martes, 1 de agosto de 2017

LA GUERRA (55)

LA GUERRA (55)

Pienso que la guerra se alimenta con los comentarios negativos y las imágenes que no son las reales. No veo televisión hace rato; pues los medios son bombas muy peligrosas que alimentan, sugieren y guardan un veneno muy fuerte, que lo inyectan directo al cerebro de la gente que cree en todo, menos en Dios.

Deseo la paz y ante todo que haya justicia, en un sistema cada vez más caótico donde la gente solo aspira al poder y a poseer cosas, menos valores.

Todos somos parte de una guerra sucia, porque desde los hogares nos criticamos, las familias van creando barreras para disparar palabras hirientes, es un asunto grave que luego explota y aparta a las personas.

Entre más familia, más amor, pero esto queda solo escrito, porque en la realidad es otra cosa, los unos hablan de otros y se lucen en medio de un jolgorio de payasos, para que el mundo se burle de las miserias ajenas, en tanto se cae el cabello, se pinta de rojo y se quiere robar al tiempo una juventud que no existe.

La guerra nace con nosotros desde que nos concibieron en el vientre; guerra para nacer, para llorar, para sobrevivir; pero todos, aunque nos creamos santos, amamos el poder y el dinero, y es por ello que las peores guerras se fundan desde nuestros hogares y sociedades, donde el "vivo" pasa a ser el general que ordena disparar, pero se resguarda detrás del escritorio, con seguidores que ayudan con ideas funestas para los demás.

No me hice entender...

Raquel Rueda Bohórquez
01 08 17



POR AQUÍ (56)

POR AQUÍ (56)

Por aquí sí pasan los años,
pasan los días y las horas;
pasan los segundos sin sentirlos siquiera;
pasan los amores que no fueron
y los que siempre estarán en mi corazón.

Por aquí pasa el tiempo inexorable,
no le tiene miedo a nadie y besa mi frente;
acaricia mis manos y me hace doblar las rodillas.

No quiero aparentar lo que no soy ante nadie,
no quiero decir sino lo que siento,
pero además, ahora procuro
que mis palabras no sean fuertes ni ofensivas,
sólo a veces cuando lo humano
sobresale ante mi pálida figura.

¿Qué somos más que un trozo de carne forrando un esqueleto?

Por aquí pasa el tiempo y le agradezco a Dios
por dejarlo escrito en mis dedos.

Por este cuerpo pasó el amor dejando su caricia
y ante Él me doblo y me vuelvo grande de nuevo.

Sean dulces caramelos, miel de caña,
seamos angelitas buscando la mejor flor
y entreguemos lo mejor
aunque parezcamos seres perversos,
algo bueno debe haber por ahí.

Raquel Rueda Bohórquez
01 08 17

COSAS DE UN DÍA (57)

COSAS DE UN DÍA (57)

Anoche estaba con la depresión tope, agotada de tanto trabajo y poca ayuda, recordando los años y los meses donde el amor parecía estar ausente, y más me cansaba en bregar a sostener en el viento mi cometa.

¿Es posible que no me pueda sentir así a veces?, no puedo colocar una sonrisa donde hay pena, pero al despertar rogué porque ella regresara y corrí al vaso de noche, la tomé y sonreí de nuevo no para todos, sino para mi espejo, que me acepta tal como soy, y no me juzga ni me lanza ofensas con severidad.

El día está húmedo y lluvioso…, creo que anoche hubo tragedias porque los vientos huracanados corrieron hacia Casa Vieja. Me han contado que ese sector fue tocado con fuerza y esto es para que vivamos el día a día, el segundo a segundo con pasión de la buena.

El joven se inquieta por trabajo que cada vez parece más lejano, volvimos a la época de la esclavitud consentida y disimulada, a creer que los seres humanos son máquinas, y entonces terminamos reemplazándolos por ellas. Hay demasiada inquietud porque se estudia mucho, pero las oportunidades escasean, en esto me inquieto y viene otra queja, y otra, y ya no puedo soportar más; algo me invita al rincón del llanto, pero no puedo llorar, no puedo gritar; entonces es como si un candado cerrara mi boca, escucho los gritos, los insultos, y una rara sensación me golpea el rostro.

Pienso a veces, que la muerte ha de ser muy dulce, pero me sacudo un tanto, no puedo pensar en lo que todavía no me toca y regresa la lluvia, vuelven los rayos a inquietar, se impone el miedo, hace temblar la carne; busco la biblia como siempre y encuentro sin buscar una oración maravillosa.  

Las brisas cesan y la lluvia se aleja; un sentimiento de paz vuelve a tocarme y desaparezco del mundo, hasta que el sol besa la ventana ausente y el chirrío, que reemplazó el canto del mirlo, toma el gajo prestado y canta con fervor, enseñándome a vivir el momento.

Raquel Rueda Bohórquez
01 08 17


AGOSTO 0117 (58)

AGOSTO 0117 (58)

Si despertamos pensando que todo es fácil, 
¡te jodiste bollo e yuca!, 
toca agarrar la vida con ganas, 
conversar con el viento, 
escuchar al chirrío que repite su canción aguda.

Hay que percibir el murmullo de las hojas 
que avisan del huracán bravío; 
toca ver a las hormigas organizar su casa empapada 
y sacar y sacar tierra; 

toca respetar a las hojas del camino 
porque no son basura, 
ellas son la capa que la madre tierra usa 
para posar de reina.

Tenemos que sorber el agua con ganas 
para no envenenar nuestro cuerpo 
con tantos líquidos dulzones. 

Nos toca comer frutas y verduras y menos carne, 
porque el dinero no es para tragar como cerdos, 
también toca ahorrar 
porque vendrán tiempos difíciles para todos. 

Nos toca salir a la calle a sembrar árboles, 
pues cada vendaval los viejos se van,
 y los árboles jóvenes quedan muy heridos.

Si despertamos pensando que todo es dinero, júbilo, gloria, 
¡jamás aprenderás que la vida también son espinos!

Los cactus sobreviven al ardiente sol, 
y a pesar de ello dan flores y frutos maravillosos.

¿Qué tal que todo fueran globos y globos?
Sería peor no haber nacido, 
porque la vida es un sacrificio diario,
las alegrías son contadas 
y las penas nos hacen fuertes y nobles.

Si despertamos pensando 
que vamos a estar en la cúspide,
 ¡aquí sí que la acabas de cagar compadre!

Para estar ahí se necesita que el destino haya confabulado antes, 
porque la suerte es como un cofre en el desierto, 
sólo pocos lo hallarán, 
así que pensemos menos en lo inalcanzable
 y vivamos con rectitud y aplomo 
el tiempo que nos toque.

¿Quién conoce su día y su hora? 
Puedo resbalar al terminar este cuento 
y no saber nada de nadie, 

pero el chirrío se empeña y el café está caliente, 
la vida me suspira al oído y el amor está a mi lado 
con sus ojos dorados viéndome sonreír.


Raquel Rueda Bohórquez
01 08 17

lunes, 31 de julio de 2017

ALBATROS (1) R

ALBATROS (1) R


Escucho el rumor del mar
y de lejos los veo llegar;
valientes el sol atraviesan
y caen con dulzura sobre las olas.

Te sueño y te pienso todavía,
sólo que hice un mutis a la poesía
porque vi que tu estrella no brillaba para mí,
se apagó cuando la barca se alejó
y me quedé sobre la roca en tu espera.

Más el albatros va y viene…
Pienso que eres tú,
pero llena el pico y se aleja
entre el oleaje azul.

Me gusta ver sus extendidos vuelos,
así quisiera tus brazos sobre mí,
que me arroparas dulcemente
y volaras hacia el azul celeste,
tocando mis plumas al paso del huracán
que se avecina si no estás.

Camina torpe e indecente,
se confunde entre la gente,
pero al levantar vuelo nada es más grande
que verlo pasar con sus alas abiertas.

Raquel Rueda Bohórquez
31 07 17




sábado, 29 de julio de 2017

ESOS LOCOS (2) R

Te adoro hijo, nuestra locura nos llevará al cielo.

ESOS LOCOS (2) R

 Estos locos caminantes 

que llevan la mochila vacía

pero el corazón lleno, 

y los ojos plagados de paisajes...


¡Qué más quisiera que tornara la juventud
para seguir sus pasos!

Esos dementes mechi largos,
que andan por ahí sin hacer daño a nadie;
esos locos adorables que llevan en su mochila un sueño
que atan a la garganta.

Esos divinos muchachos que caminan cerros y montañas
se arrodillan ante la tierra y siembran esperanzas…

Esos greñudos que escriben poesía
y le cantan al pájaro espino y a la cigarra.

Esos jóvenes que no tienen pena de llorar
ante el dolor ajeno,
que aman a las muchachas como a la guitarra y la flauta,
que se contentan con ver cada nuevo paisaje
 y caminan y caminan sin pedir a nadie nada,
sólo que los dejen cruzar y cruzar
bosques y quebradas…

Esos valientes que se atreven a vivir sin nada,
sin aspirar a la vanidad, ni a las posesiones vanas;
que llevan una biblia en los ojos y han guardado la espada
para no herir al viento que acomoda sus cabellos
a la libertad de un canto sobre la loma más alta.

Esos chicos que a veces marcamos porque nos da la gana
y que no aceptamos su diferencia y la grandeza de sus almas,
que peregrinan cual pájaros libres sobre las olas empinadas
y bajan luego en picada, para subir airosos
a juntarse luego en un abrazo bajo una fronda mojada.

¡Esos son los sabios que salvarán al mundo
del caos que les hemos dejado!

Raquel Rueda Bohórquez
20 07 17





jueves, 27 de julio de 2017

CANTAR (3) R

CANTAR (3) R


Cantar quiero,
pero no al dolor
ni a la guerra;
quiero cantar
a la luna y a las estrellas
y al brillo de una luciérnaga
sobre una linda flor.

Ha espigado el trigo,
oscura la noche vuelve
y en el cielo se resuelve
que si la luna sale esta noche
también la estarás viendo,
y como un broche pequeño
estará su luz en mis ojos
y tu amor en mi corazón.

Caminando por la playa
miles de ojos parecían observarme,
el cielo estaba a mis pies
entre revueltas arenas.

Junté historias pequeñas,
encontré un corazón de roca,
una caracola con espinas
semejaba una violeta;
un ermitaño muy joven
temblaba tan solo,
y con sus pequeños ojos
volvió grande el universo
cuando lo tomé en mis manos,
dando cuenta que era vano
tratar de revivir a un muerto.

Y en medio de tanta gente,
juguetón el mar entre las olas;
el sol danzando en azules,
mis hermanas, el tiempo;

el reloj contando sones,
un tiple y una guitarra;
Y tú, mi amor.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 27/14