miércoles, 3 de febrero de 2016

Y DE TI (67)


Y DE TI (67)

¿Qué me ha quedado de ti?
Más que tu recuerdo,
Un vacío enorme.

Aquí cabe el universo
Con todas sus ausencias;
Aquí se llena el ponto
Y se forman los azules
Que del cielo imaginamos
Con un cúmulo de nubes.

¿Qué me ha quedado de ti?

Un librito negro con tu olor,
Una cobija de rosas,
Un corazón y un te quiero,
Un nudo formado en roca
Y ajustado en mi garganta;
Otro sueño, ilusión de un día
Y sonrisa de un rato.

¿Qué me ha quedado de ti?

Repaso el libro de mi existencia:
¡Qué pequeño es!...
Se ha borrado el principio
Con sus recuerdos;
Un comején inició temprano,
Ahora me duele un invierno en la mirada,
Y se han robado las últimas páginas;
No hay un fin para nuestra historia,
¿Qué ha pasado?

Me ha quedado de ti una imagen
Siempre cerca de mi alma
Rebotando en el pensamiento;
 / ¡Parece un águila enorme!
Abre sus alas y me arropa,
Y luego se aleja,
Sin una despedida ni un abrazo.

Luego me quedo temblando;
Soy un pájaro herido
Que no recibe auxilio,
Sino que pega fuerte el sol,
Justo en el sitio donde ha caído
Con una gran herida en el pecho.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 3/16












martes, 2 de febrero de 2016

A MI PRINCESA (68)

A MI PRINCESA (68)

Así de puro es el amor,
Así de dulce…

Así, el abrigo de tu corazón;
Tibio cual tu mirada
Adornada de bosques,
Y de todas las primaveras hermosas
De tus palabras sembradas.

Así eras
Mi dulce cariño:

Música de Cortázar;
Suave, apacible;
Con tu voz de niña
Enamorada de la vida.

¡Así!... ¡así!...

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 24/13





lunes, 1 de febrero de 2016

21 ENERO/16 (69)

21 ENERO/16 (69)

Pasando un momento a dejar un abrazo; ¡no sé!, creo que algo bueno está por suceder en mi vida, espero no sea una mentira. Estoy aquí con el corazón a mil, y el voltaje de una niña. Pero debo tener fe, un día cualquiera no regresaré con tanta intensidad, o pueda ser que regrese como un perrito con el rabo entre las piernas, pues a veces estamos acostumbrados a los fracasos y las burlas, espero ésta vez sea una certeza, como despertar y darme cuenta que el sol no se ha mudado.

Estuve aquí por muchos años, pero nada pasó conmigo; ahora, mi Señor abrió una ventana, y el paisaje que diviso es divinidad; no pensaré negativo, seguiré soñando, pero si el sueño se esfuma, asumiré que debo continuar escribiendo y escribiendo, hasta que mis dedos se enreden entre ellos, en el frío de cualquier día. Por ahora seguiré bailando...

Me siento como si regresara a mi tierra después de más de 30 años de vivir aquí, entrando por el Sogamoso, viendo esas divinas montañas pintadas de rojo y con mi cajita de cartón, o esa tula vieja con las pocas posesiones, pero con la mirada brillante y esos deseos de vivir, que jamás, a pesar de tantas espinas y rocas en mi camino, he perdido.

Viene un muchachito y se lleva mi caja, /por un centavo; imagino que ni para un dulce de leche donde la mona. Por tanta pobreza que había en esa época, los chicos esperaban una moneda, pero siempre ganada, trabajando. También me parece ver a mi hermanito Juan y Cesitar con la zorra metálica para llevar maletas y ganarse unos pesos, a Cesitar no le gustaba, y entonces decide vender huesos a un tipo que llegó, y con una gran sonrisa recuerdo cuando se peleaban los huesos: ¡ese hueso grande es mío!, ¡no, es mío; ese lo vi primero!, y en esto, un bulto, y muchos días de caminar y caminar, servían para una soltera también donde la mona, o un masato con un pudín cerca del colegio Salesiano.

Es que recordar esos tiempos, es como volver a nacer. Pero el sentimiento más bello y que más alegría me provoca, es recordar, que Káiser, nuestro amado perrito. Avisaba de nuestra llegada dos cuadras antes, pues nos divisaba entre las brisas heladas de mi amado Zapatoca, y luego ver asomar a mi padre con sus negros ojos, tomado de la mano de mi vieja y el montón de hermanos corriendo a recibirme con carcajadas y abrazos; luego quedarme prendida de esos ojos que parecían un bosque lleno de pájaros.

Señor, te pedí un sueño real, te rogué por algo que sólo tú y yo sabemos; pero si me equivoco otra vez, es porque así estaba dispuesto; más si es verdad, sabré que he luchado hasta el último día, por un poco de felicidad y justicia, entonces, no habrá un paso atrás de mi yo ermitaño que tanto me intimida y asusta.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, febrero 2/16

sábado, 30 de enero de 2016

¿QUÉ HICIERAS? (1)

¿QUÉ HICIERAS? (1)
               
Si estás por ahí en tu soledad. y apareciera como por arte de magia el amor, ¿qué harías?

A veces pienso que no es posible venir a este mundo y no ser felices, siempre soñamos con una persona que nos ame a nuestro lado; pero pasa el tiempo y nada sucede, se blanquea el cabello, nos vemos como un nevado, y la mirada se torna cansada.

Pero si acaso, si sucediera que un ave cruzara ante nuestros ojos y trajera un recado de Cupido, en esto pienso ahora, si fuera real, ¿qué harías?

Pasa el tiempo como el agua de un río, ahora hay sonidos de carnaval, no tengo con quien salir a bailar, imagino mi falda de colores, cierro los ojos y te imagino aquí conmigo, amor de nieve, que apareces en medio de la nada y me dices: ¡te quiero!, pero jamás me has nombrado.

Creemos que nada bueno nos puede pasar, dejamos de confiar en la gente y decidimos confiar en Dios, quien es providencia tocando a nuestra puerta; reventamos cadenas, nos olvidamos de las lenguas y los dedos que señalan.

¡Señor, mi Dios amado!, me has visto, ¡sé que me has visto!, he hablado contigo desde mi ventana sin rejas; extiendo mis brazos al sol del mediodía y ahí me respondes, cierro los ojos, siento un furor, ese calor me abrasa sin herir, esa luz me toca: "No desmayes, estoy aquí", y lo siento mucho, en verdad sucede, y la paz torna cual ave a su nido al presentir de tu amor tal ruido.

Él vio todo, más que otros, y desde la copa donde se fabrica el vino de la vida, me envía unos brazos morenos y tus ojos, tu boca que me llama por mi nombre, no siente pena ni temor, ¡lo siento mucho!, jamás me dijiste nada, y ahora, el amor tropieza conmigo, ¿cómo sucedió?, ¡no lo sé, pero está pasando por aquí!, tengo la mirada radiante, me siento joven y ligera, no me duele el mundo, he perdonado, y me he perdonado por aguantar tanto olvido.
Veo una figura con un niño abrazado, ¿será verdad tanta hermosura?
Madre mía, ya lo sabes, tú misma arrancaste la vid desde el cielo, fue una promesa que me has cumplido,  y sé, tengo la certeza de que Él también estuvo ahí, tomando hojas y hojas secas, podó la vid para que en otro tiempo floreciera y me alejara hacia otro bosque, donde en verdad me amaran.

¿Qué hicieras si el amor toca a tu puerta?

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 30/16



viernes, 29 de enero de 2016

BROTAR (2)

BROTAR (2)

Y fue una luna mi madre
Siempre parecía un balón
En ese dulce andar
De piernas venosas y cansadas.

Era henchido su vientre
Así como su corazón;
Era frágil como un cristal
Que guardaba en su interior
Una flor que sus aromas expandía.

Brotar dentro de sí,
Nadar en sus aguas tibias;
Luego volar asida de su hilo
Y desprenderme luego,
Difícil ha sido.

Era mi princesa un globo
Siempre en cada día y cada noche
Rebotando de aquí para allá,
Con sus ojos y sus manos llenas
Y ante todo, con esos pechos
Siempre brotando manantiales
Tan blancos como la luz del cielo.


Raquel Rueda Bohórquez 
29-01-16

PERDÓN (3)

PERDÓN (3)

Gracias por pasar por este muro,
Perdón que no etiqueto;
Perdón que no comulgo con muchas cosas
Que nos obligan a ser como no somos.

Perdón por ser como soy,
Y perdón en fin,
Por todo lo que a otros parezca ser
Un error en mi vida.

Acierto en decir
Que tengo a Dios sobre mi costado;
Mi mano derecha es Él,
La izquierda es suya,
El cielo, el aire, el bosque, el río el mar,
Tus ojos, tus ilusiones;

Y esa flor llamada Esperanza
Que se vistió de pálida mortaja ,
Pero continúa iluminando en una estrella.

Raquel Rueda Bohórquez
29-01-16


ADMIRAR (4)

La flor más dulce que regaló mi existencia a un desierto. 


ADMIRAR (4)

Admiro la fuerza de las aves
Para asirse de una acertada rama;
Pero si acaso se quiebra,
Tendrá ánimo para volar,
Y en otro árbol hallará
Ese cobijo, que en el anterior faltaba.

Admiro a un hijo que ama a su padre
Y no lo abandona en un lugar
Esperando que esos cariños suplirán el propio;
Sino que hasta su propia ancianidad
Se refleja en sus ojos,
 Y en sus mismos abrazos.

Admiro del manantial
Su intensa inquietud por brotar más y más;
Y de un día, el cambio de estación;
 Y de un amor, su encendido corazón.

Admiro la elegancia de la flor
Que asoma tímida
En medio de dos montañas.

Es el rostro de mi madre
Bordado en seda fina,
Adornando de un árbol la rama más divina
 Y de mi corazón éste temblor que lo mueve.

Admiro de mi pecho éste suspirar…
¿Quién moverá el viento a mis pulmones?
¿Quién será el hacedor de tal fortuna?

¡Entonces inicio a cantar!
Soy un pájaro que ha sanado,
Y empiezo a volar hacia otro llano.

Raquel Rueda Bohórquez
29-01-16