sábado, 11 de noviembre de 2017

ESA MIRADA

ESA MIRADA

Esa mirada enciende toda frialdad, 
esos ojos negros poseen un "algo" inquietante, 
tal vez ha visto demasiado y lo comulga en su interior, 
pero esa mirada está llena de musgo fresco y gotas de rocío...

Ellas son testigo de un amor extraño, 
son la musa del poeta que interpreta en letras mínimas, 
un anhelo que jamás será.

Pero esos ojos negros 
hacen que mi corazón brinque 
como niño en el vientre, 
y al verlos tristes, la congoja me llena, 
pero cuando están felices 
su brillo elimina todo sinsabor 
y la sonrisa llena el rostro.

Esos ojos negros tuyos 
son la barca a donde quiero ir,
 navegar en sus aguas con mis niñas trepadas en tu boca 
cantando aleluyas al amor 
y resolviendo los sueños 
con el afán de la golondrina cruzando el cielo.

Porque esos ojos tuyos 
contienen el bosque que amo y la rivera que sueño, 
el árbol que deshoja sus flores para renovarlas en invierno, 
y caminar por ellos aunque sea un instante, 
hace fluir la cascada y volar en bandada 
a los gorriones que guardo en mi corazón, 
para que pueblen los pinos de tu campo 
y los sueños que se mueven en tu pensamiento.

¡Esa mirada tuya!, ¿por qué razón miras así?, 
¿para qué calentar el pasto seco?, ¡no lo hagas!
El tiempo acusa, 
la primavera abre sus primeras flores con el viento a tu favor 
y la inquietud del ave en tus párpados mojados, 
son el pequeño lago en donde retozo al verte, 
para volver otra vez al árbol que guarda mi historia 
y me impide volar a verlos.

Raquel Rueda Bohórquez

11 11 17

viernes, 10 de noviembre de 2017

CALLA

CALLA

Calla, que un ave está orando sobre un árbol 
y una garza se ha puesto de rodillas. 

Tan mágico es el amor 
que ni cuenta nos damos. 

Ayer estaba en tus brazos,
la vida se va ligera por entre las rocas
y a pesar de todo, floreció el cardo.

Siento la luz que toca al mar,
percibo la música de las olas
y al paso del viento el murmullo de la caracola.

¡Corren y corren las nubes!
El sol buscó la cuesta, no se cansa,
las estrellas llenan el firmamento
y te sigo pensando.

Que nada perturbe tu andar
porque mi amor es cierto,
jamás creí estar sin ti,
pero tu sonrisa fue más grande
que toda la miel guardada.

Florece en mi jardín el pensamiento
y en sus hojas secas escribo mi amor
letra a letra, con los dedos corvos
y la mirada cansina.

Me he vuelto oración después de todo,
me acerco a la bondad del infinito
donde se gesta el amor
y un loco me hace el favor
de alejarme de tu lado.

Está el cielo encendido,
así mi rostro al pensarte,
y un cucarachero contento
me hace sentir infeliz
porque no tengo su arpa en mi garganta.

Debemos callar nuestro ruido interior
y percibir el gran amor que se crece
entre los gajos del limonar.

Pero con esto y todo lo demás,
jamás he podido olvidarte
y tus negros ojos son la estrella
que guía mi velero de papel
sobre las olas del mar.

Raquel Rueda Bohórquez
10 11 17

ARAÑAS DEL DESIERTO/A las Wayúu

La imagen puede contener: 1 persona, sentado y de pie
Wayúu en clínica esperando a la madre enferma.


ARAÑAS DEL DESIERTO/A las Wayúu

Ellas conocen del espino 
que entre sus filos guarda 
una rica esencia para los chivos.

El despertar del sol quemando
y el arrebol de las nubes
que van pasando. 

Tejen y bordan sueños
entre los cardos del camino,
ese cardón inmenso 
que se vuelve flor y fruto
para favorecer al peregrino. 

Entre arenas y aguas que se alejan,
el hambre sacude las entrañas
y ellas bailan un son valiente
que derriba al hombre 
que después debe amarla.

Enredan hilos en manos y pies,
y piensan tal vez 
que alguien verá su obra 
y pagará lo justo. 

Todos vienen con afán, 
regatean por doquier
para entre negros carbones
volver más oscura su existencia. 

Y la sed se prende del alma
que sacude la prenda infinita
de un Dios que se eleva en el mar
y regresa a besar sus arenas.

¡Siempre me sorprendo!
Las arañas del desierto no repiten obra, 
y en esta genialidad heredada
doblo las rodillas cual flamenco
para orar por ellas. 

Raquel Rueda Bohórquez 
10 11 17

EL MOCHUELO

EL MOCHUELO

Ulula el mochuelo desde un tronco
y la vida pasa rauda ante sus lámparas
que en la noche encienden 
de magia el bosque.

¡Qué maravilla!
Tiene ojos saltones y la piel brilla,
en tanto perfila en el viento sus espadas
que se aferran con dolor y cantan
una epopeya a la esperanza.

Se ha marcado la carne, 
el destino es así, suerte o desgracia,
pero ninguno de los dos lo sabía
y fue señalada la carne del inocente,
más el alma en un parpadeo,
se volvió cóndor. 

Raquel Rueda Bohórquez 
10 11 17

jueves, 9 de noviembre de 2017

¡AY DEL AMOR!

¡AY DEL AMOR!

¡Ay del amor!, ¿por qué te ocultas?
En qué mar navegas y en qué ola te escondes?
¿En qué muralla te alzas?

¡Ay del amor!, ¿por qué me traicionaste?
¿Quién te dio la espada para herirme,
si mi cuerpo era tierra para que sembraras?

¡Ay del amor que se aleja sin explicación!
¡Cobarde y traicionero, te gustó el dinero!
¿Pero qué de aquéllo tan hermoso que teníamos?

¿Qué me puedes contar de nuestro paraíso?
¿De las tantas caricias y besos que nos elevaban
cual cóndor sobre la más alta roca?

¡Ay del amor!, ¿en qué sol se ocultará?
Llegó la mentira y te alejaste de mí, 
el invento pudo más que mi cariño.

¡Ay del amor!
Me dejaste sin alas para volar
y ahora el pensamiento tiene plumas
que se crecen en la aurora
y se alargan al anochecer.

¡Ay del amor! 

Raquel Rueda Bohórquez 
09 11 17

miércoles, 8 de noviembre de 2017

MÍO


MÍO

Luego de que me amaste, 
¿Qué me queda?...

¡Mejor ámame otra vez!
Miles de amaneceres,
Hasta que la noche nos duerma en sus placeres
Y el mundo se olvide de nosotros.

Quiero ver tu cuerpo desnudo.
Pareces el árbol fuerte
En donde anidan las águilas arpía.

Pero me han robado tu carne...
¡Putas mal agradecidas!
Me robaron tu amor, 
¡Y yo, tan convencida de que era mío!

Raquel Rueda Bohórquez 
27 10 16

domingo, 5 de noviembre de 2017

VIENDO POR AHÍ

VIENDO POR AHÍ

Trepó el gorrión a la montaña,
ajustó su afán al nido del amor
y se llenó de cánticos pequeños,
el valle de los sueños.

Pasó la oruga en búsqueda de esmeraldas,
las reventó a su paso, 
pero ellas fueron generosas
y un envés fue propicio, una cárcel dulce
bordada con hilos de plata.

Otro día desperté viéndola a los ojos,
ella asomaba sin temor
y el sol de lleno le tocaba,
para que el viento le agitara
en medio de la más bella flor.

Raquel Rueda Bohórquez
05 11 17