jueves, 27 de abril de 2017

GARZAS BLANCAS (134)


Mis primas Dora y Josefa. Un remanso de flores blancas que vuelan con el alba y se vuelven ángeles con la luna. Un paisaje de verdes, con ellas viendo a la inmensidad, donde los pájaros se entretienen con el vaivén del día y el afán de la noche.

GARZAS BLANCAS (134)

Alguna vez marcharon,
Todo era muerte y desolación,
Un camino selló el paso del agua,
El manantial no encontró sendero
Los bosques murieron
Sólo raíces y ocres,
Como brazos abiertos al sol.

Ellas se fueron, todos murieron,
Los pequeños caparazones
En ese desierto obligado.

 Aparecieron,
Grandes cabezas abiertas
Con dientes fieros…

¿Acaso llegó el olvido?
Lo recuerdo… hacia el Magdalena,
Se han secado viejas lagunas,
En donde el amor era una fortaleza
Que se engalanaba con las garzas
Ante mágica belleza.

Pero un día, de nuevo se encausó el manantial,
Se juntaron las aguas del río y del mar.

La ciénaga respiraba agónica,
Poco a poco, más de 30 años,
Y el verdor regresó,
Pero muchos no fueron
Ni siquiera historia para recordar.

Regresaron las flores blancas al juncal,
Se unieron a los remos del barquero de a pie.

La vida, cual ramo de lirios se abrió
Como bendición divina;
El iris avisó de un pequeño rocío
Y las miradas brillaron,
 Los mirlos cantaron,
Cuando al salir el Rey
Un tibio calor de nuevo las despertó.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 27/14




No hay comentarios:

Publicar un comentario