martes, 7 de mayo de 2013

PALABRAS (146)

PALABRAS (146)

Hoy amanecí pensando en los tantos niños que han pasado por mis manos, me pregunto si habré sido la causante de sus pesares o de sus dichas, y decido que no soy dueña de las actitudes ajenas, pero decidí que no pondría a mis perritas a parir más.  

Doné el macho Beagle, ahora estoy arrepentida, no debí dejarme influenciar de nadie, espero lo amen como yo y tenga un hermoso espacio, mis otros bebés, de corazón espero hayan encontrado un bello hogar.


Más de 20 años criando cachorros, aves, de todo un poco, espero Dios me perdone, porque mi amor por ellos, también me llevó a tener muchas aves prisioneras, algunas compré también con la intención de abrir las jaulas, pero cometí muchos errores en el camino. 

¡Mis amados niños!, Chiqui se llevó mi cáncer, resultó con tumores malignos a la vez de mi última cirugía, y cada día me siento mejor, sólo a ratos me pongo pálida, pero no por enfermedad, es sólo por hambre de amor... Nadie llenará ese vacío nunca... ¿o si?...

Creo que si voy hasta la montaña más alta y diviso el azul infinito, 
allí encuentre lo que tanto anhelo...

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, mayo 7/13





VIOLINES (147)

VIOLINES (147)

Lloran las cuerdas de un violín,

así mi corazón día a día, mi reina,

a cada paso de ave, a cada trino...


Entonces, compungida una vez más:
¿Puedo acaso olvidar que no has regresado
que tus versos, de preguntas sin respuesta me toman de nuevo,
que me desnudo, grito, y chillo al viento?...



Me acobarda la soledad y huyo de ella.

Busco en tus verdes ojos, esperanza mía: un consuelo.

Pero has marchado de mi alar, golondrina blanca;
me has dejado en el rincón de los silencios
sin saber qué camino seguir.

Escucha madre, escucha a mi corazón:
Tiene lágrimas anémicas que rebotan,
se oscurecen con un nuevo día las alcobas,
se enfría el nido de tus brazos
y agonizo lentamente sin tu amor.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, mayo 7/13 

LIZ (148)

LIZ (148)

Desde las montañas de mi patria
enrojecidos los cerros, resecos;
el hedor a veces espanta
pero ahí  brotan bellas orquídeas.

Te envío desde aquí mis lindas Catleya
que brotan en mayo para todas las Marías
y entre aromas adornan el planeta
para llenar de brotes nuevos y alegrías.

Olvidé que en mayo casi todas cumplen
que son las fiestas muy seguidas, 
también que mi madre bailó y oró.
Otras flores decidieron nacer en éste mes
y otras tantas, desaparecer.

Te deseo el mejor de tus cumpleaños,
días llenos de salud y paz,
y ante todo, abundancia de amor,
para que tus horas no pasen en blanco
ni haya palidez en tu rostro.

Te quiero mucho Liz.

Raquel Rueda Bohórquez 

Barranquilla, mayo 7/13 

lunes, 6 de mayo de 2013

DORADOS/ Benjamín Araujo (149)

DORADOS/Benjamín Araujo (149)


Sobre el pastizal 
los gorriones agradecen el don de existir,
invocan al sol cada mañana
y dejan a una perla abrir.

Antes del sol de cada dìa
aciertan con un bocado,
y pequeñas bocas rojas chillan
ante semejante regalo.

Bello y dorado color
como éste inmenso amor,
así la lluvia sobre los resecos labios,
y la danza de la mariposa ante su calor.

Y así... divino pigmento,
de nuevo me haces suspirar;
se levanta un poco el ánimo
al ver las garzas llegar.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 5/13

¿QUIÉN SOY? (150)

¿QUIÉN SOY? (150)

Me pinto un poco los labios
para que oculten mi palidez,
y entre mis harapos viejos, el color.

Las sombras difusas del viento
me traen olor a lluvia fresca,
perfume a tierra mojada
a hojas secas...

¿Qué soy? ¿plumas de colores?
¿O soy la parda y gris ventana,
la malvada que a veces gime a la luna,
o la paloma que espera una daga?

¿Quién soy?...
Me miro de nuevo al espejo...
¿Tal vez la perversa, herida tantas veces,
clavada en sus propias miserias
con los labios sellados para no gritar?

En el atajo de unos versos
puedo ser águila o gavilán,
pero sólo soy un alma
que quiere por ahí pernoctar,




en el mismo espejo de la sombra
que se anuda en mi garganta,
para que no vuelva a sentir


y deje de llorar.


Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, mayo 6/13 

DANZO (151)

DANZO (151)

De nuevo invoco a una danza
donde juveniles trajes al viento
declamando un verso, gritando amores,
desnuden como siempre 
mi alma entre tus brazos.

El roble de ayer
se convirtió en un tronco viejo,
boga por ahí, sobre naves de silencios,
o tal vez, donde la ola más grande lo eleve
para que siga la corriente.

Danzo de nuevo entre tu piel,
mis ojos inundan el valle, 
mi boca busca tu cuello,
mi torso se desnuda
y como una flor:
miel... ¡sólo miel!...

La música de hoy es silencio,
el ventilador recuerda un beso de colibrí,
y entre mis pétalos, al cerrar los ojos
siempre te veo a ti.

¿Para qué te pienso?
Sólo me dejo llevar de la música que suena
y danzo... danzo...

porque la vida es ya, y aquí.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, mayo 6/13



MI MUCHACHO (152)


MI MUCHACHO (152)


Mi muchacho es un chico cualquiera,

tiene tantos sueños como ilusiones.



Se pasea con un flautín, una guitarra,
un piano dañado, los zapatos de Anderson
que los ama, como a la niña de sus ojos.

El chico alguna vez probó el humo de un cigarro,
encendió la llama escondida de Bob, de Alex, de Luis,
pero eso quedó en el ayer, "suelo probar a ratos",
en esa lámpara de Aladino mis sueños se concretan
con fragancias del campo que entran por mis labios,
y musitan versos en el corazón.

Hoy lo encuentro repitiendo cada segundo: “Mami te amo”
Y una paloma pequeña pareciera anidar en mi pecho
Al escuchar sus lindas palabras, 
con eso me basta.

Mi muchacho quiere nadar, volar, cantar…
Desea estudiar y ser cada día mejor.
Le digo: mijo, déjese llevar por el viento,
No puedo más, pero el azar es la sorpresa
que nos permitirá afirmar mañana, 
que alguien estuvo siempre ahí, 
 que de su mano llegó esa ayuda, sin pedir.

Mi muchacho, ¡mi hermoso potrillo!:
Cada día me embeleso en sus canciones,
me hace feliz su compañía y no pido más.

Esos sueños se parecen a los míos, 
tantas veces repetidos,
que los vi volar al despertar, 
pero se concretaban al dormir.

Me entrega cada joya de sus labios, cada melodía.
Mi hogar parece un árbol lleno de flores canoras
con mis tres aves multicolores...

Y cuando los chicos marchan, 
mi muchacho me observa 
con ese brillo en sus ojos, 
y de nuevo regresa a mis brazos
para repetir: “mami, te amo”.

Es aquí donde siento
que la felicidad 
son los pequeños detalles de cada día
al danzar del viento.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, mayo 6/13