domingo, 6 de agosto de 2017

EN LA PUERTA (48)


EN LA PUERTA (48)

Es un día domingo, la tarea empieza y  debo volver a empezar por lo mismo. ¿Me estoy quejando?, esta costumbre es vieja, hasta que retorno al árbol y la música del chirrío se empeña.

 A este pajarillo lo zafé de las espadas de mi gata y ahora viene a cantar cada mañana, es un trino agudo y corto, sabe agradecer por la vida mejor que otros.

Este domingo está lleno de nostalgias, de saber que no tendré tus brazos sobre mí, que no advertiré tu mirada siempre húmeda, viéndome como si acabara de nacer, con el cabello blanco y las constantes quejas que sanabas con tus oraciones.

Cada tanto que es siempre, recuerdo tus manos arrugadas y el paso de mujer cansada; pero jamás recuerdo que renegaras por nada, ni siquiera con el peso de la vida sobre ti.

Esta mañana la dediqué a recordar tu imagen sagrada, las palabras que siempre me repetías: “paciencia, paciencia y luego verás las espigas y los panes sobre la mesa”.

Retorna el olor a café tostado, el aroma siempre dulce de tu voz, regresan tus caricias sobre mis cabellos, y alargas tus manos desde donde estás para aprisionar las mías.

Hoy es un domingo para agradecer a Dios por tu mágica presencia,  porque me escogió para ser tu hija y no quiero que su voluntad cambie, por los siglos de los siglos.

La imagen de tu ave siempre está en la puerta esperando tu regreso cualquier día, mantiene la misma jovial sonrisa, no se cambia y toca obligarlo; no se ajusta bien la correa, pero sabe del amor porque lo lleva dentro de sí, no interpreta qué es odio, porque no lo conoce, no tiene rencor ni envidia, pues al fin y al cabo, es el ángel que Dios te prestó.

Todo está bien hasta el momento, las aves están regresando a casa y nosotros estamos aquí esperando el toque de la campana mayor, para volar asustados a tu lado. 

Son las 12, la gente sonríe, otros se llenan de afanes y no piensan que todo volverá a la tierra, que los huesos quedarán al descubierto y seremos las cenizas que el viento esparcirá sobre los cultivos de ignominia.

¡Te extraño!, no pasa día ni segundo en que no te recuerde; mi soledad es para estar contigo, para conversar a solas ideando un verso, donde el mundo nos convierta en la flor y el ave, que serán una en el universo, una vez el tiempo pase volando y nos arrastre con Él.

Raquel Rueda Bohórquez
06 08 17




viernes, 4 de agosto de 2017

UN DÍA DE CAMPO (49)


UN DÍA DE CAMPO (49)

Estoy aquí, imaginando el pasto entre verde y seco colmado de diamantes,
pensando que la brisa está más dulce que la pasión entre los amantes;
más luego, entre la hojarasca que baila cumbia, y el junco que besa la tierra;
me doy cuenta de lo grande y maravilloso del campo,
y lo divino del canto del gallo que incita a una oración,
con la sonrisa más amplia escrita en la honda sinfonía del lago
donde se ejercita la pasión y el verbo se crece entre espinas y tornados.

Detallo la hoja seca y su nervadura abierta, ¡oh Dios!, ¿cuánto he agradecido por esto?
A pesar de no ser bienvenida a mí propio campo cebado, con el esmero del buey que ara,
cuando llego a ti, me invade la nostalgia y permito que me oculten las ramas altas
donde se esconde la mapaná bravía y el toche de agua.

Dejo de pensar en lo imposible y fabrico mi propio bosque con las hojas de mi vida,
escribo en mi propio pañuelo con lágrimas que saben al mar de mis anhelos,
y a la boca que ya no es mía.

Virgen María, ¿cuál es la razón para que no invoque tu favor?
Alcanzo una flor y olisqueo como los cabritos a las cabras en celo,
para darme cuenta que siempre estás en el manso arroyuelo,
y en el aroma dulce que asoma tímido entre la roca y el espino.

¡Vuelan las garzas!, ¡cuánta gracia hay en su andar y sus patas largas!
Dibuja el estero su gran pico y el lago oscuro le brinda requiebros fervorosos
que se elevan espantados entre su dorada espada
que nada tiene que ver con el dolor de otros,
más sí con la camada que espera más allá de la huerta casera ,
y del árbol más oculto que baña el sol con mágica gracia
centelleando su espejo entre las aguas cálidas
que corren y corren, entre las faldas más dulces de la montaña.

Las vacas braman de contento, pero me inquieta su mañana;
¡recordé que mi bosque es de mentiras y sonrío!,
en mi ladera todas son mansas y tienen fuertes cachos
para atacar al depredador.

Corren y corren las pollitas de agua y chillan con sus alas en abanico
que parecen una flor negra dorada y roja, abierta a mis esperanzas.
El grillo se antoja de la hoja que sobresale y la libélula lo busca,
le da el abrazo de la muerte y se juntan al fin, alma con alma.

Llega la tarde, el sol expande su melodía entre las nubes,
aquí todo es esplendor, hay una plegaria antes de marchar;
se despide el astro y otros gritos y gemidos resaltan en la noche
que cubre con fervor el campo.

Raquel Rueda Bohórquez
04 08 17




SILENCIO (50)

SILENCIO (50)

Cierto día callé, como tu estrella enmudeció
y empecé otra vez a secar mis alas
con la voz del mar que me cantaba al oído
las mejores canciones de amor.

¿Recuerdas la roca que nos halló un día mojados?
Todavía está en el mismo lugar,
tiene hoyuelos que el viento ha tallado
y el sol ha cultivado.

Me atengo al afecto de tus ojos,
a enmudecer por momentos
pues pareciera que la vida es así,
un azotarnos fuerte el viento y la arenisca
para luego recibir el beso de la primavera.

Tus ojos negros iluminan la oscuridad de mis días,
pienso que hay una fábrica de cariño
y en tus brazos de ensoñación
hallo el afecto que por aquí se desvanece.

Ahora que sequé mis alas,
ahora que han crecido las guías otra vez,
pienso que tal vez un huracán me acaricie
para hacerme volar hasta la peña de tu corazón
y podamos tocar el cielo una vez más
con frescos y aromados pensamientos.

Raquel Rueda Bohórquez
04 08 17

jueves, 3 de agosto de 2017

030817 AGOSTO (51)

030817 AGOSTO (51)

Había renunciado a tu amor
y el violín se empeñó en sus notas
en una mañana cálida,
con la gata blanca viéndome
me di cuenta del oro de sus ojos
y la pasión de sus desvelos.

Tres bebés maúllan y corren
y en este afán me hallo, pero sonrío,
sus morisquetas agradan entre sus pelambres dulces,
el mundo se llena y los ojos se agrandan
y espero un poco a que estén más grandes
para donarlos a una abuela solitaria.

Te habías ido y regresaste…,
es como sentir la lluvia fresca después del verano,
al aire frío que anuncia lluvia temprano
y al olor a sierra húmeda, a campo fresco
en medio de orquestas y bramidos de vacas
llanto de corderos que pastan
y se entretienen 
en medio de las piernas de la madre.

Continúan las notas… Paganini llena mi espacio,
pensar en los restos de un amor
y el negocio con los cadáveres y en esto pienso:

¿No sería mejor que nos dejaran en el mar?

¡Pobres tiburones con hambre!
Nos santificaríamos más
que seguir llorando y pagando
por nuestros muertos,
pero a mí no me cremen
quiero ser un gran árbol en un bosque,
un hermoso arce, un roble…

Raquel Rueda Bohórquez
03 08 17






martes, 1 de agosto de 2017

EN OTRO ESTADO (52)

EN OTRO ESTADO (52)

Me vi en otro estado,
era la mariposa galana en la flor más fresca;
fui espejo en un lago y ahí nos juntamos...

Todo era extenso, ¡mienten que todo en silencio!
Algarabía de pájaros y corrientes alternas,
festejo de colibríes y aves del paraíso.

Las montañas no las podía concebir de otra manera.
Entre la bruma de las montañas, una higuera;
y junto al lago de tus pestañas todo mi anhelo.

Corrían a recibirme, era un cortejo que me traspasaba
no había carne para tocar,
ni más afán que la gloria de un despertar
en medio de un lago verde.

Hubo un juego por la muerte que la vida no cumplió,
pero aquí en este lugar, todo era en flor,
nadie tenía boca para censurar
ni lengua para mentir.

Más las aves revoloteaban por frutos;
los grillos buscaban los gajos más verdes
y las cigarras ya no lloraban,
porque bajo tierra solo existían las raíces
que sostenían los más graciosos árboles.

En otro estado te vi, nos vimos;
nos colamos y fuimos el alma de una nube
que corría veloz a regar los desiertos
y las montañas que alguna vez disfrutamos.

Fue ahí, en lo salvaje de un mundo raro,
donde descubrí que no hacían falta las formas ni las figuras
porque reconocí el aroma a madre a la distancia,
y tú, reconociste el mío en la infinitud del silencio
que se llenaba con los cantos de los pájaros.

Raquel Rueda Bohórquez
01 08 17


JULIO 2917 (53)

JULIO 2917 (53)

El gorrión se moja con la lluvia de julio
y el corazón se llena de júbilo
al recordar tus manos arrugadas
y los senderos dulces que tu frente cruzaban.

¡Qué hermosa mañana!
Pero me duele sin ti,
más ahora, dulce ave de mi amor prendada,
flor pequeña y perfumada;

ahora que se moja el mundo,
pienso que una gota de rocío ha de ser tuya
y sonrío porque nada me inquieta más
que no tenerte,

pero me contento con imaginar
que me abrazas en este momento
y me tocas con tu llanto.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, 29 07 17




CONTIGO (54)

CONTIGO (54)

Me gustaría soñar de nuevo contigo,
pero algo pasó después de los 50.

Sucede que las rodillas duelen
y la palidez retorna a mi pared
en donde escribo de vez en vez:
"Te quiero".

Contigo los días se dulcifican,
mi hoja en blanco se crece
porque estás en mis dedos
y en mi pensamiento.

Acaricio el día de hoy
estás en él y esto es grandioso.

No sé cuál de los dos dará el primer paso,
pero lo que sea que haya, después de esto,
imagino que es como llegar a la montaña más alta
y divisar frente a nosotros que nada acaba,
que continúan las vertientes brotando
y los pájaros cantando.

Raquel Rueda Bohórquez
01 08 17