jueves, 27 de julio de 2017

CANTAR (3) R

CANTAR (3) R


Cantar quiero,
pero no al dolor
ni a la guerra;
quiero cantar
a la luna y a las estrellas
y al brillo de una luciérnaga
sobre una linda flor.

Ha espigado el trigo,
oscura la noche vuelve
y en el cielo se resuelve
que si la luna sale esta noche
también la estarás viendo,
y como un broche pequeño
estará su luz en mis ojos
y tu amor en mi corazón.

Caminando por la playa
miles de ojos parecían observarme,
el cielo estaba a mis pies
entre revueltas arenas.

Junté historias pequeñas,
encontré un corazón de roca,
una caracola con espinas
semejaba una violeta;
un ermitaño muy joven
temblaba tan solo,
y con sus pequeños ojos
volvió grande el universo
cuando lo tomé en mis manos,
dando cuenta que era vano
tratar de revivir a un muerto.

Y en medio de tanta gente,
juguetón el mar entre las olas;
el sol danzando en azules,
mis hermanas, el tiempo;

el reloj contando sones,
un tiple y una guitarra;
Y tú, mi amor.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 27/14




miércoles, 26 de julio de 2017

EL ÁRBOL/Tio Ramiro (4) R

EL ÁRBOL/Tío Ramiro (4) R


Ha caído el árbol con todo su peso,
pero una colcha de hojas lo recibió.

Historias llegarán para dañar su memoria,
pero cada árbol tiene marcado su destino
en la nervadura de las hojas,
y en el tallo que engrosa en el camino.

El árbol relataba miles de cuentos,
reía con dolor y aprisionaba su talle,
veía correr a las semillas ajenas
y las juntaba en sus ramas 
como si fueran suyas.

Asomado al balcón lo vi cierto día,
no podía correr porque sus raíces
lo aferraban de la tierra.

Nadie  leyó del huracán ni del rayo,
del sol abrasador y de la sed que lo quemaba.

Pero el árbol cayó sin queja alguna
sobre sus propias hojas desnudas,
y dejó abiertos sus ojos azules
a la inmensidad del mar
que salaba sus lágrimas
con las brisas de julio.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 26/17





DESPUÉS/Tío Ramiro (5) R

DESPUÉS/Tío Ramiro (5) R


¿Qué será cuando todo se vuelve silencio?
Lo comprendí hoy, queda la carne fría;
parece que somos esa lápida de carne
que nos arropa un día sin misericordia.

Vi gentes de aquí para allá,
otros se afanaban por la vanidad
y el cementerio se llenaba y llenaba
de gentes y charlas, por lo que había que pagar,
y por la muerte que nos cerca y acaricia
como el amante que jamás llegó.

El doctor estaba triste,
era su paciente por años, se volvió su amigo.
Con las manos en los bolsillos,
en la memoria tal vez recordaba
las risas y los llantos que se apagaban,
y las agujas que a veces calmaban
el ardor de la carne.

Fue un largo rato en silencio...
Nadie más cercano al dolor que él,
y su paciente con la frente helada y los ojos cerrados
volaba a su lado sin que pudiera verlo,
y agradecía en el aire por tanto favor
que no pudo pagar con un último abrazo.

Después del silencio queda la gratitud,
ella no tiene voz ni palabras;
se vuelve nudo sobre nudo en la garganta,
y el vacío por lo que no se hizo
se instala en la mente
y azota fuertemente sin piedad.

Hay una vaguedad en el aire…
En casa hace falta el grito que despertaba:
¡Se las pone!, ¡a poner el pecho a la vida!
¡A condenarnos a vivir con ganas!

Y ahí, en la esquina que lindaba con la puerta,
los aromas a ti se quedan
rondando la suerte que no fue,
y el aire se enrarece...

la ausencia se vuelve ánima
y el pecho roca,
una roca caliza que besa el mar
que brota por los ojos…

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, 27 07 17





26 JULIO 2017 (6) R

26 JULIO 2017 (6) R


Despierto y la mañana me coquetea,
el corazón mueve su cascabel
y pienso en el ayer que se fue
y en el ahora que me despierta.

Otra vez el chirrío se empeña en el árbol,
las hojas me cuentan de un mañana
en donde no estarán en su gajo
y de las flores que no verán.

No rima el alma con el día,
acontece la respuesta del otro lado del gajo
y se juntan los dos, pico a pico,
tocando sus alas en el diáfano claro
que circunda y hace bailar la vida.

La respuesta tiene sonido a gato,
a ronroneo sobre las piernas;
a mirada que brilla cual luciérnaga
en la más oscura de las noches.

Ayer te vi y hoy no estás...
¿Qué es acaso la vida?

Comulgo brisa marina,
el alcatraz tiene sus alas extendidas
va y viene por entre las colinas imaginarias
que lo acercan al río violento que conoció su aura.

Todo afán no es, y toda sonrisa vendrá
cuando aceptemos que la muerte es la verdad,
y la vida es un regalo de segundos
que se esfuma con el viento al pasar.

Raquel Rueda Bohórquez
26 07 17



martes, 25 de julio de 2017

TÍO RAMIRO (7) R


TÍO RAMIRO (7) R


En la última visita me dijo: "Los únicos amigos sinceros que tuve en la vida, fueron sus padres y Pedrito, me duele la ingratitud del mundo más que lo vivido".

Después de muchos años de lucha
de correr y correr cuando no debía,
hoy el río frenó y llegó al mar.

Buscaba un paisaje verde,
un llano con montañas elevadas
en donde las cascadas se jugaban el viento
y los sinsontes orquestaban el amor
en medio de los gajos más floridos.

¡Aquí voy, ya nada duele!…
Ese gran vástago que me jodió la vida,
ya no existe, se fue con toda la miseria
y el llanto en tan largo padecer.

¿De qué sirve la vida en tal estado?
Así me lo confesó la última vez que lo vi,
y fueron tantas viéndole en la puerta
con la mirada perdida
y el llanto arropando sus dedos,
que alguna vez supliqué por su descanso.

Me estacionaba a verlo por momentos,
y él desde la distancia elevaba sus brazos
y se doblaba a medias sobre sus rodillas.

¡Dios, Dios, acuérdate de mí!
Ya no me verán más,
estoy muriendo, mi corazón está enorme,
y así fue...

El corazón no soportó la carga
y el ave abrió sus alas,
las extendió cuando el sol apenas iniciaba
un 25 de julio de 2017.

Qué en paz descanses tío,
y gracias por ser parte de nuestro universo,
de nuestras sonrisas de niños
y de todos los momentos que compartimos.

Siempre estarás en nuestros recuerdos más hermosos,
rondando nuestro hogar con tus carcajadas
y esos inconfundibles ojos azules
que robaron su color al cielo.

Raquel Rueda Bohórquez
25 07 17






miércoles, 19 de julio de 2017

VERSOS DE SOL (8) R


VERSOS DE SOL (8) R

 

De un parpadeo a otro,
la vida nos puede cambiar;
por eso, es mejor creernos grandes de rodillas,
que elevados cual palmera en la montaña.

La vida es una flor de momentos,
que puede variar según el viento
y la posición de los astros.

Entrego al sol lo que soy
y vuelvo a la espina de mi rosal,
me tallo en la roca que besa el astro
y calla su dolor  al viento pasar.

Tengo el alarde del aroma
y la soberbia de la ola
que ante la majestad del mar
besa la playa y se transforma.

Y voy camino al desierto
en donde el silencio nos habla
y la musa nos besa,
entre cóndores y zarzas.

Soy el verso del sol tocando tu casa,
la carcajada del viento entre las hojas
y el canto agudo de la cigarra.

Raquel Rueda Bohórquez 
19 07 17

AYER (9) R

AYER (9) R


No le contaré que escribo su dolor
mientras yace entre sábanas blancas
y no lo puede asimilar,
ni siquiera con todas las oraciones servidas con café.

Esto fue ayer, ¡tan solo ayer!
Se corrió la cortina
y la vida toda cambió en un fragor,
en un suspiro de colibrí.

¿Qué pasó ayer?
El mundo cambió en un instante,
creí tenerlo todo, estaba en la cima
el amor, dinero, trabajo, sueños cumplidos;
pero el dolor se quedó en mi vientre,
me cambiaron la sonrisa por espinas
y la carne quema, arde y duele.

¿Por qué ha de ser así?
Tal vez creí que nada pasaría,
que sería el fruto en el árbol que jamás maduraría,
pero ahora en un blanco lecho, no puedo creer en la muerte,
no ahora, cuando mis pechos derraman miel blanca
y un bebé tierno ansía mis abrazos y yo sus dedos pequeños
acariciando mis labios.

Mi madre sufre más que yo, ¡lo sé!
Se dobla en la esquina, me besa las manos cuando finjo dormir
y enciende un cirio que se apaga con sus lágrimas.

Ayer todo era luz y sonrisas, afanes y gloria,
llovía el dinero y lo gastaba a manos rotas,
no había demasiado tiempo para el amor,
tocaba correr, afanarse, buscar ilusiones y estaciones en el viento,
ahora no tengo el árbol, ni el gajo para aferrarme de él.

¡Mis días se cuentan y no puedo creerlo!
¡Señor!, ¿me puedes hacer el milagro de vivir un día más?
¡Cuánto cambiaría de ayer a hoy!

Pero el dolor es agudo y el mal corre
enciende mi carne entre las hojas secas,
soy el tronco que el comején ha herido
y tú eres mi esperanza, la gota de lluvia que ansío
para que se apague mi sed
y pueda entre versos y poemas
partir mi corazón en dos, para que mis hijos entren,
y se queden en mí por siempre.

De ayer a hoy mi vida ha cambiado,
ya no hay cerezo en flor
todo se va, hasta mis hojas,
todo, entre el dolor y las ganas de sobrevivir,
y entonces vuelvo a ti el rostro:

¿En dónde estás?
Y regresa ella, te veo en sus ojos
y me abrazas dulcemente
mientras mojas mis manos con tu manantial.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla 19 07 17