jueves, 7 de enero de 2016

CIERTA VEZ 41)

CIERTA VEZ 41)

Hubo una vez,
Tan escasa como mí cabello;
Donde creí tanto en el amor,
Que esperé bajo la lluvia...

Esa vez cantaban mucho los pájaros;
El gorrión jamás fue escuchado,
Y se quedó enredando hilos en un gajo.

Hubo una vez,
En que también soñé besos;
Se hilaban tus dedos en mi cabello,
Pero tu mentira duró lo que una hoja;

Se fue volando y volando,
Y me quedé pensando y pensando,
En que el amor estaba en mí, no en ti,
Y continué bajo la lluvia.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 7/16






RAREZAS (42)

La gata de Serbio

RAREZAS (42)

Voy y vengo, como un tren cargado de sueños.
Mi retiro es una escoba y un trapero;
Esa queja de no poder dormir,
Ese andar con un dolor viejo y punzante
/debajo de mi corazón, ¡un poquito más arriba!,
Donde el alma gime, pareciendo, puede ser,
Un aletear vano de mariposa caída en un charco.

Se va la luz, ¿hacia dónde se irá si está aquí?
Ha encendido de nuevo el motor que alivia
Y pone en movimiento mis pintados cabellos
De oro suave como espiga,
¿Se enredará un gorrión?

¡Qué se aproxime un mochuelo!...
¡Su trinar es melodía preciosa!
Una oración en mi ventana pequeña, en éste gajo de trigo
Que casi se amasa con la fortuna de un mañana
Viendo a sus pichones crecer.

Mi tren de vida es tan sencillo,
Que sólo trabajan mis dedos.
El pensamiento es una quietud extraña
Que dispara de sus venenos y sus almíbares,
Sin saber siquiera si lo ha pensado.

Amigo, mi amigo que permanece,
Envía imágenes para que enrede pequeñas letras
Y confiese al mundo que hay muchos árboles y hojas,
Que todas tienen una historia muda, ¡hay que divulgarla!

¿Y para qué?, ¡no lo sé!, el viento sigue en movimiento,
En éste ahora que bendice mis pulmones,
Y el manantial se llena, barre cada esquirla de mis ojos
Para volver luciérnaga tu amor, prendido en mis pestañas.

Se han ido todos… ¿regresarán los pájaros de plumas doradas?
Ayer cantaban en mi casa, todos sus trinos quedaron atrapados,
Así como yo, en 4 paredes queriendo volar, ajustando mi pequeña vida
A un bosque de ramas extendidas, donde las flores no pierden su perfume.
Aroman más que una sinfonía de águilas que se atrapan y se aman,
Sin importar a quién se llevan en sus garras, ¡qué más da!,
Esto es vivir, esto es cantar y también llorar.

¿No es acaso así la vida?, una rareza al despertar, otra al dormir,
Y de nuevo ser manantial en estos segundos que nos quedan,
En este rato de brindar con un café, en tanto bendigo esas manos,
Que arriba de la montaña, caminan con una sonrisa sus espinas,
Y esperan siempre el atardecer,
Con ese inigualable brillo en su mirada.

Pero no cambio mi estado por el tuyo,
Ni puedo remover un espejo que ya no retrata mi figura,
Sí confiar, en que mis manos limpiarán lo turbio de un paisaje
Para dibujar verdes montañas, y adivinar garzas en vuelo,
¡Arriba!, casi tocando su boca, arrimadas de su pecho
Y apretadas de sus brazos.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 7/16






ENREDADERA (43)

ENREDADERA (43)

Así pasé día y noche; queriendo ser una enredadera en medio de un camino, abrazada de un árbol o buscando una roca propicia.

Como una enredadera sentí el azote del viento, el frío y el calor intenso, en días no muy buenos; y en otros, demasiado prodigiosos.

Poco a poco me quería beber el mundo y seguí trepando; ésta vez encontré una gran palmera, nada impidió que subiera; pero luego, la palmera fue derribada y caí con ella.

Entonces me arrastré; ahí también se podía vivir, junto a las hormigas que bien se portaron conmigo; me podaban y podaban, robaban las flores de mi jardín, pero su intención era buena; crecí con más fuerza y ese ahínco me llevó a ti.

A sorbos bebo de tu vino, tomo de tu miel y entrego de lo que mi corazón tiene. No hay amarga hiel, pues he olvidado lo malo del ayer y continúo alargando mi camino. 

¿Quién será el ayudante?, creo que el sol y la lluvia me han sostenido; la providencia se hizo amiga y trasplantó su arco iris al revés en mi rostro; la roca y mi madre tierra; el cactus y el ave que hallaron en mis gajos, pródigo destino, y fueron parte de un cirio encendido a mi favor.

¡Qué agradecida estoy con la vida!, ese día estaba herida con el mundo, no deseaba vivir; se me había robado el perfume, no tenía hojas, me secaba; el comején de la existencia había hecho nido en mí y se robaba mi savia, matando así el corazón.

Ni una sonrisa acontecía, ¡ni de paso por mi rostro!, era una herida tallada por una espina tras otra, sólo reían a carcajadas de mí; se burlaban de mi desatino en el amor, de esas luchas continuas que nadie vio, y de esas ganas de reír llorando que me asistían.

Fue ahí, en ese instante, con mis gajos doblados por tanto paso de caballos y bestias que nada tenían que ver con mi existencia; fue ahí que sentí que nada me podía dañar más que la indiferencia, y nada me podía levantar con más fuerza, que este amor que había nacido luego, y poco a poco sacaba el dolor, para volverme vino en un brindis, y vid extendida en medio del océano de tus pensamientos.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 7/16




miércoles, 6 de enero de 2016

A LA GENTE COMÚN (44)

A LA GENTE COMÚN (44)

Nada puede suceder a un iletrado;
Si no hay cartón colgado, nadie te verá,
Será como ir a misa de 10, ¡jamás se da!

A la gente común le pasa, que nada pasa;
Ni siquiera un saludo corriente, como a otra gente.
¡Ahí viene esa vieja común y corriente! ¡Voltea!
No sea que salude de frente, ¡qué pena!

Por eso es que la gente así pierde la fe,
Pero lo más raro de todo, es que jamás dejan de pelear.

¿Qué carajos me importa figurar?
Si un poema mío quiere alguien declamar, ¡vaya cuento!
¡Sin mi permiso no se dará! / ¡Dueño de una página!  ¡Jajajaja!

Otras veces esa gente tonta y común, se quiere involucrar,
Y sale pálida ante tanto escupitajo: ¿deseas participar?
¡No gracias!, ¡de mejores salones me han sacado!
Me saco sola, me echo a tragos de guarapo
Me salgo de mis chocatos viejos y me doy la cara,
Para lo que soy, me gusto, ¡gente franca carajo!

Y los demás, ¡pues que se jodan!, que cuelguen cuanta vaina
Para que después se enreden telarañas,
Que cuando esa gente común como yo, se muera,
¿Quién era la fulana?, ¡mmmm!… /responde alguien,
¡Una vieja soberbia que siempre hizo lo que le dio la gana!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 6/16





PERFECTO (45)

PERFECTO (45)

En tus brazos era perfecta;
Ahí cabía mi pequeño cuerpo
Y podía mecerme cual hoja
Si el viento besaba el cabello.

Ninguna tarde se pudo,
Era pecado el amor en mi tiempo,
Pero fueron benditas tus manos
Tocando guitarras y cantando: ¡te quiero!

Fue perfecto el árbol de mi amiga;
Hizo estación una hamaca de rayitas
Y en este día de sonrisas,
Nada te queda de mí,
¡Pero todo me queda de ti!

Fue una tarde cualquiera:
¡Si te vas, ya habré muerto!
Si te quedas, volverán las sonrisas
Y la algarabía en el parque
Al paso del tren y la brisa.

Pero nada fue tan perfecto
Que mi amor por ti;
Ni siquiera volverás a tener
Quien te quiera así.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 6/16


BÚHO (46)

BÚHO (46)

Canta el búho; parece un viejito roñoso,
Y entre la copa de un árbol y el ocaso,
Le hace guiños a la noche que se aproxima
Para llorar pedazos de carne,
Y enredarse de púrpura las pestañas.

¡Cuánto te amé y cuánto te amo!
Paso inventando moralejas tontas,
Si te fuiste, ¿por qué no has regresado?
Creo que tienes nido armado con un cuervo
Y entre los dos me graznan versos de pesares.

Arriba de mi árbol le veo,
Simula ser rama seca mecida por el viento,
Y mueve los ojos con dorado desvelo,
Esperando aparezca un prodigio tibio
Que le sirva de sustento.

Y te sigo queriendo, ¡aunque todo ha pasado!,
Te aseguro en mi pecho con viejo candado.
¿No te has dado cuenta que el amor no muere?
/Es un cultivo de carne, para sanar lo que duele.

Llega la noche y con ella los miedos…
Un zumbido de abejas presiento en mi ahora;
Y esa mirada, como dos solcitos alegres,
Iluminan la negritud de la noche
Cual sol en un lago.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 6/15







A UNA QUEBRADA (47)

A UNA QUEBRADA (47)

Escribiría un poema a ésta corriente de la vida,
Que se lleva todo pesar,
Entre espumas cantoras y canciones de mirlo.

Diría, que la mañana invita
A un reposo imaginario
En la roca más alta.

Que un gorrión acierta
Entre un pinar,
Y florecen esperanzas
Y ganas de cantar.

Puede ser, que se lleve la quebrada toda angustia,
Y en ese fondo se repita un payaso,
O un bocachico de cola roja;
Pero tanta bomba ha reventado la tierra,
/¡Mentira que un fenómeno!,
El fenómeno se llama hombre
Y el motivo su ambición.

Dicen que muere el Magdalena, poco a poco.
Hoy no tenemos agua,
Y aprieta un poco el corazón
Pensar que el agua está represada
Y mueren millones de peces
Que estaban en su cápsula.

No habrá subienda...
¿Hacia dónde nadarán ahora?

Se acaba la montaña y el surco,
Y morimos de pena contando verdades.


Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 6/16