sábado, 16 de julio de 2016

TAMBIÉN ME GUSTA (15) (R)

TAMBIÉN ME GUSTA (15) (R)

Me gusta bailarle al viento,
Al humo de un cigarro;
A la montaña que me hace levantar el rostro
Y al lago que me hace bajarlo...

Me gustan tus ojos negros…
¡Qué bello eres mi amor!
Estoy pecando por amarte
Y me condenaré,
Si no me tienes en tu corazón.

Me gustan los sonidos del bosque,
Las flores de azahar que hacen despertar a las abejas;
Creer que Él existe porque mi corazón late,
Y luego se va lentamente hacia el mar,
Entre aguas rojas y música de violines.

Me gusta el despejar de las nubes,
La lluvia tempranera,
El arco iris cruzando el Magdalena;
Los ojos de Dandy que semejan dos estrellas...

 ¡Me gustas!, me sigues gustando mi amor,
¡Cuánto quisiera estar entre tus brazos!
¡Cuánto, beberme la miel de tu boca!...

Me gusta el sonido de las hojas secas en verano
Y su reverdecer en invierno,
 Las primaveras que atraen a las aves
Y las neviscas que las silencian.

Me gusta ver a las luciérnagas en la noche,
Parecen estrellas que se escaparon del cielo;
Almas que vagan silenciosas entre las rosas
Que duermen en la noche,
Y los búhos que se adivinan despiertos.

Me gusta tu cuello fuerte;
¡Pareces un potro en la espesura!...
Tu boca, ¡ohh!...
¡Sí relincharas en la mía como ellos!
¡Si corrieras a mi alcance sin importar la gente!…

Me gusta éste día y esta tarde
Con la noche que se previene;
El ocaso que se irá en un momento
A crear otros versos de colores,
En otras montañas y senderos.

Me gusta vivir y que me dejen vivir,
Que la gente ayude en verdad a quienes necesitan,
Que nadie se aproveche del más débil
Ni ría del más inocente.

¡Cómo me sigues gustando poeta!
 ¿Estás triste hoy?
 Mañana todo cambiará,
Porque ésta noche
Nuestra promesa de amor será vista
Y seremos tocados por el aire suave,
Amante de la brisa.

Raquel Rueda Bohórquez
16 7 16





miércoles, 13 de julio de 2016

POR LA SIERRA NEVADA (16)

POR LA SIERRA NEVADA (16)

Hay una lámina de cristal que divide el cielo en dos; ahí nos podemos mirar, nos adivinamos en el rubor del sol que parece prender en llamas, y en el bosque tímido, especial para que las luciérnagas se amen y en la tarde se haga un brindis.

Estaba ante mis ojos…con el mismo asombro me veía y con la misma ignorancia lo miraba.

Existe en medio del bosque un hada mágica que mezcla los perfumes y los expande; más no todos se darán cuenta de tales hechos, no todos sabrán que tal aroma sana.

En uno de mis viajes por la montaña, un gran árbol se podaba; los hombres estaban con los pies descalzos, tenían trajes blancos y nada les importó la gente que pasaba; luego vi a ese gran árbol que parecía morir, todo fue inquietud malsana.

-¿Por qué razón lo derriban?, ¿no decían que la selva era protegida?, pero el guía parecía triste y respondió: El árbol brotará nuevas hojas y se crecerá otra vez, con ellos se fabrican las viviendas por aquí, nosotros pedimos permiso al bosque, plantamos sus semillas, amamos lo que tenemos y ellos nos brindan más de lo que merecemos.

-¡Entonces!, ¿no decían que aquí ni un árbol derribaban?, y el guía continuaba su oración: para nosotros el bosque es nuestra vida, Él nos dijo que sí, pero ustedes no saben hablar con la naturaleza, les falta saber caminar por encima de las víboras y conocer el ruido de sus cascabeles; ustedes faltan al respeto al bosque y se llevan más de lo que necesitan, pero eso no significa que nosotros no podamos aprovechar lo que Él nos ofrece; somos amigos, nos amamos mutuamente, no con el amor que ustedes ven todo éste paisaje; ellos temen a sus miradas, se espantan de sus pisadas y lloran, lloran mucho cada vez que regresan…

Luego, sobre la bestia blanca que me llevó a puerto, tuve tiempo de meditar; recordé a las serpiente mapaná que pasaron, a la mariposa azul que me invitó a perderme en medio de tanto verde; recordé a los monitos que hacían morisquetas con timidez y espanto, chillando sus miedos a las aves; recordé el temor luego, un miedo que noté en los ojos del muchacho que descalzo caminaba, y quien llevaba el lazo del caballo en medio de tantas rocas y espinos, con la mirada limpia y ese brillo de niño en sus pupilas; recordé que era su iglesia por donde pasaba, su espíritu conversaba con las rocas, conocía de las gigantes flores, del color de los colibríes que eran besos de Dios en medio de todo, y callé un rato, hasta que el ángel de blanco traje y pies descalzos que estaba a mi lado anunció: ¡hemos llegado!...

Raquel Rueda Bohórquez
13 7 16



martes, 12 de julio de 2016

EL ÁRBOL PEDRO HERNÁNDEZ (17)

EL ÁRBOL PEDRO HERNÁNDEZ (17)

En algunas regiones le llaman “Manzanillo o Caspicaracho” entre otros nombres según la región, crece junto a un árbol amigo que se llama “Espadero” que es otro árbol que usan los campesinos para bañarse cuando el Pedro Hernández los ataca.

Éste árbol tiene un gran espíritu, es celoso de su territorio, las personas que pasan por ahí les produce un salpullido tremendo en el cuerpo, puede hasta matar, ataca a los seres humanos que no les cae bien o que no lo respetan ni lo tratan con benevolencia.

En familia se hablaba mucho de éste árbol que producía picazón y ronchas a personas que no sabían de su gran poder; entonces quien conoce el árbol debe pedir permiso para poder pasar por debajo de él o por su lado, y a esas personas nada les sucede: “Permiso Don Pedro Hernández para pasar”, y no estoy hablando cháchara, en Santander mi tierra es muy reconocido y respetado por los campesinos.

Los cogollos de yuca ayudan en el tratamiento del salpullido que produce, y baños con ramas de su amigo el Espadero. Donde hay un Pedro Hernández habita un Espadero, porque la naturaleza es sabia y su medicina es la que nos salva, tiene el mal y así mismo la contra muy cerca de él.

Saludos como este deben ser entregados a Don Pedro Hernández si pasamos por su lado: ¡Buenos días don Pedro Hernández!, ¡buenas tardes Don Pedro Hernández!, ¡no me vaya a joder amigo mío, vea que somos compadres!, se debe hacer la venia a éste caballero que parece enclenque, pero es un poderoso que reirá de nosotros si somos arrogantes, no seamos ingenuos con él, muchos se han equivocado y han perdido hasta la vida.

Se le pide permiso para podar sus ramas, para cortarlo si es necesario; nada debemos hacer sin su autorización, y él, aunque parezca extraño, entiende a ese espíritu pequeño que camina bajo sus gajos.

Muchos no acataron y fueron castigados, ¡la próxima vez pídale permiso no sea huevón!, ¿no le habíamos advertido acaso? /dicen los campesinos quienes han sido tocados por esas alergias, una picazón terrible por todo el cuerpo que tiene que frenar en un hospital o con los tratamientos que ellos saben que funcionan.

En lo que recopilé de información, hay que orinar en el tronco del árbol, tal vez él necesita urea y aprovecha, es un árbol inteligente, se le dan unos golpes y se castiga también, aunque no lo crean no es una historia ni un cuento chino, esto es la naturaleza viva, el espíritu del bosque que se manifiesta con grandeza.

Espero imagen del Espadero y de éste maravilloso árbol, ya que otras imágenes son eliminadas si no me pertenecen, ojalá no lo hayan exterminado.

Así como tratábamos a los ancianos en una época que hemos olvidado: ¡Con su permiso señor!, ¡muchas gracias!, así debe ser tratado éste enclenque caballero del bosque. ¡Mis respetos!

Raquel Rueda Bohórquez
12 7 16




¿CÓMO VEO AL OTRO? (18)

¿CÓMO VEO AL OTRO? (18)

El mundo con todos sus matices: el negro, blanco, amarillo, dorado; ¿qué fuera del paraíso sin sus colores?

El hombre ha sido responsable de todas las estupideces que existen, pero también de muchos aciertos que han mejorado nuestra vida, pero hay algo que es preocupante y es la manera como vemos al otro, a esa persona que vive cerca o lejos de nosotros, a quien pasa por nuestro lado, al que barre la puerta de nuestra casa, a quien recoge la inmundicia cuando las cañerías se tapan, a ese chico que va con los calzones rotos, como sus esperanzas, y muchas inquietudes en su cabeza.

Desde niña he visto muchas cosas, todas se han quedado grabadas y a veces afloran; recuerdo a mis hermanos uno a uno, sus actitudes, aciertos y desaciertos, para en medio de todo, saber que cada uno de nosotros poseemos un espíritu parecido pero jamás igual, aunque nos inculquen valores desde niños, muchos siempre escogen el camino equivocado. Mis hermanos siempre nos respetaron, pero se pasaron en protegernos porque no permitieron el amor en nuestras vidas, para ellos todos los chicos eran malos y siempre querían hacernos algún daño, esto nos marcó mucho, pues a veces se imponían con maltrato físico y verbal. Si estamos jóvenes y en crecimiento, éstas barreras nos fueron partiendo el corazón.

Muchas veces reí de otros, siendo niña, pero también me sentí mal por ello, luego regañaba a otros y así fui creciendo, aprendiendo a respetar las diferencias.  Me gustaba la soledad, me escondía a leer libros que me ocultaba Dorita porque no podía descansar, no quería dormir, deseaba llegar hasta su final. 

Nunca me interesé por temas sexuales, por hechos que me ocurrieron siendo muy niña, era un bloqueo hacia este tema, una oscuridad que me aterraba, un miedo a los viejos solitarios, un pavor a lo desconocido, y de ahí vino mi timidez o un miedo oculto hacia el otro, ese ser raro que nos miraba con morbo y nos perseguía en la calle, deseaban tocar, se masturbaban delante nuestro, con experiencias dolorosas que se quedaron ahí para siempre, una luz apagada era un terror que todavía siento.

No maduré respecto a los miedos, y muy tarde le conté a mi padre, una niña de 5 años no sabe cómo expresarse, pero sus malos recuerdos se quedan ahí, la actitud de mi viejo  después de que un día en charla de amigos, le conté, fue de mucha ira y dolor, no hacia mí, sino hacia lo que no pudo hacer, hacia esos momentos negros donde él no pudo ser luz porque estaba ocupado trabajando, trayendo el alimento para tantos buches que tenía por mantener, y mi vieja terminaba agotada, en tanto el depredador siempre está alerta, jamás duerme, es como un demonio con los ojos brillantes y saltones que nos aterroriza y enmudece, esa persona que tenía vicios y que él siempre acogió, pero el momento no está para nombres, el segundo está para perdón y olvido.

Había otro miedo enorme y era el de “comunicar”, porque no sabía la manera de hacerlo, de aquí que es importante que tengamos esa desconfianza, que desde niños nos inculquen miedo o temor hacia ciertas actitudes de otros  y nos enseñen a sospechar, ¿pero quién sospecha cuando está dormido?, mis viejos lo hacían, pero creían que sus niños estaban protegidos, que toda la gente que estaba a nuestro alrededor era buena, cuando no era así, hay que tener cuidado siempre, pero el cansancio es la oportunidad que el demonio escoge y prefiere a los niños muy pequeños porque imaginan que ellos olvidan los detalles, pero se equivocan, porque todos están ahí y llegará el momento de sacar eso que tanto dolor nos causó.

¿Cómo veo al otro?, no puedo odiar, he dicho que todo se ha ido, no tengo odio por las personas que me han pisoteado y robado mis sueños, no soy la víctima, eso me gritaba alguien; soy la flor que se creció en un bosque muy espinoso, pero que a pesar de todo se le brindó tanto amor, que pudo más el cariño que el cultivo de espinas.

Amo todo lo que mis ojos ven, las melodías que van y vienen; amo a los chicos que buscan una guitarra y un libro, me gustan los muchachos que salen a caminar y a disfrutar del paisaje, pero tengo desconfianza de aquéllos que jamás disfrutan viendo una flor y que maltratan a un animal; son potenciales asesinos, son depredadores en potencia, toca poner mucho cuidado desde niños a sus actuares, porque estaremos criando seres malvados en medio de un rosal, esas personas son amargadas y resentidas, y su odio siempre se volcará hacia el más débil e inocente. 

Somos gente que discrimina a otra gente por el traje, por sus zapatos rotos, por su derecho a elegir a quien amar; censuramos a quien es pobre porque lo es, censuramos al rico que fue pobre y al pobre que de un momento a otro es rico, al negro, al blanco, a la joven radiante y hermosa, porque así somos, seres no tan humanos, nos reímos del feo, del cojo, hacemos mofa del niño especial y lanzamos nuestras espadas, esto lo vivimos con German en Zapatoca, la gente tiene que educarse, sembrar valores, regañar cuando algo no está bien, sacudir los zapatos y continuar, esto fue lo que hicieron mis padres cuando decidieron agarrar los motetes y cambiar de rumbo a pesar de lo bello de éstas tierras.

En mi recorrido he conocido a los animales, los amo, amo la naturaleza y veo a Dios en ella; nadie más que mis padres y mis mascotas me han dado tanto cariño. No soy una parte rara de este universo que empeora cada día y se destruye por culpa del hombre y su ambición, porque sé que miles de seres humanos son buenos y desean cambiar. 

En medio de tanta desigualdad e injusticia he conocido a grandes seres humanos, nada tiene que ver la riqueza o la pobreza con la maldad, porque es algo que llevamos dentro o se alimenta, nadie puede cambiar la mentalidad de un asesino en potencia ni de un depredador, porque lo lleva en su espíritu y algo lo impulsó a que su maldad creciera; no sé de qué manera explicar, hay muchos que han estado presos, todos conocemos grandes casos, ellos salen a buscar niños, y el mundo a veces señala a quien juega al sexo, más el violador es otro cuento, violador de ideas, ladrón de sueños, verdaderos demonios disfrazados que deambulan con rostros de inocentes viejos, o de jóvenes apuestos y educados, pero llevamos a la cárcel a seres que jamás fueron lo que otro se inventó.

Depuro la rabia y el resentimiento y lo cambio por una sonrisa, porque no hay tiempo para odiar, el odio nos enferma, nos mata, jamás es tarde para dar un abrazo y olvidar.

Hoy es el día de abrir la ventana, de ver que el sol continúa ahí y que la noche puede ser la sorpresa más encendida en estrellas que jamás habíamos adivinado.

Debemos perdonar y apartarnos del lugar oscuro, porque quien nos odia sin razón, tiene una espina más dolorosa por dentro, que está envenenada y lo matará lentamente.

Hoy es el día de anunciar con un abrazo: “Yo también te quiero”.

Raquel Rueda Bohórquez
12 7 16






EROS (19) (R)



Escucho Eros, de Chris Spheeris, ¿qué más da?, todo me lleva a ti.

EROS (19) (R)

Ahí estás de nuevo, la melodía inunda mi estancia;
Parece olor a chocolate espeso,
A café recién tostado, y la piel arde de amor.

Adivino al poeta escrito en la tinta de un pincel
Con el rostro moreno; la mirada color tierra
Y sus manos inmensas para tocar y acariciar;
¡Y la vida se me vuelve un caramelo en la boca!

¿Bailamos?, ¡qué ritmo tan dulce!...
Parece que jamás envejecí,
Soy una chica muy joven, levanto las piernas,
Me abrazo de tu tronco
Para desvanecerme luego entre tus brazos.

Mi cintura es de guitarra, soy la madera que tocas,
Soy los hilos en los que tus dedos se deslizan.

Suspiro, me ahogo dentro de mí,
Porque el amor nos quita lo desteñido;
El rostro se enciende,
Se moja mi pequeño mundo de pensar en ti.

Rojos en la pared y ahí los dos…
Escarlata el cielo, naranjas y violetas,
Y el resto del mundo es azul.

¡Todo para los dos!...
Para entregarnos a la pasión de vivir un segundo más
Creando un poema;
Un remolino de viento que nos junte y nos separe,
Y nos envuelva luego en su divinidad.

Somos playa ahora…
Un grano de arena en medio de tantas cosas;
Nos reconocemos,
Nos juntamos de nuevo con el ermitaño que llevamos dentro,
Corremos por nuestra casita prestada y nos ocultamos del mundo.

Te veo, mis ojos saltan, ¡pero más mi corazón!
Parece castañuelas entre los dedos,
Sacamos las pinzas fuertes,
Nos desvanecemos en otra casa más grande;
Después, el universo se llena de perlas iguales a los dos.

Eros, mi precioso amante:
¿De qué otra manera puedo mirar el mundo?
Te inventé para mí, vives en la fantasía de mis letras,
Pero nadie podrá robar esto que poseemos,
¡Porque nadie sabrá jamás lo inmenso que es!

Raquel Rueda Bohórquez
12 7 16


¿CÓMO ESTÁS? (20)

¿CÓMO ESTÁS? (20)

¿Cómo estás mi tesoro?, ruego a mi Rey porque continúes saliendo de todo mal y que vuelvas a éste camino de poesía, es lo único que nos une.

No sé de imposibles, el amor es una conexión celestial y no importa el medio, continúas en mis versos de la manera que pueda expresarlo.

Escribiré en los pétalos blancos de las flores lo que tu imagen me inspire, sin pretender más nada, sólo rogar una sonrisa a tu rostro y que seas muy feliz.

Ahora todo es sanación, estamos en tiempo de perdón, de avances como seres humanos; la gente piensa en la naturaleza, en las flores, en el amor al prójimo, sin ver más allá de un color, ésta estupidez que tanta muerte y dolor ha causado, porque la ignorancia fue la siembra que el arrogante hizo en sus hermanos.

Te diré que todo está mejor, alguien trabaja por mí unos días, prepara mis alimentos y pone brillo a los cutes viejos, alguien labora para que pueda descansar y mis fuerzas se recuperan a gran velocidad; luego podré verte, será como tocar a mis estrellas, ha de ser como ese día primero del único beso que nos hizo palidecer y temblar las piernas.

La mañana está fresca, ha pasado veloz, pero mis dedos se mueven; se dobla el mismo dedo del corazón, pero ya no hay dolor y decido esperar a mañana, a otro día con la esperanza de una tarde florecida entre tus brazos.

Desde aquí veo tus obras verdes, esos paisajes que llenan tus horas y segundos; desde aquí adivino tu inquietud, ¡pero todo pasará!, será escuchar el pulmón del mar, ver a las olas subir y bajar, luego la marea reposará y Él dormirá un poco, nos hará cerrar los ojos para que luego un madrigal nos despierte cantando en el más elevado árbol y la poesía penetre dentro de la piel y nos haga brindar porque llega la tarde, y se acercará luego la noche, con sus bendecidos luceros brillando para nosotros.

Raquel Rueda Bohórquez

12 7 16

EL ALBATROS Y TÚ (21) (R)

EL ALBATROS Y TÚ (21) (R)

Me antojé de la música que mueve tu corazón;
Es aquí en donde hay una estación para juntar un verso
 Y crear un poema de amor.

La guitarra suena, Chris Spheeris, Juliette.
Cierro los ojos y te imagino en una cama blanca,
Esa palidez en tu rostro y esa manta en tu cabeza
Que te hace ver como mi ermitaño.

Voy hacia ti, el cielo está despejado,
Las nubes corren, llevan una carga pesada.
Imagino con mis alas inmensas tocar el aura del sol,
Beso la nube gris que se junta con la pasajera vida
Y es ahí cuando el ocaso llega.

Me ha tocado su luz divina,
Traspaso el umbral de la montaña;
Persigo la sombra en tu alcoba
Y bajo tus sábanas, soy una contigo.

¡Ay mi tesoro!, ¿esto será amor?
Una corriente adivino en mi corazón;
Se llena de hormigas que corren veloces,
Llevan una carga sublime
Y luego la guardan dentro de mi alma.

Aprisa toco tus labios,
Lentamente me quedo ahí...
Eres la paz que mi cuerpo ansiaba,
La musa que mueve mis letras;
El amor que me enciende y apaga.

¡Ah qué delicia!, ¿qué vino has tomado hoy?
Más recuerdo que tus males sanan,
Una herida ha tocado tu vientre
Tiembla todo en ti, pero te sano;
Nos sanamos a la distancia, nos recorremos,
Mi espina dorsal se adosa a la tuya
Y nos abrazamos.

¡Qué alas! ¡Qué inmensas alas tienes!
Jamás tendré frío otra vez si estoy contigo,
Si en un verso nos atrapamos, si somos luz en el viento
Si somos un par de albatros tristes
Que al tocarnos con el alma nos encontramos.

Raquel Rueda Bohórquez
12 7 16