domingo, 15 de septiembre de 2013

NO LLOREN MÁS [94]


NO LLOREN MÁS [94]

Un día único, irrepetible, ¡lo sabía!
Levanté la mirada para buscar mi balón
y lo encontré más allá de las estrellas.

Abrí sendas entre los bosques
y brotaron cascadas, flores rojas y doradas.
Sobre una roca esperé en silencio,
ya mi mano tomabas.

¡Lo sabía!, era arriba, a donde debía ir…
Estaba enredado cazando mariposas de colores
pero la más bella estaba en las alturas,
y sobre su falda de iris tibio y reposado estoy.

¡No lloren más!...
Un aguacero se anuncia para hoy,
muchos vendrán a éste sitio, y los abrazaré,
¡pero ni una lágrima más!,
¿acaso te librarás de lirios blancos?

¿Puede repetir una flor un nuevo día?,
puede el sol brillar entre los cerros,
querer regresar a la vida,
¿aunque el dueño diga no?

Me pertenecen sus ojos negros /dijo la voz del viento
su sonrisa pura y limpia,
y estará aquí, de colibrí sobre las flores,
nadie saldrá herido, y se hartará de miel…

¡Más no lloren!…
Estoy aquí sobre una montaña
creo que tengo alas y volaré a tu lado,
estoy cerca de tu ventana,
en éste instante a tu espalda,
y un consuelo sentirás,
al terminar de leer.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 13/13 

SER FELIZ [95]


SER FELIZ [95]

Puedo ser feliz en la medida que acepte, que no soy para otros, lo que ellos para mí...

Puedo cantar, reír y llorar muchas veces, con la música, la poesía,  el dolor ajeno, con las palomas que parecen niñas pálidas buscando un mendrugo de pan, y se acercan a mi hogar para aliviarse.

Si soy feliz con lo poco, no tendré necesidad de más, ni de dinero, de cosas, de sueños, pues todo sueño tiene un final, y el final es inevitable.

Seré como una mariposa que abre su cárcel, radiante y primorosa, sin saber lo bella que es, y así, volando de flor en flor, disfruta sus instantes, y así también cae, sin renegar, sobre una hoja que va con el viento...

Soy feliz porque estoy viva, porque siento dolor y alegría, pero entonces me pregunto:
¿Por qué me duelen tanto los desaires,y me confunde un nuevo día, tan lleno de trabas cada vez?

Detallé una imagen de María, y sé que ella está en un rincón de mi hogar, no es el rostro que todos pintan, su voz es el aroma a rosas que siento de vez en cuando, su aliento es el cantar del canario prisionero, y mi consuelo es elevar una oración.

Soy feliz, porque es el propósito de cada segundo, tal vez muera en el intento, pero estar aquí, suspirando, ya es un motivo para serlo.

Ser feliz es una realidad que todos ven de diferente manera, creo que vivir debe serlo, pero somos seres inconformes, siempre buscamos más, y en la fuente de una cascada, entre los cafetales en flor, entre los platanales con los toches construyendo nidos, estaría lo que busco, pero el dueño de mi aliento me ordenó que era en éste sitio, en donde debía aprender a serlo.

Un ardor en las manos y me invita a llenar una página de letras, mis torpes letras de cada día, no sé si tengan alguna razón, o puedan servir, pero aquí, hallé un poco de felicidad, y estoy abriendo los ojos a éste despertar.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, septiembre 13/13

CUÉNTAME [96]

CUÉNTAME [96]

Descúbreme  dentro de la brisa,
si  una hoja se eleva y otra cae,
al canturrear palmeras los besos del mar,
y las rocas están  impasibles, tranquilas…

Cuéntame si has detallado las nubes,
¿quién las moverá?
Ese corazón tuyo,
tan de palpitar y de inquietud,
¿a quién pertenece?

Tus pequeñas venas
parecen ríos caudalosos,
teñidos de púrpura te llenan de fuerza,
bajan como cascadas por tu corazón
y una y otra vez regresan.

¿Has escuchado las alas de un gorrión?
¿Qué las impulsa contra la corriente?
¿Cuál es la razón para que siempre están felices?

Un ave parece triste cuando está herida,
si tiene hambre y  ve a tus ojos.
¿Puedes escuchar su voz, en el silencio?

Calla un segundo y escucha,
la voz del viento, ¡tan hermosa!, tan ronca a veces,
tan de mujer y de  hombre a la vez…

¿Ha golpeado tu rostro cuando está seca la playa?
Esos granos invisibles parecen herir,
pero como almas solitarias van y vienen
 hacia un mismo despertar ante el sol,
y se ajustan de nuevo a su destino.

Báñate con agua del mar, en dulce del río,
con lo claro de un manantial
y ahí me encontrarás…

Hoy estaba tan triste y herida,
mi corazón parecía explotar,
un leve sonido me advirtió de tu brisa,
y como una desnuda pluma te vi caer…

Cuéntame si al cerrar los ojos
la lluvia no te parece
un incendio sobre los bosques.

Ayer te vi,  triste y dolida,
con los ojos cerrados veías las llamas,
y tenían sonido de lluvia,
pero ante las cenizas que tomé ese día que pasó,
hoy un torrencial aguacero
hará brotar mágicos sonidos desde la madre tierra,
con tantos colores y sonidos,
que volverás a sonreír.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 13/13




¿QUÉ SUCEDE HOY? [97]

¿QUÉ SUCEDE HOY? [97]

¿Qué es esto tan extraño, que habita mi pecho?
Al suspirar un agudo dolor, débil aliento,
el respirar todo me duele y  quebranta…

Observo en el espejo una sombra, no sé si soy yo,
o es mi sueño que navega en un lago intocable,
¿serás tú?...

¿Qué es esto que hoy me sucede
que mantiene mi rostro pálido?
Ha de ser una golondrina de paso en mi interior,
una paloma que desea salir,
puede ser un tigre enojado, o un águila herida…

¿Será que voy a un sitio especial?
Tal vez hoy me despido de éste lugar,
abriré mi cárcel y dejaré de llorar, lo sé, lo presiento…

Tal vez así termine el ardor,
que de a poco me consume y vuelve triste…

¿Será mi alma con deseos de perseguir un cóndor?,
o mi estrella del norte que llama y no la descubro…
Estoy segura que unos barrotes oxidados alguien abre
para que pueda elevarme sin ser amada,
y cantar bajo la lluvia.

Blancos mis labios,
¿son verdes mis ojos?
O es tu mirar.
Son níveos los hielos en la montaña
y me conjugaré con ellos,
seré verbo y sustantivo con los grandes árboles,
o brizna que torna en rayo de luz en tu ventana.

Te busco y te nombro,
más te veo en mí, dulce amor que se quedó en mi piel,
tallado como un invierno dentro de mis ojos
para ser dolor en ésta primavera.

No siento palpitar mi corazón…
Un débil sonido presiento, gota pálida sobre una hoja,
de a poco marcho, me deslío para ser parte de una nube,
de a poco estoy viajando,
como si morir fuera la estrella perseguida.

¡No lo sé!…
Me  veo en el espejo de tus ojos verdes,
me persigo, me quiebro a plena luz del día
y de nuevo resucito,
y no sé si soy yo, o eres tú.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 13/13

TE QUIERO [98]

TE QUIERO [98]

Me encadeno a decir: "te quiero".
En la brisa descubrirás el sonido de mi voz.
¿Eres tú mi flor de invierno?
¿Mariposa azul que clama por volar?

Te quiero sobre una rosa  ésta vez,
En la pálida corriente que se dirige al mar;
te quiero porque al quererte
un poco de mí toca tus alas
y un poco de ti, me alegra el día.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, septiembre 13/13

¿ERES TÚ? [99]

 ¿ERES TÚ? [99]

Resucité, el fuego se extinguió con solo verte.
¿Puede la lluvia traer el perfume del amor?,
o serán falsos positivos en mi computador…

Si acaso vienes ésta vez, estaré de pie
viendo hacia la barca que de lejos se acerca,
o apresando un ave de metal con mis ojos.

Si eres tú, tengo sed de tus labios,
me gustaron tus ojos  verdes,
me agradó tu rostro claro y sonriente.

Pero si de nuevo desapareces, no tengo afán…
Seguiré esperándote, aunque llueva, o haga mucho sol,
aunque el frío invierno me encuentre sin una cobija de lana
o el calor intenso me haga desnudar.

Pueda ser que la tempestad me asuste,
que los rayos hieran mi corazón y duela un poco.
A pesar de la noche oscura y solitaria, te espero.
Aquí escucho sones felices,
y mis cachorros lamen mis pies sin enojo.

Si eres tú, estaré ansiosa de abrazarte…
Pero si es una burla, no importa,
un día reímos y otro lloramos
un día hay sol intenso y al rato brisa entre los morichales,
y al segundo un arco iris majestuoso asoma
para seguir esperando,
sin prisas, ni afanes…

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, septiembre 13/13

EL SINSONTE [100]

EL SINSONTE [100]

Sobre elevada rama estaba mi sinsonte;
¡qué bellos ojos descubrí de madrugada!
Sus alas grises tenían brillo inconfundible
y al instante inició una bella tonada.

Me acerqué un poco para verle
sólo tenía ojos para el sol,
y los sonidos del viento
salían de su corazón.

¿Quién le enseñaría a trinar de esa manera?
No lo sé, pero embelesada quedé ante su belleza
y un salto mi corazón dio.

El sinsonte calló en un momento
ante la tibieza de unos rayos dorados abrió su alas
parecía una flor entre los guaduales,
una flor  gris que se dejaba llevar de la brisa.

En un instante,  desprevenida estaba,
creí que moría al verle partir,
pero el sinsonte  se posó sobre mi ventana,
y otra vez, volví a sonreír.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 14/13