miércoles, 17 de diciembre de 2014

PÁJAROS AZULES

PÁJAROS AZULES


Era un momento azul

¿Por qué azul?
Creo que algo tiene ese color
Siempre veo mis sueños así
Como un velo mágico,
Humo tal vez de una chimenea
Que al lidiar con el sol 
Inventa un te quiero.


Entonces, un pájaro se vuelve azul

Corre por cualquier calle, 
¿Tendrá hambre?
¿Hemos preguntado a los pájaros 
Qué noche han pasado?



Siempre los veo por ahí
Algunos se vencen bajo las ruedas 
Otros se quedan en un rincón olvidados
Esperando que esa palidez los tome,
Con los ojos abiertos esperando un grano.


Pero nada importa mientras sean azules

Como los labios de los niños olvidados
Las bocas de los inocentes que no pueden gritar
La sombra de un azul lago que no puede llegar al mar.

Pájaros por doquier buscando algo

Hasta el dorado prisionero en mi ventana
El que pasa con su copete ensoñador,
El que tiene el rabo largo
¿Y no les parece raro que un día como hoy
Se vuelva azul un gorrión?


Mi amor se volvió azul

Mis lágrimas de igual color
La piel, ¡qué raro!, es azul turquí
Tus ojos negros ayer
¡Qué bonito azul tienen hoy!

Dije que oraría en azul

Porque mi día está así
Tengo plumas que me abrigan
Un son de lluvia pegado de mi techo,
Un árbol con azules pensamientos.



¡Qué bello mi día!
¡Porque azul es el amor
Y éste nuevo día por vivir!


Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, diciembre 17/14




INQUIETUDES

INQUIETUDES

La inquietud que habita mi árbol se ha ido, como las plumas de una garza que vi pasar... ella se ha llevado mi desconsuelo, y una ponzoña estuvo a punto de herir, ¿quién puede tocar lo invisible?, más lo he tocado y sentido, es como una pequeña flor en el viento, así, como el amor que siento por ti, tan solo palpable al oído, pero sentido entre campanas que se agitan en mi corazón cuando te veo.
Algo sucederá hoy... no estemos inquietos, no corramos tanto, ¿para qué?, el caballo sabe cuándo poner freno a sus patas, la mula entiende del peligro en la cuesta, ¿quién le alertará entre la brisa?, ella trae sabiduría, ese aroma invisible que nos hace brillar los ojos, y nos impulsa a correr o a frenar de súbito.
Pero súbito es un beso bajo la lluvia, es el cerrar de alas de una mariposa, de pronto tal vez comprendas que la vida parpadea, y la muerte resucita una higuera, o que la muerte es tan solo vida en un estado puro de la conciencia, que nos despoja de aquello que nos duele, para ser parte del viento, ¡esoooo!, me integro con éste ahora tan hermoso, aquí hay ruido en mi árbol, como una orquesta fundada en el silencio, las hojas caen y caen con igual destino, ¿o no?, ¿quién sabe si el destino es diferente para cada ser?, ahora soy una marioneta de papel, un poquito de letras locas, mañana puedo ser una perdiz abriendo sus alas como un cóndor, después, ¿qué seré después de todo esto?... lluvia, quiero ser lluvia pegada de tu lago profundo, para que nos bañemos en las mismas aguas los dos, ¿te gustaría ser agua conmigo?, o quisiera ser boca en tu boca, lengua en tu lengua, bendición en tu misma bendición, cuando nos convirtamos en cascada, en medio de tus gotas saladas y nos volvamos un inmenso mar... ¡¡ahhhh!!, ¡qué dulce sueño eres para mí, amor de todas y ninguna, ¿cuándo me llamarás por mi nombre?
¿En qué momento de tus letras pronunciarás:¿son para ti?... mientras tanto, me permito ser lo que la brisa decida, y ahora, vuelo hacia tu ventana, ¡asómate a ella, que una luciérnaga está brillando cerca de tus ojos!... Sheila y yo estamos locas de amor .

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 17/14




MIEDO

MIEDO

Miedo, le tengo miedo al miedo, porque es el responsable de que no pueda volar, pero recuerdo que muchas veces me he topado de frente con él y miedo huye antes de causar algún mal.
Miedo es una espina de pez metida en el pecho, entre ceja y ceja, que desea abrir el cerebro en dos, y no me permite nadar en aguas mansas, porque miedo tiene el poder de acelerar el corazón para que parezca una campana que se agita en mi bosque interior.
¿Miedo?... corría ante las sombras que se mueven en mi hogar, pero me he dado cuenta que no me dañan, tan solo me acompañan en éste camino, deben estar solitarias, y saben que muchas veces también lo estoy, nos buscamos sin hallarnos, nos estrellamos sin lastimarnos.
Miedo desea un abrazo, es la única manera que él tiene para morir, tal vez un beso ardiente, para que se queme en el aura pacífica de un invento de amor en un gajo de almendro, o miedo necesita de tu mano para salir de éste escondido rincón... ¿quieres ser esa mano en medio de mis sombras?... pero miedo me dice que espere un poco más... que tal vez no es el momento, porque hay algo que no está bien, y providencia asoma, ¡es tan dulce ésta mujer!, se parece a mi madre cuando solía a casa llegar, sus ojos eran la luz que necesitaba mi vida, pero ahora su luz se fue a navegar...
Miedo recurre entonces a un pálpito... lo quiero ver... tiene azules y blancos en su traje, ¡tan dulce!, ¿por qué razón tiene rostro de mujer?... imagino que sus ojos son los de ella, que sus manos tienen su propia calidez, me aprieto en su pecho de luz, me escondo en ese nicho que guarda su niña, y al fin, miedo huyó, está asustado ¡jajajaja! me río de él, soy una tonta, siempre lo he sido, miedo se ha llevado mi espina con él, y ahora soy un bonito pez nadando en aguas tranquilas...en las aguas que guardas en la profundidad de tus ojos...

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 17/14




martes, 16 de diciembre de 2014

¿EN DÓNDE?

De mi lorita. 

¿EN DÓNDE?
¿En dónde estás?, 
Y buscando a Dios me perdí de sus besos, 
Que se congelaron 

En el océano de la indiferencia...


Eres un son colado entre la lluvia
Repitiendo te quiero, te quiero
Cuando caes sobre las hojas
Multiplicándote en el aroma del bosque.

¿En dónde?, y suspiro de tu aliento
Te miro entre las flores,
Eres el aroma que bendice
La luz que irradia el día
La oscuridad que penetra la noche.

Casi que me pierdo de ti
¿En qué andaba?
Mundo loco me enredaba
Vanas cosas me absorbían.

Y arriba del árbol movías sus ramas
Debajo de la roca regalabas vida,
En el envés de una hoja me sorprendías
Trinidad divina, siendo oruga, cárcel y alegría.

¿En dónde estás?
Y todos rieron de mí
Pero tú me consolabas,
Adobabas con sal mi mar profundo
Y con tus manos, mis lágrimas secabas.

Estuve acorralada y abriste la puerta
Como un ave prisionera cantaba,
Como un condenado sin delito 
Preso entre barrotes, me aliviabas.

Cuando se pateó mi vida
Y caminé senderos pedregosos,
Ladré a la luna por un pedazo de torta
Y unas manos me tocaron,
Un rostro sonriente alivió mis penas
Un cálido amor abrió mi apetito por vivir.

¿En dónde estás que no te descubro?
Y corro, cuando sé que me sostienes
Una roca a propósito puesta has quitado
Una venda en mis ojos había colocado
Pero gotas de lluvia diluyeron viejas sombras.

Nadie te inventó
Eres tú la magia de la vida,
Imprimes color a las rosas
Y a mi mente llenas de fantasías.

Me di cuenta que estás donde te busco
Entre las hojas secas que se elevan en una danza,
Te mezclas en miles de formas ante mis silencios
Mueves mis manos, y colocas a mi boca una sonrisa
Un hálito nos abraza moviendo mi corazón aprisa
Entre las penumbras que corren veloces
Y me abrigan en tu casa.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, diciembre 15/14

INQUIETUDES

INQUIETUDES

Anoche no podía dormir, una inquietud extraña, nos sucede a todos a veces, que presentimos algo que no sabemos qué es realmente, un miedo, soledad, tristeza, sensación de pérdida, como si la vida se esfumara, como si fuera una bocanada de humo ante nuestros ojos, así estaba anoche, sin poder dormir, de un momento a otro esa sensación, y entonces me levanté a tomar agua pero antes miré al cielo, es una costumbre, me encanta ver las estrellas, y me di cuenta también que estos días no había visto el cielo en las noches, había muchas estrellas, recordé que estaban completas, las mismas tres cabritas, las dos estrellas más luminosas y aquéllas que se esparcían como pequeñas ovejas alrededor de un pesebre imaginado en el cielo y que se hizo tan real, con ovejas de verdad y personas, que aún ahora creo que no lo soñé.
Apagué la luz y me di cuenta que entre más oscura la noche, más estrellas podía ver, y es así, no hay oscuridad realmente, el negro es un color maravilloso que nos permite ver un poco más allá a las luciérnagas que se pegan del cielo.
No me duele nada, no existe inquietud, se esfumó, se fue y no tengo un cigarro en mis manos, alguna vez fumaba, me estaba fumando la vida poco a poco, pero ahora la vida me fuma, me esparce, me disemina como una pequeña partícula entre la oscuridad más negra, para que pueda adivinar más estrellas ésta noche.
Un abrazo para todos mis amig@s que hoy se sienten en soledad, es necesario necesitar porque los abrazos son deliciosos... me gusta redundar, quiero besarme en tus besos, quiero aliviarme en tus alivios, quiero tocarme en tus tocados, quiero amarme en tus amores...

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, diciembre 15/14

MIEDOS 2

MIEDOS 2

Tengo miedo por los jóvenes, si antes no teníamos voz, ahora sus voces se apagan entre las llamas de la indiferencia...
Me asusta el poder, por eso renuncié a los pequeños poderes, dejé de pelear por un puesto sobresaliente si tenía que pasar por encima de otros...
Mi liderazgo lo asumo como buena madre, dando ejemplo a mis hijos, dentro de lo que vivir con normalidad parezca un bien para ellos, y me doy a la tarea de amar, sin importar cuántas veces resulte herida en el camino.
Tengo pavor por los muchachos de ahora, que no pueden ni siquiera doblar sus rodillas, porque se las doblan a sangre y fuego, es triste saber que se van nuestros muchachos, sin tan siquiera abrir la primavera de una mujer entre sus brazos.
Estoy tocada por un sentimiento de terror, si ayer los jóvenes vivíamos asustados, al menos teníamos la música, los árboles y sus semillas para adornar nuestros cuerpos, ahora ni árboles ni semillas, ni voz ni ruego, porque se los llevan antes de que puedan suplicar por un derecho.
Tengo pavor sobre lo incierto, el poder incita al mal, la ambición, y quien tiene recibe la maldición de querer más y más, sin importar que en ésta carrera de locos han prendido una mecha imparable que abarcará con la vida de otros, un don que solo le pertenece a Dios.
Amanecí asustada, no lo niego... hoy me duele el mundo, hay olor a carne putrefacta en mi casa, pero es que El Serbio dejó una carne sin sal dentro de la nevera y las pequeñas cosas toca cuidarlas, hay que conservar el amor en remojo, una flor en un jarrón limpio con agua fresca y dulce, para que no muera pronto y la tarea es bonita cuando es compartida, la acabo de probar y no sabe mal, se ha bendecido un plato de comida y el miedo empieza a desaparecer.
Suplico por una flor llamada Esperanza, para que el Dios de la vida pase por sus ojos, por su piel, por su cuerpo y alivie todo su dolor, que sea regada con la bendición de la lluvia, con la sanación del alma como una blanca mariposa, y que pueda abrir su propia cárcel y despegar sus alas ante la tibieza del sol.
Tengo miedo... Dios mío, ayúdame... es un algo, un no se qué, en no sé dónde... que me vuelve pálida, pero también dibujas una sonrisa al segundo, y el temor se esfuma cuando escucho un avecilla prisionera en mi árbol, si todos vieran sabrán que no miento, y que el zapatero grita, porque necesita de nuestros zapatos viejos para sobrevivir, el de las mojarras que alguien lo mire antes que el frío de los corazones dañe los peces que lleva en su bandeja.
Como por obra de magia, el miedo se esfumó, mis perros ladran en la puerta, los otros en el patio que está limpio y perfumado, la niña se recupera, la bebé corretea detrás del gato, un vehículo pasa veloz, ¿qué prisa llevará?... ahora el señor de las escobas, el que vende tomate,cebollas, tan bonito que grita, es como el cantar de un pájaro libre...
Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, diciembre 15/14

ANTOJOS

ANTOJOS

Y me antojo en quererte,
me apasionan las cumbres,
el espinoso cardo entre tus piernas,
la frondosa selva de tu pecho;
el ajustado león que guardas en tu espalda.

Y me antojo en amarte,
es la vida un querer de fuego,
un suspiro de tu boca en la mía,
divago conduciendo hasta tu lengua
con espacio para dos: tú y yo.

Y me antojo en tu mirada,
en el intenso brillo de tus ojos,
en el azabache escondido en sus pupilas,
en la niña que escondes en su espejo.

Y me antojo porque sí;
eres mi bosque preferido,
quiero trepar a tus montañas y laderas
siendo tu potranca,
que seas mis ancas
y yo, sea las tuyas.

Y me antojo en el color de tu piel,
quisiera como el mar que fueras mi playa
para tocarte todo, y sentirte mío,
sin importar que un instante te alejes
cual las olas blancas y coquetas
cuando han sido saciadas.

Y me antojo de ti todo el tiempo,

haya frío o calor, tristeza o alegría.

¿Es acaso un pecado amarte tanto?
No importa que solo quede un poema,
pero es que vivo de antojos
y estoy pariendo versos tuyos, nuestros,
que me hacen navegar en tus silencios,
para gritar en los míos.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 15/14