lunes, 27 de julio de 2015

MATARÍA UNA MOSCA [22]

MATARÍA  UNA MOSCA [22]

También mataría una mosca que cayó en mi sopa, todos tenemos algo muy oscuro dentro de nosotros, sino que pocos lo admitimos, me gustó ese carácter endemoniado de una mujer que se parece a una que desconozco ahora, todos somos perversos cuando tenemos ira, y de ahí el auto control, que a veces se torna incontrolable.

Bonito, me encanta cuando alguien y más una mujer, dice lo que siente, y además tiene agallas para ser libre sin miedo a que el mundo la señale...

También mataría por un céntimo, ante todo a las moscas que caen en mi leche, eso dijo doña Filigrasia atacada de risa.

Me agrada la gente que sabe reír con ganas, hasta orinar sus calzones,  sin temer a contagiar a otros de sus perversidades, hasta diría que es bendición mentir a un amigo, para conseguir un propósito, ¡esto sí que ha de ser salvación para el alma!

Gracias a Dios tenemos gente de gente a nuestro alrededor, un poco deprimida por ciertas actitudes, de quienes debieran tratarnos con algo de dulzura, pero a las patadas también aprendemos, ¡que no sea mi alma la que se queme en el infierno!, pero sí el alma del hipócrita que miente y miente, hasta creer su propia basura.

¿Qué tengo hoy?, un hambre vieja que no he saciado, ¿saben lo que es tener hambre?, pasar noches en desvelo con los ojos que arden, porque no aparece el sueño, dormir cerca de quien nos detesta, pasar y pasar hojas de un libro que jamás se lee, para simular esa extraña sensación de tranquilidad, con una roca aprisionada en la garganta, y una espada hiriendo el pecho.

Soy una ignorante de muchas cosas, es una pena que no estudié, se fue la vida laborando de día y de noche, aprendo de lo que el día y la noche me regala, pero una sensación de vacío en el estómago me hace despertar de mis desvelos, ¿creías que estaba dormida?, ¿por qué razón no acaricias mis tetas?, tienen tantas heridas que te asquean, pero si la memoria no me falla, cuando tenía mis toronjas gorditas y apretadas, mirabas las ahuyamas de silicona que se exhibían en vitrinas, ¡más tocadas y manoseadas que las vírgenes de ahora!, sucede que es putero profesional, y ese vicio no se quita jamás, ¡qué sea feliz!, más me ahorro para ese amor que espera por mí.

¡Tormento!, ¡tormento a ratos!, vida de miseria y lisonjas, ¡pero feliz, porque ahora tengo un poco de libertad para gritar en una lápida, que se extiende kilómetros de distancia, en una pared que no lastima mis dedos, pero que de a poco me roba la energía, ¡con razón a veces me siento débil!, es que acariciar teclas y sentir la tibieza que entra a través de ellas, a veces me recuerda que estoy viva, y que vivir es lo mejor que me ha pasado, a pesar de todas las pequeñas inquietudes y zozobras de cada día.

Recordé que un par de vagabundos están de luna de miel, asomó entonces más pálida que la mala suerte, arañada y con los ojos hundidos, de tanto alboroto que para decir verdad, de uno no pasó, el resto fue puro ruido y borrachera, ¡guácala!, ¡hasta aquí me llega el hedor de la mentira!,  parecía que el trasnocho y tanta perversión había armado un nido de zapatero en su alfombra mágica, pero despertar no fue tan bueno, ese olor a caño fue su peor pesadilla, amor y bendición, ¡pero que se corte las uñas de las patas!, que mate los hongos!, sino, se nos va la vida en lamentaciones...

De mi libro: ¿Ajá y qué con las pezuñas?, así de a trozos, compongo un pedacito de poema para éstos momentos, ¿hora de almorzar?, ¡así como son de groseros, qué se preparen sus guisos!, así como van a donde las putas en vez de acariciar a sus mujeres, ¡qué laven sus calzoncillos hediondos a queso azul!, así como ríen ahora o lloran de ira, qué confiesen sus pecados, ¡mundo de hipócritas y falsos!, me quedo contigo compadre, es verdad, mis compadres siempre han sido iguales, jamás han cambiado conmigo, ni porque hubo brisas fuertes que nos dejaron desnudos, ¡es que en la pobreza siempre nos vemos como hermanos!, ¡pero ay de que nos volvamos ricos!, nos verán como sutes, piensan que mendigamos de sus manjares, ¡qué pronto se olvida que tomamos sangre de res!, ¡qué  fue en la mesa de los pobres donde nos vimos tan iguales, que por única vez  en la vida, fuimos en verdad hermanos, y conocimos lo que es ser felices.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 27/15

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