lunes, 1 de abril de 2013

DILE/ A Karen [150]

Karen viendo al mar.

DILE/ A Karen [150]

Dile que cuando mira,
es como si la madre tierra 
me dijera que el mundo aún gira, 
que aún existe, 
y que la naturaleza sigue siendo bella.

Dile que espero de sus ojos negros,

son una estrella luminosa en mi camino.


Que tiemblo al pensar que en sus brazos,
soy un prisionero, y su talle,
es una palmera que me incita a un verso,
a declamar a una diosa que me espere.

Dile que voltee sus ojos...
Que cada día espero de su brillo
tan manso como buey cebado,
tan tierno como un cervatillo...

¡Dile, mujer dile!
Que mis días con ella serían luna y estrella,
mar azul adornado de gigantes olas
con un sueño cumplido para dos,
navegante sin barca ni velero
en ese cuerpo donde anclará mi vida
recibiendo tal consuelo. 

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, marzo 31-713

domingo, 31 de marzo de 2013

DESDE MI SILENCIO [1]

Ardilla herida en una esquina, ahí pasaba con mi madre, ella se quedó cuidándola de los perros y seguí a mi casa a buscar una caja, estaba paralizada, y por mi culpa un vehículo casi atropella a mi madre, era mi secreto, ya dejó de serlo, la expuse por una ardilla, pero me dijo: Mijita, no se afane, no pasó nada, igual ella también tiene derecho a vivir.


Ardilla herida

DESDE MI SILENCIO [1]

Proclamo tu fuerza, luz de mis ojos,
belleza donde hay falta de ti,
lo tuyo es magia, fantasía,
me regalas todo y no sé ni lo que soy.

Un trigal son tus ojos,
el dorado que seca el sol,
lluvia de perlas escondidas
que se mecen
sobre las olas del mar.

Desde mi silencio te proclamo.
¿Quién me verá más que tú?
Adivinas que tengo hambre,
que voy tras tus pasos y no me ahuyentas,
camino tras tus veredas y no me pisoteas,
busco un alar en tu ventana y me acoges.

Ya no sé a dónde ir,
en mi silencio te busco, mi fuente y sosiego,
paz infinita en tu brillante oasis.

Aquí no tengo nada,
ni una sombra, ni un árbol,
hasta las flores parecen ajenas
y mis pies están cansados de caminar.

Tus mariposas tienen dueño,
sólo las miro volar,
honda tristeza, cruel melancolía,
déjame con ellas viajar.

Soy una potranca hambrienta de libertad
veloz buscando una montaña,
navegante que tiene fuerza en sus ancas,
y el amor le incita sobre las alturas
pero una soga lo detiene
y una cerca lo acorrala.

¿En dónde estás Dios?
Quiero viajar a tu lado,
al prometido paraíso
donde no existe la ambición.

Ahí todos seremos uno;
polvo de estrellas en el cielo
y luz para que otros

nos vean brillar…

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, marzo 31/13

sábado, 30 de marzo de 2013

EN LA PUERTA /Anderson [2]

Anderson Rueda L. Q.E.P.D. Barranquilla/12.


EN LA PUERTA /Anderson [2]

Aquí Señor esperé tu abrazo;
me señalaba el destino cruzar
y encontrar a lo lejos mi gran oasis
donde se conjugaban verbos los amantes
y se teñía de púrpura el cielo.

Estuve aquí con todo mi amor,
el destino me hizo subir cada escalón
bajar cada ensenada, cruzar cada desierto,
para divisar al fin en ese lejano espacio
tus ojos azules de navegante,
tu mar espacioso con su cantar cierto.

Crucé, las olas parecían potros en carrera,
nacía una tras otra, y llegaban a la frontera,
a ese descanso de los arenales,
para repetirse una y otra vez y volcarse de nuevo,
con sus mágicas espumas,
viendo hacia el atardecer.

Ya la he cruzado, fue liviano el viaje,
no pude ver tus ojos, pero sí los de ella
mi amada madre,
al instante que un son de campanas en mi pecho
advirtió que era mi hora,
y tus manos me tomaban.

¡Qué grande es todo!
¡Qué fortuna es tu nombre!...

Proclamad que Dios está vivo
en cada espuma del mar,
en cada perla de tus ojos,
y en ese corazón que se arrepiente
hasta doblar ante Él las rodillas.

Pronto,  es tan veloz vuestro regreso,
que así mismo me encontrarás en la puerta;
seré el encargado de que puedan pasar,
los guiaré hasta el sendero más perfumado,
donde los abrojos del camino alguien quitará
y tallos sin espinas se hallarán.

Todos los ángeles que ayer fueron
tendrán en el paraíso un hogar,
la felicidad tendrá sabor a eternidad.

Aquí os espero,
con el mismo ánimo de ayer
para repetir miles de veces:


¡Los quiero!…

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, marzo 30/13

viernes, 29 de marzo de 2013

MARLY CAROLINA [3]

MARLY CAROLINA [3]

Mi bailarina mágica
mi dulce amor;
vas de sedas adornada,
semejas una bella flor.

Son tus sueños
alas de mariposa
cual brillo de diosa
sobre las flores.

¡Danza que la vida es corta!
Dibuja cometas de colores
y suéltalas por mi  jardín,
adórnalas de tules
para que parezcan flores.

Y con un beso de madre
ríe de todo y nada,
en tanto suspira mi pecho,
soy una niña vieja que sueña
volar con tus alas.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, marzo 29/13

A TI [4]

A TI [4]

¿Quién es la flor de cada día,
el navegante de los 7 mares
que  sostiene mi pequeña barca?

¿Quién adivina el parpadeo de las rosas
y en cada pétalo me permite soñar?

Luz de mi vida en momentos grises,
divinidad que me acorrala hasta reír,
preciosidad que me hace doblar las rodillas
para recibir una caricia llena de vida,
brotando de pequeña cápsula
para trinar cualquier día o anochecer.

A ti, mi dulce cascada solitaria
tan dócil, amable, lleno de amor.
Desbordas desde los altos cerros;
haces brotar  vida en los resecos desiertos.
Una gota de tu amor basta

para descubrir tu grandeza;
un trino es suficiente, para comprender
tu gran amor.

Divino ser en quien confío,
aumenta mi fe ya que eres mi roca;
cada segundo busco el filo de la montaña para verte
y allí, con la caricia de tus besos perfumados
abro mis alas al infinito y descubro a mis amores
descansados y amados, querubines tuyos.
Mirada de niño, dulce melancolía,
manos pequeñas en mis pechos,
tierna boca sedienta de tu néctar;
así eres mi soñador, mi ilusión alada,
un despertar con una oración en los labios
enmudecida de amor por ti.

A ti amor mío, mi roca fuerte y poderosa
imploro de tus manos salud y paz,
regocijo en los corazones afligidos
donde el hambre ha de terminar,
y el dolor espera un sueño de alas abiertas
al cobijo del sol en cada despertar.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, marzo 29/13




¿QUÉ TIENES PARA MÍ? [5]

¿QUÉ TIENES PARA MÍ? [5]

Abro la ventana, todo parece gris;
mi pared me dice que hable por ti
entonces llega tu música,
tan divina que me hace llorar
plena de azules, blancos, verdes
y  aquí me conmueve una pluma
que suavemente y sin prisas

se posa sobre mustia mesa
donde parece que estás.

¿Qué tienes para mí?
Descubro de nuevo tu luz,
el gran árbol lleno de aves canoras,
el vacío no existe y empiezo a danzar…

Calzo mis pequeñas sandalias,
un traje de seda escarlata, y adivino la juventud
los ojos soñadores de mi viejo en el mismo sillón;
correteo como una gacela ante sus perlas abiertas
y sus carcajadas que parecen tu voz.

Me doy cuenta que me lo has dado todo,
¿qué te he dado yo?
Detallo las manos vacías, una copa llena de lágrimas;
imagino que no te importa, pareces ausente, lejano;
y al rato un ramo de orquídeas miran al cielo,
sus violetas párpados te recuerdan,
un suave perfume se riega, se expande…

¡Me has dado tanto, y tanto recibo!,
que enmudezco, no sé por qué estoy triste
y  busco del azar un motivo;
empiezo a bailar con mis harapos,
un trabajo arduo, pero mi mesa está llena;
tus abundancias me hacen bajar la mirada,
te enojas conmigo y me haces voltear el rostro
a ese aposento donde sonríen mis estrellas,
y navegan, como mágicos niños


ataviados de blanco.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, marzo 29/13





jueves, 28 de marzo de 2013

ERES TODO [6]

ERES TODO [6]

En la mañana, al despertar del sol, 
las nutridas madreselvas,
cambiantes tornan las primaveras,
perfumes suben y bajan de los cerros.

Eres mi todo y me conmueves,
el azul, el verde, el blanco;
los colores de mi vida
son un iris que se enciende,
si las cascadas de tus ojos
bañan de madrigales mi existencia.

Te veo en cada hoja caída
en cada brote nuevo,
en el cantar de una cigarra,
en el aleteo leve de una mariposa.

Mi dulce panal de miel
mis ojos de todos los colores
que vas, vienes y te elevas
hasta la cumbre divina de la montaña.

Eres amado mío mi propia vida,
me tomas, me desnudas, me dejas sin aliento.
Hincada estoy  ante tu amor puro, tan de cascada,
de brisa sobre las palmeras solitarias,
de huracán sobre las rocas tristes.
Ola que sube y baja
para calmar la sed de los arenales,
y calmar la sed de los amantes.

Divino amor: ¿qué más anhelo, si estás conmigo?
Escucho el susurro de los grandes árboles,
sin miedo me besas, me conmueves,
me haces ver cada día sin sombras oscuras,
las desvaneces para que mi camino sea llano
y pueda volar al fin hasta la cumbre,
hacia el divino oasis de tu omnipresente espacio.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, marzo 28/13