miércoles, 7 de septiembre de 2011

MIS NIÑOS (57)


Mis hijos Verónica y Kevin.

MIS NIÑOS (57)

Dulces cariños de mi corazón
recordando momentos felices,
canciones de cuna mis amores
cual suaves pétalos de flores
que descansan junto al abrigo de mi pecho.

El tiempo ha endurecido sus rostros,
esas miradas de mis cantores 
son luciérnagas compañeras de la noche
en los rincones olvidados.

Regálame lucero  un recuerdo
para que la seda cubra mi piel,
y sus pequeñas bocas premien mi existencia
con una sonrisa de cristalinos arroyos
donde la calidez y la tibieza 
fueron primavera cada día.

Tráeme las pequeñas flores de sus manos,
sus palabritas a medias arrulladoras;
sus besos sobre mis pechos rebosantes
donde la miel blanca era su anhelo,
absorbiendo de mi alma
todas sus esencias.

Cantores en mis silencios,
arduas labores cobijadas con sus llantos
que como pájaros  felices, 
se adormecían con una sonrisa fresca
y una oración de luna clara
sobre la cuna de mis pensamientos.

Es el tiempo para recordar...
Se esfumó el ayer donde todo era pequeño,
los teteros quedaron perdidos
junto al olor a loción y talco fresco.

Se perdieron sus divinos ojos,
quedaron por siempre guardados
junto a sus llantos y sonrisas,
que aún trinan con sonidos de aves
sobre el portal humedecido de mi ventana.

Hoy contemplo el ayer como un sueño
y anhelo para ellos el futuro próspero
que me anuncia la luz de la mañana.

Otro arrullo llegará a mi regazo
con una suave y pequeña mano
que recordará el ayer,
sin pensar en el mañana.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 4/11

CUÑADOS (58)


CUÑADOS (58)

A veces las palabras se ahogan
y el tiempo es un enemigo veloz que roba vidas,
nos acobardan las arrugas, los dolores,
 se quiebra la voz con los suspiros
y las madrugadas de nuestros propios sueños,
se abandonan  en manos ajenas.

¡Qué triste decir adiós!, las penas llegan,
 los robles desfallecen sobre un duro sillón,
las enredaderas no pueden avanzar,
se quiebran con su propio peso y caen pesadamente
sin esperanza de la fuerza que las renueve.

El brillo sobre  las vitrinas de los ojos,
angustiados se acercan en una súplica.

Bebé grande caprichoso y tierno,
su quebrantada voz queriendo salir
pero ella se ahoga en el río
que brota lento por sus párpados.

Cascarón  roto donde no se respira,
se acabaron las madrugadas,
los huevos criollos, el ganado gordo
el corazón latiendo aprisa
cual rabo de cascabel.

Ya no se agitan los machetes sobre el pastizal,
la mochila al hombro con sus viejas alpargatas,
el totumo del guarapo y la vianda para el atardecer;
las carreras sobre las lomas detrás del ganado terco.

Se acabaron los afanes, el trabajo arduo,
el sudor que reventaba huesos,
y mantenía la chispa de la vida,
las sonrisas de compadres y comadres
abrazados por las mismas angustias y temores,
los juegos con los sobrinos sobre carretas de madera.

Mi padrino con su bondad infinita,
brazos pecosos que hoy se parecen a los míos;
mirada triste y agotada sobre su pequeño oratorio
con un rosario de cuentas viejas 
que descansa sobre sus envejecidas manos.

Recuerdos de La Cacica son su Kiñito  fuerte,
ella enlazaba el ganado y derribaba becerros
ante sus grandes carcajadas y un cariñoso abrazo;
el regalo de su dulce mirada en vez de un regaño,
y un huevo de pava para festejarlo...

Tantos hijos, muchos afanes, el ahorro para el mañana
y par el hoy el sillón viejo para descansar,
sus muchachos los mejores enfermeros;
los que corren afanados robándole al tiempo un lucero
el de su agotado padre que es caprichoso niño
y busca un pañuelo blanco para secar sus párpados
que aún se humedecen cuando alguien le dice: "te quiero".

Mi consentido viejito, fue como mi padre,
el regalo del tiempo para nuestra propia vejez,
imagen imborrable junto a los brazos de mi vieja
con aquélla sonrisa lánguida y un cálido abrazo
de dos ancianos que siempre se amaron,
ahora se ven a los ojos como dos luceros blancos;
o dos robles mecidos por el tiempo 
que cobijaron sueños y pájaros cantores
pero ahora se abrazan en una despedida.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, septiembre 4/11

miércoles, 24 de agosto de 2011

YABEL RENÉ GUADARRAMA (1)


YABEL RENÉ GUADARRAMA (1)

Hoy nace el sol de nuevo,
inmenso y radiante como un gran dorado
que se dibuja en el cielo y se esconde en altamar...

Aparecen  los cantantes, los danzantes,
los cómicos que sonrisas regalaron,
los dioses desde altos cerros
que relojes se inventaron...

Hoy se descubren  las palabras eternas
que se mecen en pálidas páginas
y se esconden entre los corales
tallados por la luna llena de mareas...

Y naciste tú entre los gemidos de una madre.
Niño llorón posado en suave cuna,
 ella...cándida te besa, te arrulla
con los cascabeles  de  paloma cantora...

Más quedan los silenciosos amores
que como piedras calladas se desvanecen
y cual mariposas errantes vuelan
queriendo libar mieles ajenas.

Ya bellas y cándidas  posadas
ante gentil mirada, callan,
pues  hoy nace un cantor
que mientras lo atetan,
se convirtió en poeta.

La bella madre lo mira desde el cielo;
Le envía arrullos con sus estrellas
y besos con la luna que lo inspira,
meciéndose con ella  
en hamacas de mar.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, agosto 24/11


Compadre: ¿cómo podía olvidar tu día maravilloso?, desde mi corazón el silencio y un cálido abrazo con mis mejores deseos, que Dios te siga regalando palabras de aliento, mucha paz y salud. Dedicado a mi compadre YABEL RENÉ GUADARRAMA en su cumpleaños 25 de agosto/ # chorrocientos chochenta y chocho...

LIBANDO MIELES (2)

LIBANDO MIELES (2)

Cuando no desees mis besos
y entre flores me lo digas...
No te azores si en mi tristeza
te pido me abraces con tus alas
antes de iniciar tu prolongado vuelo.

No te angusties si me ves llorando,
si mi canto  languidece
sobre el envejecido árbol de la vida
o mi voz ha silenciado sin verte,
tal vez mis alas no deseen abrigar un nido.

Verás que en el silencio de mis horas
si con el canto de otros me  entretengo,
que nada frene tu raudo vuelo,
acompañado de mariposas de colores
que morirán pronto sin un duelo...

Mis ojos tristes te verán sobre el estero
 colibrí que se entretiene con  muchas flores.
Encontraré en mi paso un jilguero
que en triste vuelo maltrató sus alas
y cayó sobre mi solitario alero.

No te turbes si en él veo un consuelo
ni olvides que el ave en eterno viaje,
busca sobre otras ramas
el vértigo del deseo y del anhelo
que no se pierden aunque te hayas ido.

Pero si pretendes regresar ahora,
¡detente!... ¡no lo hagas!
Mis alas maltratadas han sanado,
 mi pico entona nuevos cantares,
sobre plumas de colores que abrigaban
mientras tú, libabas mieles ajenas...


Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, agosto 24/11 




EL VENDEDOR (3)

EL VENDEDOR (3)

Publicado pors en agosto 24, 2011 en 2:51pm

El viejo marrullero lo sabía,
simplemente se hizo el que no veía
y se paró con sus cachorros a observar...

Se le veía una mirada maliciosa,
sus ojos de veterano sostenían los cachorros
los miré de soslayo... más él ya lo sabía...,
simplemente de mí se burló 
y lo hizo frente a mi cara.

Su sombrero era muy fino, parecía de charol...
Detallé la chaqueta de lino grueso y abrigador.
Sus manos curtidas y arrugadas los sostenían
mientras mantenía fija la mirada sin temor.

¡Ahí está!/pensó el vendedor, /
¡jajajaja! no se podrá contener
y en un instante envió la imagen
que llegó aprisa por el computador.

Yo lo observaba,
me movió su tierna mirada envuelta en negros ojos
me conmovió la dulzura de su pícara sonrisa,
sus dobles camisas para abrigar la piel cansada,
sus canas que sobresalían por el brillante sombrero:
¡lo has logrado Benjamín!  /me dije,  éste hombre es un gran vendedor.

Me dispuse a devolver el regalo generoso.
¡Qué gran amor entre sus brazos!
Eran afelpados y parecían sonreír.

Han de llegar algún día, estoy segura,
y no compraré los dos,
 creo que también sin temor
me quedaré con el vendedor.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, agosto 24/11

NIEVES (4)

NIEVES (4)

Cuando me cerquen las nieves
y los sueños se pinten de blanco;
miraré hacia mi perdido oasis
y encontraré entre la tundra helada,
un rincón donde me posaré en tu espera.

Anidaré a pesar de los temblores,
con las ásperas corrientes que me cercan
y entre un tronco yerto esconderé mi nido...

Si regresas amado mío
al encuentro de mis alas mustias,
verás que sobre mi corazón herido
hallarás de nuevo tu calor intenso,
aquél que  me abrigó en tu ausencia,
se posó sobre mi pico y me animó a trinar
calentando con mis alas la mies que plantaste
en esa tibia tarde que te alejó  un invierno...

Y si al amanecerse deshielan  los polos 
y aún tibia me encuentras...,
¡ven cariño mío con tus plumas de colores,
entre los dos abrigaremos los candores
que penetrados en recóndito espacio
nos llaman con llanto lisonjero,
pidiendo de nuestro amor los besos
y los saltamontes congelados en los cristales!

Más no te alejes en helados momentos...
Entre los dos, ocultos en los aposentos,
levantaremos  de nuevo una camada,
que volará a la par hacia el cielo inmenso
que se vislumbra  blanco y puro,
y que en el deshielo nos mostrará las flores
que murieron tras intenso frío,
para renacer con un paisaje  primoroso,
adornado con  un arco iris de colores
en medio del radiante sol,
y un aroma que nos unirá por siempre.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, agosto 23/11

martes, 23 de agosto de 2011

MODELO (5)

MODELO (5) L4R

Deja que tus pieles blancas caigan
Tu sonrisa cantarina, tu voz de niña
Desnudez de tu hermosa juventud
La que viaja aprisa y sin dolor...

Posa para los que te admiran
¡Mi linda  paloma tan querida!
Niña de mis ojos grises,
Canto mañanero y feliz...

Que se retrate tu imagen,
Esos bellos óleos te inmortalizan,
Mientras el tiempo implacable sigue
Dañando los pétalos de la vida.

El lienzo de tu piel al desnudo
El pincel que se desliza...
Mira hacia el horizonte muerto
Deja que el pintor se esmere.

Toca las sedas con  placer
Torna  una lánguida mirada...
Juventud primorosa y tierna
Posada sobre duras telas.

Deja que tu cuerpo no tocado
De pequeña gacela
Sea plasmado sobre áspero lienzo
Con las nieves de tu vida.

Que tu sonrisa perdida
Sea el recuerdo por siempre,
De mi niña consentida de nacarada piel,
De inocente mirada retratada
Viajando a través del tiempo,
Sin envejecer, sin sonreír, sin llorar...


Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, agosto 23/11