Bienvenidos a mi blog, una experiencia de sanación, proyectándonos hacia el planeta verde, y el respeto que debemos al derecho de existir de los seres que nos acompañan en éste corto viaje por la vida.
Gracias por ser parte de mi pequeña historia
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MIS AMADOS SINSONTES L3R Allá sobre las verdes ramas Viendo el sol entre los cañaduzales Con el fragante olor de las orquídeas Y una oración como ramo de nardos… Con sus grises plumas al viento Danzando de madrugada… Rebosante de dulzuras Traías… entregabas…
Sobre el granado tupido de rojos frutos Semillas jugosas como perlas rosadas… Y con tus verdosos ojos puestos en el ocaso Toda mi vida llenabas.
Tu canto era de alondra, o tal vez de zorzal… Pero en tu voz me decías: que en tu recuerdo vivía Una hermosa y cándida princesa Que en incierto día alguien robó de tu jardín.
¡Canta sinsonte que tu voz alegra el alma…! Vas dibujando en el cielo esteros y raras flores Cuando en los atardeceres te conjugas con el sol Y con tus sones le invitas a volar al infinito…
Desde la montaña de mi vida escucho, Una lluvia de besos copiado en los madrigales Y sobre los cerros se funden, Todas las nubes de plata de sus ausentes miradas.
Ya viajeros del camino… sueltos los hilos de sus cometas… Extendidas sus alas… se escuchan a mis sinsontes, Que al levantar vuelo nos dejan; sólo huellas imborrables Y en el alma… eternas tristezas y llanto.
EL MAESTRO L4R El maestro estaba ahí; no tenía rostro ni manos ni pies Su imagen era inventada y sus ojos eran las cascadas... Su voz me pareció como el canto de las aves, muy temprano… Su arrullo las hojas mecidas por la brisa…
El maestro señaló un sendero… muchos tratamos de seguir Una roca puesta tal vez sin intención nos hizo tropezar; Y sentimos que su mano nos levantó… estaba en las de un amigo De alguien que pasaba por ahí despreocupado…
Miré hacia el cielo y lo busqué… era incrédula, ¿quién dijo eso? Los hombres siempre acomodan las cosas para su provecho… ¿Quién dijo, que la mujer debe obedecer ciegamente a su esposo? ¿Que éramos malditas ciertos días? ¿Qué somos parte de una costilla que sobró?...
Entonces levanté la mirada y me dije: ¡mentira!... el hombre todo lo acomoda Él quiere que la mujer esté a su servicio, nos ponen como cualquier cosa Nos muestran sin señalar nuestro valor…
Entonces observo los ojos de mi madre… y lo descubro ahí… Pero también me doy cuenta que marchó… antes del ocaso…
Mañana vendrá de nuevo en alas de luz encendida por nosotras Y todos comprenderán, que Dios no es un invento de hombres de carne y hueso; Es una creación de luz que sin sentir rabia, odio ni celos… ni envidia; Adorna el planeta como un ave, como una cascada límpida y clara…
Detallé entonces cada amanecer… cada atardecer… De nuevo las azules olas me confundieron… parecía un susurro enojado de su voz... Las nubes que formaban aquéllas imágenes de ángeles y ojos vigilantes; Y me percaté que no era nada… nada soy sin la fe… y doblé las rodillas de nuevo, Y lo descubrí tan cerca de mí… que agaché el rostro avergonzada.
Aquí sobre tu silla: herido… retorna el recuerdo Los abrazos y las sonrisas en medio de tus danzas Regresa San Pedro, San Javier, Paloblanco… Las historias una a una, poco a poco vienen Y los gansos, en la inmensidad del cerro Adornado de gardenias, de rosas y margaritas…
Allí sentada con tu inmensa barriga esperas… Un nuevo día solitario en medio del bosque… Te asustan los ruidos de la selva… el rugido de la pantera; Sobre una mesa de madera te arrodillas; iniciando el rosario de tu vida.
La gata golosa maúlla, ronronea sobre tus piernas Y una suave caricia a tu minina negra y una mirada al cielo Ya se inicia la jornada; y de nuevo la soledad amiga tuya Llena de cánticos tus labios y regresa la alegría, El bosque pintado de colores, sin importar el miedo de ayer.
Ya vendrá ese amor moreno a tus brazos… Espera el monte con el hacha despejar terrenos Y los sueños… sólo sueños de poseer que se derrumban A la vez con los grandes robles, que otrora adornaran un camino.
Tus pasos cansados nuevamente y un regreso Lágrimas nuevas pintan tu rosado rostro Más sonrisas y caricias esperaban… y mi abuela La pequeña violeta de tus labios anhelantes te abraza Su pequeña figura perfumada llenará tu vida Y su recuerdo por siempre mitigará su ausencia.
Aquí vamos ahora todos, tantos recuerdos que has dejado Tan poco lo escrito, tan poco lo realizado… Pero hoy… el espacio es todo tuyo… todas tuyas las cañadas Bienaventuranzas de cada día a manos llenas Mientras aprendemos a orar… por nuestro tiempo…
No sé cómo será… pero todos esperaremos a mañana… Es allí donde nos enteraremos de la realidad de la vida Viendo diluir los sueños en la nada… y cerrando los ojos Cuando al fin el sol brillante aparezca; y cubra de frío nuestra piel Y de eternidad el alma.
Cada vez que escuche de nuevo tus canciones, que observe la radiola vieja tan amada, cada segundo que admire el cielo, que detalle un ave y una flor, una mariposa extasiada robando la miel del camino, estarás ahí mi madre santa, y estaré copiando tus enseñanzas que se tallaron en mi alma, tal vez nunca llegue a parecerme siquiera a ti, pero le pido a Dios que al menos pueda recordarte cuando me refleje en tus ojos copiados en los míos y pueda decir feliz que algo tuyo quedó en mí para siempre y éste regalo como esmeraldas tristes serán mi consuelo.
Te aseguro que la pajarera en que me convertiste está orgullosa por ese amor que plantaste en mí por los animales, por los verdes prados, por el canto del sinsonte y el dorado del toche, por cada anciano que pasaba y que tú socorrías con tanta dulzura, espero que alguno de tus dones sea copiado por todos y que seamos unidos, que no seamos ásperos y soberbios pues tu humildad para vivir fue el mejor regalo a nuestras vidas.
Quiero aceptar que sólo somos aves de paso, que la voluntad de Dios nadie la conoce, pero también que debemos obrar bien, pues todo el daño que hagamos se saldará aquí, y para mi jefe las cuentas son claras, tan luminosas y transparentes como la mirada de un niño y el brote de una semilla.
Atardeceres tan nostálgicos serán cautiva mi alma mis ojos como cascada el remanso de tus ojos claros ¿dónde estará? ¿el aliento de tus dulces palabras quién lo escuchará? Atardecer de lluvia mágica... vacío quedó tu espacio sólo lámparas encendidas tus carreras tus afanes mi niño amado en brazos de mi madre amanecerás...
Ya de nuevo el cielo se llenó de estrellas la luna silenciosa y callada... el dolor de nuevo aqueja, ya no escucharé sus sonrisas tampoco el llanto de sus amados verdes claros.
Se acerca el ocaso y mi reina descansa de nuevo en su lecho tan amada, tan añorada... el descanso a su dolor los sueños con la música que marchó con la tibia oscuridad llevándose a ese cielo infinito todo el amor de mi corazón.
¿A quién harás falta ahora? Observaré sola el atardecer; ya no tendré que ir a buscarte El rosario quedará por ahí en el cuello de alguien que te amaba… El librito de tus oraciones segura estoy no será olvidado Ha quedado en buenas manos…
¿Quién faltó por escribir sus memorias en tu libreta? Ya no importa… lo prometido es que era para mí; Ya tomé posesión de ella y tal vez me anime a divulgar tus cosas Al menos las pocas que dejaste ahí… el resto las guardaré en mi corazón.
Ya no habrá problema… ¿Quién te llevará a misa?... Ahí tienes a mi monacho ¿Acaso necesitas de alguien más?... Él tiene toda su juventud, su ánimo y sus sonrisas amables Tiene un corazón púrpura y dorado… la piel fundida con la tuya Serán sólo viajeros, navegantes que nos observarán en el silencio de la noche Ya no importa… ¿acaso extrañaremos esa mirada tuya triste y lejana?
Tus oraciones, largas y hermosas que tanto nos cansaban a ratos… sólo a ratos… Cuando querías eternizar los rosarios y nuestras bromas que te hacían sonreír a medias Cuando en silencio guardabas las viejas cuentas de madera…
Aún en tú agonía sabías orar… La biblia desgastada, tus ojos agotados… tus palabras anunciando verdades Aún en la hora de tu muerte proclamabas a ese Dios, A esa madre santa en tu boca... Y tus ojos… ya no eran verdes… se volvieron más pequeños… Pero ese sol de madrugada… el que anunciabas… estaba cerca…
Ya no importa si no te veo mañana… No lloraré si observo la novela en soledad, el fin tal vez sólo lo conozca La que no sabía amar tal vez aprendió la lección Y las historias que repetías ya no escucharé… ¿acaso importa? Segura estoy que ni una lágrima… ni mi corazón se partirá en dos cuando acepte que no estás Ni me esconderé donde nadie vea mis ojos; ni miraré al cielo azul en tu búsqueda…
Me importa que hoy seas feliz al fin, y que vayas tomada de la mano de mi monacho Y que mi abuela es joven y tú eres sólo una niña de piel blanca con olor a huerto Correteando por las laderas en búsqueda de una fuente cristalina donde al fin, Calmarás tu sed y llenarás ese cántaro que nunca más se secará.
Aquí sobre la inmensa roca, como una gran ballena espero Extendidas mis alas a ese azul infinito de tus lámparas encendidas…
Sentí la lluvia sobre mi piel mientras volaba Y sobre una palmera me duché un poco… El cristal de tus aguas era tu llamado… La sonrisa del mar parecía una carcajada El llanto en un gran salón lúgubre me llenó de congoja Pero airoso y feliz… alcé la mirada…
Siempre busqué la roca fuerte de tu pecho Tu nombre mis labios proclamaban… Tu alegría era mía y la mía era tuya Mi novia vestida de blanco me esperaba…
Aquí decidí que era el atardecer de mi viaje Me vistieron con los rosas de la vida; Abandoné lo que soy en silencio…mientras me desvanecía Me aferré a tus manos… y sentí que eras todo lo que pedia.
Mis alas levantaron vuelo… aún sin tenerlas Mis ojos vislumbraron la luz divina de los tuyos Mi corazón ya no gemía… mis labios ya no besaban Pero la gloria llegó… casi al terminar el día…
Ya desde aquí… sólo les diré que soy feliz Que las peticiones serán un encargo a mi jefe… Todas serán cumplidas… todas serán acatadas Mientras me recuesto y descanso de nuevo… Sobre una inmensa roca donde escucho cánticos de aves Susurros de palomas que se aman y mis “te quiero”.