jueves, 11 de julio de 2013

MARIPOSA [142]

MARIPOSA [142]

Linda flor que desde tu cárcel oscura
la fantasía de la vida en un cofre cerrado bordas
con segundos de fantasía.

Hada que incita de los poetas sus versos
del pintor un óleo, de Dios un beso.

Admirando de tus alas tal dulzura
señora traje de seda;
danzas con viaje pausado,
si más espera
que una flor encendida
para donar tus alegrías.

Y de la tarde en su vaivén solitario,
tal vez un amante halles en el camino.

Perlas tejidas bajo una rama escondida
serán mañana, niñas como tú,
danzándole a la vida.

Y en otro capullo,
tejedoras de cárceles:

Tus pequeñas orugas de colores inflamados,
viajeras serán entre ramajes mutilados,
pendiendo entre las hojas,
sus prisiones oscuras.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 8/13 

EL GALLO DE PEDRO [143]

EL GALLO DE PEDRO [143]

Estaba el gallo irreverente en una rama:
Le cantó al sol de cada día...
Su misión de poeta para sus damas
Que guardaban callados luceros bajo sus alas.

El gallo de rojas plumas
que ante la brillantez de su imagen
con el arrastre de sus alas,
y una leve danza,
la polvareda levantaba...,

halla entre las manos ociosas de un vecino
cruel veneno, que desnudó de su carne las plumas,
para vencer su vida sin un gallardo duelo.

¡Ya no hay recuerdos! ¡No hay plumas!...
De sus ojos apagados la tristeza,
de sus damas soñadoras, niños fríos.

Del árbol,
ausencia de un cantor
anunciando un nuevo día.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 8/13  

SUEÑOS DE FELIPA [144]


SUEÑOS DE FELIPA  [144]

Alguien soñó con una escalera muy alta y empezó a subir hasta llegar a la meta, una vez allá, le dijeron: -debes regresar, no has completado la cuota, debes recoger las flores que has dejado en el camino.

A su retorno se dedicó a regalar lo suyo, a entregar alimentos a todo el que pasaba por su casa con hambre, sus dos pensiones no eran suyas, eran del prójimo, su vecino, su amigo, el vagabundo de la otra esquina.

Un día dijo: ¡no daré más semillas a los palomos!... Nunca me he comido un solo pichón, vienen y se van todos los días, año tras año...

En la noche, soñó que el mismo hombre del sueño anterior la regañaba: -¿por qué despides a mis ángeles de esa manera?... ¿acaso eres tú quien los alimenta?, Soy yo, el dueño de tus manos y las semillas que están ahí...

La mujer despertó y contó el sueño a mi madre.

Extrañada porque los palomos no llegaban, se quedó viendo hacia las cuerdas de la luz y muchos palomos colgaban de ellas, había palomos muertos en el techo, en el piso, sus niños no estaban...

Angustiada y conmovida fue por alimento, de nuevo empezaron a llegar palomos, decidió que iría al parque todos los días, a regar semillas y entretenerse entre sus arrullos de amores, sus idas y venidas, luego se fue para la iglesia...

¡Se sentía muy cansada!
Ese día vino algo sobre su cabeza y cayó al piso...
Mi tía Felipa murió a los pocos días en una clínica en Bucaramanga.

Entre sus manos llevaba flores para sus muchachos, que la esperaban en el cielo...

Ella dedicó su vida a servir a los demás, pero su historia no ha sido contada todavía...

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 8/13 

ANDERSON/Viendo al mar [145]


ANDERSON/Viendo al mar [145]

Su nombre es el cometa de la tarde,
el primer lucero que brilla para nosotros
en su horizonte tantas veces visto...

Tal vez pensaba en algo,
sus perlas un tanto tristes
una vaguedad extraña a ratos.

¿En dónde estoy?...
¿Qué son esos azules infinitos?
¿Esa línea del infinito qué significa?
¿Será que hay más líneas después de la última?

Y pasó el tiempo,
su barca se fue a navegar con él.
Quebró la tarde nuestros sueños pasajeros,
pero el suyo, liviano entre sedas de colores,
bordeó una estrella,
que se escondió cual perla
entre los ojos.

¡Ya no corras más niño de mirada feliz!
Tus sonrisas son campanas de Navidad,
vaga tu recuerdo en nuestros llantos;
en nuestras diarias oraciones te quedas,
en el regazo de tu madre al despertar
y el de tu padre al ver hacia la montaña.

No hemos llorado más…
Te vi disfrazado de golondrina hace un rato,
tan veloz surcaste el cielo
que no te detuvo ni el cantar de una cigarra.

Entretenido en ese cielo de mágicos atardeceres
prendido de tu destino, las estrellas de colores te veían,
eras uno con el sol
al silenciar la tarde.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 8/13 


A MADONNA [146]


A MADONNA [146]

Madonna linda: a tus pies postrada en ruego, tú sabes que no soy la perfección, pero cada día busco la senda del bien, y perdonar, siempre perdonar y procurar ser mejor en medio de las calamidades de éstos tiempos azarosos.

Estoy aquí para pedirte el don de la paciencia, tantas veces ante las insolencias de los demás me siento acorralada, pero quiero por medio tuyo, que me ayudes a sortear cada atajo, que encuentre el camino y el sendero  correcto, para dirigir mi propio destino y ayudar a otros a encontrarlo.  Aceptar que cada uno de nosotros somos seres únicos e individuales, pero que por ésta razón, no puedo permitir abusos en mi vida ni en mi hogar.

Mi pedido de hoy, es para que la hija de una amiga encuentre trabajo, para que mis hijos bajen el tono a sus arrogancias y acepten que sin Dios nada somos, para que  me doblegue, pero no ante los deseos del hombre, sino ante la voluntad de mi Jefe Supremo que todo lo sabe y todo lo adivina antes de que suceda.

No quiero caminar con los pasos y sueños de otros, sino con los propios; que tal vez sean comunes a los demás, quiero ser la persona correcta en el tiempo que pueda estar aquí, y que en vez de llenarme de rabias como muchas veces lo hago, pues no puedo pretender que todos piensen como yo, me des la sabiduría para defender mis principios y lógica, y que ellos comprendan que el hogar, es un sitio donde todos tenemos que darnos la mano, para caminar hacia una mejor convivencia cada día.

No sé qué decirte, a veces me desarman, me desarmo, me arrimo, me arrincono, pero es en esos momentos cuando decido doblar el cuello y las rodillas, y ver hacia tus divinos ojos, dejo mis cargas en tus manos, como muchas veces, permito que tu fuerza penetre en mi vida y en la de los míos, para que se obre el milagro y poder proclamar a todos, que eres  reina entre las reinas y  mujer entre las mujeres.

Eres la diosa de mi hogar, por encima de los caprichos de cada uno de nosotros, y aquí mandas tú, con esa voz suave de niña, con ese despertar de gorrión en mi ventana, y esa luz sobre el sol de cada día.

Amén.


Raquel Rueda Bohórquez 
11 7 13 

NERUDA [147]

NERUDA [147]

Cuando el triste poeta declamaba,
era el amor su cometa,
la palmera en cuerpo de mujer convertida,
una guitarra, el son anhelado de sus labios.

Neruda en un verso desnudó a la mujer,
la convirtió en mariposa sobre una flor,
en amante verso, transformado en elegía.

Y en la sombra de un encino, tu cintura en la mía,
me convertiste en la enredadera ansiada sobre tu cuello
para mis aromas dejar en tus sendas heridas.

Y en gaviota al despuntar el día,
alcatraz de paso sobre los esteros.
rosa que suspira
¡sobre una loza fría!

Raquel Rueda Bohórquez

Colombia, julio 11/13

Antología a Neruda/Alfred Asís 

EN MI BARCA [148]

EN MI BARCA [148]

Continúo mi viaje en mi pequeña barca,
el camino me donó muchas flores frescas
cardos enredados entre los azahares,
y un par de alas en el pensamiento
para que soñara...

Me regaló el tiempo,
un árbol para construir mi barca
donde caben mis ideales y la vida en ellos.

La tibieza del corazón entre coloradas montañas
hilos de seda que se destiñen
al paso de la corriente
y un par de ojos negros
para contar las estrellas.

Tanto me dio la vida,
no me había dado cuenta.
Una madre para adorar y un padre bueno,
una gran familia que entre los afanosos tiempos
a pesar de las espinas,
también tienen perfumes en el alma.

Un maravilloso ángel que me dicta versos
tan blancos, como la aurora al abrir los ojos.

Hijos correlones sobre  caminos inciertos,
mis pies descalzos,
para sentir el frío de tus aguas.

Y me dio dos luceros para verte,
las estrellas enredadas en la luna;
el verde adornado de colores de los bosques,
el cantar de los grillos y las ranas.

Y a este paso, quiero ir despacio,
un poco de tiempo más que otros...

¡Me siento regalada!
Muchos premios
que sin merecerlos 
se desvían de a poco
entre su cauce...

Y me regaló el aliento... el hálito…
para contar de nuevo que muevo mis alas,
y a los lejos, el sol naciente,
haciéndome guiños
entre las heridas de las montañas.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 11/13