jueves, 19 de mayo de 2016

A ESOS AIRES (31)

A ESOS AIRES (31)

A esas cabelleras largas
Que parecen colas de aves
Bailando cumbias y salsas…

A esas niñas de ojos de cieno,
De miradas de fuego entre las zarzas;
De temblorosas manos ortigadas
Que deambulan por las calles…

A esas piernas que reciben de todo,
Que inundan sus bellezas de míseros tesoros.
Que brillan en las noches en cobardes ojos
Y apacientan en sus fuegos sus dolores.

A esos pesos que se fueron
Entre las dádivas de cariños fingidos,
Rones blancos, aguardientes claros,
Cervezas frías que temblaban en sus manos.

A esas niñas que caminan por el aire,
Que deambulan sus encantos;
Que venden las sonrisas y la vida por un beso,
Y las cambian luego por un abrazo…

A esos cuerpos de gacela
Que ondulan sus bellas figuras a esas miradas,
A esos muladares oscuros, a pasadas de manos,
A esos viejos verdes y oscuros,
A esos esposos malcriados…

A esas niñas les dedico mi poema.
Ellas son las rosas negras del jardín de Flórez
Que mueren lentamente
Cual mariposas tristes, sin batir sus alas,
Y sus risas locas de mentiras
Calman al menor ademán de una caricia
Un poco de sus hambres.

A esas jóvenes que dan todo por nada
Las invito a cubrir de versos sus mañanas,
A tejer nidos de calandria entre las ramas
Del árbol que se vence con la vida,
Y nos invita a otra tonada.

Raquel Rueda Bohórquez
19 5 16




DIME POETA (32)

DIME POETA (32)

Si podemos ver la majestad del sol
En una gota de rocío,
Es porque lo poeta salta
Entre los morichales de la vida.

 Dile al manantial
Que trina ladera abajo,
Que la vida es como él
Un cántaro de miel.

Dime poeta
Si puedes ver en las mariposas
El velo de la nieve que las cubre,
Y entre las hojas,
El pergamino escrito
Donde quedan las pavesas de la vida,
Y las cárceles que fundaron las orugas.

Habla con la nieve que versa el cuello del árbol,
Con el ruiseñor que no ha parado de trinar;
Con las nubes que siguen y siguen
Que llueven y llueven sin descansar.

Dime poeta si has hallado la gloria,
Si en un beso y en un abrazo
No has sentido que la vida vale,
Si en un desdén no se agita la mirada
Y llueven de su fondo los pesares.

Cuéntale al sueño de ayer
Si no deseabas el de hoy.
Averigua si el dolor de ayer no te talló.
Ahora nada perturba tu mirar escaso
Porque ves como las aves
Con la tranquilidad del tiempo ido,
Y la paz del bien cumplido.

Pero regresa de nuevo,
Torna la mirada a la gota temblorosa
Que parece un diamante entre las hojas.

Permite para ti un instante
De miel del sol en sus entrañas
Y ahí mismo, en ese parpadeo,
En ese milímetro de tu vida,
Hallarás el cielo.

Raquel Rueda Bohórquez
19 5 16




EN ESE TIEMPO (33)

Nuestra casa fue grande, ¡enorme!, en la esquina de un gran colegio, y de ahí, después fueron otras esquinas, otros parajes, pero la casa pequeña se quedó por siempre en nuestro corazón; fue esa, la que estaba cerca del cementerio viejo, la que tenía gradas para llegar a la montaña, la que nos halló pastoreando una cabra y criando un pichón de mirla. Esa casa conoce más de una historia triste y alegre, porque la vida se compone de pequeños milagros, y grandes dolores, de ahí su magia.

EN ESE TIEMPO (33)

Bailaron sus alas
Al beso del viento;
Corrieron los pájaros,
Parecían mágicas cometas
Prendidas de su mano invisible.

Hubo estaciones y las aves de paso
En su descanso,
Agradecieron con un trino
La magia de existir.

De todo hubo ante tu presencia:
Los trajes que bailaban
Cual mariposas en la primavera,
Las puertas abiertas, /tus brazos;
El perfume del café en la cocina,
Los gritos de los niños,
El ladrido de Káiser.

El cantor sinsonte
Que vivía pendiente de ti,
Las flores que tocaban gaitas y sonatas
Con todos los gorriones dispuestos,
Y todas las montañas erguidas.

Las nubes cambiantes
Y el sol, el divino sol
Que se enorgullecía de ti
Armando cada pentagrama
En medio de un día gris
Para que asomara el iris
En medio de todos los silencios.

Raquel Rueda Bohórquez
19 5 16




miércoles, 18 de mayo de 2016

UNA TARDE (34) (A)

UNA TARDE (34) (A)

Una tarde,
De esas que son pegajosas;
Que nos deslumbran por lo saladas,
Por lo despacio que caen las gotas…

Una sorpresa
Fue el canto de un pájaro;
¡Raro para tal hora!
Más inundó con esa melodía
Al lúgubre bosque.

La vida se volvió tinaja de vino,
El silencio rompió en llanto luego.
Ebrio y sediento deshojó la vida,
Y dejó en el tramo una flor sin savia.
Rendida…

Pero una tarde,
La luna gritó con el búho;
Nadie escuchó esos sonidos del alma
Que rayan la paz y la desangran.

Fue una tarde helada,
Una tarde donde asomaba lejano
Un rayo de luz en el rostro,
Y el frío se volvió nieve
En medio de tanto ruido.

Raquel Rueda Bohórquez
18 5 16



martes, 17 de mayo de 2016

EN ESTE BAZAR (35)

EN ESTE BAZAR (35)

¿Cuánto vale tu amor?
Quiero comprar un poco de cariño,
Que seas leal a tu compromiso
Sin mañas luego, sin enredos.
Que no comprometas tu hombría por dinero
Ni tu felicidad por un sueño ajeno.

Eras tú en mí
Cual garza volando en el cielo;
Dueña del azul celeste,
Matrona de los aires y las brisas
Con sus alas abiertas,
Su falda espaciosa para abrazarte,
Patas largas para doblarme temblorosa
En espera de tu rico caldo de vida.

En este bazar humano todos tenemos precio.
Parecemos unos, cosas muy baratas,
Porque nadie ha intentado comprar lo de adentro,
En tanto otros, arrogantes y vacíos,
Reciben honores por las arandelas que llevan
Y las tonterías que dicen.

Tus joyas nada te harán subir,
Serán como poner una trampa al pobre,
Su mirada no será tan triste
Porque lo moverá la ambición.

Vales lo que otro diga,
Muchos de ti denigrarán
Y se divulgará en el viento tu vida,
Más tu valor es el mismo mío
El día que nos cubran con arena
Y nos adornen con las flores que jamás nos dieron.

He visto ladrones y asesinos de sueños,
Se pasean en carros lujosos,
Viven su día sin pensar en lo pasajeros que somos
En esta barca de la vida.

Pienso en el hambre de mañana
Con esa angustia que llena de agua los ojos.
En las semillas que no producirán nada
Y en las aves e insectos que perderán su motivo.

Ibas a mi lado, parecías el colibrí para mi flor.
Caminábamos los mismos espinos,
Luego la balsa halló un filo,
Se volteó todo, se fueron mis ideales,
Se bordó con el dolor un cuento
Y con él mi jardín jamás floreció.

Todos reían a carcajadas,
Ahora no sé reír, ni sé orar;
Sólo sé esperar del tiempo
Que ha sido juez y verdugo,
Pero también, de vez en vez,
Coloca una sonrisa en el rostro,
Aligera la barca nueva
Con las rocas que la providencia ha vaciado
Transformando en oasis mí camino.

Raquel Rueda Bohórquez
17 5 16





DIGO QUE SOY (36)

DIGO QUE SOY (36)

Esa versión triste de mí, en un frasco viejo;
Ese payaso que ríe siempre con los ojos húmedos.
Esa oveja gris que tiene todo blanco por dentro;
Esa vecindad que no habla, pero grita con la mirada.

Digo que soy una cometa,
Un pájaro volando en círculo;
La dama de escasa cabellera
Que inventa ser una potranca saltando,
Que idea ser un ave cantando.

Esa espiga que espera a que anide un ave;
¡Qué sea gorrión!, me gustan mucho,
Parecen campesinos de rostros contentos
Aunque la paga sea mísera,
Siempre están declamando versitos a sus amores;
Saltan y saltan, semejan niños en los hogares
Y almas de los que se fueron.

Digo que soy la rosa vieja que se deshoja.
Es poco a poco, en silencio;
Pero es el silencio su amigo y redentor
Porque ahí nace un poema,
Resucitan en tus ojos negros y en tu boca.

Es ahí en las rayitas de tus labios,
En tus dedos arañados de bosque y espino;
En tu pecho fuerte y vigoroso
Donde queda mi pequeñez.

Es ahí en donde el mundo me vuelve poeta
Y me siento grande como una hormiga,
Doblo el cuello de ave para bendecir el agua que tomo;
Luego, airosa me vuelco entre las olas marinas
Para ser un ermitaño de nuevo.

Raquel Rueda Bohórquez
17 5 16




A ESAS HORAS (37)

ESAS HORAS (37)

Escribir a lo que no has dicho; a esas frases hermosas que reservaste para otras, mientras me comía la rabia y renegaba de la mala suerte de haberte conocido, en vez de agradecer por las flores que con pasión o mentira, sembraste en el nicho escondido entre mis piernas.

Me gustaría escribir a esos perfumes que gasté en vano, a esos adornos de mis vestidos transparentes y sus colores pegados de mi carne, en tanto tus manos se desperdiciaban en pulpas usadas y rellenas de plástico.

¿Qué razón tengo para no escribir a lo que no hicimos?, ¿que he sido una cobarde?, ¿qué me encierro en la cárcel de los sueños y divulgo al mundo que nacimos para el amor, más no para que nos amen?, es paradójico y simple, es real, la mujer tiene todas las misiones en el mundo, ella ha de llevar la carga de un hijo en su vientre, ha de gritar por dentro cada dolor y arrancarse las espinas sin gritar.

Me gustaría escribirle a esos momentos en que jadeabas con tu cortesana, a esas caricias que eran mías, pero que pagabas por darlas. Tanto heriste que hasta lo invisible del alma tiene heridas que no cicatrizan, ahora pagas por todo el daño causado y no debo ser mujer para dolerme, hay un poder que es más grande que mi gran pequeñez y con eso es suficiente.

Me gustaría escribirle a mi piel hambrienta de ti, que pasó sed y hambre, que estuvo con su corazón palpitando y las piernas deseosas de abrazarse a tu torso…

A eso que jamás hicimos, a una caricia en la cocina, ¡cuántas veces las pedí!, pero tu mundo no era yo, tu mundo eras tú, tu vida, tu libertad de caballo saltando cercas sin arañarse, con ese disgusto que dejabas en casa, con esos gritos que están pegados de las paredes y que han dañado algo más que las ganas de seguir…

A esos cigarros, a esos humos de la vida que se fueron, a esos brindis que no hicimos y a esas uvas que estuvieron siempre dispuestas, les escribo desde mi aposento, con la soledad como amiga y compañera.

Muestro algo más de mí sin la hipocresía que asiste al mundo, con la libertad que tengo de expresar a mi manera lo mujer que vive en mí; es la razón de una búsqueda que grita desde muy adentro, que estoy viva, que necesito de ti, de ese amor que rebota, parece un balón de caucho que se aleja juguetón hacia otro parque, donde no habita la niña que buscaba moras de castilla en medio de un bosque umbrío.

A esas carreras detrás del mundo, un mundo egoísta y traicionero que nos robó las ganas y el amor con sus mentiras; a esas marusas de toche tejidas en los platanales y a esos pichones que no vimos, por andar como enemigos lanzando espadas, en vez de besos y abrazos. También perdí, pero iniciaste la carrera, ebrio y demente y jamás pude alcanzarte, porque no fui ni siquiera la flor que deseabas en tu alcoba, ni el aroma que provocaba tus ansias locas.

Raquel Rueda Bohórquez
17 5 16