miércoles, 25 de noviembre de 2015

ENTRE VERDES (20)

ENTRE VERDES (20)

¿Quién no merece un lugar así para vivir?, el ser humano está dañando hasta el sitio de las aves y las hormigas.

¡Si viviéramos en un lugar así!, pero esto quedará para el recuerdo, si no frenamos esa ambición que nos está matando, es un cáncer que ha hecho metástasis en el alma.

¿Estamos a tiempo?, la poesía es un medio para gritar al mundo, que tenemos que sembrar en vez de arrancar, y que no todo quede en palabras bonitas, tenemos que bajar el rostro para besar la tierra, y elevarlo para bendecir a Dios y dar gracias como hacen los pollitos y los girasoles, por cada gota de rocío que pueda caer, por cada verde estación en nuestros ojos y ese meditar profundo en la creación, y lo que estamos haciendo con su obra.

Es tiempo de poetas, nuestra bandera está en los dedos y en el pensamiento, para crear conciencia masiva, de que todavía tenemos una oportunidad, pero hay que ser humildes, para aceptar que no somos dueños ni siquiera de la vida, pues ella pertenece al silencio...

La música y la soledad nos acercan a Dios, por eso permitamos que canten los pájaros y sigan creciendo los árboles.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, noviembre 20/15

ESE MISTERIO (21)

ESE MISTERIO (21)

Ese misterio
Que hace colar el mar en mi pupila,
Y que define cada color en el paisaje.

Ese "algo" que mueve mis pulmones,
Y con un suspirar me invita hasta tu boca.

Ese raro pensar en otro día,
Cuando no tenemos seguro ni éste segundo,
Y ese ruido ensordecedor,
Que a los inocentes hace correr,
Y a los heridos padecer,

Me dice que quienes matan,
Están más muertos que vivos,
 Porque sus almas
Son espadas que vomitan fuego
Y sus mentes reciben órdenes.

¿A quién tenemos que arrodillarnos sino a Dios?
¿A quién tenemos que obedecer sino a la verdad?

En este segundo
Un niño está muriendo,
En tanto otro corre despavorido.

Esos sonidos de guerra ya los soñé
Y en otro tiempo también lloré.

¡Detengámonos!...
Hay una mariposa blanca besando una flor
 Y una rosa herida buscando a su amor.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, nov 20/15






TEMBLOR/A Marisa Vadillo (22)

TEMBLOR/A Marisa Vadillo (22)

Un cucarachero tiembla de amor
En medio de ramas ocres
Y versitos verdes.

Mi corazón trepida como una hoja
En medio del cañaduzal,
Calentando perlas vivas
Que nacerán siendo un milagro
De picos encendidos
Y clavellinas abiertas
En tan mágica sala de estar.

Tibios y desnudos
Iniciarán su fábrica de seda.

¿De dónde saldrán esos hilos?
¿Quién tejerá con gracias ocres
A esos pequeños que nacen sin cobija?

Pero todo tiene su don,
Fui yo su edredón de tisú
Y mi corazón su cascabel.

Pronto se irán con la luz de la tarde,
Marcharán tras esos sueños
Que ayer me mantuvieron despierta...

Luego el viento dirigirá sus destinos
Con ese raro acontecer del día a día…

Después, me iré en silencio
Cuando sus orquestas
Inicien a sonar entre los rincones
De los más dulces jardines.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, noviembre 24/15




OTRO DÍA (23)

OTRO DÍA (23)

Me vi al espejo, tan pálida como un libro sin leer, triste como una flor sin tocar.

Avisté algo más que mis pobres tetas, y me reventé con el espejo a llorar, no por mí, sino por quienes no han visto la sábana con cabellos de plata, ni han adivinado el sino de las mariposas...

Ese día no estaba triste, ¿para qué entristecernos, si morir es lo más seguro que tenemos?
Esperé con mis uñas moradas, me ahogaba y nadie se dio cuenta que había caído un ave de su nido y en un charco gris sus alas mojaba.

Fueron muriendo uno a uno mis ángeles, Cielito, Chepe, Danilo, Sarita, Sacha, Joaquín y pare de contar, se fue la viejita de la esquina, el perro pordiosero, el abuelo de las naranjas y tanta gente, que todavía no creo que esté por aquí contando una historia.

Ahora hay una luz extraña, casi diría que azul romántico rondando mi pequeña vereda, y espejean los ojos de Gian cuando me ve, mojo mis labios, sacudo mi vieja carne y cuelgo en el mismo "garabato oxidado de Yabel", mis pensamientos...

Raros pensamientos, repetidos, suenan a fritangas invisibles, a cantos de pájaros prisioneros, a voces que se ahogan en el pecho, porque no pueden gritar al mundo que estamos matando la vida, y que mejor sería que el hombre desapareciera de la faz de la tierra, luego ¿por qué razón no desaparecen mejor quienes fabrican armas, y se inventan cada día una guerra, para robar a mi madre tierra su corazón?

Pienso que no fui al concierto de mi hijo, iniciando sus pinitos, porque estoy resentida con él.  ¿Quién se lo perdió?, yo misma me castigo, pero mañana iré y estaré en el lugar más invisible, orando porque todo salga perfecto, y cuando me vea, también adivinaré esa media sonrisa, ese medio abrazo, ese muchacho de mirada triste que ha llenado mi vida de tanta alegría, pero que también a veces se comporta como un ser humano.

¡Qué bueno!, creo que iré corriendo, todavía tengo tiempo, pero me arrepiento y me quedó aquí escribiendo, es que mis dedos se han vuelto viciosos, parece que se fumaron la vida y quieren más humos, desean más tintos y más que todo esto, pasar por tu carne, trepar por tu cuello, abrigarme con tu piel en éste frío invierno que no frena, ni porque el viento suspira aromas a primavera.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, noviembre 25/15


NANCY (24)

NANCY (24)

Era una niña coqueta,
Parecía madrigal de poeta
Con la sombra de un rubor
Que cercaba de auroras su boca.

Nancy despejaba el sol de la tarde
Sin pensar que llovería al rato,
Y en esta prisa de aromas y vientos
Tropezó en una espina,
Donde ardía su carne.

Ha cerrado sus ojos,
¿O alguna sombra ocultó su estrella?
Recuerda el frenesí del viento
Y todo en blanco,
Ni una luz siquiera recuerda.

Fueron rosas rojas,
Todos vieron en su fría mirada
Que se quedaron en Nancy
Todas las aves que ese día
Habían cantado versos de amor
Para ella.

No gritó más, ¿para qué?
Recordó un pecho de madre,
Y en ese río de blancos besos
Se durmió para siempre...

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, noviembre 25/15




PALABRITAS DICIEMBRE/15 (25)



PALABRITAS, DICIEMBRE 2015 (25)

1
Le pedí a Dios un amor,
Y me regaló a mi madre,
Luego dije que tenía mucho frío,
Me dio entonces sus brazos
Para abrigarme.

No me sentía bien
Quería correr de aquí para allá,
Hasta que al fin me estacioné
En su dulce mirada,

Y ahí estaba mi bosque
Tan buscado,
Ahí todo lo que me había sido negado.

2
Ese fue otro día, 5 o 6 años de balbuceos y palabras cortas, todo era negro, eso recuerdo, todo ardía como si apuñalaran en medio de mis piernas, pero fue una espada más larga que la maldad, y perdoné, pues era una niña que todavía no tenía conocimiento del odio. 
Ahora recuerdo, y ese nudo como un volcán a punto de explotar, hace estación en mi garganta, para darme cuenta que no he pasado de esa edad, y que busco en el más escondido rincón, un arma para fusilarme.

3
El cobarde empuñó un arma para matarme, agarré entonces un lápiz y lo herí hasta suplicar que no escribiera más su historia, porque cuando corrí, no lo hice por cobarde, sino que de valiente salvé mi vida de sus garras, y me levanté de las cenizas, ante ese denigrar salvaje, que marcó mi pequeña novela y me dejó una herida salvadora en el alma.

4
Nos maduramos a las patadas, se notan las arrugas, y las gallinas hicieron camino cerca de nuestra mirada, es la joda de ser mujer y de vivir pensando en los huevos del gallo, tan de aire, tan de purina...

5
Sólo con Él me puedo expresar libremente y jamás negará mis peticiones, menos, estará pendiente para criticar. Estoy aquí con mis espantos, ¡no son tan malos!, al menos, no me han herido por la espalda, ni han envenenado mis sueños.

6
No comprendo nada, pero no sé, mi corazón se vuelve grande, todo me huele a paz y libertad, hay sonidos de cascadas y ríos vivos que pasan, y hojas que caen y caen, guacamayas que llevan nuestra bandera, jacintos azules que esperan, árboles que pueden tocar el cielo y bendecir con sus frutos y hojas a la madre tierra .


7
Si pudiera en éste vuelo corto de mi vida, atrapar algo para mí, me gustaría tu amor... Si en un valle en medio de sonidos de tambores, con esa fragancia a flores, de tu mano, ala con ala, pluma con pluma, y amarnos, aferrados de nuestras garras, en círculo, girando y girando, y luego, que el mundo siga su curso.

8
Recuerdo que esa primavera se marchitó ante el amor, y el poder del otoño, renovó tu propio huerto.


9
¡Es raro!, pero el repique o la cantaleta de una gota de agua sobre una roca, nos permite ver la mayoría de veces, el diamante que guardaba su interior, o la esmeralda que esperaba dentro de ella, para que pudiera ser adivinada.

10
Hace un minuto, vi a un poeta danzando en mi árbol, luego subió a las tejas, era negro, tan intenso su color que parecía azul.

De platino y oro se volvió, al momento de pasar el sol sobre su cabellera, parecían plumas, ¡lo que tú quieras!, y el poema extendió como un árbol sus ramas, dejó que un beso de nieve le tocara y cantó, mirando hacia el cielo, declamando su oración de la mañana me visitó, y marchó luego...

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, noviembre 25/15



sábado, 21 de noviembre de 2015

SI EN EL MAR (26)

SI EN EL MAR (26)

¡Si el tipo, en vez de una lanza para hundir su pequeña balsa, hubiese abierto los brazos!

¿Qué pasaría si mi balsa en medio del océano, es también herida?

No fueron griegos, fue un hombre, no fueron rusos, fueron unos cuantos, y así, la guerra continúa desatando a sus demonios.

Tan solo pensar en sus rostros asustados tratando de huir de una guerra, enfrentados con sus heridas a la inmensidad del mar, y que no aparezcan tiburones, ni siquiera uno, sino un ser humano armado con su lanza.

Nada más de pensar en esos niños y sus rostros, que ni siquiera elevados por sus manos angustiadas, pudieron su corazón soberbio doblegar, me lleno de temor de Dios, y una angustia vieja se empeña, una y otra vez…

¡Oh Señor!, un castigo merecen quienes obedecen órdenes de matar, y sin generalizar, creo que sí, en algún momento de la vida no hemos sido rosas, sino espinas.

¿Cuándo entonces, dejaremos de herir a los demás?, ya lo dijo el viejito de las naranjas, que con su carrito de madera sube y baja esta ladera, ¡naranjas!, ¡naranjas!, ¡están pequeñas, pero tienen en su corazón mucha miel!, y en ese agotarse de su garganta, continúa con su carga, hasta ese día de su estómago reventado, hasta ese segundo de su oración boca arriba viendo al sol.

Otros van mar adentro, buscando esa libertad ansiada encontrando eso, ¡espadas!, filos que quiebran sus pequeñas alas...

¿Qué será de nosotros si no tenemos amor?, ¿qué será de nosotros si vivimos sin fe?

Que éste día nos encuentre en paz, que no disparemos más dardos venenosos, que no generalicemos, no son todos los que arman las guerras, son un puñado de asesinos que dominan el mundo, y son otro puñado de borregos que obedecen ciegamente...

¿Hasta cuándo? ¡Libertad!, ¡libertad!, que se abran todas las fronteras, que se abra en dos el mar con esas historias de ayer, y que puedan todos pasar a nuestras tierras, aquí todo es bendición, que sean nuestras manos alas abiertas volando sobre las montañas, para recibir a otros, sin escupir sus rostros además...

Y fueron vistos, porque nada, ni siquiera debajo de una roca está oculto a la mirada de Dios.

Caerán como ayer también, reyes y sus tronos. Las conciencias del malvado serán sus castigos, pero a veces pienso que la conciencia es un niño que muere cada segundo, un bebé que es asesinado desde el vientre, un hijo que se vuelve hombre robando los derechos a otros, acaparando sueños, y terminamos acostumbrándonos a la sangre, hasta le encontramos ese sabor agridulce de lágrima roja, de rosal sin aroma, pues la muerte se levanta en su corcel de acero y sus dientes y patas, botan chispas de fuego, ¡vienen por nosotros también!, y otros verán y escribirán la historia que ya fue contada en otro siglo, y se repetirá, ¿hasta cuándo?...

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, 21 noviembre/15