viernes, 19 de mayo de 2017

MI PENTAGRAMA (12)



MI PENTAGRAMA (12)

Cierro los ojos y ha llegado la noche;
abro mis alas y te espero en la montaña,
pero tus chillidos se han perdido,
solo gritan las ausencias
y la soledad se amaña entre mis brazos.

¿En dónde está el amor?
¿Qué ha sido de ti mi águila blanca?
Cada tanto que es siempre,
suelo pensar en ti.

Y en este corto espacio entre la vida y la muerte,
un precipicio acecha, y ese lado oscuro mío
aparece de vez en vez.

¿Qué hago para estar contigo?
Decimos que la vida es un balbuceo de niño,
pero mi yo niño extraña tus pechos,
ese acolchado bajo tus alas,
ese calor tibio de tu regazo.

La música es algo como estar contigo;
eres el pentagrama en donde escribo mis pensamientos,
la luz mágica que me llena en este carnaval
en donde todos agitan sus pañuelos,
sin tu nombre en él.

¿A dónde vas?...
Déjame un tanto de tus alas sobre mi almohada,
que llegue el sueño y podamos volarnos hacia ese lugar
donde la infinitud es el asomo de la luz entre las peñas,
y tu voz, el arrullo manso de la quebrada bajando por ellas.

Raquel Rueda Bohórquez
 19 05 17

viernes, 12 de mayo de 2017

IMAGINO (13)

Aunque la gata sea tuerta, cierra la puerta. 

IMAGINO (74)

Imagino que voy caminando por ahí;
todo son guijarros y rostros de ermitaños que van y vienen
entre las arenas doradas del mar.

En el rincón de las rocas,
adivino a la misma gaviota intentando volar;
¡creo que se parece a los dos!,
igual de soñadores, ¿habrá alguien más?

Sólo imagino que tomé el mismo tren,
y por aquéllas cosas de la vida,
me viste y te miré.

El camino era extenso,
el tren hizo su debida estación después de muchas,
y a la salida, un murmullo de gentes,
un empuje de afanes sin gloria,
y ahí, frente a mí, tus ojos se vararon
y los míos se congelaron.

Continué el camino,
tenía los cachetes cual amapolas
antes de ser degolladas;
no tuve tiempo sino de ver los tuyos,
fueron prendas que se quedaron
en una lámpara ausente,
cual luz en los cocuyos.

Y te fuiste,
seguí mi camino y el mar borró mis huellas,
al igual que las tuyas.

Una gaviota secó sus alas para subir y bajar entre las olas;
¡cuánto se parece a nosotros en esas ganas de volar!

Caminaba por ahí…
Ya me había olvidado de ti y tú de mí,
pero el tren pasaba de nuevo,
su velocidad era otra,
la mía también.

Hubo un freno,
una corriente extraña
sacudía el sino guardado en las entrañas
y al elevar el rostro,
la misma puerta se abrió, y los dos otra vez.
¿Será casualidad?

¡Sólo imagino!, pero vi una sonrisa,
tu voz se guardó en las comillas de mi boca
y la mía rebotó en el hoyuelo de tu barbilla.

El destino jugó con nosotros,
nos juntó en la misma silla.
El calor subía y bajaba,
¿serán los espantos que habitan mi hogar?

El silencio parecía sepulcral,
así el tiempo pasó,
no sé si fueron uno o dos segundos,
pero el tiempo pasó
y en la próxima estación toqué tus dedos.
¿Quién movió el tren de tal manera?

Tu mano se prendió de la mía, temblábamos,
todo ese miedo huyó, porque al fin,
se prestó el ocaso y llegó la noche.
Se nos alcahueteó el cielo y la luna era el broche
que iluminó nuestros rostros con sus dulces anhelos.

¡Shhhh!, ¡no digas nada!, /me dijiste,
y amanecimos amándonos,
lo resolvimos todo a versos,
y nos hicimos amantes una y otra vez,
en cada poema y hoja que veíamos caer.

Sólo imagino…

Raquel Rueda Bohórquez
11 05 17





jueves, 4 de mayo de 2017

A MIS PADRES (14)

4 de mayo de 2013 ·

A MIS PADRES (14)

Recorriendo el camino, paso a paso…
Naranjales en flor, mi madre, su regazo.
Su enorme estómago que cobijó tantas perlas
Que anochecida y cansada atendió los favores
Y a pesar de todo sonreía.

La recuerdo cultivando orquídeas;
El dorado toche cantor sobre su hombro,
El arrume de trajes regalados que los hacía nuevos
Cuando su gran mansedumbre doblaba, desdoblaba,
Enredaba, desenredaba de a poco la vida.

Recuerdo sus piernas llenas de venas
Parecían caminos sembrados de cardos venenosos.
La peor presa era la de ella y muchas veces nada,
Pero su alimento era servir… servir…servir…

Sus sopas tenían un sabor diferente, / ¡no como las mías!
Que sólo los perros las degustan…
Es que mi madre todo lo hacía con fervor,
Esa pasión que ahora nos falta,
Ese amor que se olvidó, buscando dinero y tantas cosas.

Caminando por ahí de la mano de mi padre
Como un par de novios endulzándose la vida,
Se besaban como palomos bajo el iris,
Se amaban cual grullas sobre los pastizales,
Y a cada rayo de luz, brindaban una oración
Doblando las rodillas.

¡Cuántos recuerdos caminan por ahí…!
Mi grado, la sencillez de cada fiesta
Con lo que se podía, / pero era mucho más;
Era ese gran amor como un manantial,
Era ese ardiente deseo de vivir de mi padre
Que lo mantenía con los ojos abiertos
Y una carcajada, queriéndose doblar de risa
A pesar de su poco aliento.

¡Ah vida!, divina vida, divino Dios que me regalaste
A estos padres tan maravillosos, precioso Señor
Que a pesar de ser una oveja pintada, me ves con buenos ojos
Y me regalas un espacio para dejar mis alegrías
Donde las letras se tiñen a veces con sangre
Y la sal de los ojos nos bañan, y los labios apetecen como ayer
Un dulce beso de despedida.

Pero se fueron, y la aceptación llega…
Queda tallado ese recuerdo en muchos ojos,
En tantas personas que los amaron;
En pocas que los odiaron.

Marcharon y ahora están juntos…
Los veo pasear por otra Cacica,
Por otra montaña de verdores intensos.
Otros guaduales ocultan sus amores bendecidos
Y otras palomas se arrullan en sus nidos.

Al ver al cielo esponjadas nubes,
Copos de algodón transforman los sueños en realidades.
Van en caballos enormes, tan nobles y sinceros,
Que no quiero voltear atrás,
Sino hacia ese norte donde vuelan mis amadas águilas.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, mayo 4/13





sábado, 29 de abril de 2017

ÁMBAR (1)

Lágrimas de un Neem

ÁMBAR (1)

El ámbar es una joya que flota en el mar,
pero también son lágrimas de árboles.
Estos lamentos son de un gran árbol a la vuelta de mi casa,
un Neem, que tiene muchas propiedades y beneficios para el hombre,
ante todo insecticida y muchos otros que no sabemos apreciar.

Es como tener a un gran hombre abrazándonos
y llenando de frescor la casa.

Pasé cierto día y vi sus heridas,
sentí que un Nazareno lloraba
y tomé sus lágrimas entre mis dedos
y ahí se volvieron de cristal.

Quise recogerlas mientras le decía:
¡Lo siento mucho!

Me sentí de brazos caídos ante lo injusto,
me creí un ave sin plumas
intentando volar en un mundo sin árboles. 

La gente ya no sabe qué otro delito inventar,
 y me fui a casa con sus penas entre mis manos.

Cada vez que voy por ese camino, observo su talle;
la corteza arrancada con el filo de un cuchillo
y sus hojas inexistentes,
que poco a poco se fueron con las brisas de abril.

Un día cualquiera no estará ni su recuerdo,
pero el ambarino de sus lágrimas,
se conservará por siempre en un rincón de mi hogar,
hasta que pueda volar como las blancas garzas,
por sobre las neblinas que se alejan sobre el ancho mar.

Raquel Rueda Bohórquez
29 04 17


viernes, 28 de abril de 2017

OJOS DE NIÑO (2) (A)


OJOS DE NIÑO (2) (A)

El color del paisaje,
La sombra del olivo;
El brillo de tus ojos,
El mar o el río.

Todo ello importa,
Mientras un niño asome
Su candor en las montañas,
Un ave cante en la más tupida rama
Y borde poemas en sus gajos.

Importa el cariño que nos rodea,
En la forma que sea
Y la envoltura que traiga.

Todo importa en la vida,
Si podemos verlo y admirarlo
Con los ojos de un niño.

Raquel Rueda Bohórquez
28 04 17

EN TUS OJOS (3) (A)

EN TUS OJOS (3) (A)

En tus ojos se recrearon los míos
Marcando el paso entre las sombras,
Con la voz que desde ayer te nombra
Y el recuerdo de un árbol sombrío.

Ahí se quedó el amor entre tus cejas
Y el encendido brillo, que de hinojos,
Me hizo cobarde ante tus labios rojos
Para entregar a Dios todas mis quejas.

Al no poderme retratar en ellos,
La vida me acorraló cierto día
Porque no pude hallar otros tan bellos.

Se fueron contigo tales ilusiones
En medio de tus pobladas cejas,
Entre toda esa luz y sus pasiones.

Raquel Rueda Bohórquez
09 03 17





jueves, 27 de abril de 2017

GARZAS BLANCAS (4)


Mis primas Dora y Josefa. Un remanso de flores blancas que vuelan con el alba y se vuelven ángeles con la luna. Un paisaje de verdes, con ellas viendo a la inmensidad, donde los pájaros se entretienen con el vaivén del día y el afán de la noche.

GARZAS BLANCAS (4)

Alguna vez marcharon,
Todo era muerte y desolación.

Un camino selló el paso del agua,
El manantial no encontró sendero
Los bosques murieron
Sólo raíces y ocres,
Como brazos abiertos al sol.

Ellas se fueron, todos murieron,
Los pequeños caparazones
En ese desierto obligado.

 Aparecieron
Grandes cabezas abiertas
Con dientes fieros…

¿Acaso llegó el olvido?
Lo recuerdo… hacia el Magdalena,
Se han secado viejas lagunas,
En donde el amor era una fortaleza
Que se engalanaba con las garzas
Ante mágica belleza.

Pero un día, de nuevo se encausó el manantial,
Se juntaron las aguas del río y del mar.

La ciénaga respiraba agónica,
Poco a poco, más de 30 años,
Y el verdor regresó,
Pero muchos no fueron
Ni siquiera historia para recordar.

Regresaron las flores blancas al juncal,
Se unieron a los remos del barquero de a pie.

La vida, cual ramo de lirios se abrió
Como bendición divina;

El iris avisó de un pequeño rocío
Y las miradas brillaron,
 Los mirlos cantaron,
Cuando al salir el Rey
Un tibio calor de nuevo las despertó.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 27/14