que estaba buscando esposa.

-¡Shhh!, no grite muchachito, ¡qué pena!

Y después de las presentaciones a los tiestazos, vino una buena totumada de guarapo y terminaron en la mesa todos, devorando gallina criolla y sancocho típico de los santanderes.

Había notado que el tipo no era tan ordinario para comer, hacía lo mismo que el viejo, chupar dedo, eructar  de lado y carraspear de vez en cuando, pero viéndolo bien, hasta bien vestido sí estaba, y su perfume para nada era indeseable, lo cierto fue que la vaina fue diciendo y haciendo, y antes que cantara el gallo, ya la estaba pidiendo como mujer.

¡Eso sí le digo con franqueza!, desde que la vi,quedé prendado de su hermosura, usted es la mujer que estaba necesitando en mi casa, ¡dígame de una vez si acepta!, ¡porque si no acepta!, ¡pues me buscaré a otra más joven,  aquí no ha pasado nada!

-¡Acepto!, ¡acepto!, casi gritó Inocencia, ¡me siento tan feliz por ser la escogida!, ¡me lo gané!, ¡me lo gané!

-¡jajajajaja! –risotada general

Días después, Doña Inocencia sin dar explicación salió con su maleta nueva y sus pocas pertenencias, advirtiendo de paso a sus hijas que cuidaran la casa, que eso era de ellas y que su vida se había arreglado al fin.

-¡Pero mami!, ¿así tan rápido?, ¿ni siquiera un mes y ya se va a vivir con ese tipo?
- ¡No me digan nada que ya estoy vieja y curtida para saber lo que es la vida!, vendré seguido a visitarlas ¿cuál es el afán?, mejor recen para que me vaya bien, ¡porque lo que sí puedo asegurarles, es que ese tipo está podrido en plata!, ¡buena vida es lo que merezco, no joda toda la vida aguantando miserias, ¿para ahora echarme para atrás?, ¡ni por el putas!

-¡Bueno mami, usted sabrá, ahí está carretera!

- Eso mismo nos decía el abuelo y casi siempre nos regresábamos asustadas, pero ésta vez no sucederá, ¡imposible!, sería muy de remalas para que otra vez me fuera mal, no mijitas, ¡olvidense!

Y dando un abrazo y un beso en medio de llanto y deseos de buena suerte, salió Inocencia sin mirar atrás… su nueva vida era como un sol naciendo en medio de la espesura del más bonito bosque, con una casa inmensa llena de flores y promesas.

La gran casona tenía pocos muebles, los justos nada más, adornos de  totumos colgados, marusas y cabuyas en un rincón y en otro, y la alcoba principal era una cama grande, demasiado grande para dos personas, parecía una piscina olímpica pero donde se habían revolcado todos los cerdos, de entrada una bofetada en el rostro, y un beso bien ajustado en la jeta con sabor a guarapo agrio, y unas manos que sobaban fuerte, casi como si castigaran la piel, y que sin decir palabra, la llevó al cuarto, se la echó sin decir mentira como 5 veces seguidas, y siguió pidiendo más…

Al otro día, Inocencia no podía creer lo que había sucedido, estaba entre un sueño y una pesadilla de la que no deseaba despertar, pero despertó en medio de la algarabía de animales y chillidos fuertes, ¿quién más habitaba ésta casona?, no había otro ser humano ahí, estaba sola en esa gran casa, sin saber qué hacer, ni por dónde iniciar la tarea.

Era mediodía, había organizado un poco, estaba rendida de cansancio, ¡Dios mío!, ¿y ahora qué hago?, no puedo regresar a casa, sería la burla de todos, ¡éste hifueputa viejo es lo peor que he podido conocer!, sus patas no huelen, ¡hieden!, en cambio las de patetortuga eran cuidadas, y hasta bonitas se veían asomadas en medio de la sala…

¿Cuándo ese viejo se echó más de uno y siguió pidiendo más?, ¡nunca!, pero a éstas alturas, 50 años pesan, no soporto más sexo, eso ya no funciona para mí, estaba deseando era una compañía, un tipo que me amara y consintiera, y me encuentro con semejante porquería, ¡no sé qué voy a hacer!, ésta noche será una pesadilla, mis huesitos no resistirán tanta friega, y en éstas se quedó dormida en la mecedora, donde soñó cierto día, estar recostada mandando a sus empleados…

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, agosto 17/15


sábado, 15 de agosto de 2015

A MI VIEJO [43]

A mi viejo [43]

Me ha quedado el recuerdo de una corona blanca, roble fue, pero más que eso, flor y perfume, aroma y calidez, ¡quién lo diría!, así era papá, bien hubiese sido mujer, pero él siempre decía que los hombres nacieron para ser fuertes, y temblaba como una hoja seca ante la brisa, cuando nos vimos abrazados en el mismo espejo de nuestra mirada.

Ese algo de ruido, ese no sé qué, de angustia, un algo que nos deja con el corazón entre los dedos, y la vida como espuma entre las olas, falda de lino, sol con sus amarillos, y el raro temblor en mi boca al pensar en ti.


Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, mayo 13/15

FLAUTA [44]

FLAUTA [44]

Suena una flauta ahora
parece voz de niño
madre ausente hallada
amor que regresa.

Suena un mirlo,
¿eres princesa mía?
¿en qué gajo moreno?
¿en qué árbol dorado?

Pasa una barca
parece el mar tranquilo
como un padre
que nos abrasa
con su espuma blanca.

Y surca un ave el cielo
perseguida parece
por bandada en cruz,
y luego, cual si jugara,
otro sirve de guía
y descansa sus alas.

Sigue sonando;
¿serás tú en mi corazón?

Joya mía de dulce color
nieve y rocío
moviéndose en mis aguas,
pasando por mi cristal
cual esmeralda
verde aceituna,
por  el bosquecillo gris
donde habita mi alma,
escondida,
serena…

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, mayo 13/15