lunes, 16 de marzo de 2015

LUEGO [69]

LUEGO [69]

Luego que miré sus ojos
adivinando una niña dormida,
una llama se prendió en los míos
para apagarse tu lengua en mi boca
siendo río violento descendiendo de las rocas
para volverse mar, tan solo por instinto...

Acaricié  tu  piel como brisa al océano;
cánticos fueron las olas sobre las rocas
al mi boca pegarse de la tuya
mareada y húmeda, chispeando luces,
aflojando piernas, entregando vientres,
conduciendo aguas a la profundidad.

Luego tocamos las estrellas,
y aquí recordé tus palabras:
“Tocamos el cielo”, hasta fuimos ángeles,
porque no hubo perversidad en la entrega
tan solo amor en medio de un poema
tú y yo, ¡nada más!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 28/15
©10-498-459




¿Y AHORA? [68]

¿Y AHORA? [68]

¿Qué haré ahora que no siento el mirlo en mi árbol?
Se desgajó la única rama de trigo que veía al sol.
Junté las semillas y en medio del caos visible a mi razón,
esperé de la lluvia de mis ojos para verlas renacer.

¿Qué es la ausencia más que la pérdida?
¡Ábrete margarita!, dime si él también me quiere
Alerta sobre la despiadada ambición, la roca que avanza…
Un cantar solitario al bajar de la cuesta es su oración,
descansa en un lago de lodo que le aguarda.

Amor, amor de mis amores,
cielo azul despejado y claro:
¿Es para mí tu último poema?
Dejaste medio escrito un verso,
pero no me nombraste,
¿cómo me enteraré qué es para mí?

Una cometa de azules alas me encontró corriendo en la rivera,
¡te atrape!, bates sus pequeñas alas, ¿y tú ámbar?
¿Qué ha sido de la flor donde me juraste amor eterno?
¡No está!, se quedó un perfume vagando en mi alma,
veloz como un rayo se vuelve lluvia clara, al pensarte.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 28/15
©10-498-459




Y LUEGO [67]

Y LUEGO [67]

Y luego, cuando todo haya pasado, ¿quién me recordará?, ¿de mis carreras y afanes alguien llevará cuentas?, ¿quién nombrará el café de mis ojos y el verde oscuro de las montañas?

Y luego, al ver de los retratos, todo será olvidado en el viejo baúl de los recuerdos, mis notas, lágrimas que ahí se quedaron, enojos que conmovieron sus rostros, y a mí me atormentaron...

Y luego, cuando el amor sobre un cristal se haya desvanecido al sol haber secado otros pensamientos, ¿quién acaso recordará los míos?

Y luego, al pensarte creí que lo hacías, al amarte imaginé que me amabas, al escribir un poema soñé que lo leerías...

¿Quién te escribirá versos como yo lo hacía?

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 28/15
©10-498-459


PASTIZALES [66]

PASTIZALES [66]

Un grito me ha llevado a tu bosque
al salir del sol temprano,
y el invierno estaba cercano
apagando la sed de un gozque.

Fueron blancas las perlas que corrieron
lluvia se desgranó como rosario,
¡te vi tan solitario!,
cual lirio blanco en un estero.

Un llamado precipitó el corazón
para ser río y fuente dentro de mí,
el amor se bendijo en otra estación
para quedarme contigo aquí.

Arribaron de otro mundo ¡miles de mariposas!,
cantando doblé ante ti las rodillas,
serenatas de amor me han despertado
para en mis ojos brillar como cerillas.

¡Es verdad!, ese grito despertó mi letargo
al llegar el amor como fuego,
arrasando con el pastizal de verano
para juntarnos en la brisa
 ¡sin miedos!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 27/15


©10-498-459

TODO ES PRIMAVERA [65]

TODO ES PRIMAVERA [65]

Bajo una higuera se nombró
cuando sus hilos se aferraban del aire:
¡Eaaa!, ¿sientes un aromar a besos?
¿No te sucede a veces cuando ves al horizonte,
que un algo extraño grita tu nombre
y con él te ennobleces?

Me ha sucedido amigo mío
que cuando en el anochecer veo la luna,
poco a poco en su andar de gitanilla
tropieza conmigo su luz blanca
y me pone de rodillas.

¡Vaya cosa!, ¿qué sucede?,
es que las noches enamoran al poeta,
el mar nos vuelve frágiles y coquetas
y en sus aguas entregamos todos nuestros dones,
sin pedir siquiera perdones.

Luego, en una despedida,
cual oración bordada en tejido fino,
el astro rey alardea conmigo
danza colores violetas y rojos,
combina azules con amarillos
para que me sienta reina y soberana
con mi sonrisa y mis ganas.

¡Ay amigo!, todo en la vida pasa;
al morir queda ese mismo aroma,
la misma primavera que nos bendice
al marchar a casa
 cuando el sol asoma
y la luna se oculta tras viejas lomas.

Ella con amor nos declama,
permanece estacionada en todos los tiempos,
pero al irse el ave,
queda su huella aromada
como sobre una fría lápida,
el perfume de la que nunca fue amada.

Un recuerdo en cualquier alacena
un mirar de fotos para recordarla,
el cirio que jamás  se ha usado
¡y la foto de mi mama!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 26/15
©



LA PRIMAVERA [64]

LA PRIMAVERA [64]

Aquí siempre es primavera
hay flores por doquier
no hay que esperar a mañana
y su perfume es un querer
que se estaciona cual esmeralda
brillando al atardecer.
Ahí estabas mi dulce amor
besando la piel, viendo a los ojos
para robar una lágrima de los míos
guardada en el ámbar de una niña vieja.
¿Qué me preocupa ahora?
Corro por entre los espinos y no hieren,
se desliza como cobra en calor, el agua,
golpea las rocas y un cantar me renueva.
Todo ahora es luz, color,
no acobarda la espada
el temor huyó...
¿A quién he de proteger?
Nadie cuida nada porque no hay dueños
el mundo es una hoja de papel
y en ella escribo que te quiero.
Guardo trocitos de alma para mañana
porque el ayer se fue por entre los dedos.
¡Cosa rara!, siento el olor de las flores,
¿sabían que después de la nieve
la primavera cerca los jardines?,
¿los árboles parecen damas,
y los pastizales, orquestas decembrinas?
Un ramo de rosas he descubierto;
se le robó a un ave viajera
pues ella no les podía ver,
pero un olor pasa por aquí
huele a lirios blancos, a jazmines.

¿Qué haces madre?,
no estaba pensando en ti.


Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 25/15 
©10-498-459

LA BOTA DEL DIABLO [63]

LA BOTA DEL DIABLO [63]

Hizo sus botas con la sangre de mi madre
lagos profundos hirió la espada del hombre
cómplice al fin de tal felonía,
en las mismas medias, a la luz del día.
La bota del diablo no es una mentira
ha caminado escabrosidades,
mata a sus propias crías cual mujer malvada
y rompe del amor las señales,
al estar dolida.
Ruido hace y no lo pretende,
el patear pone rostro feliz a quien su andar secunda
tiemblo ante su mirar profundo
¿pero acaso el diablo, es de este mundo?
Se hizo amigo del licor y se emborrachó con él
una mujer lo hizo pecar,
¿pero quién es el diablo real?,
¿no imaginas que puedas ser él?
Del amor reventó las cadenas
dicen algunos que como macho cabrío trepa la cuesta
sus botas al bajar de la montaña zumban
parece río revuelto, anaconda perseguida
cuando el calor acude y el mundo se vuelve al revés
y un ovillo de placer los alcahuetea,
cuando brincan de placer.
La bota del diablo... ¡qué miedo!,
más creo que dejó de existir
fue víctima real de los demonios humanos
que han quemado sus negras alas
para hacer una bota
y echar la culpa de todos los males
a un pobre angelito infiel.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 25/15
(c)10-498-459