martes, 25 de julio de 2017

TÍO RAMIRO (7) R


TÍO RAMIRO (7) R


En la última visita me dijo: "Los únicos amigos sinceros que tuve en la vida, fueron sus padres y Pedrito, me duele la ingratitud del mundo más que lo vivido".

Después de muchos años de lucha
de correr y correr cuando no debía,
hoy el río frenó y llegó al mar.

Buscaba un paisaje verde,
un llano con montañas elevadas
en donde las cascadas se jugaban el viento
y los sinsontes orquestaban el amor
en medio de los gajos más floridos.

¡Aquí voy, ya nada duele!…
Ese gran vástago que me jodió la vida,
ya no existe, se fue con toda la miseria
y el llanto en tan largo padecer.

¿De qué sirve la vida en tal estado?
Así me lo confesó la última vez que lo vi,
y fueron tantas viéndole en la puerta
con la mirada perdida
y el llanto arropando sus dedos,
que alguna vez supliqué por su descanso.

Me estacionaba a verlo por momentos,
y él desde la distancia elevaba sus brazos
y se doblaba a medias sobre sus rodillas.

¡Dios, Dios, acuérdate de mí!
Ya no me verán más,
estoy muriendo, mi corazón está enorme,
y así fue...

El corazón no soportó la carga
y el ave abrió sus alas,
las extendió cuando el sol apenas iniciaba
un 25 de julio de 2017.

Qué en paz descanses tío,
y gracias por ser parte de nuestro universo,
de nuestras sonrisas de niños
y de todos los momentos que compartimos.

Siempre estarás en nuestros recuerdos más hermosos,
rondando nuestro hogar con tus carcajadas
y esos inconfundibles ojos azules
que robaron su color al cielo.

Raquel Rueda Bohórquez
25 07 17






miércoles, 19 de julio de 2017

VERSOS DE SOL (8) R


VERSOS DE SOL (8) R

 

De un parpadeo a otro,
la vida nos puede cambiar;
por eso, es mejor creernos grandes de rodillas,
que elevados cual palmera en la montaña.

La vida es una flor de momentos,
que puede variar según el viento
y la posición de los astros.

Entrego al sol lo que soy
y vuelvo a la espina de mi rosal,
me tallo en la roca que besa el astro
y calla su dolor  al viento pasar.

Tengo el alarde del aroma
y la soberbia de la ola
que ante la majestad del mar
besa la playa y se transforma.

Y voy camino al desierto
en donde el silencio nos habla
y la musa nos besa,
entre cóndores y zarzas.

Soy el verso del sol tocando tu casa,
la carcajada del viento entre las hojas
y el canto agudo de la cigarra.

Raquel Rueda Bohórquez 
19 07 17

AYER (9) R

AYER (9) R


No le contaré que escribo su dolor
mientras yace entre sábanas blancas
y no lo puede asimilar,
ni siquiera con todas las oraciones servidas con café.

Esto fue ayer, ¡tan solo ayer!
Se corrió la cortina
y la vida toda cambió en un fragor,
en un suspiro de colibrí.

¿Qué pasó ayer?
El mundo cambió en un instante,
creí tenerlo todo, estaba en la cima
el amor, dinero, trabajo, sueños cumplidos;
pero el dolor se quedó en mi vientre,
me cambiaron la sonrisa por espinas
y la carne quema, arde y duele.

¿Por qué ha de ser así?
Tal vez creí que nada pasaría,
que sería el fruto en el árbol que jamás maduraría,
pero ahora en un blanco lecho, no puedo creer en la muerte,
no ahora, cuando mis pechos derraman miel blanca
y un bebé tierno ansía mis abrazos y yo sus dedos pequeños
acariciando mis labios.

Mi madre sufre más que yo, ¡lo sé!
Se dobla en la esquina, me besa las manos cuando finjo dormir
y enciende un cirio que se apaga con sus lágrimas.

Ayer todo era luz y sonrisas, afanes y gloria,
llovía el dinero y lo gastaba a manos rotas,
no había demasiado tiempo para el amor,
tocaba correr, afanarse, buscar ilusiones y estaciones en el viento,
ahora no tengo el árbol, ni el gajo para aferrarme de él.

¡Mis días se cuentan y no puedo creerlo!
¡Señor!, ¿me puedes hacer el milagro de vivir un día más?
¡Cuánto cambiaría de ayer a hoy!

Pero el dolor es agudo y el mal corre
enciende mi carne entre las hojas secas,
soy el tronco que el comején ha herido
y tú eres mi esperanza, la gota de lluvia que ansío
para que se apague mi sed
y pueda entre versos y poemas
partir mi corazón en dos, para que mis hijos entren,
y se queden en mí por siempre.

De ayer a hoy mi vida ha cambiado,
ya no hay cerezo en flor
todo se va, hasta mis hojas,
todo, entre el dolor y las ganas de sobrevivir,
y entonces vuelvo a ti el rostro:

¿En dónde estás?
Y regresa ella, te veo en sus ojos
y me abrazas dulcemente
mientras mojas mis manos con tu manantial.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla 19 07 17





ME CELEBRO (10) R


ME CELEBRO (10) R


Hoy nací del fuego encendido,
de la brasa que ajustó el viento entre el pasto húmedo
y que luego se extendió hacia el pubis de la montaña
para idear mi rostro de niña y asustarme con el aroma
que entre las ramas secas, se entregan las cigarras.

Fui de ti y tú eres de mí,
nadando en el río profundo de tu carne
que roncaba y reía, que lloraba y gemía sueños
que jamás fueron alcanzados.

Pero he nacido en ti y de ti,
me siento parte del universo de las hormigas,
son mis vecinas y amigas, pero reciben odio
que se cosecha en el corazón del pobre y desdichado,
que aún a pesar de tanta riqueza, busca lo que brilla,
igual que las mariposas negras en la noche
lámparas que  hieren y maltratan sus alas.

¿Qué eres más que un soplo?
¿Qué más que el vaho en el espejo?
Pero aun así me siento nacida del amor,
de la fragancia infinita de la flor cubierta de vellos negros
en donde inició el juego que terminó con mis lágrimas.

Estoy cantando y llorando a la vez,
luego silbo en la palmera grande que vive cerca de mis ojos,
desde ahí nos vemos, nos escuchamos en el aura del viento
que ha penetrado la herida de una roca,
y sé, sin miedo a equivocarme, que eres la música
que ha llegado desde el pico de un mirlo
y se ha quedado en el gajo más fuerte de mi árbol.

¡Bendita soy!, como tú eres bendita entre todas,
bendito tú que me sembraste en tierra fértil,
y benditos todos los que fueron antes de mí
siendo semilla del mismo árbol y flor de tu primavera
la misma que llena de favor mi mesa
y de orquídeas, los troncos fuertes de los árboles
que en mis sueños tocan el cielo y se quedan con las estrellas.

¡Me celebro!, ¿por qué no?
Estoy feliz por el hecho de ser la hoja seca de tu árbol,
por la razón de haber sido la flor y la semilla
prosperando en un mundo ciego
que no adivina en dónde nace el color
pintado en el iris que da sentido a la vida.

Raquel Rueda Bohórquez
19 07 17




martes, 18 de julio de 2017

EL VIEJO DEL PERRO BLANCO (11) R

EL VIEJO DEL PERRO BLANCO (11) R


Mandé a la musa de vacaciones, no quiero escribir nada, no quiero pensar, pero el viejo lleva su buena carga y un amigo que no lo defraudará.

Es seguro que una tarde cualquiera, la musa vendrá en caballo blanco y me contará que el sueño de anoche era verdad, ¿sabes qué?, caminaba sobre un tejado en una inmensa casa de campo, porque quería tocar las estrellas, pero era de día y sólo comulgué paisaje, todo era de muchos colores, los árboles tocaban el cielo y un par de caballeros pasaron veloces en sus caballos, uno era rojo, el otro era pinto, pero el joven estaba sobre la bestia y desde ahí se lanzó a un lago tan bello como los ojos de mi abuela, era azul claro, podía ver el fondo, a los peces que jugaban  y  a los caracoles que besaban las rocas.

El sueño me habló que todo es nuevo, nada envejece, solo la carne, y que un hombre que ama a los animales no puede ser malvado porque tiene la esencia de Dios en él.

¿Qué te diría del viejito del perro?, tiene una mirada franca, se pasea con el mejor amigo que pudo hallar y ambos se pertenecen, son parte del tallo, de la raíz y del árbol, y algún día la semilla será plantada cerca de la montaña de los sueños, para que el viejo se multiplique en todos los paisajes.

Tiene por contar que fue el más valiente, porque supo vivir la vida y jamás desdeñó una sonrisa, no se arrodilló ante nadie y con el rostro en alto se levantaba después de caer, con el apoyo de la fe que lo animaba.

Va con su perro porque es el único amigo fiel que halló en la tierra, ni siquiera su esposa pudo ser fiel a su amor, porque con el primer bandolero que le abrió la bragueta con ese se fue, ¿no qué no?, después volvió con el rabo entre las piernas a pedir perdón, pero el viejo no estaba dispuesto a ser pendejo y se enamoró del día y de la noche, disfrutó de miles de puestas de sol, de la flor del camino, del verso del papayero y las brisas de julio que entre ardientes y frías, aconsejaban a su bigote a reír de nuevo, con la libertad del caminante que comprendió, que el hombre es variable para amar, pero que en su perro halló la fidelidad de un amigo a su lado que jamás discutiría por sus errores, y que siempre lo alentaría a caminar y caminar, a salir a darle pelea a la vida que blanqueaba su barba y destechaba su cabeza.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, 18 07 17






sábado, 15 de julio de 2017

TENGO UNA MÁSCARA (12) R

TENGO UNA MÁSCARA (12)R


Poseo la máscara de la nieve
en los segundos del pavor
y las manos que sacuden la carne
rogando al pecado un favor.

Tengo la máscara de la flor,
amapola en el bosque humillada
con una daga es crucificada
y también el error surge
de su vida sagrada.

Camino con el rostro de payaso
inventándole al ocaso un iris
sin la lluvia que anuncia primaveras
y sin el silencio del sol detrás de las montañas.

Voy por el mundo hipócrita
ideando una flor en mis lágrimas
que copian el árbol y la espina
en el mágico fondo de su alma.

Aquí estoy de payaso otra vez
adornada con un collar azul
y una flor en el centro, de tul
bordada por los sabios del bosque.

Creo que su perfume me ataca,
la risa se llena y el payaso sucumbe
al llegar de unas manos amadas
que ayer besaban la cumbre.

Tengo una máscara,
me sonríe al espejo
y entre las cejas blancas
señala un verso
que para mí guardas
entre tus labios rojos.

Raquel Rueda Bohórquez
15 07 17







jueves, 13 de julio de 2017

VERSÁNDOTE (13) R

VERSÁNDOTE (13) R

Se siente bello,
es una energía que se manifiesta de manera sutil,
casi te diría que así es la invitación de la flor al colibrí,
y me abandono, ¡qué tus alas se muevan con tal frenesí!
¡Qué mis pétalos se conviertan en alas, para estar contigo!

Entre el día y la noche llega el olvido,
pero al versarte he sentido
que la luz se ha encendido
cual amapola en mi rostro,
al imaginar tus dedos tocándome
y tu boca estacionada en la mía.

Somos el ave que la tarde inventa,
en medio de sonidos españoles
con manos que tiemblan
ante la ilusión de un arpegio.

Pienso en lo moreno de tus ojos,
en el camino andado y el que falta,
en las sábanas con tu olor
que llegan a la distancia
con tu sombra me abrazo
y nos contentamos así,

con la hermosura de un día soleado
y el pensamiento guiándonos
hacia la roca donde las gaviotas descansan,
y el mar las besa con dulzura.

¿Para qué más?
Menos hongos y más sonrisas...

Raquel Rueda Bohórquez
13 07 17