martes, 28 de julio de 2015

DE CALORES [14]

DE CALORES [14]

Estaba la doncella, como la plebeya del  papero, piernas abiertas así  al descuido, y los calzones lanzados fuera de la carbonada, mostrando hasta la flor donde anidan los malos pensamientos,  y mirando  sin ver, esperando a su divo reparara en tal hermosura, pero divo venía cojeando, amaneció derrengado de tanto joderle a la vida un ruego de bufidos y agotamiento, para no llegar ni siquiera a Pereira, y reparando todo muy bien dice: ¡oiga mija!, ¿no ha visto por ahí mis espejuelos?

Había sido una noche redonda,  durmió como lirón después de una extensa faena, pero quiso impresionar con sus disparos, y ni a las rodillas ajustó la fusta, pensé: ¡cabrón, se le para es con las putas!, y por más pose que intentó, la arepa se volteó y hasta el mentado astro, espero.

¡Tan bonito que se ve cuando se agacha a recoger el jabón!, ¡jajajajajaja!, en medio de todo, imagino a don Estanislao haciéndolo con la de turno, que espero le dure ésta vez, y me doy cuenta que tanto ruido no era menester, y que después de versen al desnudo, ¡nada que ver!

¡Recoged el jabón que lo he perdido, amada doncella!, y la doncella con las greñas revueltas  y el nido adolorido, le replica: ¡cójalo usted!, ¿me cree marica?, y ahí empezaron las mentiras a convertirse en verdades, cuando el viejo se agacha y por ahí mismo,  en el sol donde se metieron todas sus historias, mostró que un nido de oropéndula no se fabrica en cualquier árbol de la esquina.

¡Bonito así!, ¡dice la vieja Idiosincrasia!, y el viejo con cara de perversidad mostrando lo que tanto lo engrandece, le asevera: ¡cómo!, ¿así?, una carcajada escucho en oscuro aposento y las carnes se sudan de contento, mientras sigo con ahínco, tan mentado cuento.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 28/15


¿Y DEL CACTUS? [15]

¿Y DEL CACTUS? [15]

¿Qué sería del cardón sin sus espinas?
¿Recordamos un río que se vendió?
¿Tiene memoria el hombre de sus iniquidades?

Sobre un lecho de rocas pasaba un río
con tan mala suerte que un hombre lo vio,
un colchón de negras espinas
a un bosque de negro pintó.

De hambre murieron, ¿o siguen muriendo?
¡Es de sed!, desde que el río se desvió,
pero se hacen tontos para callarlo
sin importar que al cardo ni le importó.

En un desierto de espinos y arenas
la sal de la vida es un pobre sudario,
como para el cardón guajiro sus flores,
y para mi madre, su escapulario.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 28/15

GRACIAS [16]


GRACIAS [16]

Gracias por ser en mi vida, 
algo más que un espino,
pues eres perfume 
que ronda mi cabellera
tan raída y pálida, 
como el viento que se ajusta a mi boca
para suspirar un verso de amor.

Gracias por tocarme ser en ti,
al beso moreno que cantó sus ansias en tus pechos
y comulgó desde el amanecer,
trinos de toche y sinfonías de mirlo.

Porque fuiste tú y no otra
quien llenó de versos mi existencia,
poema mío al despertar
aromada princesa que pasas por mi hogar
siendo una rosa entre los aires gitanos
de éste nuevo día.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 28/15

PIES DESCALZOS [17]

PIES DESCALZOS [17]

Pálidos como niñas en el bosque
 tornan los lirios en la mañana,
un frío calando árboles
arropa de cantos el mío
y bendice la lluvia
un campo gris de arenas secas
por donde navegamos esperanzas.

Tocó sus aguas,
rara sensación torna en lágrimas
la sonrisa de la niña.

Y se fue, un camino cercado de tristezas,
gritos que escuchó el mar
para juntarle donde se crecen flores amarillas,
y toda la suciedad anega en verde espeso
su divino madrigal de vida.

¿Diste el beso pendiente?
¿Le dijiste ayer lo tanto que la amabas?
¡No hubo tiempo ni para tocar su rostro!...

En traje blanco navegó asustada
la niña de los pies descalzos y rostro de lis
entre sus enfurecidas aguas,
ya que a jugar no fue invitada.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 28/15

¿Y DEL VAGABUNDO QUÉ? [18]

¿Y DEL VAGABUNDO QUÉ? [18]

Una vez a pie,
otra frenando,
iba el viejo vagabundo
otro amor buscando.

Todo bulto era de agrado
escoba con patas,
un estorbo atrás y otro de lado,
y una que otra uña garabata.

Por fuera mucho alazán
pero su fuerza no alcanza
ni para disparar su fusil
a las rodillas,
del tan mentado pelafustán.

Una y otra caen de rodillas:
¡Mío, mío!, a más de una escuché gritar,
pero mío es una canción vieja
de traiciones y abandonos
que nadie podrá negar.

¿Qué sería del valiente?
Aquí rechinan mis dientes:
¿en dónde estará el matador?

Se fue muy lejos
con su mal ambiente
a regar con su mies ardiente
otra mueca simulada de alegría,
en otro estero de mentiras
para reír de mí,
los dos...

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 28/15

lunes, 27 de julio de 2015

CANTAR DE ROCA [19]

Lunes, 27 de julio de 2015

CANTAR DE ROCA [19]

“Estaba una roca tan herida,
que decidió respirar un poco de mar por ellas”.

Nació en medio de tal riqueza
que pronto se olvidó la pobreza,
caminó entre azogue de fuego
derritiendo el oro
en vasija de barro.

¿Puede tener más valor una joya
que las arenas que la guardaron?

Me olvido de mí y estoy en tu orilla,
mojo mis alas con tus lágrimas
que van y vienen entre las olas.

Se mueven mis dedos 
ante un impulso irreal,
y pasa el tiempo…

Mi velero pequeño
es un punto en el universo
 empujado por tus besos
aromados a pez,
perfumados con todos los aromas
de tanto muerto que cae en tus aguas,
de tantas piernas y brazos
que bogan distancias
y sus cabezas buscan al fin,
un reposo, remanso de claridad,
vomitadas por el viejo mar.

Sigue cantando la roca
suspiros alargados
como asustando niños:
¡vienen las brujas y demonios!,
¿en dónde están acaso?

Y recuerdo sus dedos hurgando,
mis leños tiernos gimiendo
sin saber
que en mi honda pena,
cabían también
todas las miserias humanas.

Mi roca se ha juntado con el sol:
¡bendito mío!
mi amor por ti es inmenso,
eres en mi profundidad,
sal y aroma,
perfume de vida,
alivio a todo recuerdo malsano
y sonrisa de niña vieja
sin el abrigo de sus brazos morenos,
sin la sombra de su cobija abrigada
ni sus pechos blancos
destilando miel
dentro de mi boca triste.

¡Llorona!, ¡vieja ridícula y llorona!
¡Ni te creas que cargaré con tus penas!
En mi mochila sólo hay espacio para la pasión,
pero también era una mentira,
una vez probado el vino
destapado el vinagre,
su sabor se queda en la boca
sin testigos.

¡Que respire la roca por sus heridas!

¡Bendito mío
Inmenso y azul
que con una danza me tocas,
y con un beso me animas!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 27/15



MATARÍA UNA MOSCA [20]

MATARÍA  UNA MOSCA [20]

También mataría a una mosca que cayó en mi sopa, todos tenemos algo muy oscuro dentro de nosotros, sino que pocos lo admitimos. Me gustó ese carácter endemoniado de una mujer que se parece a una que desconozco ahora, todos somos perversos cuando tenemos ira y de ahí el auto control, que a veces se torna incontrolable.

Bonito, me encanta cuando alguien y más una mujer, dice lo que siente y además tiene agallas para ser libre, sin miedo a que el mundo la señale...

También mataría por un céntimo, ante todo a las moscas que caen en mi leche, eso dijo una doña atacada de risa y luego de cólera.

Me agrada la gente que sabe reír con ganas hasta orinar sus calzones,  sin temer a contagiar a otros de sus perversidades, hasta diría que es bendición mentir a un amigo, para conseguir un propósito, ¡ésto sí que ha de ser salvación para el alma!

Gracias a Dios tenemos gente de gentes a nuestro alrededor, un poco deprimida por ciertas actitudes, de quienes debieran tratarnos con algo de dulzura, pero a las patadas también aprendemos, ¡que no sea mi alma la que se queme en el infierno!, pero sí el alma del hipócrita que miente y miente, hasta creer su propia basura.

¿Qué tengo hoy?, un hambre vieja que no he saciado, ¿saben lo que es tener hambre?, pasar noches en desvelo con los ojos que arden porque no aparece el sueño, dormir cerca de quien nos detesta, pasar y pasar hojas de un libro que jamás se lee, para simular esa extraña sensación de tranquilidad, con una roca aprisionada en la garganta y una espada hiriendo el pecho.

Soy una ignorante de muchas cosas, es una pena que no estudié, se fue la vida laborando de día y de noche más aprendo de lo que ellos me regalan, pero una sensación de vacío en el estómago me hace despertar de mis desvelos, ¿creías que estaba dormida?, ¿por qué razón no acaricias mis tetas?, tienen tantas heridas que te asquean, pero si la memoria no me falla, cuando tenía mis toronjas gorditas y apretadas, mirabas las ahuyamas de silicona que se exhibían en vitrinas, ¡más tocadas y manoseadas que las vírgenes de ahora!, sucede que es putero profesional y ese vicio no se quita jamás, ¡qué sea feliz!, más me ahorro para ese amor que espera por mí.

¡Tormento!, ¡tormento a ratos!, vida de miseria y lisonjas, pero feliz, porque ahora tengo un poco de libertad para gritar en una lápida que se extiende kilómetros de distancia, en una pared que no lastima mis dedos, pero que de a poco me roba la energía, ¡con razón a veces me siento débil!, es que acariciar teclas y sentir la tibieza que entra a través de ellas, a veces me recuerda que estoy viva, y que vivir es lo mejor que me ha pasado, a pesar de todas las pequeñas inquietudes y zozobras de cada día.

Recordé que un par de vagabundos están de luna de miel, asomó entonces más pálida que la mala suerte, arañada y con los ojos hundidos de tanto alboroto, que para decir verdad, de uno no pasó, el resto fue puro ruido y borrachera, ¡guácala!, ¡hasta aquí me llega el hedor de la mentira!,  parecía que el trasnocho y tanta perversión habían armado un nido de zapatero en su alfombra mágica, pero despertar no fue tan bueno, ese olor a caño fue su peor pesadilla, amor y bendición, ¡pero que se corte las uñas de las patas!, que mate los hongos!, sino, se nos va la vida en lamentaciones...

De mi libro: ¿Ajá y qué con las pezuñas?, así de a trozos, compongo un pedacito de poema para éstos momentos, ¿hora de almorzar?, ¡así como son de groseros, qué se preparen sus guisos!, así como van a donde las putas en vez de acariciar a sus mujeres, ¡qué laven sus calzoncillos hediondos a queso azul!, así como ríen ahora o lloran de ira, qué confiesen sus pecados, ¡mundo de hipócritas y falsos!, me quedo contigo compadre, es verdad, mis compadres siempre han sido iguales, jamás han cambiado conmigo, ni porque hubo brisas fuertes que nos dejaron desnudos, ¡es que en la pobreza siempre nos vemos como hermanos!, ¡pero ay de que nos volvamos ricos!, nos verán como sutes, piensan que mendigamos de sus manjares.

 ¡Qué pronto se olvida que tomamos sangre de res, que fue en la mesa de los pobres donde nos vimos tan iguales, que por única vez en la vida, fuimos en verdad hermanos y conocimos lo que es ser felices!.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 27/15