miércoles, 21 de septiembre de 2011

SANTANDEREANOS BERRACOS (30)



SANTANDEREANOS BERRACOS (30)

Para gritar, querer ser siempre el líder en todo y pasar por encima de los ideales de los demás a punta de ultrajes, caritas y ojitos y humillaciones constantes. Este es el prototipo del hombre Santandereano de los regulares , porque hay muchos buenos, gentiles y berracos de verdad, pero hoy tocó darle duro a los regulares. 

Esta clase de hombres son aquéllos que descargan sus frustraciones en las personas más débiles y con las personas por quienes deberían sentir más amor y consideración como es su esposa, sus hijos, sus hermanas, su familia.

Convivir con un hombre así en nuestro hogar, trabajo, o cualquier otro sitio, conlleva a sacrificar nuestra propia existencia en aras de no permitir que nuestro dizque hogar y las cosas que se han conseguido no se desbaraten.

¡Pero a qué precio!
Valdría la pena analizar un poco más la situación y concientizarnos si verdaderamente vale la pena. Muchas Santandereanas arrechas, berracas y echadas pa lante han conseguido liberarse de este yugo y han sido ejemplo para muchas otras, pero otras tantas han terminado en el cementerio por quererlo intentar. 

Mujeres santandereanas relegadas a la cocina, a lavar platos y mierda por la falta de amor y consideración de los machos de Santander, hemos demostrado a través de los años que siempre somos las primeras en llegar a los sitios de trabajo, nunca llegamos borrachas y nunca le cedemos nuestras obligaciones a nadie, todo lo hacemos bien y mejor que tantos varones que todo el tiempo han pasado por encima de nosotras.

Somos tan berracas nosotras, con la v o b, que por la familia hemos acabado hasta con nuestra propia felicidad y nos hemos opacado tanto, hasta el punto de creernos la historia de que estamos destinadas a vivir así porque ese fue el destino que nos merecimos. ¡Mentiras! , somos realmente diamantes en bruto tirados a la mierda por culpa de tanto macho arrecho y prepotente de huevas colgantes que desde nuestra niñez, inclusive dentro de nuestros propios hogares, nos han hecho víctima de sus viles ultrajes, por el simple hecho de que culturalmente ellos son los machos arrechos que nacieron para dañar nuestro destino.

Qué pena con la persona que no le guste mi relato, pero una cosa es hablar con propiedad y conocimiento de causa y otra muy diferente es "mirar los toros desde la barrera".

Mujeres sufridas, ultrajadas, humilladas y acabadas de este país, merecemos una oportunidad para sacar a nuestros hijos adelante, sin la mala energía de un "huevón" que nos esté cortando las alas teniéndonos sumidas en esta miseria de vida.

Por nuestra propia libertad solo hay que dar un paso...¿te atreves?...

Raquel Rueda Bohórquez
2009


Me da un poco de risa éste escrito, lo recuperé de un sitio en facebook donde lo había dejado hace unos  2 años, me sentía muy triste y abatida y fue un desahogo momentáneo;  allí muchos consejos de familia y reclamos, y vean... aquí estoy... con el mismo huevón... ¡jajajaja!  y aún hoy no lo ha leído. Tratando de aconsejar a otras mujeres;  en Colombia la cifra de mujeres asesinadas por sus esposos son muchas, diría que una cifra alarmante, hoy murió otra chica de manos de su esposo, a trancazos, a veces nuestro propio miedo termina aceptando el abuso, tantas maltratadas salvajemente  hasta morir, descuartizadas casi vivas como un caso espantoso que sucedió hace poco, si miran las cifras, es algo aterrador... ¿y ahora, quién podrá defenderme?

Hoy 8 11 17, ha pasado mucha agua por esta quebrada, las rocas se pulieron y convivimos con más tranquilidad, porque el tiempo sana heridas, pero jamás debemos permitir abusos, mi dignidad un tanto estropeada pero firmes, eso sí, toca también colocar una barrera donde ayer hubo mucho error, todo cambió a que debe lavar su ropa, debe dormir en su cama, y que haga de su vida un canto a la libertad, respetar cada uno su espacio y continuar, es un campesino que ha debido lidiar una vida fuerte, pero se desquitó con quien menos debía, ¡menos mal jamás recibí un golpe!, pero sus gritos quebraron algo más que mi corazón, ¡y estoy bien muchas gracias!



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