martes, 28 de julio de 2015

DE CALORES [16]

DE CALORES [16]

Estaba la doncella, como la plebeya del  papero, piernas abiertas así  al descuido, y los calzones lanzados fuera de la carbonada, mostrando hasta la flor donde anidan los malos pensamientos,  y mirando  sin ver, esperando a su divo reparara en tal hermosura, pero divo venía cojeando, amaneció derrengado de tanto joderle a la vida un ruego de bufidos y agotamiento, para no llegar ni siquiera a Pereira, y reparando todo muy bien dice: ¡Oiga mija!, ¿no ha visto por ahí mis espejuelos?
Había sido una noche redonda,  durmió como lirón después de una extensa faena, pero quiso impresionar con sus disparos, y ni a las rodillas ajustó la fusta, pensé: ¡cabrón!, ¡se le para es con las putas!, y por más pose que intentó, la arepa se volteó y hasta el mentado astro, espero.
¡Tan bonito que se ve cuando se agacha a recoger el jabón!, ¡jajajajajaja!, en medio de todo, imagino a don Estanislao haciéndolo con la de turno, que espero le dure ésta vez, y me doy cuenta que tanto ruido no era menester, y que después de versen al desnudo, ¡nada que ver!
¡Recoged el jabón que lo he perdido, amada doncella!, y la doncella con las greñas revueltas  y el nido adolorido, le replica: ¡cójalo usted!, ¿me cree marica?, y ahí empezaron las mentiras a convertirse en verdades, cuando el viejo se agacha y por ahí mismo,  en el sol donde se metieron todas sus historias, mostró que un nido de oropéndula no se fabrica en cualquier árbol de la esquina.
¡Bonito así!, ¡dice la vieja Idiosincrasia!, y el viejo con cara de perversidad mostrando lo que tanto lo engrandece, le asevera: ¡cómo!, ¿así?, una carcajada escucho en oscuro aposento y las carnes se sudan de contento, mientras sigo con ahínco, tan mentado cuento.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 28/15


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